Archive for the ‘Religiones en México’ Category

Pare de sufrir, una Iglesia bajo la lupa

abril 25, 2012

 Lo que se analizó en la emisión  del programa Religiones del Mundo del  martes 17 de abril  de 2012.

Radio RED, 1110 AM.


El pasado martes 17 de abril en Religiones del Mundo, Radio red 1110 am, Bernardo Barranco condujo la emisión donde se analizó los avatares de la Iglesia Pare de Sufrir, filial de la Iglesia Universal Reino de Dios (IURD)de Brasil. 
Los invitados y expertos en el tema son: Adoniram Gaxiola ( Director del Centro para el estudio de la Religión en Latinoamérica)  y Raúl Méndez Yañez.( investigador de agencia de mercados, licenciado en Antropología Social por la Universidad Metropolitana de Iztapalapa).
Tres Bancos mexicanos anunciaron la cancelación de las cuentas de la iglesia Pare de Sufrir filial de la IURD. La Iglesia tiene su origen en Brasil en 1977 y ha sido registrada en México en 2002. 
Existen sospechas hacia la organización religiosa principalmente porque en Brasil se les acusa de estafa y lavado de dinero y su fundador Edir Macedo enfrenta una vez más demandas y acusaciones penales.
Para Adoniram Gaxiola: Pare de Sufrir es una Iglesia típicamente pentecostal, mientras que para el académico Raúl Méndez Yañez, es una Iglesia pos neopentecostal ya que utiliza las nociones de mercado religioso y la organización ofrece una oferta de valor que se ve como un coaching espiritual (Centros de ayuda espiritual). 

En Hacienda como Gobernación guardan silencio. Por tanto se especula sobre las razones. ¿La Iglesia está estafando económicamente a sus seguidores?, ¿Las acusaciones a Edir Macedo en Brasil han tenido repercusiones en México? También Pare de Sufrir, ha tenido un éxito singular que ha incomodado tanto a la Iglesia católica como a la asociación civil para- religiosa Casa sobre la Roca, ambas poderosa con acceso a las redes de poder e influyentes en políticas públicas.   ¿Hay una lucha a dos frentes que enfrenta Pare de Sufrir, por unado la Iglesia católica y por otro la asociación cívico religiosa “Casa sobre la Roca? Se piensa que sobre todo Gobernación   debería dar una explicación oficial ante la sociedad y no esperar escándalos se decanten. 
Se dice que el problema tiene que ver con que la organización está siendo perseguida ya que la iglesia tiene una importante participación dentro del mercado religioso mexicano, al decir que a las otras organizaciones religiosas no se les quita rating sino feligresía. 
Se plantea igualmente como hipótesis que ante el anuncio en semanas pasadas de más de diez mil millones de dólares de lavado de dinero en México, está es una de las medidas correctivas del sistema bancario.

Escuche la emisión completa, analisis y debate sobre Pare de Sufrir  en: http://www.lasreligionesdelmundoradiored.blogspot.mx/

La debacle de Marcial Maciel

febrero 9, 2009

Bernardo Barranco V.

La debacle de Marcial Maciel

 

El papa Benedicto XVI optó por el mal menor en el caso Marcial Maciel. El Vaticano le restringe su ministerio público, pero no inicia un proceso o juicio canónico en su contra, con lo que protege también a los legionarios, quienes probablemente conocían la sanción desde enero de 2005, cuando Maciel dejó de ser su director general; así, tuvieron tiempo suficiente para preparar un dispositivo que amortiguara el escándalo ante dicha medida. La resolución se antoja tibia, dada la magnitud de los monstruosos delitos cometidos entre la simulación y la colectiva hipocresía religiosa de un personaje ambivalente. Para el papa Ratzinger era insoslayable tomar una determinación, dada su anterior condición de prefecto de la Congregación de la Fe: era sin duda el clérigo que mejor conocía el voluminoso expediente de testimonios contundentes y acusaciones sólidas.

Más allá de la aparente benevolencia de Benedicto XVI, justificando la avanzada edad y el estado de salud de Maciel, el Papa protege la estructura nada despreciable y las cuantiosas obras que los legionarios han construido en los pasados 30 años. De todos es conocido el poderío económico, político y mediático que han amasado bajo el estímulo del fallecido Juan Pablo II. La estrecha amistad entre el fundador de los legionarios y el papa polaco colocó a la congregación en el cenit romano y en el centro de los entretelones del poder en el Vaticano, que le permitieron gozar de altos privilegios en los países donde detenta mayores intereses, como España, México, Chile, Estados Unidos e Irlanda. Su influencia creció, al grado de haber apostado en la sucesión pontifical por la candidatura de Angelo Sodano, secretario de Estado; sin embargo, parece que sólo fue una burbuja y, a poco más de un año de la muerte de Wojtyla, los legionarios enfrentan la mayor crisis de su historia.

Guardar silencio o prolongar la resolución del caso Maciel era insostenible. Las presiones mediáticas y el clima adverso de desconfianza y recelo que se han desatado contra la Iglesia católica -a raíz de los escándalos de abusos sexuales- a escala internacional colocaban a Benedicto XVI en una posición incómoda, porque corría el riesgo de sumarse a la complicidad y encubrimiento de que gozó Maciel en el anterior pontificado. Su autoridad y liderazgo corren mayores riegos con el ocultamiento y negación de los hechos que con las medidas moderadas. Es la opción del mal menor. Benedicto XVI es consciente del creciente entorno crítico, de la sociedad secular, que mina la autoridad moral de la institución, y de la relativización del discurso ético-religioso del magisterio de la Iglesia. Basta detenernos en términos de la cultura de masas y observar los tonos de reprobación y recelo en filmes recientes, como En el nombre de Dios, Amén, El crimen del padre Amaro, La mala educación y El código da Vinci. En todas estas películas se dibuja al alto clero con privilegios, intereses materiales propios, intrigas y abuso de poder. Por ello, la decisión de restringir las funciones ministeriales del padre Marcial Maciel fue una decisión de Estado, de la más alta prioridad.

En escueto comunicado, los legionarios expresan obediencia y serenidad para acatar la decisión del Vaticano, pero no reconocen las graves imputaciones, sino como una “nueva cruz que Dios ha permitido que sufra y de las que obtendrá muchas gracias para la legión de Cristo”; por el contrario, en el texto se advierte que esta acusación se suma a otras, “sinnúmero”, de las que el padre jamás se ha defendido, pero que “él afirmó su inocencia”. La sentencia es ambigua, porque el Vaticano de manera implícita reconoce las graves faltas de Maciel, sin externarlas claramente, imponiéndole una restricción que la legión acata sin reconocer culpa alguna, porque no ha existido un proceso canónico. La justificación legionaria podría sustentarse, en corto, en conspiraciones siniestras al interior de la Iglesia, como en el malévolo mundo secular anticlerical; incluso, podría suponerse el correctivo como revancha del propio Benedicto XVI, quien finalmente fue apoyado por su contraparte concurrente: el Opus Dei. Delicada la posición de los legionarios para desahogar la posición de su fundador no sólo ante la opinión pública, sino ante las propias clientelas internas que componen los patronatos y consejos directivos de sus obras, como universidades, colegios, organismos de caridad y organizaciones de animación, como Gente Nueva, o iniciativas mediáticas, como el famoso Teletón, que tanto han presumido en el mundo.

El caso Maciel delata la red de complicidades que ha cobijado durante décadas al padre fundador de la legión. En primer lugar, la propia Iglesia mexicana ante las denuncias de abuso sexual a menores; en una primera reacción, la jerarquía rechazó todo tipo de injerencias, haciendo aquella desafortunada declaración de que “la ropa sucia se lava en casa”. El caso Maciel deberá remover la conciencia de muchos clérigos, principalmente la del cardenal Norberto Rivera Carrera, quien se ha distinguido como el más obstinado encubridor del padre Marcial. Recordamos desde el inicio de su gestión, cuando La Jornada publicó una saga de artículos, en abril de 1997, en torno a los abusos sexuales del padre Maciel, las reacciones del arzobispo primado fueron encolerizadas: “Hay acusaciones contra el padre Maciel. Se van a presentar mañana también en televisión, ¿qué opinión tiene de ellas?” -preguntó el reportero Salvador Guerrero. Sudoroso, irritado, Rivera Carrera respondió, volteándose para ver al reportero colocado a su espalda: “Son totalmente falsas, son inventos, y tú debes platicarnos cuánto te pagaron”. (La Jornada, 12 de mayo de 1997). Ahí están aún vivas las declaraciones y testimonios tanto de Alberto Athié como del padre Antonio Roqueñí de cómo el cardenal no sólo entorpeció las indagatorias sobre los abusos sexuales de Maciel, sino que sometió a aquellos miembros del clero que quisieron ir más lejos. Igualmente, resulta reveladora la virulenta reacción de algunos empresarios para castigar a aquellos medios y periodistas que abordaran el caso Maciel. Resalta el lamentable episodio del Canal 40, que en 1997 difundió un valeroso documental que recogía los testimonios de las víctimas. En una columna titulada Bimbo en el Vaticano, de este mismo diario (10 mayo de 1997), se decía lo siguiente: “…mientras en el Vaticano se habla (en serio) sobre la posible canonización de Maciel Degollado, el Canal 40 ha preparado un extenso y minucioso documental que saldrá al aire el próximo lunes a las 22:45, pese al disgusto de la alta jerarquía de la Iglesia, de algunos miembros del gabinete de Zedillo y de ciertos sectores de la cúpula empresarial, que a lo largo de esta semana ejercieron toda clase de presiones contra la empresa televisora, mismas que culminaron, ayer viernes, con la cancelación de un cheque por más de 4 millones de pesos, por concepto de publicidad”, de la empresa. Después de esta polvareda, será interesante observar el comportamiento de las clases altas y de las grandes familias vinculadas a la legión. ¿Seguirán siendo fieles, con riesgo ahora de manchar el prestigio personal?; nombres distinguidos, como Carlos Slim, Manuel Arango, Alfonso Romo, Emilio Azcárraga, Víctor Junco, Olegario Vázquez Raña, Ricardo Salinas Pliego y algún otro colado, como Pedro Ferriz de Con, entre otros. La familia presidencial, en especial Marta Sahagún, quien abrió de par en par la puerta de Los Pinos, tejiendo entramados complejos entre la caridad y la política.

Muy probablemente los legionarios serán sacudidos por una crisis severa. Habrá sectores que quieran revisar el confortable discurso teológico diseñado para la salvación de las elites; habrá otros que querrán ir a los fundamentos que dieron origen a la legión. Sin embargo, todo apunta a la negación de las faltas cometidas por Maciel, según se desprende de su escueto comunicado. En el fondo está la revisión de la sexualidad reprimida no sólo en la congregación, sino en la propia Iglesia; hay una ambivalencia entre el corpus doctrinal de la eclesial, la tradición y el deber ser con las necesidades básicas de los actores -de carne y hueso- que conforman las estructuras de la Iglesia. Hay, por tanto, una dimensión patológica de la sexualidad que se manifiesta en diferentes formas de perversión y neurosis.

La medida del Vaticano ha sido timorata. Sin embargo, es un paso importante que tanto la sociedad como los propios actores deben aprovechar y sacar lecciones. Queda por definir la relación entre el delito y el pecado. Marcial Maciel pecó, pero cometió monstruosos delitos sexuales que deberían ser pagados en los términos que marca la justicia de la sociedad. Ha cometido graves actos ilícitos que el retiro espiritual y la penitencia son insuficientes para pagar el abuso criminal que significa vejar niños. Delitos prescritos, dirán los abogados. Justicia divina, reclama la sociedad.

La Jornada,  domingo 21 de mayo de 2006

La Santa Muerte

diciembre 27, 2008

La Santa Muerte

Bernardo Barranco

El culto a la Santa Muerte ya es un fenómeno social que espera ser estudiado a profundidad. La creciente devoción se ha nutrido de un vastísimo sincretismo religioso mexicano que entreteje las raíces prehispánicas con el catolicismo barroco español y trazos de santería.

La identidad de la Santa Muerte es heterogénea y ambigua porque esta deidad refleja y es expresión de sectores excluidos por la sociedad como es el mundo de la economía informal. Particularmente en los últimos 15 años se ha generado una multiplicación de centros de veneración, casas y templos improvisados y, sobre todo, alto consumo de artículos relacionados con imágenes, fetiches y representaciones que se venden en mercados populares, como el de Sonora en la ciudad de México, y en tianguis. Ahí se pueden comprar yerbas, veladoras y artículos religiosos para combatir el “mal de ojo” y brujerías inimaginables.

La devoción a la Santísima Muerte aparece en el comercio popular junto con las imágenes de los santos tradicionales, se manifiesta como una advocación contendiente y alternativa al catolicismo popular. A través de un sincretismo religioso funde antiguos cultos mesoamericanos a la muerte con chamanismos y oraciones y rezos para pedir favores.

El retiro del registro como asociación religiosa a la Iglesia Católica Tradicional México-Estados Unidos, Misioneros del Sagrado Corazón y San Felipe de Jesús volvió a colocar en el centro del debate el tema de la Santa Muerte. Según la Subsecretaría de Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación dicha asociación cambió su objeto religioso de catolicismo tradicional con culto tridentino por la advocación a la Santa Muerte, violando el artículo 29 de la ley de asociaciones religiosas.

Su antiguo apoderado, David Romo Guillén, afirma que Gobernación ha cedido a presiones de la jerarquía católica, que busca desesperadamente posicionar a san Juan Diego como referencia central entre campesinos, indígenas y sectores populares. Preocupada por la pobre recepción del indio del Tepeyac, la Iglesia católica busca minar el culto hasta ahora vigoroso y dinámico por la Santa Muerte. Según Romo Guillén, se pretenden perpetuar las devociones guadalupanas para regir los sentimientos religiosos del pueblo mexicano. Sin embargo, la advocación por la Niña Blanca, como también se le conoce, rebasa el alcance de la Iglesia tradicionalista de David Romo Guillén, ya que existen diversas inclinaciones hacia la Santa Muerte, que van desde las comercializantes y las santeras hasta las demoniacas.

La base social del culto está integrada por personas de escasos recursos, excluidas de los mercados formales de la economía, de la seguridad social, del sistema jurídico y del acceso a la educación, además de un amplio sector social urbano y semirrural empobrecido. Hay que destacar que parte importante del mercado religioso de la Santa Muerte está constituida por los ambulantes, sobre todo del Centro Histórico de la ciudad de México, así como por los circuitos del narcomenudeo, redes de prostitución, maleantes y carteristas.

Homero Aridjis destaca a propósito de su novela más reciente, La Santa Muerte, que en ella se evidencian los dos Méxicos que concurren ante el fenómeno: “El de la gente que pide favores o milagros para tener trabajo, salud o comida, y el de los hombres del poder económico, político o criminal, quienes curiosamente le solicitan venganzas o muertes”.

Existe, pues, una plurifuncionalidad religiosa. Los actores que viven al margen de la ley se han posesionado de la dimensión simbólica de la deidad: no se trata solamente de la devoción popular de sectores socialmente marginados de la sociedad, sino de actores emergentes de la exclusión social. Muchos investigadores tienen la percepción de que la devoción por la Santa Muerte sustenta religiosamente a aquellos sectores delictuosos dominantes que actúan al margen de la ley, creando códigos propios de organización y de poder simbólico que los legitima en ciertos sectores de la sociedad.

Narcotraficantes, ambulantes, taxistas, vendedores de productos pirata, niños de la calle, prostitutas, carteristas y bandas delictivas tienen una característica común: no son muy religiosos, pero tampoco ateos; sin embargo, abonan la superstición y la chamanería. Crean y recrean sus propias particularidades religiosas con códigos y símbolos que nutren su existencia, identidad y prácticas. Así como los narcos han tenido cultos particulares, como Valverde, muchos otros grupos delictivos, como la Mara Salvatrucha, se han refugiado en la Santa Muerte, imagen que los representa y protege porque es una deidad funcional, acorde con sus actividades, ya que violencia, vida y muerte están estrechamente unidas.

El factor religioso es, entre otras, expresión de la vida cotidiana. Las creencias reflejan de manera nítida las diferentes expresiones culturales, políticas y la organización social vivida o deseada. El culto creciente por la Santa Muerte manifiesta el tipo de país bipolar que hemos venido construyendo; la Santa Muerte revela, asimismo, prácticas sociales subterráneas que existen muy a pesar de lo que Pablo González Casanova denominó en los años 60 “las buenas costumbres”, es decir, la moral católica occidental predominante.

La Jornada