Archive for the ‘Catolicismo popular’ Category

Francisco, bajo el fuego de deslealtad de su curia

noviembre 19, 2015

 

Arrestados por filtrar información confidencial

Lucio Vallejo, Opus Dei y Francesca Chaouqui , arrestados por filtrar información confidencial 

 

 

Francisco, bajo el fuego de deslealtad de su curia

Bernardo Barranco V.

La Jornada, miércoles 4 de noviembre de 2015

 

Un nuevo caso de espionaje y filtración de documentos confidenciales convulsiona a la Santa Sede. El objetivo es claro: minar al papa Francisco. El clima venenoso que se respira en Roma es resultado de que grandes cardenales han salido insatisfechos de los cambios que han surgido, con timidez para muchos, del sínodo para la familia.

 

El 2 de noviembre se informó oficialmente que monseñor Lucio Ángel Vallejo Balda, sacerdote español de la prelatura del Opus Dei, y Francesca Imacolata Chaouqui, italiana de 33 años, ambos ex miembros de la Comisión de Estudio sobre las Actividades Económicas y Administrativas de la Santa Sede, fueron interrogados por la justicia vaticana durante el fin de semana y arrestados, acusados de haber proporcionado a periodistas documentos reservados. Chaouqui, se informó después, fue puesta en libertad porque está colaborando con los investigadores, y directamente ha señalado a Vallejo como responsable. Ha declarado que Todo lo hizo él (Vallejo); yo incluso intenté pararlo, y también aseguró sobre el Vaticano: “Aquí se respira una atmósfera fea… Se respira una atmósfera de cuchillos afilados”.

 

Avaricia, el libro de Emiliano Fittipaldi

Avaricia, el libro de Emiliano Fittipaldi

La situación es apremiante porque dos libros de denuncia, especialmente en el ámbito de la opacidad financiera del Vaticano, saldrán a las librerías el 5 de noviembre. Ambos autores habrían utilizado información clasificada; las dos publicaciones anuncian explosivas revelaciones frente al mismo tema: escándalos y secretos del Vaticano en relación con las finanzas. Se trata de Avaricia, de Emiliano Fittipaldi, y Vía Crucis, de Gianluigi Nuzzi. El lector recordará que Nuzzi estuvo en el centro de la polémica en torno al Vatileaks por difundir documentos secretos del Papa, vía Paolo Gabriele, mayordomo de Benedicto XVI entre 2010 y 2011.

 

Francisco y Federico Lombardi han encarado el escándalo, dando un paso al frente. No sólo han señalado a los desleales, sino que se anticipan a los contenidos de ambos libros. Por ello la sala de prensa vaticana enfatizó que los libros son el resultado de una traición grave de la confianza del Papa, por lo que los autores toman ventaja de una entrega gravemente ilícita de documentos confidenciales. Lombardi advirtió que el Vaticano se reserva tomar nuevas medidas, recalcó que las publicaciones de este tipo no contribuyen de ninguna manera a establecer la claridad y la verdad, y mucho menos son una manera de ayudar a la misión del Papa. Pero, ¿de qué hablan estos libros y qué revelan?

 

Uno de los autores, Emiliano Fittipaldi, ha declarado que la reforma del Papa es lenta y se necesita tiempo; sin embargo, el Papa en la lucha contra el despilfarro está aislado. Francisco, sostiene el autor, tiene gran capacidad de resistencia, no sólo desde un punto de vista doctrinal, sino política, pero el reto es enorme. Continúa

El otro libro de Gianluigi Nuzzi con los mismo documentos y grabaciones filtradas

El otro libro de Gianluigi Nuzzi con los mismo documentos y grabaciones filtradas

Fittipaldi: Lo vimos en el sínodo, donde los conservadores ganaron más allá de lo que dicen los progresistas. La Iglesia pobre y para los pobres no a todo el mundo le gusta, especialmente a los grandes cardenales. Lo que espero es que este libro hará que todo el mundo vea lo que son las reformas que hay que hacer. Y alcanzar una verdadera transparencia. Y espero que el Papa pueda hacerlo.

 

Sin duda el arresto a los funcionarios es una advertencia. Una señal de que Francisco defenderá su mandato y no tolerará deslealtades. Incluso de personajes tan arropados como monseñor Vallejo por el poderoso Opus Dei, que no ha tardado en deslindarse.

 

Francisco enfrenta un embate palaciego que no es de ahora. Durante el año han ocurrido incidentes que han pretendido minar su autoridad y estima. En junio de este año fue filtrada la encíclica Laudato Si’, criticada por los lobbies petroleros aun antes de ser publicada; los supuestos tumores de Francisco en la cabeza que fueron desmentidos, y la filtración de una carta privada firmada por 13 cardenales que reprochaban la forma y conducción en que Francisco guiaba el sínodo sobre la familia. La guerra está declarada y muchos analistas hablan de un Vatileaks II, porque identifican este momento con la crisis de fuga de información que sufrió Benedicto XVI. La diferencia radica en que en 2010 la fuga de documentos y golpeteos fueron producto de una lucha encarnizada por el poder por dos grandes bandos en la curia, encabezados por el antiguo secretario de Estado Angelo Sodano, y por Tarcisio Bertone, en ese momento la mano derecha de Ratzinger. La disputa era resultado de la fractura del pacto conservador en la Iglesia, que lleva no sólo a la renuncia del deprimido Benedicto XVI, sino al ascenso y entronización de Mario Bergoglio. Además, el mandato de los cardenales conclavistas de reformar la curia. Con su discurso más pastoral, actitudes progresistas y encaminamiento hacia grandes reformas internas, los sectores conservadores se han vuelto a aliar frente a un enemigo común: el populista pontífice Francisco.

Francisco ante su curia corrompida

Francisco ante su curia corrompida

Reformar la curia tradicional del Vaticano no es sencillo. Francisco enfrena enormes resistencias. Necesita hacer una limpieza a fondo, sacudir burocracias y principescos privilegios que han derivado en corrupciones seculares, especialmente financieras. Asociación con grupos criminales y lavado de dinero. No es casual que la Santa Sede sea clasificada como uno de los 10 territorios en el mundo con recurrentes prácticas de lavado de dinero. Que de pronto hayan aparecido cerca de mil millones de euros, no registrados. Que un monseñor, Nunzio Scarano, haya sido capturado llevando 20 millones de euros rumbo a Suiza. Esta curia imperial cuenta con poderosos aliados de grandes ligas, como el punzante cardenal George Pell, de Australia, y el cardenal alemán Reinhard Marx. Sin embargo, a pesar de tener un frente agresivo conservador y dispuesto a todo, Francisco está fuerte. Su legitimidad se sustenta en que su discurso pastoral y reformista ha encontrado amplia legitimidad en la opinión pública mundial y entre la clase política internacional. Este episodio es un primer capítulo de una larga historia de intrigas e intereses. Por lo pronto hay que esperar a ver las revelaciones de los libros en cuestión.

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Schulenburg, el abad de las contrariedades

julio 24, 2009
Schulenburg, el abad de las contrariedades

Bernardo Barranco V.

Guillermo Schulenburg fue abad de la Basílica de Guadalupe durante 33 años. Fue un actor eclesiástico poderoso e influyente en la vida pública de México. Gracias a su estrecha relación con Emilio Azcárraga Milmo, de manera audaz y pionera logra posicionar sus misas dominicales y Mañanitas guadalupanas las madrugadas del 12 de diciembre en la televisión abierta, brincándose toda norma prohibitiva. Probablemente su mayor logro fue haber construido la nueva basílica entre 1974 y 1976, empresa millonaria que sorteó con las aportaciones empresariales y principalmente de los gobiernos de Luis Echeverría y de José López Portillo, en apariencia dos garantes y defensores del Estado laico.

 

Si bien bien en sus memorias se vanagloria de haber pronunciado más de 2 mil homilías ante los 12 o 15 mil peregrinos que acudían regularmente a La Villa, y las casi 100 mil personas que llegan los domingos, Guillermo Schulenburg Prado será recordado más por ser un guadalupano antiaparicionista: el abad que se atrevió a oponerse a la canonización de Juan Diego.

Schulenburg vivió y formó parte del sistema del partido de Estado y del absolutismo presidencialista. Fue heredero de las dotes diplomáticas de Luis María Martínez, arzobispo que supo sacar provecho de la simulación de la separación Iglesia-Estado, que predominó a finales de la década de los años 40.

Era recurrente escucharle que había acompañado en su lecho de muerte a algunos presidentes de México. En uno de sus últimos artículos reprocha a Acción Nacional la falta de resultados en el pasado proceso electoral de 2009; añorante de esos buenos tiempos que vivió, escribió: “Los miembros del PAN poseen una doctrina muy plausible, muy cercana a la católica y valores muy sólidos. La mayoría de ellos van a misa los domingos, pero eso no basta… Lamentablemente, a consecuencia de esa inexperiencia y esa falta de conocimiento –que se deriva quizá de tantos años en la oposición–, el PAN no ha podido sacar adelante al país. México, en ese sentido, sigue dando unos pasos para adelante y otros para atrás” (www.gentesur.com.mx).

La ambivalencia acompañó toda la vida de Schulenburg. Hijo de inmigrante alemán, huérfano a los 12 años, vivió penurias y pobreza; lo encontramos en la década de los 60 en la plenitud de su 50 años, alar-deando parentescos con la nobleza europea de Hannover. Custodio del santuario guadalupano que condensa la religiosidad popular más intensa del continente que practica la gente más humilde, no tiene empacho de darse al mismo tiempo una vida disipada de acaudalado.

Schulenburg reconocía la profunda devoción guadalupana, tan pujante y ardiente que, según él, daba sentido a la identidad y al ethos mexicano; sin embargo, llega a dudar sobre la existencia histórica de Juan Diego y, por tanto, del milagro guadalupano que consistió en el encuentro con María de Guadalupe, encuentro entre dos culturas que para el abad fue más simbólico que real.

Si bien convivió y se mimetizó con las clases de poder y fue capellán de poderosas familias de la elite mexicana, llegó a apoyar causas religiosas progresistas mal vistas por la alta jerarquía, como fueron sus desprendidos apoyos económicos a Cencos, al secretariado social mexicano, al Centro Nacional de Ayuda a las Misiones Indígenas y a obispos como Samuel Ruiz o Sergio Méndez Arceo; incluso llegó a simpatizar y solidarizarse con sectores indígenas de Chiapas, muy a pesar del cerco que el entonces gobierno de Zedillo quiso imponer a la causa zapatista.

Sus mayores escándalos no fueron el reconocimiento de algunos hijos y demandas de paternidad, sino desconocer al indio del Tepeyac. Tenemos presente el testimonio de Javier Sicilia, quien realizó la entrevista original al entonces abad Schulenburg para la revista Ixtus en su número invernal de 1995, donde distinguía, muy de paso, el símbolo religioso guadalupano y sus dudas sobre la existencia de Juan Diego, el personaje histórico. Un año después, el vaticanista Andrea Tornelli, quien se rumora será el nuevo portavoz del Vaticano, publica en 30 Giorni los fragmentos más candentes del diálogo y, descontextualizándolos, cuestiona duramente al abad en momentos en que se desató una batalla entre éste y el nuevo arzobispo Norberto Rivera por el control y los dineros de la abadía.

Refresquemos la memoria para evocar que los Legionarios de Cristo, entonces en el cenit, habían copado y conducido la política comunicativa de Rivera Carrera. La sincronización entre Roma y México, Tornelli-televisoras mexicanas, fueron mediáticamente demoledoras; el linchamiento hacia el abad estaba consumado, su renuncia se hizo formal en septiembre de 1996. Recordemos las interrogantes de Sicilia: “¿Quién hizo llegar a Tornelli esa entrevista que nadie había atendido un año antes? ¿Cuál era el objeto si Juan Diego estaba ya beatificado? ¿Por qué buscar escandalizar la fe del pueblo? Alguien –no diré el nombre de un muy alto funcionario involucrado en el problema– me dijo: fue Norberto y algunos sectores interesados en apropiarse no sólo de la economía de la abadía –por cierto, horriblemente utilizada por Schulenburg–, sino del control de ésta y del propio capital simbólico de Juan Diego” (Proceso 1319, 11/2/02).

Meses antes de la canonización de Juan Diego y seis años después de su renuncia, el propio Tornelli publica una carta interna firmada por varios sacerdotes, entre ellos Schulenburg, dirigida a la Congregación romana de los Santos en la que pidieron sin éxito reconsiderar la santificación.

Schulenburg muere a los 93 años y probablemente se lleve a la tumba cientos de valiosos materiales sobre las apariciones que varias veces amenazó con destruir para no seguir abonando a la polémica (Siempre!)… Y después de todo, ¿dónde quedó San Juan Diego? Creemos que desdibujado por la excesiva comercialización y la incapacidad pastoral de la arquidiócesis. Probablemente Schulenburg tuvo razón.

 La Jornada, miercoles 22 de junio de 2009