Archive for 27 mayo 2010

Los enemigos internos de Benedicto XVI

mayo 27, 2010
Los enemigos internos de Benedicto XVI
Bernardo Barranco V.

Aún resuenan las palabras del papa Benedicto XVI, camino a Lisboa, donde expresó que los enemigos más severos están dentro de la Iglesia. Recordemos las palabras exactas: Encontramos que los ataques al Papa y a la Iglesia no sólo vienen del exterior, sino que los sufrimientos de la Iglesia proceden de dentro, del pecado que existe en la Iglesia. Esto se ha sabido siempre, pero hoy lo vemos de forma aterradora: que la persecución más grande a la Iglesia no procede de enemigos externos, sino que nace del pecado en la Iglesia. Y, por tanto, la Iglesia tiene una profunda necesidad de aprender la penitencia, de aceptar la purificación, de aprender el perdón, pero también la necesidad de justicia. El perdón no sustituye a la justicia.

No es la primera vez que el Papa reconoce tensiones internas. Hace poco más de un año, Benedicto XVI, en una carta en que confesaba errores al levantar la excomunión a los obispos lefebvrianos, advertía igualmente, que la Iglesia vivía tiempos turbulentos, donde los cristianos muerden y se devoran; ahí parecía que la crítica se centraba en aquellos sectores que le reprochaban alejarse del espíritu y de los mandatos del concilio, mientras el mensaje último camino a Portugal parece destinado a la conservadora y vieja guardia de la curia romana. ¿Quiénes son los enemigos internos del Papa?, ¿cuáles son sus intereses? y ¿cómo actúan? Al parecer, el papa Benedicto XVI tiene tres frentes internos que podemos resumir así:  A) Uno de los enemigos históricos que se ha ganado a pulso el Papa es el progresismo católico. Desde la etapa Ratzinger, éste se enfrentó a teólogos heterodoxos, liberales y liberacionistas, cuya oposición hoy está simbolizada por el teólogo suizo Hans Küng. B) Creciente descontento de diferentes episcopados, principalmente europeos, por el excesivo centralismo y verticalismo romano en la toma de decisiones. Recientemente los obispos austriacos reprocharon al vaticano el inadecuado nombramiento de obispos; en el caso del perdón a los lefebvrianos, la medida fue contestada por los episcopados de Francia, Alemania, Holanda y Austria. C) Otro frente importante por su peso político lo encontramos en sectores ultraconservadores de la curia romana, especialmente aquella ligada al pontificado de Juan Pablo II. La nueva línea de denuncia y castigo al clero abusador de menores vulnera las redes de complicidades, silencios y corrupción que ha imperado en las altas esferas de la Santa Sede. En este apartado incluyo a sectores directivos de la Legión de Cristo, que han percibido en Joseph Ratzinger una amenaza severa que ha venido constriñendo la estabilidad y la existencia misma de la congregación.

Es interesante tomar en cuenta los análisis de los vaticanistas italianos, más cerca de las intrigas palaciegas, con naturales reservas, sus conjeturas y construcción de hipótesis sobre las fracturas.

En un artículo para Il Giornale, Andrea Tornelli, periodista muy allegado al Papa, asegura que los ataques tienen por objetivo minar la credibilidad moral de la Iglesia en la opinión pública; existiría, por tanto,  un cobro de facturas contra el pontífice por haber restablecido la misa antigua en latín, por haber levantado la excomunción a los lefebvristas y por haber defendido las heroicas virtudes de Pío XII. Su carácter conservador provoca enconos y refiere un comentario de Angelo Bagnasco, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, quien declaró a CNN: Parece que hoy cada acto del Papa irrita ciertos ambientes.  Los enemigos internos apuntarían a los sectores católicos progresistas, lo deduzco, quienes tienen poco peso en la toma de decisiones de la curia, pero gozan de presencia y credibilidad mediática. Hans Küng, por ejemplo, tuvo la osadía, en una carta dirigida a todos los obispos, de solicitar apego al concilio, aun a costa de contravenir las directrices del actual Papa. Giancarlo Zízola, sin duda el vaticanista más sólido, ligado fuertemente a la figura de Juan XXIII, en una reciente entrevista radiofónica que le realicé, dijo que al dramático comentario del Papa habría que darle dos lecturas, una teológica y otra política. La Iglesia pasa por la prueba más crítica de que se tenga memoria bajo la edad moderna. El Papa habla del pecado de y en la Iglesia; en términos políticos el Papa contradice frontalmente las tesis minimalistas que sustenta el núcleo fuerte de la curia, según la cual la imagen de la Iglesia habría sido atacada por los grandes poderes seculares contando con la complicidad de los grandes medios de comunicación. Dicha tesis ha sido enarbolada por Angelo Sodano, ex secretario de Estado y actual decano. Efectivamente hay un importante sector de cardenales conservadores y ceñudos que, ante las declaraciones de ex miembros de la legión a Jackson Barry, han quedado expuestos por actos de corrupción y confabulación. Los implicados son cardenales como Darío Castrillón, Stanislaw Dziwisz, Alfonso López Trujillo, Jean Batista Re, Eduardo Martínez Somalo y, por supuesto, el propio Sodano. Sólo así se explica el choque de cardenales que protagonizó el cardenal de Viena, Christoph Schönborn, al señalar a Angelo Sodano por entorpecer el proceso de condena por abuso sexual de su antecesor. Retomando a Zìzola, nos dice, Benedicto XVI quiere moralizar la estructura de la Iglesia y profundizar su naturaleza espiritual, pero lamentablemente “existe una soledad institucional del Papa; hay un problema de coherencia y de gobierno interno. Benedicto XVI quiere romper una articulación estructural entre la perversión sexual y la perversión política que compromete y expone a la Iglesia a los grandes poderes económicos y polítcos; los legionarios son un buen ejemplo de esto. La Iglesia –continúa– no puede estar sujeta a un sistema de poder sacralizado ni clerical. Evidentemente este modelo ha afectado los niveles de convivencia y de fraternidad que se viven dentro de la Iglesia”.  La Iglesia en situación de pecado tiene que ir más allá de los perdones simbólicos y mediáticos de Juan Pablo II: tiene que purificarse también.

La Jornada, miércoles 26 de mayo de 201o

Benedicto XVI, los legionarios, su prueba de fuego

mayo 12, 2010

Benedicto XVI, los legionarios, su prueba de fuego

Bernardo Barranco V.

El futuro inmediato de la Legión de Cristo se antoja incierto. Según el comunicado del Vaticano publicado el 1º de mayo, el papa Benedicto XVI va tomar el control de la orden y a través de un delegado operará una profunda revisión, redefinirá el carisma, modificará los estatutos y constituciones internas de la orden; transformará el ejercicio de autoridad y, por si fuera poco, le espera un proceso de purificación. Esto se llama cirugía mayor, refundación o redefinición de la congregación. Técnicamente, la legión creada como tal por Marcial Maciel, está a punto de dejar de existir. La transición será difícil, delicada y no exenta de conflictos; supone, en primer lugar, la remoción de los actuales líderes, quienes, en una supuesta nota interna y reservada, han querido exculparse de cualquier responsabilidad de los inmorales actos de su fundador, guía y maestro. Las medidas del Papa ante los escándalos mundiales de pedofilia crean resistencias y tensiones internas en una atmósfera crispada. Así debemos leer la postura del Papa en su viaje a Portugal, al declarar desde el avión que ahora lo vemos de una manera realmente aterradora: la mayor persecución a la Iglesia no viene de los enemigos de fuera, sino que nace del pecado de la Iglesia. Y la Iglesia tiene, por tanto, profunda necesidad de reaprender la penitencia, aceptar la purificación, aprender el perdón pero también la necesidad de (ofrecer) justicia. El perdón no sustituye a la justicia.

La cúpula legionaria –ahora en capilla– hasta hace poco aún fomentaba intensamente el culto a la personalidad de Maciel, de la que ahora quiere deslindarse, en un acto a todas luces, tardío. En la refundación de los legionarios, la Iglesia pone en juego su credibilidad y legitimidad pastoral en el siglo XXI. La restructuración de la orden va más allá de los legionarios. Roberto O’Farrill, caballero de Malta y conductor del programa televisivo católico El pulso del Papa, ha advertido las resistencias latentes: “…se entiende que esta congregación estuvo muy cerca de desconocer al obispo de Roma como piedra y cabeza de la Iglesia, o de presionarlo, mediante diversas herramientas, para que actuara en favor de sus intereses como congregación y no como parte de la Iglesia”. La revelación es sorprendente, pero lo es también que aparece en la página web de la propia conferencia episcopal mexicana, lo que indica que los jaloneos son intensos y que se pueden polarizar. Por ello el Papa debe apurar, nombrar el delegado, al nuevo visitador del Regnum Christi y la comisión de estudios de las constituciones legionarias, e igualmente indicar cómo y qué modalidades adoptará para intervenir a los legionarios, propuesta que surgió de los cinco obispos visitadores al término de la visita apostólica. Algunos legionarios y ex legionarios empiezan a atreverse a hablar. Seguramente pronto tendremos nuevas sorpresas y revelaciones sorprendentes, esperadas al fin y al cabo, de la manera en que ha venido operando la congregación.

Mientras, aun se hace leña del árbol caído de la imagen de Maciel, a manos de aquellos políticos y famosos comunicadores que hasta hace poco lo defendían con posturas timoratas y sobre todo con silencios cómplices. El caso de los legionarios va más allá de la violencia sexual y de la reprobable conducta de este mesías degenerado. Su modus operandi, muy al estilo de la corrupción mexicana, salpica a las más altas esferas del Vaticano. Está en ciernes un nuevo escándalo en Roma. Con testimonios de los propios legionarios, recogidos por Jackson Barry, conocemos ahora cómo Maciel corrompía, compraba las lealtades y favores de personajes encumbrados, como Angelo Sodano, secretario de Estado de Juan Pablo II, o su secretario particular, Stanislao Dziwisz, hoy cardenal arzobispo de Cracovia; el finado Alfonso López Trujillo presidente del pontificio consejo para la familia; Eduardo Martínez Somalo, camarlengo de la Iglesia Católica, por mencionar algunos. Sobres millonarios a la curia, nombramientos de obispos afines, operaciones contra los jesuitas, cruzadas contra la teología de la liberación y campañas por la canonización de Juan Diego, son algunas acciones emprendidas.

Aquí hay una bomba de tiempo que los incisivos medios italianos perseguirán. Sin embargo, en el ámbito local no debemos olvidar que Marcial Maciel fue el actor religioso que supo sacar el mayor provecho al sistema político mexicano. Los ochenta y noventa, fueron décadas de poderío y soberbia. Las visitas del Papa eran plenamente dominadas por Maciel al determinar quién asistía a sus actos privados, quiénes se sentaban cerca o lejos del pontífice en los púbicos, a quién veía y a quién ignoraba. En estos años de cenit, no debemos olvidar que Maciel fue priísta: conformó junto con el nuncio Girolamo Prigione el llamado Club de Roma que era el brazo político religioso en la CEM, que velaba por la preservación del viejo sistema priísta. Maciel fue mentor de la trayectoria de Norberto Rivera y de su posicionamiento mediático. Maciel, junto con obispos como Onésimo Cepeda, Emilio Berlié, Juan Jesús Posadas Ocampo, entre otros, apoyados por Sodano en Roma, conformaron un grupo de poder que interactúo particularmente con Carlos Salinas de Gortari –otro adicto al poder– para delinear el papel social y político de la Iglesia en México. En el gobierno foxista, vía la legionaria Marta Sahagún, hay también capítulos de opacidad y discrecionalidad en transferencias de recursos mediante Sedeso, Lotería Nacional, Indesol, junto con otras dependencias gubernamentales a obras legionarias. En la refundación de los legionarios, es un momento de verdad para Benedicto XVI, y está en juego mucho más que la depuración de la congregación, porque pone en evidencia el lado oscuro de la propia sociedad mexicana.

Miércoles 12 de mayo de 2010, La Jornada