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SEXENIO DE EPN: SUBE 400% SECUESTRO DE SACERDOTES, 11 ASESINADOS…

noviembre 22, 2015

De acuerdo con información de la Agencia Fides, México, en donde viven 92.9 millones de católicos bautizados, es el primer país en el mundo occidental con el mayor número de sacerdotes asesinados. Los países de Venezuela y Burundi, le siguen en la lista que publicada por la agencia con corte a 2014.

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noviembre 19, 2015

Por Shaila Rosagel y Guadalupe Fuentes

Ciudad de México, 19 de noviembre (SinEmbargo).– Durante el sexenio del Presidente Enrique Peña Nieto 11 sacerdotes católicos han sido asesinados y la cifra de religiosos secuestrados subió un 400 por ciento si se compara con la del Gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, revelan datos del Centro Católico Multimedial (CCM).

Las cifras del organismo revelan que durante los últimos 25 años, en total han sido perpetrados 51 atentados contra miembros de la Iglesia católica. La lista de los clérigos que han perdido la  vida de modo violento de 1990 a 2015  la encabeza un cardenal, 39 sacerdotes, un diácono, cuatro religiosos, cinco laicos y una periodista católica.

“La tendencia de atentados contra sacerdotes sigue al alza: se registra un aumentó de un 120%, en lo que va de 2015, comparado contra el tercer año de gestión de la anterior administración”, explicó el Centro Católico Multimedial (CCM) en un reporte titulado “El riesgo de ser Sacerdote en México”.

“Cotejando los números, el fenómeno ha ido aumentado, en el caso de México subió un 400% el índice de secuestros de sacerdotes, comparado contra el Gobierno del Lic. Felipe  Calderón”, añade el organismo.

Según información recogida por la Agencia Fides, México, en donde viven 92.9 millones de católicos bautizados, es el primer país en el mundo occidental con el mayor número de sacerdotes asesinados. Los países de Venezuela y Burundi, le siguen en la lista que publicada por la agencia con corte a 2014.

La Agencia Fides se fundó el 5 de junio de 1927 y es la primera agencia misionaria de la Iglesia católica.

En este contexto de violencia en contra de clérigos de la organización, el próximo año el Papa Francisco realizará una gira en México.

De acuerdo con el itinerario tentativo, el Papa se prepara para visitar Ciudad Juárez, una vez conocida como la capital mundial del asesinato; el estado de Michoacán, con fuerte presencia de las guardias comunitarias y donde en diciembre del año pasado asesinaron al Padre Gregorio López Gorostieta, además de Chiapas, donde aún hay fuerzas derivadas del levantamiento zapatista indígena de 1994 y es el punto de entrada actual para los migrantes centroamericanos que huyen de la violencia extrema en sus países, y son violentados en México.

México el país más inseguro para los sacerdotes y agentes de pastoral

México el país más inseguro para los sacerdotes y agentes de pastoral

Los asuntos  a tratar en la visita papal no se han dado a conocer oficialmente, algunos analistas en asuntos religiosos como Bernardo Barranco, aseguran que la gira del Pontífice no será color de rosa para el Presidente Peña Nieto porque el Papa sacará a la luz temas fuertes y delicados como la migración y la violencia, incluida la que han vivido en carne propia los sacerdotes de su iglesia.

En febrero pasado, el Papa Francisco expresó su deseo de que Argentina se encuentre “a tiempo de evitar la mexicanización” de su territorio, en referencia al avance del tráfico de drogas.

El Pontífice respondió una carta que le había enviado Gustavo Vera, referente de la Organización No Gubernamental “La Alameda”, con la que Francisco trabajaba antes de asumir al frente de la Iglesia católica.

“Veo tu trabajo incansable a todo vapor. Pido mucho para que Dios te proteja a vos y a los alamedenses. Y ojalá estemos a tiempo de evitar la mexicanización. Estuve hablando con algunos obispos mexicanos y la cosa es de terror”, escribió Francisco en la carta que fue difundida el 22 de febrero por Vera a la prensa.

Según el dirigente social, en el texto le había informado a Francisco acerca del “crecimiento sin pausa del narcotráfico y las próximas denuncias” que realizará la organización al respecto.

Aunque dos días después la Santa Sede precisó que las palabras del Papa Francisco sobre el riesgo de “mexicanización” de Argentina no tenían “una intención estigmatizante hacia el pueblo de México” y reconoció el esfuerzo que está realizando el Gobierno del país en la lucha contra el narcotráfico.

EL SEXENIO DE LA MUERTE

El onceavo asesinato de un sacerdote católico en México ocurrió el pasado lunes en el municipio de Nopalucan, en el estado de Puebla. Erasto Pliego de Jesús fue hallado  sin vida y con señales de tortura al borde de un camino rural de la colonia La Granja.

El religioso había sido reportado como desaparecido desde el pasado fin de semana, lo que provocó que autoridades y parroquianos iniciaran una intensa búsqueda.

El cura fue capturado la tarde del lunes por personas no identificadas cuando iba a bordo de su camioneta Chevrolet Trax 2015, color blanca, placas UAB-6890. Otra versión señala que integrantes del Comité Parroquial explicaron que el jueves sostenían una reunión con él para organizar las posadas de diciembre “cuando llegaron dos hombres a buscar al cura, quien los dejó entrar a su hogar y argumentó que se trataban de unos exseminaristas”.

“La Arquidiócesis de Puebla lamenta profundamente que un sacerdote cuya vida estaba consagrada a Dios y al servicio de los demás haya sido víctima de la violencia”, expresó la Arquidiócesis de Puebla en un comunicado emitido el 16 de septiembre.

Sin embargo, no es el único en lo que va del año ni en lo que va del sexenio de Enrique Peña Nieto.  Este medio digital intentó contactar con la Arquidiócesis de México para conocer la postura de la Iglesia católica respecto a los ataques que han sufrido sus clérigos en los últimos años, pero hasta el cierre de esta edición, no hubo respuesta.

La violencia que ha alcanzado a los curas preocupa a la Iglesia

La violencia que ha alcanzado a los curas preocupa a la Iglesia

AÑO 2013:

– El 5 de febrero, el padre José Flores Preciado fue asesinado dentro del templo de Cristo Rey en Colima. Los delincuentes arribaron el templo Cristo Rey cerca de las 11 de la noche para asaltar el templo, al percatarse de la presencia del sacerdote en el lugar lo sometieron y golpearon.

– El padre Ignacio Cortez Álvarez fue asesinado el 22 de julio en Baja California. La Procuraduría General de Justicia estatal informó que el móvil fue robo con violencia. Era responsable de la parroquia María Auxiliadora en el municipio de Ensenada.

– Los sacerdotes Hipólito Villalobos Lima, de 45 años y Nicolás De la Cruz Martínez, de 31 años,  fueron encontrados muertos en la Parroquia de San Cristóbal, en el municipio de Ixhuatlán de Madero, en el estado de Veracruz el 29 de noviembre.

– El padre Joel Román Salazar, de la Diócesis de Ciudad Altamirano, Guerrero falleció el 10 de diciembre de 2013.

AÑO 2014

– El misionero y padre John Ssenyondo de origen Ugandés, trabajaba en la Diócesis de Chilpancingo- Chilapa, Guerrero cuando fue levantado y secuestrado en el poblado de Nejada el 30 de abril de 2014. Fue encontrado en una fosa común el 28 de octubre de ese año en Cocula, Guerrero.

– El sacerdote José Ascención Acuña Osorio, de 37 años de edad, fue levantado y secuestrado el 21 de Septiembre de 2014, su cuerpo fue encontrado en el río Balsas, el 23 de Septiembre, muy cerca del pueblo de Santa Cruz de Las Tinajas, en el municipio de San Miguel Totolapan (región de Tierra Caliente de Guerrero).

– El padre Rolando Martínez Lara, párroco del templo de Santa María de Guadalupe, Canalejas, Jilotepec, Estado de México, fue asesinado el 19 de febrero de 2014.

– Gregorio López Gorostieta, conocido como el Padre Goyo, fue encontrado sin vida el 25 de diciembre con un impacto de bala en la cabeza en Ciudad Altamirano, Michoacán.

AÑO 2015

– El padre Francisco Javier Gutiérrez Díaz, fue encontrado muerto el 7 de abril de 2015 con impactos de bala en la cabeza y abandonado en un camino de terracería cercano a los poblado de Ojo de Agua de Ballesteros y San Nicolás de la Condesa, en el municipio de Salvatierra, en el estado de Guanajuato.

– El Padre Erasto Pliego de Jesús, fue encontrado muerto la tarde del lunes 16 de noviembre en la colonia La Granja del municipio de Nopalucan, Puebla. Había sido reportado como desaparecido desde el pasado fin de semana.

 

LA VIOLENCIA EN PUEBLA

La inseguridad en Puebla alcanza a todos los sectores de la población, incluyendo a los religiosos. En los últimos meses el estado se ha convertido paulatinamente en un lugar de residencia y operación de jefes del crimen organizado en el país. Los choques violentos entre grupos delictivos y los arrestos de diversos capos así lo han revelado.

En septiembre pasado, SinEmbargo publicó una investigación de Fernando Montiel Tiscareño, especialista en Estudios de Paz, quien retomó una infografía de la empresa norteamericana de consultoría en materia de inteligencia Stratfor en la que se detalla la geografía del narcotráfico en México dividida por colores según grupos y áreas de influencia.

Según Stratfor calificó al estado de Puebla como plenamente integrado al área de influencia de los grupos que controlan el corredor atlántico desde Tamaulipas.

Montiel Tiscareño también reveló que a principios de noviembre apareció una comunicación que causó alerta en Puebla. Se trataba de un comunicado firmado por R19 Gente Nueva Cartel de Sinaloa en el que se anunciaban acciones violentas que tendrían lugar en un conjunto de municipios de Puebla y Oaxaca.

Se hablaba de toques de queda, se identificaban aliados y se señalaban líderes.

Para el analista Fernando Montiel, el texto firmado por el R19, Gente Nueva, Cártel de Sinaloa tiene mucha información y gracias a ello, ofrece amplias posibilidades de análisis.

El contenido del texto es congruente y verificable en casi todos los puntos. Por ejemplo: efectivamente existe un grupo de choque llamado Gente Nueva, el cual está  asociado al grupo delictivo conocido como el Cártel de Sinaloa.

Efectivamente existe un grupo llamado Los Ántrax que operan en concierto con Gente Nueva y el Cártel de Sinaloa. También es verdad que la configuración actual de las disputas entre las organizaciones presenta al Cártel de Sinaloa en colisión con aquellos señalados como enemigos.

De igual forma, varios de los municipios referidos en el documento coinciden con eventos recientes asociados a la delincuencia organizada, para el caso de Puebla, entre otros: robo de combustible (Tehuacán y Texmelucan), enfrentamientos armados (Quecholac) y ejecuciones (Tepeaca y Palmar de Bravo) y el punto anterior además daría sustancia y lógica efectiva a la amenaza de “limpia” con “la Barredora” en Puebla y Oaxaca –como anuncia el texto los futuros choques armados.

 

Tres sacerdotes asesinados en Tierra Caliente

Tres sacerdotes asesinados en Tierra Caliente

DESDE GUERRERO SE PIDE SEGURIDAD

La delincuencia organizada está detrás de los asesinatos a sacerdotes que cumplen con la misión de apoyar a las poblaciones abandonadas a su suerte y en las garras de los criminales, dijo el párroco de Tlapa de Comonfort, Guerrero, Mario Campos Hernández en entrevista para SinEmbargo.

El también fundador de las policías comunitarias en la Montaña de Guerrero llamó a las autoridades mexicanas a garantizar la vida y la seguridad, no sólo de los curas que luchan desde sus iglesias para contrarrestar la embestida del crimen organizado, sino de toda la población.

“Estamos en una etapa de la historia, en un momento de nuestro país, en el que se han ido perdiendo muchos los valores. Vivimos en una sociedad sin valores, es una sociedad donde no se valora la vida, ni la persona, no se respetan las investiduras”, dijo.

Campos Hernández lamentó el asesinato del sacerdote católico Erasto Pliego de Jesús en Puebla y recordó que en Guerrero fueron asesinados ya varios religiosos que luchaban desde las homilías y la organización con el pueblo, por contrarrestar al crimen.

“Por supuesto que detrás está la delincuencia organizada, que cuando ven que son afectados sus intereses, buscan impedir que crezcan estos procesos que generan conciencia, organización, proyectos y vida. Es muy lamentable que no se respete la vida, ni se valoren los ideales de las personas, no sólo de sacerdotes: ideales de justicia, igualdad y dignidad”, indicó.

El cura agregó: “tenemos que redoblar esfuerzos y trabajar muy duro, no sólo por los sacerdotes, sino por todas las personas”.

El sacerdote recordó que en Guerrero los eclesiásticos comprometidos en procesos de organización y cuyo contenido en los mensajes de las homilías están orientados a “asumir la responsabilidad de lo que se vive en el estado”, afectan y “lastiman” los intereses del crimen organizado.

“En Guerrero han muerto varios ya muy comprometidos. El papel de un sacerdote es cumplir con su deber, si no se cumple con el deber, ¿para qué estamos? Hay que llamar a la reflexión, sobre todo a las personas que están involucradas en el crimen, secuestro y corrupción”, dijo.

Mario Campos creó en 1995, a la Policía Comunitaria, hoy Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC) de Guerrero, para hacer justicia por su propia mano, debido a la impunidad que imperaba en las comunidades de la Montaña.

Campos nació en una de esas comunidades pobres de Guerrero y fue en 1988 cuando se involucró en los proyectos de su comunidad, más allá de oficiar misas.

En Guerrero, Mario Campos es acusado por algunos de sus detractores de “propagar la Teología de la Liberación” y de “incitar” al pueblo a la violencia en sus misas.

El padre ha sido amenazado y en el 2000 sufrió un atentado, pero no se quebró, él siguió movilizándose a través de las Policías Comunitarias.

Ahora, luego de los crímenes en contra de sacerdotes, Campos indicó que no cuenta con seguridad especial, pero que sí toma en cuenta ciertos protocolos en las comunidades en donde se mueve.

“Soy un sacerdote, ando públicamente, no cargo seguridad, ni me preocupa, porque soy consciente que el trabajo que hago está bien hecho desde la conciencia que tengo, mi moral y mi evangelio”, dijo.

Sin embargo el párroco de Tlapa indicó que los sacerdotes que realizan labores, que pueden poner en peligro sus vidas, deben cuidar ciertos puntos.

“Lo que nosotros hemos ido trabajando aquí es el protocolo de seguridad, es decir, poner algunas bases para nuestra seguridad en las comunidades, desde cuidarnos a nivel personal, a la hora de salida. Decir dónde andamos, con quién andamos, es de lo más sencillo y práctico y tiene que hacerse”, dijo.

 

El pasado 3 de noviembre, los obispos de Guerrero consideraron necesario crear una “gran plataforma” para la reconstrucción del tejido social con una agenda común entre gobierno, iglesias, instituciones, organismos e incluso con los delincuentes, privilegiando la palabra como herramienta social y política.

“Abrir un diálogo incluso con los delincuentes, que también son parte de la sociedad”, indicó el Arzobispo de Acapulco, Carlos Garfias Merelos, en un comunicado en el que además se informó que los obispos se reunirían con el Gobernador  de Guerrero, Héctor Astudillo Flores, y el vocero del Consejo de Ejidos y Comunidades Opositoras a la presa la Parota (Cecop), Marco Antonio Suástegui Muñoz.

En dicho comunicado, los obispos aseguraron que el cambio de gobierno en el estado abría “la gran esperanza” para reemprender la ruta que conduzca a una vida “digna, justa y en paz”.

Expusieron que el nuevo gobierno inicia en “medio de una profunda crisis social, política, económica y en materia de derechos humanos”, pues Guerrero es el estado más violento del país, y “esta grave situación ha llevado a la polarización, la confrontación, la marginación, la desesperanza e incluso a buscar justicia por propia mano”.

 

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Caritas in veritate y las encíclicas sociales

agosto 12, 2009
Caritas in veritate y las encíclicas sociales
Bernardo Barranco V.

Una encíclica es un documento solemne, dentro de la vida de la Iglesia católica, firmada por el Papa, dirigida a toda la estructura eclesial y todos los fieles del mundo. Habitualmente estas cartas abordan algún aspecto de la doctrina católica y tienen su origen en las epístolas del Nuevo Testamento, constituyendo en la práctica uno de los documentos más importantes en que el Papa esgrime su posición y establece directrices al conjunto de la catolicidad. La encíclica Caritas in veritate (Caridad en la verdad) es la tercera del papa Benedicto XVI en sus cuatro años de pontificado, después de Deus caritas est, de 2006, y Spe salvi, de 2007. Caritas in veritate se inscribe en la tradición de las encíclicas sociales que datan desde el siglo XVII y responden a momentos históricos muy precisos en que la Iglesia, a través del pontífice, fija una posición y puede llegar a establecer líneas de acción. Así tenemos la emblemática encíclica Rerum novarum (1891) firmada por el papa León XIII (1878-1903), que aborda la cuestión obrera en plena revolución industrial, desde la perspectiva católica. Cuarenta años después, el papa Aquiles Ratti, Pío XI (1922-1939), redacta la encíclica Quadragesimo annus (1931), que cuestiona la expansión internacional del capital financiero y advierte riesgos de conflagración entre las naciones europeas, así como llama a fortalecer un dispositivo social cristiano, la llamada Acción Católica, estrategia que perseguía alcanzar vía la acción de los laicos organizados una mayor incidencia cultural, política y gremial.

En los años 60, Angello Roncalli, Juan XXIII (1958-1963), redacta su encíclica Mater et magistra (1961), registrando nuevos aspectos de cuestión social de una realidad internacional cada vez más interdependiente; advierte la creciente brecha entre los países pobres y ricos, el rezago alarmante de las sociedades y regiones agrarias (no olvidemos el origen humilde y campesino de la familia Roncalli en Bérgamo). Juan XXIII hace un llamado a las naciones ricas a cooperar con las pobres, invita a los cristianos a comprometerse temporalmente en nuevos campos, particularmente en actividades de desarrollo económico. De hecho, ésta es la primera encíclica de alcance mundial, abandona parcialmente la eurocentralidad de los discursos pontificios y se empieza a abordar cierta problemática de los países del sur. En ese sentido ubicamos la encíclica Pacem in Terris (1963), donde Juan XXIII hace un llamado a la paz, condenando la carrera armamentista del mundo bipolar de la posguerra, y advierte de la amenaza apocalíptica de la guerra nuclear. En esta tradición, con una mayor vocación internacional, situamos las aportaciones de Giovanni Batista Montini, Paulo VI (1963-1978), quien abordó por primera vez en la historia moderna del pontificado el problema del desarrollo y del atraso en el tercer mundo con su encíclica Populorum progressio (1967), en la que cuestiona la inequitativa distribución de la riqueza, la explotación, la violación de los derechos humanos, el racismo, etcétera. Siguiendo la obra del dominico francés L. J. Lebret (Economie et humanisme), el Papa plantea la urgencia de un desarrollo integral, del peligro de una confrontación Norte-Sur, haciendo célebre el eslogan: el desarrollo es el nuevo nombre de la paz.

Cada encíclica social es hija del momento histórico y de la manera en que la Iglesia encara esa realidad. Está aún pendiente una evaluación a fondo de las referencias sociales de Juan Pablo II (1978-2005), porque no sólo se cuentan diversas cartas encíclicas sino los numerosos mensajes, homilías y discursos sociales de uno de los pontífices más activos. Sólo retomamos una, la encíclica Centesimus annus (que conmemora los cien años de la Rerum novarum); es una reflexión desde la antropología católica de las implicaciones mundiales de la caída del Muro de Berlín en 1989 y la crisis del marxismo, demostrando el compromiso imposible entre marxismo y cristianismo, pero también toma distancia del capitalismo salvaje. La Caritas in veritate, el reciente texto de Benedicto XVI, se inscribe mucho más en continuidad con este texto de Karol Wojtyla. Su principal interlocutor es la globalización; realiza un diagnóstico antropológico de las consecuencias de la actual crisis internacional así como de las secuelas negativas en la civilización actual. Sin embargo, las lecturas en el laberinto católico suelen ser tan disímiles que parece se leen textos diferentes. Por una lado tenemos a Leonardo Boff, quien no oculta su decepción por un texto muy amplio en el que el Papa es el maestro, no el profeta; el maestro que busca correcciones y no cambios profundos. Boff sentencia: “Al leer el texto, largo y pesado, acabamos pensando: ¡qué bien le vendría al Papa actual un poco de marxismo!… Es un discurso reproductor del sistema imperante, que hace sufrir a todos, especialmente a los pobres. No es cuestión de que Benedicto XVI lo quiera o no lo quiera, sino de la lógica estructural de su discurso magisterial. Por renunciar a un análisis crítico serio, paga un alto precio en ineficacia teórica y práctica. No innova, repite”. Mientras, Manuel Gómez Granados, director del Imdosoc, desde otra óptica, exalta: Parece que estamos escuchando a un hombre de izquierda que critica directa y duramente las prácticas del capitalismo salvaje. Sin embargo, no es así… El Papa va más allá porque exige justicia, respeto a la dignidad de toda persona humana y sus derechos, entre los que está el desarrollo, respeto a la vida en todas sus etapas y formas. El documento es revolucionario, es una abierta crítica a un sistema económico carente de valores (Excélsior 11/06/09). Benedicto XVI ha abierto una enorme puerta para que los obispos mexicanos se inspiren en este texto y respondan en materia social, con un discurso más cuajado y con mayor lucidez a la actual circunstancia mexicana. Hay condiciones objetivas para una buena recepción.

La Jornada, 05 agosto 2009.

La jerarquía católica: Entre transición democrática y tentación teocrática

diciembre 29, 2008

 

La jerarquía católica: Entre transición democrática y tentación teocrática
por Bernardo Barranco[*]

Metapolítica, Número 54

 Tradicionalmente, uno de los poderes reales más importantes del escenario político mexicano es la Iglesia católica. En este ensayo se revisan las grandes líneas de acción política que esa institución ha tomado debido a los cambios registrados en la transición democrática, así como la pervivencia de sus afanes teocráticos.

Pensar en la Iglesia católica como una institución ajena a intereses políticos es un grave error: ésta ha estado presente a lo largo de nuestra historia, ha formado parte de la conformación de la nación y en cada etapa ha defendido posturas e intereses definidos. La Iglesia católica, como pocas instituciones en la historia moderna, tiene la experiencia y la capacidad de adaptarse a diferentes formaciones sociales, políticas y económicas; su actuación no se juega ni se agota en coyunturas, sino por el contrario, su mira y el diseño de su compás son de largo plazo. Las transformaciones culturales del México contemporáneo bajo la modernización del país, traen como consecuencias cambios no sólo en el comportamiento y las prácticas sociales, sino en la manera de entender el mundo. Nuevas lógicas y sentidos emergen lentamente en nuestra sociedad, mientras otras, entre ellas las religiosas tradicionales, pierden vigencia o se recrean. Se pasa de contextos en los que las creencias religiosas formaban parte de los supuestos culturales totalizantes, donde los valores cristianos ejercían el monopolio del sentido, a un nuevo momento cultural donde estas mismas significaciones conviven con otras. Es decir, antes las verdades reveladas por Dios indicaban las normas de conducta e imponían un conjunto de prácticas que orientaban a la sociedad y a las personas a un modelo social; este proceso de reajuste cultural que la religión católica ha venido experimentando desde finales del siglo XIX hasta la fecha se le denomina secularización. No significa, necesariamente, ni la pérdida absoluta de lo religioso ni la muerte dramática de Dios, sino el acotamiento social del espacio religioso a la esfera del individuo y a la dimensión de lo privado. A esta pérdida de centralidad social, por supuesto, las iglesias históricas se oponen y políticamente se resisten. Bajo las actuales condiciones, en las que la fragmentación y la multiplicidad de identidades han generado un agotamiento de los modelos de representación y de pertenencia integral, la Iglesia católica se encuentra sumergida en un proceso de reformulación, tanto en lo que se refiere al posicionamiento frente al Estado como ante la sociedad, así como en lo que atañe al acento en su prédica y acción pastoral.

Históricamente, las pretensiones, intereses y misión propia de la Iglesia católica condujeron a su jerarquía a entablar un diálogo privilegiado con el poder de las élites de los gobiernos, principalmente con el presidente en turno, y desde ahí incidir en los principales resortes de decisión de la política pública. Sin embargo, en este inicio de siglo, nos percatamos de las dificultades de la Iglesia para situarse en la actual transición democrática que México ha experimentado; si bien es cierto que la mayoría de los obispos apoyaron el cambio de rumbo político en el 2000, también lo es que ha costado mucho trabajo ensamblar sus intereses con las nuevas circunstancias de la alternancia. Se rompió con muchas reglas del régimen anterior y se crearon situaciones inéditas; muchos usos y costumbres de una cultura política presidencialista a la que la Iglesia, durante setenta años, llegó a entender y a manejar con destreza y tacto, cambiaron.

En estas notas, nos proponemos destacar los cambios en la estrategia política seguida por la jerarquía y comprobar, más allá de sus tropiezos y agobios, qué discurso ético religioso constituye el factor medular de su posicionamiento social y político. Dicho acento forma parte también de las directrices promovidas y estimuladas por la Santa Sede, bajo la conducción del Papa Benedicto XVI.

 

Entender a la Iglesia católica

La Iglesia católica es ante todo una estructura que conduce y gestiona el depósito histórico de lo religioso y de su misión, así como la administración de los símbolos y los sacramentos de sus adherentes; es decir, la dimensión ritualizada de los creyentes. Es también una institución política cuya práctica social y cuyo campo de intervención aspira a inducir y a comprometer a los principales actores de la sociedad, así como al propio Estado, a contar con ella. Ningún país de tradición cristiana escapó, en materia religiosa, a los efectos de la modernidad; ninguno tampoco se rige ya bajo el estricto principio de la cristiandad, ni a la centralidad social de la Iglesia, que prevalecieron en Occidente durante mucho tiempo. Lo religioso se reconfiguró bajo el principio moderno de la secularización: a cada uno sus convicciones, es decir, cada quien tiene su derecho públicamente reconocido a creer o no. El otro gran principio es el de la laicidad, la clara separación entre lo religioso y la gestión del poder público. La línea de evolución es clara: en la actualidad ya no existe la religión pública sino la libertad religiosa. Esta libertad se basa en el reconocimiento de los derechosde toda conciencia individual. Es ahora la libertad de la conciencia humana la que se vuelve fundamental: cada persona se torna en factor de dignidad. Por lo tanto, el principio de laicidad abre una nueva vía, descarta toda religión pública al igual que el ateísmo público, toda religión de Estado al igual que ateísmo de Estado. Recíprocamente, no admite ni antireligión oficial ni antiateísmo oficial; cada uno debe seguir su conciencia. A pesar de todo, en la práctica la religión católica en nuestro país conserva una fuerte prima pública y no se encuentra nunca sobre el mismo plano que el ateísmo, su negación radical.

Si bien la historia demuestra que la Iglesia católica ha venido acomodándose a las diversas formas de la democracia moderna, no necesariamente ésta las promueve, a pesar de que es mucho menos anticlerical que en el pasado (Piétri, 1999). Sin duda, en la última década la Iglesia católica ha venido ganando terreno político y presencia pública; recordemos que desde los años cuarenta del siglo pasado, se bosquejó la simulación de aparente separación Iglesia–Estado. Las reformas constitucionales a inicios de la década de los noventa permitieron transparentar más la relación de la Iglesia frente al Estado. Esta creciente influencia político social la ha venido utilizando para, primero, asegurar que la institución pueda seguir desarrollando su misión, portadora de un código ético cristiano y de un ideal histórico; segundo, robustecer las condiciones materiales, económicas, jurídicas y políticas de las estructuras políticas que faciliten la expansión de esta misión.

A partir del gobierno de Vicente Fox, se percibió cierto soplo confesional en lo político. Una de las grandes interrogantes de la alternancia foxista consistía en saber si el nuevo gobierno iba a respetar el carácter laico del Estado; las dudas se fundamentaban en el arribo al poder de corrientes conservadoras inspiradas en el social catolicismo (Cfr., Metapolítica, 2002). Desde el gabinete hasta los cuadros medios, la nueva administración introdujo personajes abiertamente confesionales, y algunos de ellos en franca actitud revanchista. Estas dudas se disiparon desde la misma toma de posesión y a partir de 2001: Carlos María Abascal Carranza se distinguió como el personaje del foxismo que permanentemente desafió la cultura laica del gobierno. El propio presidente también contribuyó con actitudes, gestos y expresiones, como el beso al anillo papal, que agitaron las cenizas jacobinas, ya que mediáticamente se atropellaba el carácter laico del Estado mexicano. Así, numerosos analistas han disertado abundantemente sobre los riesgos de una cierta desecularización, pero los hechos comprobaron que el carácter laico del Estado resistió y en la práctica no se retrocedió.

¿Hasta dónde la Iglesia es un cuerpo compacto, que a pesar de sus diferencias persigue los mismos fines? En primer lugar, la Iglesia está inserta en la sociedad y, por lo tanto, convive, recibe y participa de las diferentes corrientes ideológicas, sociales y políticas. Como toda estructura social, la Iglesia católica no es monolítica y refleja las diferencias sociales, las hace suyas y las procesa conforme a su propia identidad, práctica y tradición. Las crisis, las disputas y las coyunturas humeantes, las suma a sus discrepancias internas y, a pesar de estas desavenencias y diversidad, mantiene unidad y disciplina. La Iglesia católica es una institución que, por un lado, es partícipe de la intensa dinámica de la Iglesia universal encabezada ahora por el Papa Benedicto XVI y, por otro, es portadora de muchos rasgos de la propia sociedad mexicana. No es ajena a las particularidades de la cultura política mexicana con todas sus ansiedades y vicios. A pesar de ello, mal haríamos en explicar el laberinto católico sólo por sus variables externas o por las correlaciones internas de los principales actores católicos. Advirtiendo su heterogeneidad, la Iglesia tiene una conciencia viva de su identidad y de irreductible especificidad; en otras palabras, con extremo cuidado la Iglesia cultiva su pasado y su compleja herencia, a la que no está dispuesta a renunciar. Por tanto, detenta una memoria definitiva que pesa sobre su presente y la marca para el futuro. Registra las repercusiones que recibe de la sociedad donde está presente y de la que forma parte. Aquello que divide a la sociedad, la divide igualmente. Ella exterioriza a su manera los conflictos presentes en la sociedad, incluso la propia Iglesia puede ser la causa de los antagonismos sociales. Debe descartarse la idea de una Iglesia pasiva y sólo receptiva a los acontecimientos; por el contrario, la Iglesia es sensible y activa (Poulat, 1983).

Presencia y práctica política de la jerarquía católica

La Iglesia católica tiene por naturaleza una complexión política, su jerarquía tiene experiencia y oficio. Durante los regímenes presidencialistas, la jerarquía supo actuar, casi con maestría, en las coyunturas electorales. Siempre obtenía beneficios y reivindicaciones gracias a la oportuna intervención del alto clero, que sabía comportarse políticamente ante el relevo y cambios de la clase política. Era, pues, el momento de mayor debilidad del viejo sistema político y los prelados aprendieron a sacar provecho de la circunstancia.

A partir de 1985, el año del terremoto, la jerarquía católica decidió ser más osada, salir del “estrecho rincón jurídico” en que se encontraba y desempeñarse políticamente con mayor protagonismo. Las reformas y achicamientos del Estado mexicano, promovidos por el gobierno de Miguel de la Madrid en los años ochenta, favorecieron la emergencia de de diversos actores además de la Iglesia, tales como empresarios, organismos no gubernamentales, movimientos sociales y mayores márgenes para los medios de comunicación. En Chihuahua, la jerarquía local encaró un fraude electoral contra el Partido Acción Nacional (PAN) y amenazó con el cierre de los templos, desencadenando no sólo la sombra de la guerra cristera sino tensión interna en el episcopado, que concluye con la intervención de Roma, que determina, bajo la presión del entonces delegado apostólico Girolamo Prigione, prudencia y colaboración con el gobierno. A partir de ese momento, se desata una cierta efervescencia política y protagonismo mediático entre los prelados católicos, así como posturas contrarias entre el clero, ante el creciente debilitamiento del sistema político.

A veces la Iglesia jugó un papel opositor, asumió reclamos de la sociedad civil, pero al mismo tiempo se mostró aliada de los viejos estilos del poder. Hay un mayor énfasis de la jerarquía en temas relacionados con los derechos humanos, libertades y derechos políticos ciudadanos; en cierta manera, una parte del alto clero pretendía enarbolar reclamos sociales de amplios sectores que no gozaban de interlocución: “ser voz de los sin voz”, se escuchaba decir como parte de una estrategia de posicionamiento alternativo y, al mismo tiempo, se seguían los estrecho vínculos con el poder (Ramos, 1992). El posicionamiento político pasó por los cuestionamientos al sistema mismo, aprovecho el discurso presidencial de la “renovación moral” para insertar los cuestionamientos propios y de un sector de la sociedad. Sin embargo, los ochenta y parte de los noventa, fueron los años de mayor gloria de Prigione, quien logró mimetizarse con el sistema presidencialista priista, encabezando la postura colaboracionista con el gobierno. También influyeron las exitosas visitas del Papa Juan Pablo II en 1979 y 1990, quien fue capaz de levantar una burbuja mediática presentando una iglesia mexicana masiva y triunfalista, ampliamente respaldada por la grey que se arremolinaba para ver y oír al Santo Padre.

En las dos últimas décadas han existido dos grandes posturas políticas en la jerarquía católica mexicana: una opositora al régimen, que acaricia la idea de cambios, y otra colaboracionista, encabezada por el representante del Papa en México. La primera se desdobla en dos grandes posiciones: los obispos de oposición “civilista”, situados en la zona norte y en el Bajío del país, vivamente ligados al PAN; la segunda, obispos “liberacionistas”, vinculados a las luchas indígenas y movimientos campesinos situados en la región sur del país, especialmente Chiapas y Oaxaca. A la distancia, resulta evidente que predominó la postura colaboracionista; Prigione se impuso, e, incrustado en la clase política, negoció y pactó importantes concesiones. La debilidad con que finalizó el gobierno delamadrista culminó con la desaseada elección de Carlos Salinas de Gortari, y sin duda se favoreció la orientación gradualista y desde dentro del sistema político, enarbolada por el todopoderoso Prigione, quien se convirtió en el jefe de la Iglesia católica, apoyado por Roma y por el propio gobierno. Después de más de 19 años de permanencia en nuestro país, Monseñor Prigione lo conquistó todo, menos la simpatía de su propia feligresía. El logro más importante que obtuvo fue político: cambió artículos constitucionales que negaban la existencia de la Iglesia y restableció relaciones entre el Estado mexicano y el Vaticano. El nuncio Prigione hizo un relevo generacional promoviendo a más de 84 por ciento de los actuales obispos; el perfil era obvio: conservadores y obedientes a Roma; personajes de la talla de Onésimo Cepeda, Norberto Rivera, Emilio Berlié y Juan Sandoval emergieron como portadores de nuevos liderazgos, cambios pastorales y contenidos diferentes.

Las principales tesis enarboladas por este grupo emergente, que se resumen en la doctrina Prigione, son: a) fidelidad absoluta al Papa y a la ortodoxia doctrinal; b) una Iglesia fuerte, unida y poderosa, capaz de negociar con mayor ventaja con los gobiernos y los poderes fácticos; c) una Iglesia visible, mediática, conducida por personajes recios, influyentes y capaces de ser interlocutores, y d) para lograr con eficacia la misión religiosa se usa el poder económico, político y mediático. En corto se establecen vínculos coyunturales con el poder político, se convierte en un factor de estabilidad social.

Las convulsiones de 1994 y el deterioro de la conducción política del gobierno de Zedillo, llevaron a la jerarquía a experimentar profundas fisuras y confrontaciones internas que reflejaban, al mismo tiempo, la zozobra política de cara a las elecciones del año 2000. La corriente civilista transitó desde Chihuahua en 1986, a la conformación de una amplia mayoría en el seno del episcopado que apoyaba con simpatía la hipótesis de la alternancia; dicha posición quedó plasmada en un célebre y disputado documento episcopal, llamado: “Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos”, fragorosamente debatido entre marzo y abril del 2000. En él, sin mayor recato, los obispos saludaban la alternancia. La postura colaboracionista en aquel proceso electoral, que apoyó la candidatura de Francisco Labastida, fue encabezada por el cardenal Norberto Ribera, quien, ante la remoción de Prigione, asumió la conducción del llamado Club de Roma.[1] Precisamente Rivera se opuso a la publicación del documento en que los obispos coqueteaban con la hipótesis del triunfo de la oposición panista, evidenciando que el mayor problema de Prigione fue haberse mimetizado con la élite en el poder. Prigione se convirtió en un salinista en el interior de la Iglesia y en el hombre de la Iglesia en el interior de salinismo. Estos excesos le llevaron a acumular presiones internas y reproches, por lo que, al finalizar el salinismo, Prigione dejó no sólo de ser funcional sino llegó a ser incómodo tanto para los integrantes del gobierno de Zedillo como para la propia jerarquía.

El desgaste del modelo prigionista

El modelo de las elecciones es rebasado por el proceso social. En 2000, por ejemplo, la jerarquía entró a la contienda electoral muy dividida; la mayoría de los prelados simpatizaba con Fox, mientras un grupo de obispos, como vimos, se convertía en ala propriista, apoyado también por los Legionarios de Cristo. En 20003, muchos obispos se subieron al ring electoral y con celo apostólico cuestionaron a aquellos partidos y candidatos que contrariaran valores cristianos como el respeto a la vida, favorecer el uso del condón y la píldora del día siguiente, entre otros. Fieramente disputaron a través de los medios de comunicación las posturas de candidatos, tanto del PRD como del entonces México Posible. Algunos de estos obispos, como Florencio Olvera Ochoa, de la diócesis de Cuernavaca, y Mario de Gasperín, de Querétaro, terminaron declarando ante el Ministerio Público sus querellas políticas por haber quebrantado la ley de asociaciones religiosas, que prohíbe tajantemente la injerencia del clero durante las contiendas electorales, hecho sin precedente en la historia electoral de este país.

El advenimiento de un presidente católico al poder como Vicente Fox, no significó en los hechos nuevas ni grandes conquistas alcanzadas por la Iglesia. Por el contrario, se percibió incomodidad y falta de un acuerdo político tácito. También es cierto que la primera dama, Martha Sahagún, en sus afanes anulatorios de sus respectivos matrimonios, forzó la reconciliación con el Club de Roma. Precisamente durante el sexenio foxista, el alto clero sufrió el deterioro político debido a los continuos escándalos mediáticos que su excesivo protagonismo ha provocado. Por ejemplo, el cardenal de Guadalajara, que tiene amistades íntimas entre empresarios de dudosa reputación (como el zar del juego José María Guardia), fue sometido a un indiciamiento por probable delito de lavado de dinero, cargo del que fue exculpado. Por su parte, el cardenal Norberto Rivera ha sido severamente expuesto a un desgaste político y mediático continuo, desde los abusos centaveros por la excesiva comercialización de las últimas visitas del Papa Juan Pablo II, los contratos para mercadear la imagen de la Virgen de Guadalupe y de Juan Diego, hasta los encubrimientos a pederastas como el padre Nicolás Aguilar y la defensa disciplinada de Marcial Maciel, uno de sus principales mentores. Ahora, ante la polémica sobre la despenalización del aborto en la capital del país, Rivera tuvo probablemente su mayor traspié al asumir, sin fuerza ni argumentos de fondo, una actitud amenazante de llegar a los extremos de la excomunión y llamar a la desobediencia civil (Veloz, 2007).

Las altas expectativas que la jerarquía depositó en el gobierno foxista se convirtieron en desencanto, y las relaciones con la jerarquía estuvieron marcadas por la atonía y hasta cierta displicencia. Es más, las promesas de campaña, elaboradas por los propios actores religiosos, concentradas en el famoso “Decálogo”, fueron en su mayoría incumplidas. Dicha carta, enviada durante la campaña, contenía nítidamente las exigencias del alto clero católico.[2] La erosión de sus actores protagónicos y la falta de resultados ante un primer gobierno panista, cuyos principales adalides son católicos, obligó a repensar estrategias y líneas de acción. La fase política de Prigione se había agotado: el interlocutor ya no es más sólo el presidente y su red ejecutiva. Los cambios en el sistema condujeron a la jerarquía a replantear nuevas estratagemas de intervención social; la era de los contactos privilegiados con las élites del poder son insuficientes, por lo que se tenía que superar el viejo patrón de relaciones cupulares que llegó a tener con gobiernos priistas. Ahora la Iglesia se ve apremiada para diseñar nuevas rutas de ascendencia social.

Nueva estrategia clerical

Desde 2005 la Conferencia Episcopal Mexicana (CEM) buscó reestructurarse internamente, pretendiendo evitar la dispersión y focalizar su acción en las prioridades por las que, colegiadamente, los obispos han decidido optar. La CEM reconvierte las 27 comisiones episcopales en sólo nueve, anteproyecto que fue votado por mayoría abrumadora, y que es conducido por el obispo de Texcoco, Carlos Aguiar Retes, quien es el actual presidente de los obispos mexicanos. Persona culta e inteligente, representa una nueva generación de obispos que releva los tradicionales liderazgos de los actuales prelados. Entre las nuevas comisiones resaltan las siguientes: espiritualidad y culto; solidaridad; doctrina de la fe y cultura; defensa de la vida; comunicación, y diálogo ecuménico interreligioso.

Al mismo tiempo, Roma intervino directamente, al realizarse diferentes sesiones entre los obispos mexicanos, los diferentes dicasterios de la Santa Sede y el propio Papa Benedicto XVI. En la llamada visita ad limina, en septiembre y octubre del 2005, el Papa Ratzinger manifestó en Roma que la Iglesia católica mexicana debería seguir siendo tutelar de los valores morales de la nación, ser un factor coadyuvante de la transición y consolidación democrática de México; afirmó que la iglesia tenía un rol central para contribuir a enfrentar el narcotráfico, la pobreza, las migraciones y, sobre todo, la corrupción de altos funcionarios públicos. Mientras la clase política interpretó de injerencistas las afirmaciones del Papa, en realidad los principales destinatarios eran los propios obispos; la preocupación de Roma es que la Iglesia mexicana no ha acabado de acomodarse ni en la alternancia ni en la transición democrática.

La fórmula elegida por los obispos, desde su encuentro con el pontífice, ha sido arreciar su postura sobre la relación entre la ética y el quehacer político. Los debates en torno a la píldora, el aborto, la homosexualidad, la familia y eutanasia, por mencionar algunos, son temas que se convierten en materia de disputa política. El campo de la moral tiene fundamentos sociales pragmáticos, así como raíces culturales y psicológicas hondas. Los valores han sido exaltados por todas las religiones y les han aportado un arraigo profundo. En tiempos no tan remotos este conjunto de valores constituían el campo de la tradición y del lenguaje, de lo jurídico y lo económico; se instituían reglas estrictas del comportamiento cotidiano y se conformaba el terreno del sentido común. A través de los libros sagrados, la liturgia y la instrucción que guardaba la representación y la memoria, la ética religiosa inducía a la obediencia de códigos y un orden creado o querido por Dios. Por ello, la moral religiosa católica es una representación del orden social querido o interpretado por la institución mediante la doctrina, la tradición y la disciplina. Este orden moral ha chocado frontalmente con la modernidad secular por lo menos desde el siglo XVII. Si la modernidad secular y sus nuevas instituciones laicas habían creado una contra- Iglesia, en contraparte y con vientos adversos, los católicos siempre han aspirado a construir una contrasociedad alternativa.

Además de su tradicional crítica al modelo económico neoliberal, la aspiración de poseer medios electrónicos de comunicación e impartir instrucción religiosa en las primarias públicas, la jerarquía ha introducido modalidades recientes. En reveladora entrevista a la revista Proceso, Carlos Aguiar Retes puso de manifiesto el diseño de una nueva estrategia tendiente a generar una segunda generación de reformas constitucionales que satisfagan las demandas eclesiásticas y una posición eclesial de privilegio que favorezca el despliegue de sus intereses. En términos de contenido, la jerarquía demanda la posesión de medios electrónicos, impartir instrucción religiosa en las escuelas públicas y un conjunto diverso de intervenciones eclesiásticas en la sociedad, englobadas bajo un concepto referencial denominado “libertad religiosa”. Para ello, la pretensión es reformar la Constitución, introduciendo el concepto catolizado de “libertad religiosa”, esto es, ir aparentemente más allá de la libertad de creer o no creer de un individuo, a la libertad religiosa que abarcaría la capacidad de maniobra societal y de acción política de la propia institución religiosa, que en el dicho de Aguiar resalta lo siguiente: “Hace falta que las leyes mexicanas garanticen la libertad religiosa. Actualmente, la Constitución sólo garantiza la libertad de creencia y de culto; esto es, que cada quien pueda creer en lo que mejor le plazca. Pero esto es apenas una pequeña parte de la verdadera libertad religiosa, ya que es necesario que se modifique el artículo 24 constitucional, que garantiza la libertad de culto y de creencia. Queremos que ese concepto se amplíe por el de libertad religiosa, como estipula la ONU, y donde ya se abarca todo el derecho humano a la expresión, asociación, gestión y servicio de una fe”.

Seguramente el episcopado se sumará al clima de cambios y reformas a nuestra Constitución, insertando añejas aspiraciones que convienen ser revisadas y analizadas a fondo. En realidad, la aspiración de la jerarquía de instaurar una concepción clericalizada de libertad religiosa no es nueva; ésta busca garantizar y favorecer nuevas formas de intervención social tendientes a la formación de valores socialcristianos como enclaves dominantes. En la misma entrevista, el reportero Rodrigo Vera registra estas nuevas formas de incursión, que es necesario analizar: la novedad radica en que ya no será sólo a través del Ejecutivo donde se realizará la interlocución, sino de las diferentes fuerzas políticas.

Aguiar Retes destacó al Poder Legislativo: “Fundamentalmente ante los líderes de las bancadas. Hay que entrar en relación personal con ellos, porque muchos políticos piensan que, en materia de relaciones Iglesia-Estado, ya no hay nada qué hacer” (Vera, 2006). Gran parte del siglo XX la jerarquía católica se vinculó políticamente al sistema mediante el absolutismo presidencial. La jerarquía reconoce de facto la gravitación de otros poderes que van más allá del presidencialismo obsoleto. En otras palabras, hay una nueva apuesta que se estableció desde el modus vivendi en 1930; ahora el campo de acción política se traslada a los diferentes contrapesos y a otros actores políticos y sociales. La Iglesia de hecho ha ganado considerable terreno, sin necesidad de reformas, tanto en el ámbito de los medios de comunicación masivos y de los empresarios, como entre los organismos de la sociedad civil, en particular vía la creación de las instituciones de asistencia privada. Aguiar Retes pareciera decirnos que la relación Iglesia-Estado debe enmarcarse en una perspectiva más profunda y de mayor alcance, es decir, dentro de la relación entre la Iglesia y la sociedad. Sin embargo, existe el riesgo latente de una embestida al carácter laico del Estado. Esperamos que la jerarquía se siga guiando en el marco del orden institucional. Igualmente, resulta inquietante el ascenso y expansión de sectores de la ultraderecha, y su latente potencialidad de establecer alianzas estratégicas con un sector de la cúpula episcopal obsesionada por combatir la sociedad del relativismo y con la tentación de construir un orden social cristiano. La polarización social en torno a la despenalización del aborto en el Distrito Federal revela que la hipótesis no es lejana y que existen condiciones reales para que se realice. La tentación de la neocristiandad es real; es decir, regresar a una sociedad socialcristiana de pensamiento único está latente en los ardientes corazones que añoran sociedades teocráticas. Por ello, la responsabilidad de la jerarquía, hoy un actor político importante en el entramado de la actual transición, es trascendente; pero al mismo tiempo, con lo actuales aires conservadores muy avivados, las tentaciones son muy patentes.

Referencias

A. A. V. V. (2002), “La tradición: memoria desterrada”, Metapolítica, vol. 6, núm. 22, marzo/abril.

A. A. V. V. (2002-2003), “En el nombre de Dios: Política y religión”, Metapolítica, vols. 6-7, núms. 26-27, noviembre/ febrero.

La Jornada (2000), 27 de mayo.

Piétri, G. (1999), Le catholicisme à la épreuve de la démocratie, París, Cerf.

Poulat, E. (1983), Le catholicisme sous observation, París, Le Centuron.

Ramos, V. M. (1992), Poder, representación y pluralidad en la Iglesia, México, UdeG.

Vázquez Montealbán, M. (2000), “Al césar lo que es del César”, El País, 1 de marzo.

Veloz, V. (2007), “El efecto boomerang y Norberto Rivera”, Etcétera, mayo.

Vera, R. (2006), “Meta: el poder en la tierra”, Proceso, núm. 1574, noviembre.


Metapolítica No. 154

Relaciones diplomáticas entre México y la Santa Sede

diciembre 23, 2008

Relaciones diplomáticas entre México y la Santa Sede

Bernardo Barranco V.

A más 15 años de distancia podemos constatar cambios importantes en los vínculos entre México y el Vaticano. Las transformaciones y nuevas circunstancias en ambos son notorios, más en el caso de nuestro país, que transita a jaloneos en la búsqueda de una convivencia social más democrática; el viejo presidencialismo y el sistema corporativo de partido único han obsolescido, dada la alternancia en el poder. Sin embargo, aún no está claro el camino y predomina la incertidumbre.

Mientras el Vaticano cuenta con un nuevo pontífice que guarda consonancia y continuidad con el largo pontificado de Juan Pablo II, los cambios de Benedicto XVI se notan más en la forma que en las grandes líneas programáticas de su antecesor.

Cuando el 21 de septiembre de 1992 la Secretaría de Relaciones Exteriores anunció el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre México y el Vaticano, se cerró un farragoso capítulo en la historia del país. Quedaban atrás disputas y alejamientos con la Santa Sede que se remontaban al siglo XIX. Era el México dominado por el salinismo que quería mostrar al mundo, en vísperas del Tratado de Libre Comercio, una supuesta madurez de una nación que quería ser plural y tolerante.

Salinas de Gortari no imaginó la utilidad política de este acto, pues tan sólo un año después el confuso asesinato del cardenal Posadas contó con la paciencia y benevolencia de Roma ante este primer magnicidio que cimbró las estructuras políticas de México. Posteriormente, durante el levantamiento zapatista de 1994, el gobierno mexicano contó con el apoyo de importantes sectores del Vaticano para acotar y presionar contra el protagonismo que adquirió en ese entonces el obispo de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz. El gran operador del Vaticano fue el todopoderoso nuncio Girolamo Prigione, hombre de Iglesia que formaba parte de la elite salinista y prominente salinista en el interior de la Iglesia.

Bajo el papado de Juan Pablo II, el Vaticano ganó  de manera ascendente y progresiva mayor influencia  en la escena internacional, alcanzando niveles insospechados, dado el vigoroso activismo y carisma del pontífice. Karol Wojtyla se convirtió en un actor político itinerante de gran peso que facilitó a la Iglesia católica ganar terreno paulatinamente en la escena internacional, así como creciente influencia, que ha venido utilizando para: a) asegurar que la institución pueda seguir desarrollando su misión evangelizadora (portadora de un código ético cristiano y de un ideal histórico), y b) robustecer las condiciones materiales, económicas, jurídicas y políticas de las estructuras sociales y políticas locales (particularmente frente a los estados) que faciliten esta misión.

Después de la caída del Muro de Berlín, las críticas católicas se centraron en la dictadura del mercado y en la sociedad relativista en materia de valores, cuyo epicentro se ubica en Estados Unidos; por ello México fue un país prioritario para el Vaticano. La primera frontera católica de América del Norte fue visitada nada menos que cinco veces por el pontífice y desde aquí se presentó en 1999 la exhortación apostólica Ecclesia in America, documento preparatorio del gran jubileo de 2000 y considerado, según muchos, testamento del Papa para la región.

A  la distancia en el tiempo, las condiciones no nada más han cambiado, sino que requieren innovación tanto de percepción como en la práctica de los actores. El fenómeno más importante de la sociedad moderna mexicana es la secularización. Este proceso lo hemos venido registrando desde este espacio como  complejo y mal haríamos en simplificarlo. México y Brasil son grandes países católicos, pero ¿por cuánto tiempo?

La secularización no es sólo la pérdida de creencias religiosas ni la aparición de nuevos valores profanos o racionalistas; tampoco es sólo la pérdida de centralidad de las instituciones religiosas. El principal rasgo de la secularización en la sociedad mexicana radica en que la religión mayoritaria, el catolicismo,   está dejando de ser el factor envolvente y central que otorga sentidos y legitimidades a la cultura. El catolicismo se está convirtiendo en un importante elemento que, entre otros, permite que la sociedad se desarrolle e integre con mayor pluralidad y tolerancia no sólo en el campo religioso, sino en la cultura.

En efecto, el factor religioso mexicano se viene fragmentando a través de distintas y competitivas ofertas religiosas en un “mercado de creencias” más diversificado y exigente; esta pluralización religiosa que experimenta nuestra realidad se integra a un proceso que posibilita la aparición de modalidades religiosas como “fe a la carta”, new age, nuevos movimientos religiosos de carácter pentecostal y el ascenso de poderosas religiosidades populares como la Santa Muerte.

En corcondancia con los planteamientos del actual Papa sobre el papel de la Iglesia como “tutelar” de los valores morales de la nación, en la visita ad limina de septiembre y octubre de 2005 Joseph Ratzinger llamó a los prelados a ser un factor coadyuvante de la transición y consolidación democrática de México; afirmó que la Iglesia tenía un papel central para contribuir a enfrentar el narcotráfico, la pobreza, las migraciones y, sobre todo, la corrupción de altos funcionarios públicos.

La fórmula elegida por los obispos, desde su encuentro con el pontífice, es arreciar su postura sobre la relación entre la ética y el quehacer político. Los debates en torno a la píldora, el aborto, la homosexualidad, la familia y la eutanasia, por mencionar algunos, son temas que se convierten en materia de disputa política.

Más que ser un factor de coadyuvancia con la democracia, algunos obispos, como el cardenal Norberto Rivera Carrera, han puesto a prueba la propia transición, pues en el debate de hace algunos meses sobre la despenalización del aborto en la ciudad de México no argumentó, ya no digamos de manera sofisticada, como le gustaría al papa Ratzinger, sino ni siquiera con relativa profundidad, y en su lugar abrió las culpabilizaciones, amenazas y acusaciones.

Finalmente se tiene la impresión de que existe una disfuncionalidad entre las grandes líneas de interés del Vaticano y la capacidad real de los actores religiosos más visibles de la Iglesia mexicana. Los acentos de la relación se han trasladado en este lapso de lo político al campo de los valores y la moral, que en el fondo es una representación del orden social deseado.

La muerte de Abascal deja huérfana a la derecha: Bernardo Barranco

diciembre 11, 2008

La muerte de Abascal deja huérfana a la

 derecha: Bernardo Barranco

Por Yuriria Rodríguez Castro

 

¿Qué vacío deja Carlos Abascal con su muerte tanto para el mundo de la fe, como para el de la política?
Carlos Abascal forma parte de una generación de católicos que añoraron una sociedad teocrática, que soñaron un Estado católico confesional y hasta de cierta forma democrático, no un Estado absolutista, no una tiranía medieval, sino un Estado confesional que protegiera la misión de la Iglesia y exaltara su labor evangelizadora. En ese sentido, Carlos Abascal forma parte de esta última punta de lanza de un catolicismo social intransigente, así se le llama, es una categoría. Es un catolicismo social porque aspira a poner un orden social…
Abascal deja a un sector importante de la Iglesia y del llamado sector conservador, huérfano, porque fue un intelectual, un conductor, un líder; y la derecha, como la izquierda, los liberales del país, no gozan de grandes líderes, no tienen grandes intelectuales, no tienen grandes sintetizadores.
Carlos Abascal deja en la orfandad a una corriente que está muy difusa dentro del catolicismo digamos…”neomedieval”; Abascal representaba el sector más erudito, más refinado. Él deja a esta derecha huérfana, que se queda con sus representantes más agresivos, más vociferantes, más caninos…
Se tiene la percepción que Carlos Abascal abrió espacios al poder eclesiástico dentro de la política, ¿con el fallecimiento de Abascal, cree que estos espacios se podrían ver reducidos?
No, yo creo que no, esa es una presencia más fuerte y vigorosa que se inaugura con el ascenso de Vicente Fox al poder y la necesidad de contar con cuadros católicos y social-cristianos, de los que ha habido una especie de invasión silenciosa en diferentes puestos gubernamentales…
Ya no estamos hablando solamente de la presencia de Luis Pazos en el poder, sino detrás de Luis Pazos, muchos discípulos; tenemos una presencia de una clase media conservadora, de la cual Abascal era uno de los que se destaca, era uno de los intelectuales orgánicos de esa gran corriente y su desaparición no creo que frene esta presencia, lo que sí puede hacer es influir en el proyecto político de la derecha.
Al irse, puede dar paso a un vacío que sea llenado por otros, por sectores más radicales, cuando digo “sector” me refiero especialmente a intelectuales de derecha, principalmente a esta derecha más vociferante…
¿Luis Felipe Bravo Mena, quien estuvo en el funeral de Carlos Abascal, podría formar parte de este sector?
Claro, ahí está él, pero también hay muchos otros, César Nava, quien probablemente tenga un espacio…pero no se ve con claridad que haya intelectuales orgánicos de derecha, más bien lo que podría uno suponer es el ascenso de operadores, como el ex dirigente del PAN, Manuel Espino, más bien es operador, colocador; son negociadores pero con un perfil intelectual bajo. Yo creo que este es el horizonte de corto plazo de una derecha que no ha tenido hasta ahora la capacidad de pulirse y de poder esbozar con cierto racionamiento un proyecto de país. Es una derecha muy atrabancada, muy poco culta…
Bernardo, sin embargo, para cuando se anunciaba el delicado estado de salud de Abascal, ya se encontraba fuera de la escena política en este sexenio de Calderón, ¿eso es un síntoma?
No, fueron movimientos políticos, la salida momentánea de Abascal no significaba su retiro de la política, significaba parte de este intento de Felipe Calderón de tomar distancia del Yunque y la gente que estaba detrás de Manuel Espino, pero las circunstancias le han obligado a volver a pactar con estos grupos; lo que se llamó la guanajuatización del PAN, no era más que la reconciliación de los sectores más ultraconservadores con la postura más sintética de Felipe Calderón y en ese sentido creo que Abascal tenía un futuro importante…
Abascal estuvo rodeado de polémicas como su relación con los legionarios de Cristo y especialmente Marcial Maciel, ¿en estos casos se mantuvo como un hombre de fe?
En el caso de Marcial Maciel, yo creo que estaba convencido de su inocencia, como lo estuvo Juan Pablo II, en ese sentido actuó en consecuencia; hay un calificativo sociológico que le queda bien, es un “católico integral”, de esos que son lo mismo en la vida interna, en la familia y en la cuestión social, es decir, hay una solidez externa e interna.
Abascal siempre estuvo convencido de la inocencia de Maciel y actuó en consecuencia, lamentablemente ese actuar en consecuencia limitó de manera muy notoria los argumentos de los quejosos y de los medios de comunicación, extendiéndose más allá, también protegió al cardenal. Es lamentable la actitud agresiva que tuvo Gobernación cuando vino este grupo que estaba apoyando al joven abusado por el padre Aguilar, fue reprobable cómo Migración entra, irrumpe y se los lleva, los saca del país, les exige una visa de trabajo; fue muy deplorable.
Hay que recordar que él fue muy congruente con lo que pensaba y no se lo guardaba. Antes del fenómeno “Aura”, seguramente lo ha recordado ahora el autor Carlos Fuentes, siendo que tuvo su mayor promoción con la censura de Abascal, la verdad sí se reeditó varias veces cuando entró como Secretario del Trabajo, Abascal recupera una vieja relación, de un vínculo que se dio en el siglo XIX entre funcionarios y obreros, entonces, la primera relación que tiene con la CTM, se despide encomendando a los obreros con la Virgen de Guadalupe, sobre todo que venían de una comuna jacobina y anticlerical, se quedaron con el ojo cuadrado cuando Abascal les da una bendición guadalupana.
El caso de las mujeres que se sintieron muy agraviadas, cuando él, en la defensa ferviente que hace de la familia, dijo que una de las causas de la desintegración familiar es que las mujeres estén yendo a trabajar; por la parte económica quería que México se restableciera económicamente, para que las mujeres regresaran a sus casas, se dedicaran a atender a la familia y a mantener la unidad y la tradición de los núcleos familiares; lo anterior también causó un escándalo tremendo, pero para mí, independientemente de estos destellos, él tuvo una acción, cuando en defensa de la objeción de conciencia y de una polémica creada por el cardenal Norberto Rivera, habla de la supremacía del derecho natural sobre el poder  constitucional, dicho por un secretario de Gobernación que en la tradición desde el siglo XIX hasta la fecha habían sido liberales, fue un verdadero escándalo, decir que por encima de la ley de los hombres, está la ley de Dios, la ley natural…
Por último, ¿Abascal es un símbolo, a través de él se podría explicar mucho de la historia de la derecha en México?
Yo creo que en Abascal, visto así en esa retrospectiva se dibuja muy bien el proceso de la derecha católica en México, no la derecha liberal, porque la hay, no, de la derecha católica. Él simboliza esa derecha absolutamente excluida ideológica, cultural y políticamente en los años 50, 60, que surge del anticomunismo. Él estaba muy joven, pero es parte de esa generación, una derecha que en los años 60 y parte de los 70 está muy en la oposición, recordando mucho las viejas glorias cristeras, para entrar desde el ámbito empresarial, desde ámbitos de la sociedad civil, desde estructuras paralelas que la fueron creando: investigación, revistas, etcétera. Así fue entrando y penetrando en la política hasta conquistarla y ser parte de ese poder.
En ese arco de tiempo que va de los años 60 al 2000, la trayectoria de Abascal refleja mucho la trayectoria de la derecha católica mexicana, que va desde las catacumbas, de una oposición sorda, oscura, poco conciliable, con un anticomunismo rabioso, a una derecha que llega al poder, se encarama en él, se enreda y pierde horizonte…

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Los laberintos de la ultraderecha católica

diciembre 11, 2008

Los laberintos de la ultraderecha católica

La Jornada, miércoles 12 de noviembre de 2008

La ultraderecha católica mexicana se caracteriza por pretender instaurar un orden social cristiano desde una delirante militancia cuyo epicentro más reciente se sitúa en la guerra cristera 1926-1929. El propósito es construir un orden social teocrático protomedieval. De ahí que los valores, la ética social y la política son su campo de lucha preferidos. Dicha derecha es heredera de lo que el sociólogo francés Émile Poulat denominó catolicismo social intransigente, es decir, su apuesta histórica no está a debate; las raíces históricas se remontan por el tajante rechazo de los valores y sistemas sociales construidos por la modernidad que se sustentan en la racionalidad, la cientificidad y el materialismo. La versión más radical del antimodernismo católico es personificada por Pío IX en su famoso Sylabus de 1864, donde evidencia la colección de errores modernos en orden alfabético.

Pablo González Casanova en su ya clásico La democracia en México alertaba con preocupación sobre la reactivación de estos grupos en 1961, que además de exaltar campañas anticomunistas, bajo la consigna: “cristianismo sí, comunismo no”, manifestaban tajante rechazo a lo que entonces llamó la “profanación de las costumbres”.

Bajo el sello de Grijalbo, los periodistas Salvador Frausto y Témoris Grecko acaban de publicar El vocero de Dios, Jorge Serrano Limón y la cruzada para dominar tu sexo, tu vida y tu país. Más que una investigación sobre Serrano Limón, es un texto sobre la derecha católica mexicana. Si bien los autores para nada se identifican con las posturas y acciones de Pro vida ni de su fundador, lo respetan por su congruencia y evitan la caricaturización de un personaje tildado de “fanático”, vehemente ultraconservador, que desde la década de los 80 es el actor más visible de la radicalidad intransigente católica. Los autores reiteran: “La diferencia fundamental entre Jorge Serrano Limón y muchos de estos personajes es de congruencia ideológica: él se presenta públicamente como lo que es, sin ocultar o moderar las actitudes que lo hacen odioso ante la opinión pública; otros, en cambio, han alcanzado maestría en el manejo de los trucos del cinismo y saben disfrazar su fanatismo y su intolerancia al presentarse ante los electores y los fieles”.

Sin un sólido andamiaje intelectual, testarudo y primario, el tenaz maratonista Serrano Limón es objeto del escrutinio de los periodistas. Analizan su vida, sus influencias tempranas y perseverante lucha contra el cáncer. Luchar es parte de su vida. Pero no está solo: ronda en las órbitas de El Yunque junto con organizaciones como la Unión Nacional de Padres de familia, A Favor de lo Mejor, Coordinadora Ciudadana, Mejor Sociedad, Mejor Gobierno, Centro de Liderazgo y Desarrollo Humano, formada por Coparmex en Chihuahua, la Acifem, por mencionar algunas de las redes.

Los autores identifican benefactores y patrocinadores en familias y personajes como Barroso Chávez, Servitje, Sánchez Navarro. Ideólogos y animadores de toda esta red: Guillermo Velasco Arzac, Bernardo Ardavin, Guillermo Bustamante. Servidores públicos y políticos como Diego Fernández de Cevallos, Carlos Abascal, Bernardo Fernández del Castillo, Alberto Cárdenas, Ana Teresa Aranda, Cecilia Romero y casi todos los gobernadores del bajío. Serrano Limón ha sido utilizado y desdeñado por estos personajes; ha sido chivo expiatorio de muchos que son tan intolerantes como él, y que reciben los beneficios políticos de su activismo, pero se resisten a aparecer cercanos a él y mucho menos a tomarse la foto con el líder de Provida.

Los autores reiteran la complejidad, tan poco estudiada de la derecha católica en México: “ni El Yunque es toda la ultraderecha ni la ultraderecha es toda la derecha. El Yunque es un actor con gran influencia en el espectro político, pero no es el único todopoderoso (…) La organización comparte e incluso disputa espacios en la ultraderecha católica con otros movimientos, como los Tecos de Guadalajara y la Unión Nacional Sinarquista; con órdenes como el Opus Dei, la Legión de Cristo, los Caballeros de Colón y los Caballeros de Malta” (p. 239).

La crisis de las tangas y los aprietos de Provida para comprobar más de 30 millones de pesos, indebidamente concedidos por Luis Pazos, arrojaron el desgaste de Serrano Limón, evidenció la poca capacidad de reacción y convocatoria frente al episodio de la despenalización del aborto en el DF, en 2007. Igualmente, advierten los autores, la discrecionalidad y corrupción imperante en el manejo de los recursos públicos que favorecen este tipo de organizaciones y personajes.

La erosión de Serrano Limón es la misma de la ultraderecha que hasta hace poco pretendía hablar en nombre no sólo de todos los católicos, sino de todo el pueblo mexicano. La derecha se erigía como depositaria de los valores tradicionales y de la esencia de la mexicanidad mestiza. Los cambios concebidos como acciones verticales desde el poder, desde la penetración a las cúpulas gubernamentales, desde las elites, son hipótesis que deben revisar los católicos neomedievales, incluidos obispos, pues la derecha se ha alejado de sus bases y ha perdido importantes batallas culturales. El México secularizado se viene imponiendo lentamente desde la cultura; los católicos mayoritarios vienen formando un nuevo tipo de familias, ante la prohibición de la jerarquía católica acuden masivamente a ver El crimen del padre Amaro; los mexicanos enfrentan los tabúes y sin culpabilidad reivindican su sexualidad y su cuerpo, desnudándose multitudinariamente, batiendo récord, frente a la catedral metropolitana. La ultraderecha está atrapada en un círculo vicioso porque ha llegado al poder y ha extraviado, como la izquierda, su proyecto. Su ideal histórico se desdibuja y se subordina a la implacable lógica del poder y de los privilegios personales adquiridos. Ante esto, Serrano Limón, tocándose la nuca, lamenta la tibieza y hasta la traición de la ultraderecha católica.