Archive for 16 febrero 2011

Egipto: la sombra del extremismo islámico

febrero 16, 2011
Egipto: la sombra del extremismo islámico
Bernardo Barranco V.

La renuncia de Hosni Mubarak coincide con el 32 aniversario del triunfo de la revolución islámica encabezada por el legendario ayatola Jomeini (1901-1989) en Irán, en 1979. La sombra ahí está presente. Más que la coincidencia simbólica, el factor islámico tiene preocupados a los intereses occidentales, especialmente a Washington. Recordemos cómo la revolución chiíta iraní reavivó la revancha del dios islámico, representó el advenimiento de movimientos radicales, teocráticos, antimodernos y antioccidentales. Precisamente, días antes de la caída de la dictadura de Mubarak, el máximo líder religioso iraní, Ali Jamenei, recomendaba a los egipcios no aceptar más que un “régimen independiente, popular, basado en el Islam… Lo que hoy sucede es el eco de la revolución islámica iraní”. En el triunfo del movimiento popular, decantado desde el 25 de enero en Egipto, es difícil identificar los liderazgos de la vasta y heterogénea multiplicidad de actores y reivindicaciones políticas, económicas, culturales y religiosas. Entre muchas otras organizaciones, destaca la Hermandad Musulmana, que es la fuerza política islámica más grande y mejor organizada de la sociedad. Hasta ahora su perfil ha sido bajo, cohabita con demandas diversas de profesionistas, burócratas laicos y sectores tradicionales rurales, así como con una amplia franja social depauperada. La amenaza está ahí latente, tanto en Egipto como en Túnez, al grado de que llega la preocupación de los políticos ultraconservadores estadunidenses que no tienen empacho en demandar la exclusión de la Hermandad Musulmana en la transición egipcia. Por ejemplo, Charles Krauthammer escribió en The Washington Post que el islamismo había ocupado el lugar del comunismo como el principal rival de la Casa Blanca: “Por tanto, así como durante la guerra fría Estados Unidos ayudó a mantener fuera del poder a los partidos comunistas europeos, se debe oponer a la inclusión de partidos totalitarios –la Hermandad Musulmana o comunistas– en cualquier gobierno, sea provisional o elegido, en los liberados estados árabes”. A pesar de estas posturas, la mayoría de los especialistas y analistas en la región han expresado que los temores que circulan contra la hermandad son exagerados o infundados. De hecho, muchos expertos en Medio Oriente destacan que la transición democrática debe incluir a la hermandad, ahora más abierta a la pluralidad, y constituiría un importante revés para los sectores integristas, como Al Qaeda, que a su vez ha criticado a la hermandad egipcia por haber optado por la no violencia y comprometerse con los procesos democráticos.

La cofradía de los Hermanos Musulmanes (Al Ijuan al Muslimin) es una de las organizaciones islámicas con mayor antigüedad. Es una extendida e influyente red social, inicialmente integrista, del mundo árabe y musulmán. Fue fundada en Egipto en 1928, en plena ocupación inglesa por un maestro de escuela llamado Hassan el Banna (1906-1949). Su objetivo era el retorno al valle del Nilo de la sharia o ley islámica. El Islam como forma de vida, el Corán, ley sagrada como religión y Estado. La hermandad es chiíta. Desde sus orígenes tiene una vocación panislámica y ha dado origen o ha inspirado a varios movimientos como Hamas, en Palestina, y otras agrupaciones importantes en Medio Oriente, como en Siria y Jordania.

Sus orígenes fundamentalistas la ha llevado en diferentes etapas a la confrontación abierta contra los gobiernos militares egipcios. Ha sufrido de severas represiones, así como se le vincula con atentados magnicidas, como el perpetrado el 6 de octubre de 1981, en el que fue asesinado Anuar Sadat. El crimen fue efectuado por un miembro radical de la hermandad, que tachó de traidor al mandatario por sellar la paz con Israel en los acuerdos de Campo David. Además de represión, este hecho provoca escisiones de sectores radicales, como al-Gama’a al-Islamiyya o Jihad Islámica, que comienzan a luchar mediante atentados contra el gobierno. Mientras la hermandad reforzó su apuesta por la revolución pacífica, incluso predominan por momentos sectores liberales y modernos en la organización islámica, consolidándola como la agrupación más poderosa, con cerca de un millón de miembros y 20 millones de simpatizantes provenientes de los sectores más pobres del país. Mubarak los toleró por su peso social. El método de la hermandad ha sido simple y altamente efectivo: tiene un vasto trabajo de asistencia social y de servicios sociales como educativos, de salud, recreativos y de deportes. No sólo suple las carencias e ineficacias del Estado, sino que se ha convertido en un espacio de agregación social donde confluyen las más diversas corrientes de oposición y descontento social y político.

El rol geopolítico de Egipto, con Mubarak, además del control del Canal de Suez, había sido hasta ahora de contrapeso y contención del islamismo fundamentalista. Queda en suspenso el papel del único país árabe cercano a Israel y aliado de Estados Unidos. Las agrupaciones islámicas, Renacer, en Túnez, y los Hermanos Musulmanes, en Egipto, se han mostrado temperadas; podrán incluso llegar a ser un factor de poder, pero por ahora, lejos de una islamización de la sociedad o una revolución islámica. A pesar de todo, Occidente la mira con gran recelo y desconfianza; la Hermandad Musulmana, a pesar de ser pacifista y pluralista, tiene en sus raíces históricas las semillas de la radicalidad religiosa. Al tiempo.

La caída del régimen de Egipto es, sin duda alguna, tanto por la forma como por los resultados, un hecho esperanzador y tendrá un gran impacto sobre el conjunto del mundo musulmán.

La Jornada, miércoles 16 de febrero de 2011

Aristegui: atentado a la libre expresión

febrero 11, 2011

Aristegui: atentado a la libre expresión

Posteando

Bernardo Barranco


2011-02-10•Acentos

La salida de Carmen Aristegui del noticiero matutino en MVS, ha provocado un enorme revuelo en la vida política de este país; desde las redes sociales hay una insospechada movilización social de repudio a una acción autoritaria.

Una sociedad democrática funcional, requiere efectivamente de la pluralidad de posiciones y de la diversidad de medios. El caso Aristegui muestra al México autoritario e intolerante que aun impera. Raúl Trejo Delarbre, presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información, resumió de manera muy atinada el nudo: todos perdimos con el despido de Carmen Aristegui, dijo.

Perdieron los radioescuchas, perdió la periodista, perdió MVS, perdió la presidencia de la República y, principalmente, perdió México en materia de libertad de expresión. Si en algún momento presidencia quiso minimizar las notas de la manta presentada en el congreso por González Noroña, hoy lamentablemente el supuesto alcoholismo del presidente Felipe Calderón está en los grandes diarios del mundo, en los principales portales y como un punto álgido en las discusiones de las redes sociales.

“¿Y con este acontecimiento, quién gana?, le preguntó Mario González conductor del noticiero Perspectivas, de CNN, a lo que Trejo Delabre contestó: “ganan los sacerdotes pederastas, ganan los políticos corruptos… en fin, ganan todos los que querían a Aristegui fuera de la radio, los que ha llegado a incomodar”.

Como pocas veces el periodismo en este país ha sufrido agresiones en un contexto de narcoviolencia desatada contra reporteros.

Y pese al recurrente discurso, del presidente Felipe Calderón, sobre el respeto de su gobierno a la libertad de expresión, ya lleva dos casos que lamentablemente, lo ponen en cuestión.

Recordemos que el emblemático periodista José Gutiérrez Vivó, acusó directamente al presidente Calderón Hinojosa de haber ejercido contra él una censura institucional y sistémica por lo que en 2007 se vio forzado a cerrar la transmisión de Monitor, noticiero legendario de alto rating con más de 23 años al aire, independiente y crítico frente a la acción gubernamental. Poco después en febrero de 2009 , las instalaciones de Diario Monitor, fueron embargadas.

La pregunta de fondo gira en torno a los verdaderos motivos que llevaron a su despido. ¿Faltó Aristegui al código ético? Al dar como noticia un rumor.

No lo creo, he visto y escuchado varias veces la intervención de la periodista y no estoy de acuerdo. Aristegui interroga, de manera seria y profesional aborda un tema delicado. Ha sido el pretexto. En realidad en los últimos meses, Carmen Aristegui, ha venido abordando temas muy incómodos y candentes como la corrupción en Pemex, migrantes, los vínculos de funcionarios con el narcotráfico que han puesto en entredichos a altos miembros de la administración actual especialmente a Genaro Borrego Estrada.

Por tanto, ha venido ganando la idea, como ella misma lo sostuvo en la conferencia de prensa que ofreció en Casa Lamm, de que había sido despedida por haber incomodado al presidente de la República, sus preguntas resultaron embarazosas para Los Pinos y, en consecuencia, se ponen en riesgo los intereses de la familia Vargas que tienen, además de su relación con Carlos Slim, varios litigios pendientes con la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel).

La relación medios y poder se vuelve a poner sobre el tape de la discusión. Para la transición y para la democracia es una muy mala noticia, para el gobierno federal es aun peor pues puede ir cargando con un estigma desastroso como Echeverría con Excelsior. ¡Ánimo Carmen, estamos contigo!

bernardobarranco@hotmail.com

Jueves 10 de febrero, Milenio Estado de México.

A tres años de su deceso, Maciel no ha muerto

febrero 5, 2011
A tres años de su deceso, Maciel no ha muerto
Bernardo Barranco V.

Marcial Maciel es el hombre que nunca debió existir. El pasado domingo, muchos legionarios tuvieron que celebrar su tercer aniversario luctuoso en la intimidad porque, como sabemos, ha sido desterrado de su orden y de la Iglesia. Su imagen desapareció por decreto y su nombre será pronunciado en voz baja, casi como un susurro, para que nadie más escuche, porque su nombre ahora es maldecido. Es el asesino solitario, el chivo expiatorio, que exime responsabilidades institucionales de la orden y es sacrificado para que la comunidad siga existiendo como en la prehistoria las colectividades arcaicas realizaban las inmolaciones. Maciel el esclavo del dinero, el cómplice del poder, modelo de desenfreno de adicciones y de patologías sexuales, es conducido a los oscuros rincones del olvido. Los legionarios, después de haberlo exaltado como un héroe y haberle rendido culto con veneración servil, ahora lo cosifican; ya lo querían santo y ahora se ven obligados a condenarlo al destierro de la memoria.

Por prescripción institucional, Marcial Maciel ha dejado de existir, porque sus actos jamás debieron haberse dado. Y ¿qué queda después del iconicidio ordenado por el Vaticano?, ¿qué lecciones ha dejado su paso pernicioso por la Iglesia y por el mundo? Se ha hablado tanto de él que se antoja seguir con desgano el consejo de Ciro Gómez Leyva: ya basta, ya déjenlo.

Efectivamente, estamos saturados de un personaje siniestro y malévolo; sin embargo, los silencios de la Iglesia y de las elites de la sociedad se siguen manifestando como un silencio cómplice. ¿Qué ha dicho la Iglesia católica, además de lamentarse de la vida licenciosa de este religioso? ¿Es que el caso Maciel no amerita una reflexión eclesial profunda por la jerarquía y de sus intelectuales? Se han registrado en los medios algunos tibios y esporádicos comentarios de algunos miembros de la jerarquía en los que apenas salpican el tema. Hasta ahora, el silencio ha sido la tónica de la jerarquía, como si Marcial Maciel no hubiera existido o, peor aún, como si se tratara de un accidente tan raro y exótico en la vida de la Iglesia que no ameritara un razonamiento. Creo que los obispos deben a la sociedad mexicana una meditación madura y sensata del caso, por la sencilla razón de que el escándalo de Marcial Maciel ha trastocado la vida, la autoridad y la credibilidad de toda la institución.

No existe una recepción local del caso. ¿La Iglesia católica mexicana está obligada a dar una explicación a la sociedad por el caso Maciel? No lo sé, pero sí creo prudente que una interpretación pastoral, y hasta teológica, sería un signo saludable de contrición. Yo quisiera preguntarles a los obispos qué piensan del modelo religioso que Maciel creó, el modelo empresarial llamado legionarios: ¿qué tan evangélico, señores obispos, es el personaje Maciel convertido en una máquina de hacer dinero? O la inquietud la formulo de otra manera: ¿qué tan evangélico es que una congregación en tan poco tiempo haya construido un imperio financiero que oscila entre 20 y 50 mil millones de euros? El silencio es encubridor, y a la postre implica cómo fueron los cómplices que quisieron acallar a las víctimas y ahora tienen una obligación moral y jurídica de dar la cara. Creo que el cardenal Norberto Rivera, en primera línea, tiene la exigencia no sólo de ofrecer explicaciones públicas, sino de pedir perdón. Porque Marcial Maciel fue su mentor, porque lo defendió ciegamente utilizando todo el peso institucional de su investidura; porque su actitud desorientó a muchísimos feligreses y porque afectó la vocación de personajes tan entrañables como Alberto Athié Gallo, quien tuvo, en medio de una crisis, que abandonar su vida religiosa.

Por ello es tan importante el libro que Carmen Aristegui ha producido, Marcial Maciel, historia de un criminal (editorial Grijalbo), porque Marcial Maciel es un espejo de nosotros mismos como sociedad. Los testimonios de sus víctimas, los diversos enfoques interpretativos, sean sociológicos, teológicos y hasta sicológicos, nos develan que las patologías de Marcial Maciel son las mismas de la sociedad mexicana, especialmente de sus elites económicas y de poder político. Muchos empresarios, políticos, servidores públicos, comentaristas y periodistas que lo defendieron ciegamente deben hacer su balance. Algunos, me consta, aun en privado han hecho una evaluación crítica. Otros siguen el ejemplo del cardenal y hacen como que la virgen les habla. Marcial Maciel no ha muerto; hay temas de verdad y de justicia aún pendientes, que van mucho más allá de la atención a las víctimas como recién lo anunció la congregación. “En mayo de 2010 –nos dice Aristegui en su libro– el Vaticano tocaba el asunto central de las complicidades y ahora abandona, sólo meses después, las responsabilidades de quienes participaron en ese contexto permisivo… Benedicto XVI terminó por caer en cuenta de que una investigación seria sobre encubrimientos o complicidades sería topar con su propia figura y la de su antecesor, Juan Pablo II, quien resultó ser el más grande protector de Marcial Maciel.” Si hay una apuesta por la desmemoria, la verdad tarde o temprano saldrá.

La Jornada, miércoles 2 de febrero de 2011

“Revalorar los derechos de los indígenas, mi verdadera misión”, decía Samuel Ruiz

febrero 5, 2011
Revalorar los derechos de los indígenas, mi verdadera misión, decía Samuel Ruiz

La innovación pastoral en el área de la cultura, su mayor contribución

El Evangelio debía encarnar en los pueblos no occidentales, afimaba

Foto

El sacerdote Gonzalo Ituarte y el obispo Samuel Ruiz durante una misa en memoria de monseñor Óscar Arnulfo Romero. La ceremonia fue celebrada en marzo de 2006 en la ciudad de MéxicoFoto José Carlo González
Bernardo Barranco
Periódico La Jornada
Sábado 29 de enero de 2011, p. 2

Al contrario de la percepción que prevalece, la mayor aportación de don Samuel Ruiz no se dio en el plano político social ni en la importante mediación de paz ante al levantamiento zapatista de 1994, que evitó un mayor derramamiento de sangre. La más notable contribución de don Samuel se dio en la innovación pastoral, específicamente en el área de la cultura.

La inculturación del Evangelio en el mundo indígena lo llevó a construir modelos y figuras que prevalecen como propuestas novedosas, audaces y hasta reivindicativas, aún no aquilatadas por el conservador Vaticano. Desde los años setenta Samuel Ruiz se adelantó a los enfoques multiculturales, actualmente en boga por los alcances de la globalización.

Comparto un breve fragmento de una de varias conversaciones que tuve con él. La entrevista se realizó en Querétaro, en su casa, que carecía de lujos y era funcional.

Allí vivió don Samuel Ruiz después de que el Vaticano aceptó su renuncia como obispo de San Cristóbal de Las Casas. El derecho canónico obliga a los obispos a presentar su dimisión a los 75 años.

–Qué tal, Bernardito –así me decía, con cariño. El mote se remontaba a la década de los setenta, cuando lo conocí. Yo tenía entonces 18 años, y junto con otros universitarios católicos fui a conocer la realidad indígena y pastoral de Chiapas, promovida por la diócesis vanguardista de San Cristóbal. Ahí don Sam, como le decíamos, nos recibió con consideración y atenciones. Ahora nuestro encuentro se daba en el contexto de una serie de entrevistas para mi programa Religiones del mundo, de Radio Red. Don Samuel se apoyaba en un bastón, pues tenía una pierna lesionada, consecuencia de la diabetes que lo aquejaba.

–¿Qué valoración hace de su andar como obispo en San Cristóbal de Las Casas?

–Después de varios años, comprendí que mi verdadera misión pastoral era revalorar la riqueza y los derechos de las culturas indígenas. Rescatar el valor de las culturas indígenas como factor central para afirmar su dignidad como pueblo, propiciando que vencieran sus ancestrales complejos de inferioridad y resignación ante los poderosos no indígenas que los explotaban y despreciaban. El tema de la fe y la religiosidad pasa hoy de manera inobjetable por la inculturación.

–¿Cómo llegó usted a esa conclusión?

–Fue todo un proceso. A finales de los años cincuenta no tenía experiencia pastoral alguna con indígenas. Felizmente, muy pronto tuve el privilegio de participar en las sesiones del Concilio Vaticano II, entre los años 62 y 65. Especialmente la construcción del documento Ad Gentes, sobre misiones, me influyó de manera definitiva.

“Ahí se destacaron especialmente las intervenciones de los obispos africanos, quienes reivindicaban replantear la antropología cristiana que fortaleciera su actuación misionera y se valorara la dignidad de las diversas culturas. El Evangelio, que no nació en Occidente, debía encarnarse e inculturarse en las diferentes culturas no occidentales.

“Esto me movió toda mi estructura pastoral, pues pensaba, con ingenuidad, que había que enseñar castilla a los indígenas para poder evangelizarlos y ofrecerles oportunidad de desarrollo económico. Con ellos reproducía, sin querer, la actitud paternalista.

“Después vino Medellín –en 1968 se realizó ahí la segunda conferencia general del Episcopado Latinoamericano–, y en su preparación en Melgar, Colombia, me nutrí con el aporte antropológico que ponía en evidencia que, a nombre de la fe y de la acción misionera, se tenía una acción destructiva hacia diferentes culturas americanas. En el nombre de Dios habíamos contribuido a arrasar pueblos enteros.”

–Identidad, cultura y encarnación. Vaya temas.

–El concilio nos aportó que no sólo era cuestión de respetar las culturas y las identidades, sino que ahí se recibía, también, la presencia reveladora de Dios. Ahí Dios se manifiesta con una presencia salvífica; por tanto, no se trataba sólo de un respeto a la dignidad y la presencia de una cultura diferente, sino era el reconocimiento de una presencia salvífica en las culturas. Había que volver a los planteamientos de la Iglesia primitiva, pues se desarrolla en el contexto de diversas culturas, muchas de ellas excluyentes y dominantes.

–¿Por qué la acción de la Iglesia, entonces, se identifica con las claves de la cultura occidental?

–La cultura occidental está impregnada del cristianismo. Desgraciadamente, la inserción del Evangelio se prolongó demasiado en el imperio romano. Se imbricó al grado que se habla de una cultura occidental y cristiana. Por ello la acción de muchas tareas misioneras en la historia de la Iglesia en Oriente y en América. Los misioneros no sólo vinieron a evangelizar, sino a occidentalizar. No sólo ofrecían la palabra de Dios, sino que la acompañaban con la imposición de otra cultura.

–¿Cuándo se empieza a revalorar la fe de los indígenas?

–Durante siglos los indígenas en este continente estuvieron sometidos a este dilema; se les imponía una cultura extraña para poder expresar y celebrar su fe. Para poder experimentar sus creencias, los indígenas debían despojarse de su propia tradición e identidad para abrazar una cristiana totalmente ajena y extraña.

“Para muchos evangelizadores la destrucción de las culturas indígenas se justificaba porque se sustituía con la construcción de una monocultura universal de salvación.

Hasta antes del concilio, las religiones y culturas precolombinas no eran bien vistas. Tuvo que pasar un largo proceso de aproximaciones y mucho tiempo para tener una nueva comprensión, que se condensó muy acertadamente en la Conferencia Episcopal Latinoamericana realizada en Santo Domingo en 1992, cerca de tres décadas después de la primera sesión del concilio. Los obispos afirmaron que los primeros evangelizadores no trajeron a Dios en exclusividad porque Dios ya estaba presente entre los pobladores. También volvieron a afirmar que el Evangelio tiene que hacerse cultura.

Temáticas de la Iglesia autóctona, teología india, diáconos casados forman parte de una herencia, igualmente de vanguardia, que ha aportado el trabajo de Samuel Ruiz, tan desconocido por el mundo mediático, por los intelectuales y políticos que aún guardan recelos de un hombre que con sencillez evangélica supo trabajar con otros. Propuestas inéditas, pero, como todo innovador, don Samuel sufrió la incomprensión institucional y la soledad de todo pionero.

La Jornada, Sábado 29 de enero de 2011, p. 2

La travesía de Samuel Ruiz por Carlos Tello

febrero 5, 2011

La travesía de Samuel Ruiz

Carta de viaje

Carlos Tello Díaz

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  • 2011-01-28•Política
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–>Samuel Ruiz tenía ya más de 40 años cuando tuvo lugar la conversión que lo habría de llevar a ser quien fue. Había nacido en Irapuato, en el corazón del Bajío, donde creció en el seno de una familia que comulgaba con el sinarquismo. Realizó sus estudios en el Seminario Conciliar de León y, más adelante, en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, lugar en el que perfeccionó sus conocimientos del griego, el hebreo y el latín, necesarios para la vocación que siguió: la exégesis de la Biblia. Al retornar a su país fue profesor de teología, examinador del sínodo, censor de libros y confesor de religiosas, así como delegado para los procesos de beatificación de la diócesis de León. Tenía fama de ser un hombre de carácter conservador, marcado por un sentimiento de hostilidad hacia la Revolución y el Estado, como toda su familia en el Bajío. En 1959 ascendió al obispado de Chiapas, que cambió su nombre por el de San Cristóbal. Allí tuvo lugar la conversión. “Cuando llegué”, decía, “veía las iglesias llenas de indios, pero sólo después me di cuenta del sufrimiento de esa gente, de la triste realidad, suscitando un proceso de conversión dentro de mí” (La Jornada, 13-05-1994).

Don Samuel participó en el Concilio Vaticano Segundo y luego en la Conferencia Episcopal de Medellín, la cual corroboró los planteamientos renovadores y fundacionales del concilio. En el otoño de 1974 convocó en San Cristóbal al Congreso Indígena, en el que comenzó el proceso de organización de las comunidades de Chiapas. Un año más tarde, durante la Primera Asamblea Diocesana, proclamó solemnemente la opción por los pobres, que lo habría de llevar a la teología de la liberación que entonces surgía con vigor en América Latina. La teología de la liberación estaba comprometida con el cambio de la sociedad por medio de la lucha al lado de los oprimidos. Era distinta de la opción por los pobres no sólo por hacer una lectura más ideologizada del Evangelio, desde el marxismo, sino por justificar en casos extremos el recurso de la violencia, de acuerdo con la tesis de la guerra justa heredada de Santo Tomás. Era distinta, también, por no contar con el aval del Vaticano, como lo supieron y sufrieron muchos de los sacerdotes más comprometidos con la lucha por la justicia en Latinoamérica.

En uno de los estados más pobres y más rezagados del país, don Samuel asumió la defensa de los indígenas de los Altos y la Selva. A mediados de los 70 tuvo contacto con dos organizaciones maoístas surgidas a raíz de la represión del 68 —primero Unión del Pueblo, luego Línea Proletaria— con las que trabajó para organizar a las comunidades de Chiapas. Los sacerdotes y los maoístas llenaron así el espacio que había dejado ahí sin atender el Estado. Trabajaron con éxito hasta que las diferencias los separaron a finales de los 70. En 1980, para suplirlos, don Samuel impulsó la creación de Slop (Raíz, en tzeltal), un grupo dirigido por agentes de pastoral que trabajaban con sus propios recursos en la promoción de proyectos de desarrollo en las comunidades, en el que participaban los catequistas y tuhuneles más prominentes de la parroquia de Ocosingo. La revolución acababa de triunfar en Nicaragua, podía triunfar también en Guatemala y El Salvador. En ese contexto volvieron a Chiapas las Fuerzas de Liberación Nacional para fundar, a fines de 1983, el EZLN. Sus líderes tuvieron contacto con Slop, donde prevaleció la postura de quienes creían en la necesidad de respaldar a la guerrilla para contribuir a la liberación de los habitantes más pobres de México. El EZLN era una guerrilla católica, no protestante, asentada en la zona de los dominicos y los maristas, aunque no en la de los jesuitas.

Slop rompió con el EZLN en 1989. A partir de entonces, sobre todo durante 1993, al ser conocida su decisión de pelear, don Samuel intensificó sus acciones para impedir la guerra en Chiapas. Quería evitar una tragedia. Luego del levantamiento, al cesar el fuego, aceptó mediar en el diálogo del gobierno con el EZLN. Había culminado su travesía, pero sin romper del todo con su pasado, pues su conversión fue política, no moral. “Pese a sus opciones sociales apasionadas en defensa de la justicia y de los pobres, Samuel Ruiz fue conservador en el terreno de la moral”, afirmó Bernardo Barranco, quien evocó hace unos días su travesía para La Jornada (25-01-2011). Fue una travesía larga y compleja, en la que causó resquemores en unos y otros, pues siempre, en todas sus etapas, tuvo el valor de luchar por lo que creía.

Milenio 28 de enero de 2011

Gran cantidad de gente acude a ver restos mortales de Samuel Ruiz

febrero 5, 2011
Notimex

Gran cantidad de gente acude a ver restos mortales de Samuel Ruiz.

Con Denise Maerker
25 de Enero, 2011 Radio Fórmula


Se espera que durante la tarde de este miércoles, continúe llegando más gente de las zonas alejadas, ya que hay comunidades que tardan hasta 10 horas de camino, para poder llegar a una carretera. Además se tiene contemplada una misa a las 17:00 horas que será oficiada por el obispo Felipe Arizamendi y otra más a las 19:00 horas por Raúl Vera.


Desde el día de ayer, que llegó el cuerpo del obispo emérito de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz, a la Catedral de esta ciudad, se ha registrado una gran cantidad de gente que fue fiel o amiga del ex obispo de la Diócesis, con el fin de ver sus restos mortales.
Entre los presentes destaca la presencia de Luis H. Álvarez, quien llevó una amistad muy cercana con el obispo.

Samuel Ruiz, quien por 40 años fue obispo y presidente de la Comisión en Concordia y Participación (Cocopa), hubiera cumplido el día de ayer, 51 años de haber llegado por primera vez a la Diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, en donde creó a más de 100 mil pastores en la zona.

Las tres regiones importantes y de mayor influencia en dicha Diócesis son la zona de Cañadas, los Altos y el centro del Sureste de Chiapas, en donde la labor evangélcia de los derechos humanos de Samuel Ruiz, aún perdura.

Por otra parte, se espera que durante la tarde de este miércoles, continúe llegando más gente de las zonas alejadas, ya que hay comunidades que tardan hasta 10 horas de camino, para poder llegar a una carretera.

Cabe señalar que a las 17:00 horas, se tiene prevista una ceremonia que encabezará el obispo Felipe Arizmendi y otra más a las 19:00 horas que realizará el obispo de Saltillo, Raúl Vera, quien ha estado presente desde el día de ayer.

Finalmente, la despedida del obispo emérito Samuel Ruiz, se tiene contemplada para el medio día de este jueves 26 de enero.

Por su parte, el experto en temas religiosos, Bernardo Barranco, en entrevista con Denise Maerker, señaló que existe una enorme injusticia en la percepción que se tiene de Samuel Ruiz, ya que se le ha visto como un obispo político que promovió  el levantamiento armado zapatista en 1994.

Sin embargo, destacó que el acento original del obispo, fue un trabajo cultural y defensa de los derechos humanos que desarrolló en la zona mayoritariamente indígena, como en San Cristóbal de las Casas.

Además, lo consideró como un heredero de Bartolomé de las Casas, quien en el siglo XVI, defendió la dignidad de los indígenas. Asistió a las sesiones del Concilio Vaticano segundo, en el que ya habla de arraigar la fe en las culturas, tema  que posteriormente samuel Ruiz, desarrollaría en  la inculturación, es decir, el evagenlio que respeta y se imbrica en las culturas y las identidades de los pueblos.

Destacó, que Ruiz, se adelantó mucho a lo que hoy en antropología se conoce como multiculturalidad, pues desde los años 70, desarrolló un enfoque novedoso de la inculturación, que posteriormente se derivó en la iglesia autóctona, “un susto para el Vaticano”, pues implicaba entre otras cosas, la posibilidad del casamiento de sacerdotes indígenes y diáconos, otorgar myores ministerios a los agentes pastorales.

Por otra parte, expresó que debido a que la iglesia oficial priorizó las pastorales urbanas con actos rectores, se dejó el terreno libre y abandonado para que otrto movimientos religiosos entrarán sin competencia.

Finalmente, destacó a Samuel Ruiz como un innovador y personaje que se atrevió y adquirió el compromiso en pro de la justicia y los pobres.

Con información de Joaquín Fuentes, colaborador “Atando Cabos”

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Denise Maerker entrevista a Bernardo Barranco.

Muerte de Samuel Ruiz significa fin justicia hacia pobres: Sociólogo con José Cárdenas

febrero 5, 2011

Muerte de Samuel Ruiz significa fin justicia hacia pobres: Sociólogo.

Con José Cárdenas
24 de Enero, 2011 Radio Fórmula


El obispo es uno de los personajes más emblemáticos de toda una generación de una iglesia que quiso ser muy solidaria y comprometida  con los pobres, quiso levantar el evangelio hacia este sector, pero la reforma conservadora que representó principalmente el Papa Juan Pablo II,  impidió que esta corriente se esparciera por América Latina.


El Obispo Samuel Ruiz es uno de los últimos herederos de la teología de la liberación en México,   su muerte significa el fin de un ciclo de obispos comprometidos a nivel de la justicia, de los pobres, manifestó Bernardo Barranco, sociólogo de la religión.

Entrevistado por José Cárdenas, dijo que en su momento la sociedad no aquilató bien el nivel de compromiso de Samuel Ruiz, a quien identificaron más como un líder social, politiquero, sobre todo a partir del levantamiento armado en Chiapas en 1994, encabezado por el subcomandante Marcos.

“El obispo es uno de los personajes más emblemáticos de toda una generación de una iglesia que quiso ser muy solidaria con los pobres, quiso levantar el evangelio hacia este sector, pero la reforma conservadora que representó principalmente el Papa Juan Pablo II, quien impidió que esta corriente se esparciera por América Latina.”

El sociólogo mencionó que Ruiz abrazó la teología de la liberación y también dio pasos adelante con lo que llamó “la teología india” que aplicó en la diócesis de Chiapas con los tzeltales, los tzotziles y muchas otras etnias descendientes de los mayas “que pusó de pestañas a El vaticano, porque veía una continuidad de la teología de la liberación y una aplicación concreta al mundo de los indígenas”.

Reconoció que Samuel Ruiz fue muy criticado por su irreverencia, sobre todo porque fue muy intransigente ante el agravio al mundo indígena. “El obispo proviene del Bajío, un Bajío muy conservador, su fe fue muy cristera en los años que nace y fue participante del Concilio Vaticano II, cuando contaba con 37 años de edad”.

Añadió finalmente que Samuel Ruiz fue un Obispo incómodo para la iglesia mexicana y para el Vaticano, por sus posturas en apoyo a los indígenas. Será indudablente revalorado por su legado en el terreno de la inculturación religiosa.  ” Algos miembros del  Episcopado vieron en él una especie de anti testimonio de lo que debería ser un obispo, pero si bien fue muy radical en sus posturas en la defensa de la justicia de los indígenas, Samuel fue muy conservador en materia moral, en temas del aborto, apoyó a Provida, pero sobre todo, fue la incomodidad social, política e histórica, que lleva a muchos sectores del Episcopado y del Vaticano, a sentir en Samuel Ruiz una especie como de hijo descarriado”, indicó.
Radio Fórmula
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José Cárdenas enrtevista a Sociólogo Bernardo Barranco, por muerte de Samuel Ruiz

Samuel Ruiz de los hombres más importantes del sigloXX: sociólogo.

febrero 5, 2011

Samuel Ruiz de los hombres más importantes del sigloXX:  sociólogo.

Con Paola Rojas

Radio Fórmula

24 de Enero, 2011

El sociólogo Bernardo Barranco, consideró al obispo emérito de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz, como un personaje muy importante dentro del conflicto armado en los años 90 en Chiapas y el levantamiento indígena zapatista, el cual no podría entenderse sin él. Quiso además dar un salto de la teología de la liberación a una teología India y eso generó suspicacia en el Vaticano


El sociólogo Bernardo Barranco, afirmó que con la muerte del obispo emérito de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz, se va uno de los hombres más importantes del siglo XX.

De acuerdo con el estudioso de la religión católica, Ruiz, era uno de los últimos baluartes que quedaba en México, en términos de aquellos pastores que en los años 60 ó 70, hizo una gran aportación a la iglesia en cuestión de derechos humanos.

Lo anterior, debido a la defensa que realizó sobre los derechos humanos de los indígenas; “fue un defensor muy agudo, muy persistente en el tema, lo cual lo llevó a convertirse en un personaje controvertido, sobre todo de los poderosos del poder secular  y del poder religioso”, agregó.

Asimismo, en entrevista con Paola Rojas, Bernardo Barranco, destacó el desarrollo de una teología India o iglesia autóctona en la que reivindicó los aspectos de transiciones de un mundo indígena, culturles y de tradicones propias no sólo de Chiapas, sino de Centroamérica.

Por ello, lo consideró como un personaje muy importante dentro del conflicto armado en los años 90 en Chiapas y el levantamiento indígena zapatista, el cual dijo: él no lo propició sin embargo no podría entenderse sin él, citando la conclusión del historiados Jaean Meyer.

Samuel Ruiz, no fue el causante ni el teórico de la Revolución Zapatista, sino más bien el que desarrolló un trabajo de más de 100 mil catequistas, lo cual también posibilita una toma de consciencia de un mundo mucho más agresiva del mundo indígena”, indicó Barranco.

De igual forma, señaló a Ruiz, como una de las figuras más emblemáticas de la teología y liberación en México, al generar controversias importantes sobre el papel de la iglesia en la vida de la sociedad.

Al ser cuestionado sobre si alguien puede tomar la estafeta y defender los derechos humanos como lo hacía Samuel Ruiz, el sociólogo, respondió que podría ser el actual obispo de San Cristóbal de las Casas, Felipe Arizmendi Esquivel, quien tiene todo el rol de liderazgo, así como el obispo de Saltillo, Coahuila, Raúl Vera. Y por supuesto, el sacerdote Alejandro Solalinde, defensor de los migrantes centramericanos.

Finalmente, indicó que la teología de la liberación ya está muy debilitada, debido al discplinamiento autoritario de Roma y a la caida del muro de Berlín; sin embargo se ha creado un enorme vacío entre los pobres y la Iglesia católica que ha sido llenado con la emergencia de los llamados  nuevos movimientos religiosos o sectas que han estado ganando terreno, sobre todo los de carácter pentecostal o neopentecostal.

Además, de que Samuel Ruiz, también quiso dar un salto y pasar de una teología de la liberación a una teología India y eso generó molestia y suspicacia con las autoridades vaticanas.

Radio Fórmula, 24 de enero de 2011

Don Samuel Ruiz, obispo de los indígenas

febrero 5, 2011
Don Samuel Ruiz, obispo de los indígenas
Bernardo Barranco

Don Samuel Ruiz muere a los 86 años. Deja huérfanos a millones de indígenas a quienes defendió con pasión social y fervor religioso. El Tatic, como lo llamaban, dio y arriesgó su vida no sólo por los indígenas mexicanos, sino centroamericanos sometidos a siglos de explotación, marginación y desprecio. Esta opción lo transformó en un personaje polémico e incómodo, especialmente para los acaudalados del poder secular y del poder religioso.

Samuel Ruiz, nace en Irapuato en 1924, en el corazón del Bajío marcado por el conservadurismo católico. Es notorio observar su travesía religiosa que va desde la fe cristera de su infancia, a la renovación modernista del Concilio Vaticano II, 1962-1965, donde participa ya como joven obispo con tan sólo 37 años; en su tercer tránsito asume la opción por los pobres, la teología de la liberación y la decidida defensa de los derechos humanos de los indígenas. Aquí forma parte de una generación dorada en la historia de la Iglesia de América Latina y comparte búsquedas de justicia social al lado de obispos míticos, como Hélder Cámara (Brasil), Juan Landázuri (Perú), Jesús Silva Enríquez (Chile) y Óscar Arnulfo Romero (El Salvador). Otro paso importante en su trayectoria pastoral fue haber explorado los temas de la teología india e iglesia autóctona que tanta irritación e incomodidad causó entre los sectores conservadores de la Iglesia.

A raíz del levantamiento armado en Chiapas, enero de 1994, numerosos medios de comunicación, personajes políticos, religiosos e intelectuales se apresuraron en señalar a Samuel Ruiz como principal causante de la insurrección. Así lo denuncia Carlos Fazio en su libro: Samuel Ruiz, el caminante (1994); sin embargo recordemos que el propio don Samuel, durante la vista del Papa a Mérida en agosto de 1993, advirtió la explosividad de la realidad chiapaneca; entregó a Juan Pablo II un informe que documentaba su preocupación, actitud que fue tachada de exhibicionismo pastoral. El historiador Jean Meyer en su libro Samuel Ruiz en San Cristóbal (2000), establece que si bien no se le puede adjudicar el alzamiento insurgente zapatista, tampoco éste se puede explicar sin su histórico paso al frente de la diócesis de San Cristóbal. El trabajo pastoral de la diócesis formó a cerca de 100 mil catequistas que indudablemente nutrieron las filas y la mística zapatista. Don Samuel insistía en que el trabajo no era el mérito de una sola persona, sino de un grupo amplio de religiosos y laicos; sin embargo, sin el aliento a las innovaciones y cambios que él consintió, nada se habría concretado. El hecho es que la diócesis de San Cristóbal de las Casas experimentó un notorio dinamismo gracias a tres factores básicos: a) la opción prioritaria de formación y crecimiento cuantitativo de catequistas, diáconos y agentes pastorales indígenas con un enfoque de inculturación y respeto absoluto a las culturas tradicionales, es decir, fue pionero en el enfoque multicultural; b) forja un gobierno diocesano abierto y participativo rebasando la rígida estructura autoritaria y medieval que prima hoy en la mayor parte de las diócesis; creó un estilo de conducción donde las opciones se construían en asambleas diocesanas con una amplia participación de los actores religiosos, y c) la diócesis de San Cristóbal fue refugio de una importante cantidad de sacerdotes, religiosos y laicos que por sus posturas sociales habían sido expulsados o marginados de otras diócesis. En todo caso, el arraigo, representatividad y fortaleza de la diócesis de San Cristóbal llevó Samuel Ruiz a ser un factor de concordia y de paz, como mediador entre el gobierno y el EZLN que evitó mayor polarización, así como el derramamiento de sangre. En 1994, el protagonismo, involuntario, alcanzado por don Samuel despertó los resquemores y suspicacias tanto del gobierno como de un sector conservador de la Iglesia. En ese año fatídico de 1994, cargado de magnicidios, intrigas sucesorias del salinismo y elecciones, Samuel Ruiz fue objeto de una intensa campaña mediática de desprestigio, cuyo epicentro se ubicaba en la sede de la nunciatura, habitada por el entonces nuncio Girolamo Prigione, enemigo jurado del obispo indigenista. A Roma llega lo que a Roma va, reza el adagio eclesiástico; efectivamente Prigione casi logra su remoción argumentando la presión y nerviosismo del gobierno salinista, paradójicamente la función política y secular de mediación que representaba don Samuel frena la ejecutoria vaticana que venía en su contra. Sin embargo, Prigione propició la famosa carta de un alto funcionario de la Santa Sede, Bernadin Gantin, quien cuestionó la tarea de don Samuel. El nuncio, apoyado por Marcial Maciel, tuvo eco en varios de sus protegidos quienes públicamente pusieron en entredicho la labor de Samuel Ruiz, sin embargo, hubo otros sectores de la CEM, como Ernesto Corripio, Sergio Obeso y Bartolomé Carrasco, que lo apoyaron.

Samuel Ruiz fue un hombre de Iglesia. Difícilmente se enfrentaba públicamente con sus hermanos obispos a pesar existir profundas divergencias. Pese a sus opciones sociales apasionadas en defensa de la justicia y de los pobres, Samuel Ruiz fue conservador en el terreno moral. Por convicción y sentido de disciplina eclesial, hay que decirlo, seguía los dictámenes de Roma en temas como aborto, homosexualidad y nuevas parejas. Samuel Ruiz, en resumen, es heredero de Fray Bartolomé de las Casas, el dominico defensor de los indios en el siglo XVI, del concilio y de la teología de la liberación. Ante tanta opacidad clerical, su ejemplo debería cundir entre las nuevas generaciones; sin embargo son pocos que, como Raúl Vera o Alejandro Solalinde, siguen sus pasos. Su muerte significa el adiós de uno de los últimos héroes de la fe.

Adiós, don Sam.

La Jornada, martes 25 de enero de 2011