Archive for 29 septiembre 2010

Los obispos y la estabilidad social

septiembre 29, 2010
Los obispos y la estabilidad social
Bernardo Barranco V.
¿Qué les pasa a los cardenales, quieren dinamitar el país? Es muy notorio el endurecimiento de sus discursos y críticas que rebasan la querella con la Suprema Corte de Justicia de la Nación y Marcelo Ebrard por las bodas gays. Hay enojo y encono. No nos referimos solamente a los planteamientos del cardenal Juan Sandoval Íñiguez, quien comparó al gobierno capitalino con una dictadura “por aprobar sin el consenso de las mayorías y contra la ley natural, el aborto, la píldora del día después, los matrimonios del mismo sexo y la posibilidad de que esas parejas adopten niños”. También en las últimas semanas el cardenal Rivera ha estado incisivo. Ante la matanza de migrantes en Tamaulipas, Rivera sentenció tajante que nos hemos convertido en un pueblo corrupto y asesino. ¿Todos los mexicanos? Justo en el marco de los festejos del bicentenario, en la presentación de un libro, el cardenal reprocha la falta de reconocimiento histórico de 170 religiosos que lucharon contra la corona y sentenció a la clase política que es necesario conocer la historia y las raíces de México antes de generar un nuevo proyecto de nación, y no sacárselo de la manga, como algunos políticos andan pregonando (La Jornada, 24/09/2010).

En días recientes, la cerrazón. Tanto el cardenal Rivera como el sacerdote Hugo Valdemar se negaron a conciliar ante el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), donde fueron denunciados por discriminación. Argumentaron la irreductibilidad de sus posturas respecto al matrimonio y adopción entre personas del mismo sexo, ya que no son conciliables mediante una audiencia, en razón de que nuestra postura emana de nuestro credo religioso, es decir, de nuestra conciencia. ¿Dónde queda el diálogo en un tema tan controvertido? Las actitudes de los cardenales han sido favorecidas por la actitud pasiva y anémica del gobierno federal. Al parecer el gobierno del presidente Felipe Calderón no está dispuesto a abrir nuevos frentes de confrontación con la jerarquía católica. Sin embargo, su aparente indulgencia genera vacíos, puede ser interpretada también como debilidad frente a un sector que presume aliado.

Con sus actitudes y confrontaciones, es un hecho que los cardenales Rivera y Sandoval actúan con rebeldía al orden jurídico y social existente en el país. Pareciera que ponen en cuestión el llamado modus vivendi, acuerdo por el cual el país alcanzó a finales de la década de 1930 una deseada estabilidad social. Al final de la guerra cristera y aún con los ánimos caldeados, se pacta un nuevo modo de vivir entre los funcionarios gubernamentales que se comprometen a no aplicar las leyes anticlericales que contiene la Constitución a cambio de que las autoridades eclesiásticas cedan no disputar de manera pública las condiciones y la conducción política del poder. Hoy sería ingenuo, políticamente, pensar que estamos sólo ante arrebatos y berrinches descomunales de la alta jerarquía. La historia nos ha mostrado la capacidad de la jerarquía, en el México moderno, para insertar sus demandas y negociar con ventaja en los momentos de mayor debilidad del sistema político. Nos referimos a que justo en las coyunturas electorales y en las circunstancias de crisis la jerarquía ha logrado alcanzar sus demandas. Por ejemplo, lograron las reformas de 1992, en las que se conjuga la debilidad del sistema político del gobierno de Miguel de la Madrid y los dudosos resultados electorales que llevan a Carlos Salinas de Gortari a la Presidencia a fines de los años ochenta. ¿Estamos en un escenario de debilidad política en que la jerarquía prepara el terreno para una segunda generación de reformas constitucionales? Si bien las reformas en materia religiosa intentaban poner fin a la relación de simulación entre la Iglesia y el Estado, a partir del gobierno de Vicente Fox se percibió un mayor soplo confesional en lo político. Dicho tufo se ha extendido a casi todos los partidos políticos y sin duda jugarán diferentes ofertas en el proceso electoral de 2012, que ya se avecina.

Como sabemos, la Iglesia aspira a obtener la modificación de los artículos 130 y 24 constitucionales, a fin de obtener la libertad religiosa plena, detentar medios electrónicos de comunicación; lograr presencia catequética en la educación pública y participar de un porcentaje de los impuestos que percibe el Estado, como en Europa, para destinarlos a actividades religiosas. Sin embargo, por su actitud beligerante, los cardenales parecen apostar por debilitar las formas de gobierno. Dada la delicada circunstancia de violencia que México vive, las provocaciones clericales pueden escalar peligrosamente con altos costos sociales para la estabilidad del país. A pesar de que los estilos y contenidos son muy diferentes en el episcopado mexicano, la actitud beligerante de los cardenales puede ser complementaria a la posición más mesurada y negociadora de la estructura del episcopado, encabezada por Carlos Aguiar Retes. La jerarquía intuye el advenimiento de cambios en el país, se prepara para diferentes panoramas. Resurgirán de sus cenizas los viejos obispos priístas; algunos actuales se desmarcan ya del Partido Acción Nacional (PAN), porque la debilidad del gobierno y la debacle del partido también afecta a la Iglesia, así lo reconoció José Trinidad González, obispo auxiliar de Guadalajara, al declarar: es “urgente separar la imagen del PAN de la Iglesia católica. De acuerdo con el análisis, el factor político aleja a muchas personas, porque “creen que la Iglesia apoya al blanquiazul en la capital jalisciense y en muchas entidades” (http://sdpnoticias.com/blogs/jalisco/tag/jose-trinidad-gonzalez-rodriguez-obispo-auxiliar-diocesis-de-guadalajara).

Si la Iglesia optó por la estabilidad social con el modus vivendi, la jerarquía católica hace justo una década se inclina por la transición democrática desde la alternancia. Los obispos en el documento Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos en el 2000, hacen una opción preferencial por la democracia. Penosamente las condiciones se han degradado. Así como los obispos sentencian que la mayor amenaza al Estado laico es el viejo laicismo, yo complementaría que el neoclericalismo político es hoy una seria amenaza a la democracia mexicana.

La Jornada, miércoles 29 de septembre de 2010

La Iglesia ante el bicentenario

septiembre 15, 2010
La Iglesia ante el bicentenario
Bernardo Barranco V.

La Iglesia católica ha tenido un bajo perfil en estas celebraciones del bicentenario. No sólo es marginación, como acusa Valdemar, sino que ha llegado a esta celebración muy erosionada. Pese a su intención original, ha perdido una oportunidad para analizar con una mirada diferente el papel que ésta ha jugado en nuestra historia. Cabe señalar que la historiografía oficial, marcada por el liberalismo, posteriormente por la visión de revolucionarios e intelectuales socialistas en el siglo XX, han estigmatizado a la Iglesia a contracorriente de la historia. La visión oficial, pese a 10 años de gobiernos panistas, es el de la Iglesia reaccionaria que ha abanderado causas a contramano del progreso y del devenir de nuestro desarrollo como país moderno. Sin embargo, pese al actual reconocimiento a las diversidades existentes, la conformación de nuestra cultura está marcada también por el influjo religioso. Ya lo señalaba Jean Meyer: “Después del milenarismo franciscano elucidado por John Phelan, vino el guadalupanismo, estudiado por David Brading, que presentó a la Nueva España a México como el hijo predilecto de la Virgen María: Non fecit taliter omni nationi. Desde el estandarte del cura Hidalgo hasta las banderas zapatistas y cristeras, desde los sermones de fray Servando hasta el discurso de Casauranc en Celaya y la construcción de la nueva basílica, bajo la protección del presidente Luis Echeverría; todos los políticos lo saben. Esa estrecha relación entre la Virgen morena y la nación mexicana llevó a Altamirano a escribir: ‘el día en que no se adore a la Virgen del Tepeyac en esta tierra, es seguro que habrá desaparecido no sólo la nacionalidad mexicana, sino hasta el recuerdo de los moradores del México actual’.” (Nexos, 03/10). Si bien esta última frase puede resultar exagerada, personalmente me quedo con la obra del historiador David Brading, quien enmarca que detrás del nacionalismo político en el pensamiento de Hidalgo y Morelos, se ubica el avivamiento guadalupano y la creatividad del patriotismo criollo.

El martes 30 de agosto de 2010, la Conferencia del Episcopado Mexicano presentó la carta pastoral: Conmemorar nuestra historia desde la fe para comprometernos hoy con nuestra patria. En un intento muy ambicioso para un texto pequeño, la jerarquía católica se abre para dialogar y discernir sobre su papel no sólo en la conformación de nuestra historia, sino ante los actuales debates sobre el futuro del país y la construcción de un proyecto de nación. Ya desde 2008, cuando anunció la realización de un programa de conmemoraciones, sectores salieron críticamente a discutir ¿qué iba a festejar la Iglesia? Por ejemplo, la historiadora Patricia Galeana cuestionaba el hecho de que la Iglesia quiera cambiar la historia y se refirió a los intentos de recuperar a Juárez como católico y guadalupano, y sobre todo la polémica viva en ese momento en torno a la excomunión de Miguel Hidalgo; señaló que aun cuando los religiosos sostengan que Miguel Hidalgo murió en el seno de la Iglesia, “esto es parte del maniqueísmo neoconservador… fue excomulgado porque se revelaba contra la corona española, es decir, tenía una finalidad evidentemente política” (Milenio, 18/11/08).

A pesar de la sugerente intención de los obispos para remirar la historia con una nueva actitud, la carta pastoral no ha tenido eco. El documento tuvo competidores internos; ya en la presentación del texto fue estropeado por las tronantes declaraciones, justo en la víspera, de Hugo Valdemar, que eclipsaron la expectativa del acto; enganchado en su querella contra Marcelo Ebrard, la atmósfera era crispante; inmediatamente después del acto, las declaraciones desafortunadas e inoportunas de Onésimo Cepeda ensombrecieron mediáticamente toda posibilidad para que las propuestas de la carta tomaran vuelo y propiciaran una reflexión más profunda en la sociedad. Las quejas y reclamos de los voceros sobre la marginación a la Iglesia de los festejos del bicentenario son bien poco autocríticos, pues no pueden abstraerse del clima tirante y tenso de un 2010 azaroso entre la jerarquía católica frente a importantes sectores de la sociedad. Si bien esta atmósfera negativa que ha envuelto a la Iglesia, fruto de las acusaciones de pederastia, encubrimientos, revelaciones sobre las patologías de Marcial Maciel y de los legionarios, las polémicas poco venturosas en torno al aborto y uniones gays, han cobrado una factura innegable. También denota que las agendas y cronómetros de la jerarquía tienen compases distintos o de plano se pone en evidencia las diferencias existentes en su seno. Igualmente es reprobable que los medios se hayan dejado llevar más por las jaladas de Onésimo Cepeda y dejaran a un lado un debate de fondo que tienda a mirar la historia con nuevos ojos. Las propuestas de la carta pastoral dan para un debate intenso, sin embargo, el relativo silencio también refleja el bajo o pobre nivel con el que la sociedad mexicana asume su bicentenario en general. Quizá sea mejor quedarnos sólo con la parte festiva, dada la atmósfera generalizada de desánimo y de implosión social, usando el concepto de Roger Bartra.

La carta pastoral propone circunscribirse a los eventos Independencia y Revolución. Pero dedican largos párrafos a la primera evangelización y al hecho guadalupano y dejan prácticamente en blanco el papel de la Iglesia en la Inquisición, la participación del clero en la guerra de Reforma y la cristiada. El texto tiene poca fuerza, la autocrítica es tenue y en verdad con pocas aportaciones pese a que fue precedido de muchos coloquios y reuniones de especialistas. La carta pastoral no termina de revisar la historia ni aportar contundentemente los temas centrales en la agenda actual. Demasiados propósitos y manos para un solo texto. Sin embargo, queda abierta la puerta de parte de los obispos para revisar con otros ojos, con nuevas actitudes y relecturas la larga historia de conflictos en que la Iglesia ha intervenido, pese a todo, formando parte de la construcción de nuestra identidad como nación. Las heridas históricas aún no han cicatrizado y menos en un año como 2010.

La Jornada, miércoles 15 de septiembre de 2010

Iglesia sin tacto al referirse a migración: Barranco

septiembre 9, 2010

Iglesia sin tacto al referirse a migración: Barranco.

Con Denise Maerker
7 de Septiembre, 2010

El periodista y sociólogo Bernardo Barranco, señaló que en el tema de la migración, toca de manera directa la vida de la cultura y los intereses de la Iglesia, ya que por ejemplo, en Estados Unidos, el ascenso migratorio ha cambiado el mapa religioso de aquel país y hoy la Iglesia Católica se ha visto beneficiada.


Respecto a las declaraciones de la Arquidiócesis de México, en donde exhortó a los católicos a exigir cuentas a las autoridades responsables de la migración por que dijo, no podemos acostumbrarnos a la tragedia, y de ser un pueblo hospitalario nos hemos convertido en un pueblo corrupto y asesino, el periodista y sociólogo Bernardo Barranco, señaló que la Iglesia lo que trata de hacer es indicarnos que hay una matriz moral mal, siendo los valores los que se están perdiendo.

En el programa “Atando Cabos”, comentó que usaron una forma violenta en términos verbales, ya que no tienen la calidad, precisión, ni una estructura diplomática para decir las cosas y acaban siendo burdos. Sin embargo, expresó toca un tema delicado por los altos niveles de corrupción en la trata de personas por parte de las autoridades mexicanas

Barranco señaló que en el tema de la migración, toca de manera directa la vida de la cultura de la Iglesia. En el mundo los flujos migratorios son los más altos en la historia, más de 200 millones de personas.  En Europa, por ejemplo, el ascenso de migraciones africanas, está cambiando el rostro cultural y religioso deaquel continente. Siendo Francia un caso claro de cambios colocando al islam como la segunda y más pujante religión del país galo. Además en Estados Unidos, los flujos migratorios de hispanos desde los años cincuenta han cambiado el mapa religioso y hoy la Iglesia Católica en estados Unidos no solo es la que más ha crecido sino ha desarrollado la  mayor estructura educativa, asistencial y organizativa. Sin duda, se ha visto beneficiada.

La fuerza con la que la Iglesia ha tomado el caso, dijo, no es una cuestión de compasión o de derechos humanos, “la Iglesia tiene intereses muy importantes en los flujos migratorios a Estados Unidos”, indicó el periodista y sociólogo.

Explicó que en los últimos veinte años, la Iglesia que más ha crecido en Estados Unidos, es la Católica fruto del fortalecimiento a través de las migraciones.

Por ello, se ha venido conformando,   una visión que no es exclusiva solamente del Episcopado Mexicano, sino a nivel internacional. Recordemos, dijo,   que el Papa Juan Pablo II ya hablaba de América en su conjunto y no de América Latina, siendo una visión mucho más global, señaló.

Dijo que el punto más importante es la crítica que señalan hacia el Instituto Nacional de Migración, de su ineficacia y la percepción de altos niveles de corrupción. Maerker recordó el informe al respecto de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Sin embargo, Denise Maerker, cuestionó el tono agresivo utilizado por los religiosos en estas declaraciones. Ella no se reconoce en la generalización de que nos hemos convertido en un país corrupto y asesino. Recordó el testimonio de sacerdotes comprometido con losmigrantes cono el de Alejandro Solalinde.  Barranco, asintió  que la Iglesia en los últimos meses ha perdido autoridad, sus confrontaciones la han desgastado. Perdiendo tacto,  se ha venido deslizando al reclamo grotesco  y vulgar, por lo que agregó, por los acontecimientos y escándalos del último año, estamos con un crítico sentimiento muy sensible frente a lo que dice la Iglesia, sin embargo,  no se debe  perder de vista que está poniendo el dedo en la llaga de una manera muy cruda, en el tema de los derechos humanos de los migrantes. No podemos, expresó, indignarnos con el trato de nuestros connacionales en Estado Unidos y desentendernos como señaló el arzobispado de los migarntes centroamericanos, cubanos o chinos.

Basado en:

Atando Cabos, Radio Fórmula, 7 de septiembre de 2010

Los obispos piden reconciliación histórica en el Bicentenario

septiembre 9, 2010

Los obispos piden reconciliación histórica en el Bicentenario

Posteando

Bernardo Barranco

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–>En el marco de las celebraciones del Bicentenario de la Independencia de México y del Centenario de la Revolución Mexicana, el martes 30 de Agosto de 2010, la Conferencia del Episcopado Mexicano presentó la Carta Pastoral: “Conmemorar nuestra historia desde la fe para comprometernos hoy con nuestra Patria”.

El intento es muy plausible pues la Iglesia se abre para dialogar y discernir sobre su papel no sólo en la conformación de nuestra historia sino ante los actuales debates sobre el futuro del país y la construcción de un proyecto de Nación.
Sin embargo, el texto no ha provocado mayores comentarios, reflexiones ni siquiera de los tradicionales sectores jacobinos. Sólo se puede encontrar aportes y comentarios en los portales católicos cuyo alcance es limitado en extensión e incidencia.

Desde la introducción, los obispos plantean su objetivo: “Queremos discernir cuál fue la participación de la Iglesia en estos dos importantes acontecimientos, cuál fue nuestro servicio a la Nación, para retomar con todo vigor los retos y desafíos que se nos presentan hoy en día”.
A pesar de la sugerente intención de los obispos para remirar la historia con una nueva actitud, la carta pastoral no ha tenido eco.
Primero, porque de manera involuntaria la presentación del texto fue saboteada por las declaraciones, justo en la víspera, de Hugo Valdemar, que eclipsaron la expectativa del evento, enganchado en su trifulca contra Ebrard. Valdemar sentencia lo mal hecha de la demanda y se da baños de martirio cristiano.
Al evento de presentación, en el majestuoso escenario del Polyforum Siqueiros, el cardenal Norberto Rivera se ausenta pese a que estaba anunciada su participación. Y el colmo llega. Las declaraciones impertinentes de Onésimo Cepeda eclipsan mediáticamente toda posibilidad para que las propuestas de la carta tomaran vuelo y propiciaran una reflexión más profunda en la sociedad.

Por tanto, se percibe que las agendas y cronómetros de la jerarquía católica tienen compases distintos o de plano se pone en evidencia las diferencias y divisiones existentes en su seno. También es reprobable que los medios, opinadores y analistas serios se hayan dejado llevar por las “jaladas” de Onésimo Cepeda. Dejando a un lado un debate de fondo que tienda a mirar la historia con nuevos ojos.
La carta pastoral tiene poco más de 70 páginas en su versión impresa. Los prelados reafirman las raíces católicas de nuestra actual cultura, lamentablemente hacen una lectura poco crítica de la participación de la Iglesia en la historia de México.

Sobre la situación actual, apremiante, piden atender la pobreza, la educación y proponen una reconciliación nacional. Antes de leer el texto, me preguntaba: ¿qué va a conmemorar la Iglesia en este bicentenario? Qué va a celebrar, cuando toda nuestra historiografía preponderantemente sitúa a la Iglesia a contra mano de la historia.
En los grandes eventos y saltos cualitativos, la Iglesia, aparece a contracorriente de la historia. ¿cómo va a explicar el apoyo de importantes sectores del clero en el golpe de Huerta? Miguel Hidalgo, su condena por la jerarquía, tema obligado abordar.
Al respecto los obispos piden que la historia sea leída desde la fe y retomando a San Agustín piden reflexionar la historia desde la concepción cristiana del tiempo. Sin embargo el texto se queda corto, no redondea es poco agudo y desperdicia esta oportunidad.
Es evidente que entraron muchas manos y cabezas en un texto desigual. Incluso hay párrafos revanchistas, retomando a Benedicto XVI: se dice: La Iglesia está llamada a repensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su misión… No puede replegarse frente a quienes sólo ven confusión, peligros y amenazas, o ante quienes pretenden cubrir la variedad y complejidad de situaciones con una capa de ideologismos gastados o de agresiones irresponsables”.
La carta pastoral propone circunscribirse a los eventos independencia y revolución. Pero dedican largos párrafos a la primera evangelización y al hecho guadalupano y dejan prácticamente en blanco el papel de la Iglesia en la Inquisición, la participación del clero en la guerra de reforma y la cristiada.
La intención de releer la historia se queda trunca; el tratar de superar las interpretaciones oficiales de la historia tampoco se cumple ya que texto no las aborda con fuerza.
El texto es tibio, poco autocrítico y en verdad con pocas aportaciones pese a que fue precedido de muchos coloquios y reuniones de especialistas.
La carta pastoral pretende además, desde la parte segunda, introducir las reivindicaciones y propuestas actuales de la Iglesia; por ello, no termina ni revisar la historia ni aportar contundentemente los temas centrales en la agenda actual.
Demasiados propósitos para un sólo texto, quizá. Sin embargo pese a que la carta es fallida, queda abierta la puerta de parte de los obispos para revisar con otros ojos, con nuevas actitudes y relecturas la larga historia de conflictos en que la Iglesia ha intervenido, pese a todo, forma parte de la construcción de nuestra identidad como nación 2010.

Milenio Estado de México, jueves 9 de septiembre de 2010

Autoridades no se atreven a aplicar la ley ante ataques del clero al Estado, acusan

septiembre 7, 2010
Autoridades no se atreven a aplicar la ley ante ataques del clero al Estado, acusan
Carolina Gómez Mena

Las embestidas, constantes; reglamentar declaraciones de jerarcas, plantea experto

Periódico La Jornada
Martes 7 de septiembre de 2010, p. 7

Los ataques de los jerarcas católicos al Estado laico, las instituciones y los gobernantes no son nuevos ni esporádicos, por lo cual algunos han recibido llamadas de atención, pero las autoridades no se atreven a callarlos ni a aplicar la ley, asegura el especialista en religiones Bernardo Barranco.

Hace unas semanas el jefe del Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, demandó civilmente a dos integrantes de la Iglesia católica, el cardenal Juan Sandoval Íñiguez –quien acusó al mandatario local de maicear a ministros de la Suprema Corte para que fallaran en favor de los matrimonios entre homosexuales y su derecho a adoptar– y el vocero de la arquidiócesis de México, Hugo Valdemar. Analistas han considerado que ésta podría ser la primera ocasión en que se vaya más allá de la llamada de atención.

Pero para Barranco eso está por verse, porque la constante ante las actitudes envalentonadas del clero es que no pase de las escaramuzas mediáticas.

Ni se atreven a callarlos ni a aplicar la ley. Mi postura es que se deje hablar al clero, porque de todas maneras va a protestar, pero que se reglamente.

Pese a la demanda de Ebrard, los jerarcas han continuado con sus ataques. La semana pasada, el obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda, calificó el Estado laico de jalada.

No se espera que esas palabras salgan de la boca de un ministro de culto. No es que espante el lenguaje, sino quien lo usa y cómo lo usa; la gente espera tener en los discursos de los ministros de culto un remanso espiritual, no que le lancen uno tipo Polo Polo, criticó Josué Tinoco Amador, profesor investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, quien se pronunció por que Cepeda haga voto de silencio por el bien de todos.

Elio Masferrer, presidente de la Asociación Latinoamericana para el Estudio de las Religiones, indicó que el obispo de Ecatepec habla “como verdulero –con el respeto que éstos merecen–, porque cree que así llega mejor al público que todavía los toma en cuenta, pero también para llamar la atención, porque como tienen los templos vacíos, utilizan los medios para hacerse escuchar”.

Indicó que Onésimo Cepeda es un obispo de contradicciones, pues duerme en Ecatepec, pero tiene su corazón en Las Lomas y habla como tepiteño.

Barranco señaló que existe una simulación que debe terminar, y precisó que actualmente, al menos en el papel, existen “restricciones en el artículo 130 constitucional, la Ley Asociaciones Religiosas y el Cofipe.

Cuando aparecen coyunturas como ésta, en la que un cardenal calumnia, se debe aplicar la ley. Pero hasta ahora nadie se ha atrevido, los ministros constantemente la violan y cuando se les señala dicen que se atenta contra su derecho a la libertad de expresión.

Apuntó que en otros países pueden decir lo que se les antoje; no tienen una ley mordaza que en una democracia moderna no se explica, salvo en México, y se entiende por la historia. En pocos países ha habido guerras fratricidas, como la de Reforma y la cristera, en las que la Iglesia apostó fuerte políticamente y perdió. No es gratuita la restricción.

Los jerarcas han hablado contra el aborto, la eutanasia, los matrimonios homosexuales y las adopciones de niños por éstos, la píldora del día siguiente, los divorcios exprés, las minifaldas y los escotes, entre otros temas.

En octubre de 1987, durante el gobierno de Miguel de la Madrid, el obispo Genaro Alamilla Arteaga fue reconvenido por retar a que se le aplicaran las modificaciones que en diciembre de ese año se aprobaron al artículo 343 del Cofipe.

Alamilla declaró: El 343, qué me lo apliquen. Yo no tengo miedo, al contrario, ¡tienen miedo de aplicármelo!

El 20 de octubre de 1996, durante el gobierno de Ernesto Zedillo, el cardenal Norberto Rivera Carrera aseveró: cuando la autoridad se sale del marco legal desde donde puede y debe gobernar, no hay obligación de tributarle obediencia, y si se opone abiertamente a los derechos humanos fundamentales, entonces hay que negarle la obediencia.

Por lo anterior, fue apercibido por la Subsecretaría de Asuntos Religiosos. Hubo amago de retirar el registro como asociación religiosa a la arquidiócesis. No pasó nada.

En el sexenio de Vicente Fox, otra vez Rivera Carrera habló sobre la relación entre las leyes divinas y civiles, y retomó parte de dicha homilía de 1996.

“La autoridad civil tiene como límites todo aquello que va en contra de los ciudadanos (…) Cuando la autoridad se sale del marco legal desde donde puede y debe gobernar, no hay obligación de tributarle obediencia (…) Pero, ¿y si se opone a los derechos divinos? Ahí está la segunda limitación del poder civil, sancionada por la sentencia de Jesús: ‘Dad a Dios lo que es de Dios’.”

El entonces titular de Gobernación, Carlos María Abascal, lejos de reconvenirlo, lo respaldó y se pronunció por la primacía del derecho natural sobre el positivo.

El 6 de mayo de 2007 Sandoval Íñiguez se lanzó contra el aborto y la eutanasia, y de paso llamó a los perredistas hijos de las tinieblas e instó a los fieles a prepararse, no para una batalla, sino para una guerra. Hubo enojo. Nada ocurrió.

En torno a la minifalda y los escotes, en agosto de 2008, en un artículo del semanario de la Arquidiócesis de México, Desde la Fe, se sugiere a las mujeres no usar ropa provocativa, porque insta al abuso sexual.

Sobre la píldora del día siguiente, en julio de 2005 Rivera Carrera dijo que era un arma para matar niños inocentes, lo cual creó discrepancia con Julio Frenk, entonces secretario de Salud, por autorizarla.

La Jornada, martes 7 de septiembre de 2010, p. 7

La laicidad simulada en México

septiembre 2, 2010
La laicidad simulada en México
Bernardo Barranco V.

En el marco de la reforma electoral de 1987, el Diario Oficial consigna el nuevo Cofipe, cuyo artículo 343 era para la Iglesia sancionador en extremo, pues imponía multas de 500 a mil días de salario y prisión de cuatro a siete años a los ministros de culto religioso que indujeran al electorado en favor o en contra de algún candidato o partido. Era la administración de Miguel de la Madrid. La medida buscaba neutralizar la creciente participación del clero en los procesos electorales en el norte y occidente del país, cuyas simpatías se inclinaban por el PAN. Sin duda, el caso más polémico y emblemático fue el de Chihuahua (1985). Ahí el clero denunció fraude y amenazó con el cierre de templos. El episcopado mexicano reacciona y protesta contra la severa medida e incluso llega a provocar al entonces gobernante y todopoderoso PRI. Genaro Alamilla, obispo de Papantla y vocero del episcopado, declara contundente: ¿El 343? Que me lo apliquen. Yo no tengo miedo, al contrario, ¡ellos tienen miedo de aplicármelo! Ésos fueron los titulares de muchos periódicos de aquel lejano 20 de octubre de 1987. Nadie le tomó la palabra, ni con toda la soberbia del viejo sistema, y en diciembre de ese año los legisladores suavizan el 343. La Iglesia se anota un triunfo histórico que, en el contexto de hace 24 años, fue una conquista de la democracia, pues la Iglesia era uno de los pocos espacios no controlados por el gobierno, que se venía debilitado sobre todo a partir de los sismos de 1985: y al mismo tiempo se perfilaban las reformas de 1992, que ponían fin a un largo periodo de ambigüedades en las relaciones Estado-Iglesia, o simulación equívoca, como expresó Soledad Loaeza en aquellos años.

Pese a las reformas, prevalecen simulaciones y ambigüedades que cíclicamente emergen cada vez con mayor tensión. Claramente los artículos 130 y 24 de la Constitución, el actual Cofipe y la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público acotan de manera inobjetable a los ministros de culto a inducir y participar en procesos electorales, así como cuestionar leyes e instituciones del Estado mexicano. Carlos Aguiar ha reconocido que las reformas de 1991 han garantizado la libertad de cultos, pero la Iglesia demanda un paso más: la libertad religiosa. Esto es, que el clero y los ministros de culto puedan ejercer libertades de expresión como la Constitución plantea a cualquier ciudadano. La cuestión parece simple; sin embargo, es en alto grado compleja. Cada debate en torno al aborto, la píldora del día siguiente y ahora los matrimonios gays termina en altercados políticos y jurídicos que plantean la siguiente interrogante: ¿cuáles son los límites del clero para actuar y hacerse sentir en el espacio de las políticas públicas? Cuando las autoridades y actores políticos los limitan, en nombre de los mandatos constitucionales y la normatividad social, el clero reacciona demandando ampliar su espacio jurídico y, en extremo, Hugo Valdemar, como ya nos tiene acostumbrados, se proclama perseguido y nuevo mártir de la fe. Cuando los obispos incidieron y maniobraron con los congresos locales de 18 estados para repenalizar el aborto, guardaron silencio; simplemente ejercieron sus libertades y privilegios.

La repolitización de las instituciones religiosas es un fenómeno que en este primer decenio del siglo XXI se ha venido expandiendo en diferentes países como Estados Unidos, España, Turquía, India y Tailandia, donde se abren debates políticos y culturales sobre la interacción entre laicidad y religión; dicho de otra manera, lo religioso se revela e insubordina a ser practicado desde la intimidad del individuo y lo religioso demanda protagonismo en el espacio público. En la mayoría de las democracias occidentales los ministros de culto tienen plenas libertades políticas y no pasa nada. Sin embargo, pocos países, como el nuestro, han tenido guerras fratricidas, como la Guerra de Reforma, en el siglo XIX, y la guerra cristera, en el siglo XX, en las que la jerarquía católica ha mostrado una desmedida ambición política arrastrando y manipulando a su feligresía. En ambas guerras la causa de Dios terminó no sólo derrotada militarmente, sino perdió también en la interpretación histórica de los intereses y la justificación de las ambiciones de la Iglesia. Actualmente hay claras tensiones entre diferentes esferas de la vida social: la esfera de los valores como detonador principal de conflicto, la esfera religiosa y la esfera política jurídica. Se requiere repensar los fundamentos éticos comunes, ahí la Iglesia se siente poseedora de la verdad absoluta; que regulen los conflictos normativos y debates que se generan en torno moralidad de algunas iniciativas legislativas y ciudadanas. Éste es un desafío imperante a la laicidad de la democracia y del Estado.

Difícilmente veo una acción punitiva contra la calumnia del cardenal Sandoval o, a pesar suyo, saldrá librado el propio Valdemar. Más allá de un amago de apercibimiento nadie, ni en los tiempos del PRI, ninguna autoridad se ha atrevido a tocar al clero en el México contemporáneo. El gobierno de Felipe Calderón, tan debilitado y cuestionado, no se aventurará a abrir nuevos frentes de conflicto. Sin embargo, ahí están las normas constitucionales y leyes, prohibitivas sí, que no son respetadas ni por los actores religiosos ni por las propias autoridades. Ni siquiera es una espada de Damocles, como señalaron los clásicos del tema en el decenio de 1980: vivimos un disimulo hipócrita de la clase política que se enaltece como secular.

En esta transición, pareciera que la Iglesia mexicana no está preparada para debatir con altura los cambios culturales que vive la sociedad. Utiliza el recurso de politizar y mediatizar el debate normativo; a lo sumo enfrenta el derecho natural contra el orden social y jurídico existente. Pero tampoco existe una clara intención de la clase política de poner orden en la cancha; no aplica las leyes, pero tampoco las cambia. Prevalece un terreno pantanoso. En realidad, pocos deducen en términos de visión de Estado de que la democracia será laica o no será.

La Jornada, miércoles 1 de septiembre de 2010