Los obispos piden reconciliación histórica en el Bicentenario

Los obispos piden reconciliación histórica en el Bicentenario

Posteando

Bernardo Barranco

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–>En el marco de las celebraciones del Bicentenario de la Independencia de México y del Centenario de la Revolución Mexicana, el martes 30 de Agosto de 2010, la Conferencia del Episcopado Mexicano presentó la Carta Pastoral: “Conmemorar nuestra historia desde la fe para comprometernos hoy con nuestra Patria”.

El intento es muy plausible pues la Iglesia se abre para dialogar y discernir sobre su papel no sólo en la conformación de nuestra historia sino ante los actuales debates sobre el futuro del país y la construcción de un proyecto de Nación.
Sin embargo, el texto no ha provocado mayores comentarios, reflexiones ni siquiera de los tradicionales sectores jacobinos. Sólo se puede encontrar aportes y comentarios en los portales católicos cuyo alcance es limitado en extensión e incidencia.

Desde la introducción, los obispos plantean su objetivo: “Queremos discernir cuál fue la participación de la Iglesia en estos dos importantes acontecimientos, cuál fue nuestro servicio a la Nación, para retomar con todo vigor los retos y desafíos que se nos presentan hoy en día”.
A pesar de la sugerente intención de los obispos para remirar la historia con una nueva actitud, la carta pastoral no ha tenido eco.
Primero, porque de manera involuntaria la presentación del texto fue saboteada por las declaraciones, justo en la víspera, de Hugo Valdemar, que eclipsaron la expectativa del evento, enganchado en su trifulca contra Ebrard. Valdemar sentencia lo mal hecha de la demanda y se da baños de martirio cristiano.
Al evento de presentación, en el majestuoso escenario del Polyforum Siqueiros, el cardenal Norberto Rivera se ausenta pese a que estaba anunciada su participación. Y el colmo llega. Las declaraciones impertinentes de Onésimo Cepeda eclipsan mediáticamente toda posibilidad para que las propuestas de la carta tomaran vuelo y propiciaran una reflexión más profunda en la sociedad.

Por tanto, se percibe que las agendas y cronómetros de la jerarquía católica tienen compases distintos o de plano se pone en evidencia las diferencias y divisiones existentes en su seno. También es reprobable que los medios, opinadores y analistas serios se hayan dejado llevar por las “jaladas” de Onésimo Cepeda. Dejando a un lado un debate de fondo que tienda a mirar la historia con nuevos ojos.
La carta pastoral tiene poco más de 70 páginas en su versión impresa. Los prelados reafirman las raíces católicas de nuestra actual cultura, lamentablemente hacen una lectura poco crítica de la participación de la Iglesia en la historia de México.

Sobre la situación actual, apremiante, piden atender la pobreza, la educación y proponen una reconciliación nacional. Antes de leer el texto, me preguntaba: ¿qué va a conmemorar la Iglesia en este bicentenario? Qué va a celebrar, cuando toda nuestra historiografía preponderantemente sitúa a la Iglesia a contra mano de la historia.
En los grandes eventos y saltos cualitativos, la Iglesia, aparece a contracorriente de la historia. ¿cómo va a explicar el apoyo de importantes sectores del clero en el golpe de Huerta? Miguel Hidalgo, su condena por la jerarquía, tema obligado abordar.
Al respecto los obispos piden que la historia sea leída desde la fe y retomando a San Agustín piden reflexionar la historia desde la concepción cristiana del tiempo. Sin embargo el texto se queda corto, no redondea es poco agudo y desperdicia esta oportunidad.
Es evidente que entraron muchas manos y cabezas en un texto desigual. Incluso hay párrafos revanchistas, retomando a Benedicto XVI: se dice: La Iglesia está llamada a repensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su misión… No puede replegarse frente a quienes sólo ven confusión, peligros y amenazas, o ante quienes pretenden cubrir la variedad y complejidad de situaciones con una capa de ideologismos gastados o de agresiones irresponsables”.
La carta pastoral propone circunscribirse a los eventos independencia y revolución. Pero dedican largos párrafos a la primera evangelización y al hecho guadalupano y dejan prácticamente en blanco el papel de la Iglesia en la Inquisición, la participación del clero en la guerra de reforma y la cristiada.
La intención de releer la historia se queda trunca; el tratar de superar las interpretaciones oficiales de la historia tampoco se cumple ya que texto no las aborda con fuerza.
El texto es tibio, poco autocrítico y en verdad con pocas aportaciones pese a que fue precedido de muchos coloquios y reuniones de especialistas.
La carta pastoral pretende además, desde la parte segunda, introducir las reivindicaciones y propuestas actuales de la Iglesia; por ello, no termina ni revisar la historia ni aportar contundentemente los temas centrales en la agenda actual.
Demasiados propósitos para un sólo texto, quizá. Sin embargo pese a que la carta es fallida, queda abierta la puerta de parte de los obispos para revisar con otros ojos, con nuevas actitudes y relecturas la larga historia de conflictos en que la Iglesia ha intervenido, pese a todo, forma parte de la construcción de nuestra identidad como nación 2010.

Milenio Estado de México, jueves 9 de septiembre de 2010

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