Archive for 30 abril 2009

Pandemia y la falsa ira divina

abril 30, 2009
Pandemia y la falsa ira divina
Bernardo Barranco V.

El temor a los efectos devastadores de epidemias ha estado presente a lo largo de toda la historia de la humanidad. Desde tiempos inmemoriales hemos sido azotados por epidemias que causaron catástrofes demográficas; desde la prehistoria han abundado explicaciones extravagantes, llenas de mitos, sólo hacia mediados del siglo XIX comenzó a aclararse la etiología de las enfermedades infecciosas, es decir, el conocimiento del papel patogénico de los microorganismos, y el descubrimiento de la coevolución del ser humano con los agentes patógenos.

La información sobre las epidemias en el mundo antiguo y en la Edad Media es poco clara, tanto en lo referente a la población de las áreas afectadas por las plagas, como respecto al número de víctimas. Ya el Libro de los Reyes de la Biblia alude a una catástrofe que se suscitó entre las tropas asirias que sitiaban a Jerusalén, en el siglo VIII aC; sin embargo, la gran pandemia del mundo occidental se desata durante el siglo XIV, cuando Europa se vio azotada por pestes y hambrunas. Falleció entre un tercio y la mitad de la población europea a causa de la peste negra, llamada así por las manchas oscuras que anunciaban su presencia. Ahora sabemos que la enfermedad era peste bubónica. Para la población eran signos de muerte, de rebeliones populares y de castigos por pecados cometidos, personales y colectivos, lo cual se traducía en pesimismo y desesperanza.

Las dimensiones de la catástrofe crearon la convicción de que la peste era un castigo divino por los pecados de la humanidad. Unos perdieron la fe, otros se entregaron a fanatismos y excesos religiosos. Muchos se unieron a los flagelantes, que creían purgar sus pecados y escapar al castigo del juicio final, golpeándose con látigos.

En el campo cultural se impuso una fascinación morbosa y grotesca por la muerte; abundaban los malos augurios, las profecías catastrofistas y predicciones apocalípticas. El historiador medievalista Georges Duby nos narra en su libro Año 1000 cómo el arte y la literatura se impregnan de lo macabro, así como la multiplicación de las imágenes trágicas de la confrontación con la agonía y danzas de la muerte.

La crisis de influenza en México ha estimulado ansiedades de miles de personas. Ya antes habían sido rehenes de las noticias cotidianas que dan cuenta de la violencia de la guerra contra el narcotráfico, la crisis económica y la inseguridad cotidiana que padecemos cotidianamente los ciudadanos.

Desde el pasado viernes 24 de abril, la ciudad de México ya no es la misma. Una de las más grandes megametrópolis del mundo, tan habituada a la vida agitada, llena de tráfico, de contrastes sociales, de inseguridad y personas apresuradas, parecía sobrevivir a todo; hasta el tedio político de dirigentes profesionalizados en pugnar y atacarse en rituales endogámicos. Sin embargo, el anuncio de la potencial amenaza pandémica del virus influenza porcina ha venido a cambiar el rostro y ánimo de una ciudad que históricamente había soportado hasta terribles desastres naturales como los terremotos.

Como consecuencia del miedo y angustia al contagio, surgieron imágenes inéditas en nuestra ciudad: tapabocas, calles y avenidas desiertas, teatros, cines y estadios vacíos, restaurantes sin servicio, hospitales llenos; habitantes de miradas fijas, rostros preocupados y una serena intranquilidad.

Empero, hay otro tipo de epidemias estampadas por la estupidez, la ignorancia e intolerancia. Han empezado a circular, en algunos grupos cristianos y católicos, interpretaciones que reciclan viejas nociones del castigo divino; sustentan que se ha despertado la ira de Dios como guía de razonamiento en torno a la acechante atmósfera endémica que nos ha invadido.

Según ellos, vivimos una punición aterradora, fruto de los excesos y colosales pecados cometidos por el conjunto de la sociedad. En blogs se pueden apreciar elucidaciones sobre la preocupante situación actual; se evocan pasajes de la Biblia, como el libro de Apocalipsis, donde Juan narra visiones de jinetes apocalípticos que traen muerte, hambruna, destrucción y plagas.

Me llamó la atención la pequeña procesión que se realizó el domingo pasado en la catedral metropolitana, que después de tres siglos se saque a las calles al Cristo de la Salud, protector de pestes y desastres naturales.

Grupos de la llamada derecha confesional señalan coincidencias, justo a dos años de que la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó la interrupción del embarazo, causando según ellos, más de 22 mil abortos, dicha concomitancia puede interpretarse como una señal del desagrado de Dios al atrevido atentado de los legisladores de esta ciudad para quebrantar la vida sagrada de inocentes.

Fundamentalismos, salvacionismos, maniqueísmos e intransigencias pueden resurgir, aprovecharse del actual clima de incertidumbre para persuadir y predicar que estamos sometidos a la anarquía del mal, ya que las costumbres y los hábitos morales se han relajado, y además porque se han desafiado las leyes de la naturaleza e incumplido los códigos de Dios. Hay que estar atentos con evangélicos neoapocalíticos y con el ayatolismo católico que ventajosamente quieran sacar raja de la emergencia actual, pretendiendo colonizar ansiedades sociales.

A los gravísimos problemas que enfrentamos no incrementemos el contagio del oscurantismo fanático, aquel impregnado por los pesimismos, la amargura y el reproche de que todo lo actual está mal por principio. Ya no estamos en la Edad Media, cuando, además de las pandemias, se propagaban los virus de las supersticiones, los malos augurios y los sentimientos de culpa. Grandes males aquejan nuestra nación como para sumarle las patologías religiosas de aquellos que invocan la ira de Dios.

La Jornada

Constante declinación del número de sacerdotes pone en riesgo de colapso a la Iglesia católica mexicana

abril 16, 2009
Constante declinación del número de sacerdotes pone en riesgo de colapso a la Iglesia católica mexicana, señala el experto Elio Masferrer
Mariana Viayra Ramírez | La Crónica de Hoy
Viernes 10 de Abril, 2009

 

 

 

 

 

La Iglesia católica en México está en riesgo de colapsar ante la falta de seminaristas y una población cada vez más envejecida de sacerdotes y obispos, que en promedio rondan los 68 años, advirtió Elio Masferrer Kan, presidente de la Asociación Latinoamericana para el Estudio de las Religiones.

El experto en el tema refirió que mientras cada año se ordenan cerca de 150 sacerdotes en todo el país, alrededor de 50 renuncian y 120 fallecen en promedio.

“La declinación al sacerdocio es constante”, enfatizó el catedrático e investigador de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).

Refirió que ex seminaristas plantean que el motivo principal de su declinación al sacerdocio es el celibato, “no están de acuerdo con el celibato y comentan que para tener una doble vida, mejor renuncian”.

Tras entrevistas con ex seminaristas, Masferrer Kan puntualizó que ellos no consideran que el celibato es el mejor regalo a Dios, “eso ya no lo creen mucho (…) no tienen ningún interés de jugar a las escondidas, vivir casos tipo Marcial Maciel no les interesa”.

Ejemplificó que este año, sólo ocho jóvenes se van a consagrar como sacerdotes en la Arquidiócesis de México, y otros años se han consagrado 18, 20 ó 24 jóvenes, “es decir, cada vez hay menos gente en los seminarios”.

De acuerdo al Anuario Estadístico del Vaticano, en México hay un sacerdote para cada seis mil 300 feligreses y el promedio mundial es uno para cada dos mil 200 feligreses.

También apunta que el incremento anual de sacerdotes diocesanos fue en el año 2000 de 173 sacerdotes, en 2005 fueron 292 casos, y en 2006 de 175 ministros.
BOICOT. Indicó que en contraste, aumenta cada vez más el número de diáconos que pueden estar casados y dedicar su vida a Dios, “pero un sector de la Iglesia católica está en contra de eso (…), Samuel Ruiz lo hacía, ordenaba diáconos casados y lo pararon por considerar que es lo contrario a la Iglesia católica”.  

El antropólogo recordó que Samuel Ruiz tomo esa medida, ordenar a diáconos casados, para enfrentar la expansión de los Evangélicos, “Benedicto XVI tiene 91 diáconos permanentes”.

“Hay personas que quieren seguir manteniendo una vida –por decirlo así– en el mundo, pero con ciertas funciones en la Iglesia”, indicó.

Sin embargo, apuntó que eso es boicoteado por un sector de la Iglesia que quiere un clero célibe totalmente.

Explicó que en muchos casos cuando los obispos ven que algún seminarista “está como quién dice saliendo del huacal y planteando cosas que no les parece simplemente no lo ordenan, boicotean la ordenación”.

“Por dar a conocer posiciones que no concuerdan con la Iglesia los han dejado fuera, eso es bastante habitual (…) los obispos no van a ordenar a alguien que no esté de acuerdo con su línea”, aseguró.

Agregó que eso atenta contra la dinámica de la propia Iglesia católica porque “va quedando un clero que no es innovador y que provoca el rezago de la Iglesia”.
A LA BAJA. El Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), reconoció que por día abandonan la Iglesia católica 10 mil personas en Latinoamérica, al enfrentarse a una fuerte competencia religiosa.

En este sentido, Bernardo Barranco, sociólogo de las religiones, afirmó que uno de los mayores retos de la Iglesia católica es recuperar la pérdida de fieles, la pérdida de vitalidad del catolicismo latinoamericano frente a una exigente competencia religiosa de otras denominaciones cristianas, como los evangélicos e incluso la Santa Muerte.

Barranco recordó que durante la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en Aparecida, Brasil, los obispos latinoamericanos plantearon con mucho dramatismo una especie de fuga de católicos hacia otras denominaciones religiosas.

“Algo está pasando en la Iglesia mexicana que debe tener muy preocupados a los obispos (…), es uno de los fenómenos más preocupantes que jamás la Iglesia ha vivido en América Latina y en México no es la excepción”, refirió el experto.

Asimismo, señaló que los obispos han cometido un descuido pastoral muy grande en los últimos años, lo que ha provocado que los católicos emigren a otras religiones como la Evangélica.

 “Entonces es un modelo que está más preocupado por sí mismo que por la propia feligresía”. Por ello, indicó que la Iglesia católica requiere una especie de revolución pastoral para recuperar su liderazgo espiritual.

El también vicepresidente del Centro de Estudios de las Religiones en Méxicoplanteó que la tendencia estadística apunta que la Iglesia ha venido perdiendo feligresía año con año, decenio con decenio.

“Si uno compara las estadísticas de 1900 a la fecha, evidentemente que el espacio católico se ha venido reduciendo, no de manera dramática pero sí de manera sustancial”, sostuvo.

El sociólogo, especializado en temas religiosos, refirió que actualmente la mayor parte de la gente se declara de cultura católica, pero “de ahí a que sean verdaderos católicos hay una distancia muy grande”.

Ejemplificó que, según el censo de población del 2000, 85 por ciento de los mexicanos son católicos, pero de manera real el porcentaje es mucho menor, en la medida en que el grupo no supera el 10 por ciento.

La Crónica de Hoy

Las muertes de Dios

abril 15, 2009
Las muertes de Dios
Bernardo Barranco V.

Hace algunos años, André Glucksmann, el caprichoso filósofo francés, publicó un libro provocador que tituló: La tercera muerte de Dios. En la historia y esencialmente en Europa, el autor sostiene que se han producido tres defunciones de Dios.

La primera, Cristo murió en la cruz hace más de 2 mil años; la segunda se va gestando desde el Renacimiento y culmina en las obras de los pensadores del siglo XIX, como Feuerbach, Marx y principalmente Nietzsche, quien acuñó la emblemática expresión: ¡Dios ha muerto! La tercera muerte de Dios, según Glucksmann, se genera en la cultura contemporánea a partir de la indiferencia respecto de Dios como referencia en la vida cotidiana de los ciudadanos europeos de finales del siglo XX y principios del XXI.

Si Dios muere en el mundo europeo, florece de manera compleja e imprecisa en otras latitudes, incluso bajo el signo del fundamentalismo. Dios como paradoja; por un lado, las sociedades experimentan una secularización persistente, que estimula agudas crisis en las instituciones religiosas y en la pérdida de su influencia en la sociedad; por otro lado, pululan los síntomas de avivamiento del factor religioso, florecimiento de nuevos movimientos religiosos y sectas, la atracción por filosofías orientales en Occidente, especialmente el budismo; en las profundidades de las culturas populares emergen viejos y nuevos chamanismos o sincretismos heréticos, como es el caso del culto a la Santa Muerte en México.

Dios había sido un lugar, hasta la modernidad, una figura más que simbólica del pensamiento que representaba la realidad como verdad; delimitaba irreprochablemente lo prohibido y lo admisible; el pecado y el castigo, el bien y el mal.

La muerte de Dios es una vieja expresión intelectual del racionalismo que sintetiza la forma en que las personas ya no son capaces de creer en los grandes relatos de las iglesias y ponen en cuestión los valores absolutos y las leyes universales de la moral, es decir, el Dios sancionador como referencia ha pasado a la obsolescencia.

Experimentamos, por tanto, un largo e inquieto periodo en el cual las viejas categorías de comprensión de los fenómenos sociales e históricos son insuficientes. La cultura contemporánea está marcada por la búsqueda de los individuos por su realización propia; esta búsqueda es sufrida porque se tiene conciencia de la precariedad del mundo y de que se vive en sociedades de riesgo. Por ello, en términos sociológicos, la llamada muerte de Dios debe entenderse como un proceso de recomposición de lo religioso en movimientos culturales más vastos y densos de redistribución de las creencias en las sociedades contemporáneas, cuya existencia estructural está fundamentada en el continuo cambio, en la transformación y la incertidumbre.

La tecnología, el mercado, la enorme incidencia de los medios de comunicación, el consumo, la violencia, la inseguridad y el constante cambio alteran los conceptos tradicionales y de representación social, así como las nociones natural y artificial, vida y muerte, tiempo y espacio.

Frente a la incertidumbre, al riesgo, a identidades relativas, se levanta una sensación de crisis cultural y de rumbo. Aquí es donde lo religioso, más que sus estructuras administrativas, parece ofrecer sentidos a la sociedad que siente haber perdido referencias centrales.

Los sentimientos religiosos se han avivado, especialmente la espiritualidad en años recientes; en cambio, la credibilidad en las estructuras e instituciones religiosas se ha debilitado. La existencia y permanencia social de Dios ha provocado en algunos teóricos hablar de la desecularización o en la revancha de Dios, que incluso irrumpe en la construcción del orden político y en otras viene bajo el fundamentalismo integrista.

La fe y la cultura no deben confundirse como se vivía en las sociedades sacrales. Una de las conquistas más importantes de la modernidad sobre la vieja cristiandad fue separar las especificidades propias de instituciones y actores, de tal suerte que la religión no se colocara por encima de la sociedad, sino en su propia dinámica, es decir, en el corazón mismo de la sociedad.

Teniendo como trasfondo este proceso de muerte y resurrección de Dios en nuestra cultura contemporánea, el sociólogo brasileño Luiz Alberto Gómez de Souza acaba de escribir un libro en Río de Janeiro, titulado: Uma Fé exigente, Uma Política realista, en el que deplora el actual falso debate entre un absolutismo abstracto, principista, inflexible y dogmático, frente a un relativismo igualmente abstracto que desconfía no sólo de las raíces de la cultura, en los principios sociales, sino en la naturaleza propia de la dimensión normativa.

El absolutismo antirrelativista es encarnado por el papa Benedicto XVI, quien tiene enormes dificultades para responder de manera concreta a situaciones reales nuevas y viejas de la cultura; se opone a políticas concretas en nombre de exigencias absolutizadas. De ahí, la necesidad imperiosa, nos dice Gómez de Souza, de un debate libre y honesto, sin miedos y sin temas congelados en una sociedad pluralista y democrática en la que los principios de cualquier religión no prevalezcan sobre el conjunto de la sociedad y donde la fe pueda convivir en un clima de libertad y osadía.

Podemos decir que a las muertes de Dios le suceden resurrecciones. Dios no muere, se transforma culturalmente con la sociedad porque es una parte viva de las culturas; se seculariza porque forma parte de la misma realidad terrenal. Lo religioso, por lo menos de este lado del mundo, nunca se ha ido, como tantas veces se anunció, porque si efectivamente Dios muere es porque ha triunfado el desencanto absoluto y el tedio.

La Jornada

Benedicto interviene a los Legionarios de Cristo

abril 5, 2009

Benedicto interviene a los Legionarios de Cristo

Expertos indican que con ello Roma busca terminar con las luchas por el poder.
Además seguirán las pesquisas acerca de otras denuncias de abusos sexuales.

México.- Benedicto XVI ordenó formar un equipo de prelados para realizar inspecciones, o “visitas apostólicas”, a los centros de los Legionarios de Cristo, congregación envuelta en conflictos y escándalos derivados de la vida irregular de su fundador, Marcial Maciel Degollado. Explícitamente las visitas tienen el fin de ayudar a la poderosa institución conservadora a superar las “dificultades existentes” en un clima fraterno.

Expertos en el tema señalan que el Papa ordenó estas visitas porque la lucha por el poder ha fracturado la unidad de la Legión, además de que se indagarán otras denuncias existentes contra sacerdotes por abusos sexuales equiparables a los que retiraron a Maciel del ministerio pocos años antes de su muerte el pasado enero de 2008.

En carta fechada el 10 de marzo, dirigida al superior de los Legionarios, Álvaro Corcuera, el secretario de Estado vaticano, Tarsicio Bertone, le señaló que “podrán contar siempre con la ayuda de la Santa Sede, para que a través de la verdad y la transparencia, en un clima de diálogo fraterno y constructivo, superen las dificultades existentes.

“En este sentido el Papa ha decidido llevar a cabo por medio de un equipo de prelados una visita apostólica a las instituciones de los Legionarios de Cristo”, agrega.

La decisión del Pontífice fue divulgada este martes por la propia Legión de Cristo, que publicó en su página web la misiva del cardenal Bertone junto con otra carta de su director Corcuera.

Este último señala que “el Papa y sus más estrechos colaboradores nos han confirmado en nuestra misión al servicio de la Iglesia y nos han ofrecido, con solicitud paternal, su consejo y apoyo”.

Agrega que personalmente agradeció a Benedicto XVI “esta ulterior ayuda que nos ofrece para afrontar las actuales vicisitudes relacionadas con los hechos graves en la vida de nuestro padre fundador que ya fueron objeto de las investigaciones de la Congregación de la Doctrina de la Fe concluidas en mayo de 2006, y los que han salido a la luz más recientemente”.

En mayo de 2006, dicha congregación hizo público un documento que señalaba que decidió, “tomando en cuenta la avanzada edad del reverendo Maciel y su delicada salud, renunciar a cualquier proceso canónico e invitar al Padre a una vida reservada de oración y penitencia, renunciando a cualquier ministerio público”.

Maciel Degollado murió el 30 de enero de 2008. Más de un año después, el 3 de febrero de 2009, el diario The New York Times publicó que , además de los escándalos por abusos sexuales y consumo de drogas en los que había participado, Maciel tuvo una amante con la que concibió a una criatura. Un portavoz de la Legión en Roma, Paolo Scarafoni, se limitó a decir, consternado, que “no podemos negar la existencia de esos hechos”.

En la misiva dada a conocer ayer, el superior de la Legión señala directamente: “Estamos profundamente apenados y pedimos perdón a Dios y a quienes hayan sido lastimados por este motivo”.

Al respecto, el especialista en religiones Bernardo Barranco explicó que el haber decidido Benedicto XVI realizar la visita apostólica es porque los conflictos al interior de la Legión son intensos. Y será la Santa Sede la que tome el control de la congregación hasta que se concluyan las investigaciones.

Después de la muerte de Maciel, la lucha por el poder en este congregación muy conocida por su opulencia se desató entre dos corrientes: los “macielistas”, en su mayoría mexicanos, que respaldan al actual director Corcuera y que buscan continuar en la misma línea, además de brindar culto a la persona de su fundador.

En la otra corriente hay legionarios anglosajones, irlandeses y algunos grupos españoles que, “sin ser audaces como reformadores, sostienen que se deben reconocer los errores, como los abusos sexuales que no se pueden ocultar. Y refundar la continuidad de la obra”.

La lucha interna obliga al pontífice a intervenir porque se ha desatado el “canibalismo”, por eso los visitadores que se designen investigarán a la Legión durante meses, entrevistando discretamente a todos los involucrados y a analistas.

La última visita apostólica que se hizo pública a una congregación fue a la Compañía de Jesús, y fue ordenada por Juan Pablo II, que mañana cumplirá cuatro años de haber fallecido.

Por su parte, Elio Masferrer, académico de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, consideró que pese a los avisos del pontífice de que debían mantener la unidad tras la muerte de su fundador, los legionarios no lo consiguieron y por ello se interviene.

Además, conoce que las denuncias de abuso sexual no sólo eran contra Marcial Maciel, sino también contra otros sacerdotes legionarios, y consideró que es el momento de limpiar y acabar con los abusos, que son agujeros para la credibilidad de la Iglesia católica.

Milenio

El Vaticano interviene a los Legionarios

abril 2, 2009

El Vaticano interviene a los Legionarios

Bernardo Barranco V.

Recién se conoce lo que era un secreto a voces, la Santa Sede interviene una vez más la orden religiosa mexicana conocida como los Legionarios de Cristo. Tarcisio Bertone, secretario de Estado, establece que el Papa ha decidido llevar a cabo por medio de un equipo de prelados una visita apostólica a las instituciones de los Legionarios de Cristo”. La nota es recogida incluso por los portales de la propia legión, mostrando así un nuevo episodio en que el papa Benedicto XVI injiere y fiscaliza una congregación religiosa marcada en los últimos años por los escándalos. Primero, le restringe a Maciel su ministerio público, pero no inicia un proceso o juicio canónico en su contra; segundo, reduce y limita los votos religiosos especiales que aseguraban silencio y encubrimientos internos. Ahora el Vaticano reconoce una crisis y divisiones entre los miembros de la congregación a los que el Papa les expresa “su solidaridad y su plegaria en estos momentos delicados”. La carta ya señalada de Bertone no puede ser más elocuente al expresar: “podrán contar siempre con la ayuda de la Santa Sede, para que a través de la verdad y la transparencia, en un clima de diálogo fraterno y constructivo, superen las dificultades existentes. En este sentido, el Papa ha decidido llevar a cabo por medio de un equipo de prelados una visita apostólica a las instituciones de los Legionarios de Cristo”. Las investigaciones probablemente se han iniciado ya y se intensificarán después de Semana Santa. Muy probablemente esta intervención pontificia se pactó durante la reciente visita a México del propio cardenal Tarcisio Bertone, quien primero llegó a Chetumal, Quintana Roo, sede de la prelatura otorgada a los Legionarios de Cristo, donde permaneció varios días con actividades privadas, antes de llegar a la ciudad de México, donde participó en el sexto Encuentro Mundial de las Familias, en enero pasado. En la sociología de las congregaciones religiosas es un hecho que a la muerte del fundador diversos grupos se disputen el liderazgo, la conducción, el legado y la herencia del fundador. Se dan tensiones y hasta rupturas. Sin embargo, la lucha por el poder, si así lo podemos llamar en el caso de los legionarios, se presenta en un ambiente altamente enrarecido por los intereses creados en una orden religiosa rica, poseedora de una amplísima infraestructura material. A pesar del hermetismo religioso que caracteriza a la legión, se puede observar que hay una corriente que enarbola la continuidad encabezada por el actual director general de la orden, el mexicano Álvaro Corcuera; los llamados “macielistas” sostienen que la ruta está trazada, siguen rindiendo culto a la personalidad del fundador y que aquí no pasa nada. Al mismo tiempo se presenta un ala más reformadora, en la que se ubican legionarios de Estados Unidos, Irlanda y algunos españoles, quienes reconocen errores y fallas, aspiran restructurar la orden y tratar de replantear la línea de los legionarios. Como en toda organización humana, la lucha por el poder pasa por los reacomodos de mandos internos, creación de nuevas interlocuciones y representatividad en las estructuras que toman acuerdos; manejo en el destino de los recursos, el diseño de estrategias pastorales, mediáticas, énfasis teológicos y discursivos; en suma, en la toma real de las decisiones. La intervención del Vaticano apunta a que existe un disenso y encontradas posturas antagónicas al interior de la orden o de asuntos delicadísimos que no han asomado aún en la opinión pública. Por ejemplo, llamó la atención que en el diario La Nación, de Argentina, da a conocer una reveladora entrevista con Paul Lennon, un ex sacerdote legionario, con 23 años como miembro activo, quien estimó que la pedofilia, “que ha dañado fuertemente la imagen y la realidad de la Iglesia”, es sólo una parte de los crímenes de una orden que califica como “manipuladora” y a la que los rumores la asocian actualmente con el lavado de dinero. Estamos dijo, en que “los abusos sexuales son sólo la punta del iceberg” (17/03/09, http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1109439). En todo caso la filtración periodística en The New York Times en febrero pasado sobre la paternidad de Marcial no fue un accidente mediático, sino un golpe demoledor que incide una vez más en la deteriorada imagen del fundador y cuya apuesta siguen jugando los llamados macielistas. Sin embargo, a poco más de un año de la muerte de Marcial Maciel, siguen apareciendo datos que confirman una temida verdad: Marcial Maciel llevaba una doble vida y una doble moral. Probablemente existan otros eventos aun más aterradores y que tarde o temprano saldrá a la luz. Marcial Maciel, siguiendo el recuento de muchas personas cercanas a él, hoy críticas, lo señalan como un personaje marcado por el narcisismo y la mezquindad; donde él se nutría de los halagos y adulación de su entorno; forzosamente él tenía que estar siempre en control y en una posición de superioridad y de poder frente a los demás. Benedicto XVI ha hecho un recuento de daños. Su intervención busca el menor costo para la estructura de los legionarios, pretende evitar que la orden se hunda. Busca evitar que una lucha intestina pueda terminar por liquidar la poca credibilidad que conserva la congregación y caer en nuevos episodios de estrepitosos escándalos que lleve al fin. Ante este nuevo episodio de una larga crisis de los legionarios está también la oportunidad de “refundar” la orden, reconocer los errores, pedir perdón y resarcir a las víctimas, reparar los defectos estructurales. En suma, ser una opción pastoral legítima depurada para un sector social acaudalado e ir con cierta salud ante sus feligreses, de lo contrario los legionarios estarían condenados a los escándalos. Sin duda conoceremos cambios significativos.

La Jornada, 1 de abril de 2009