Archive for 15 septiembre 2011

Lo religioso después del 11 de septiembre

septiembre 15, 2011
Lo religioso después del 11 de septiembre
Bernardo Barranco V.

El presidente Barack Obama, en el último acto oficial de la conmemoración del décimo aniversario de los ataques terroristas del 11 de septiembre, señaló: refrendamos hoy: Estados Unidos nunca hará la guerra contra el islam o ninguna religión. Los inmigrantes vienen aquí de todas las partes del mundo. En ese mismo tenor, en Alemania el presidente de aquel país, Christian Wulff, pidió una alianza de las culturas y las religiones, en un encuentro mundial por la paz, en Munich. Él y el cardenal Marx lamentaron que en la última década, tras los atentados del 11 de septiembre, el mundo se hubiese hundido en situaciones de guerra y en una retórica de lucha que imbrica y arrastra lo religioso en los discursos de fundamentación y justificación de la violencia. Efectivamente, los discursos sobre lo sagrado y lo secular, en principio autónomos y hasta excluyentes, ahora se enlazan, se hacen hasta interdependientes. Esto ha ocurrido en los grandes relatos para comprender el 11 de septiembre como un hecho histórico de proporciones planetarias.

Todo ese episodio traumatizante para el occidente noratlántico está empalmado hasta hoy de simbolismos religiosos. A este atentado habría que sumar las heridas causadas el 11 de marzo en Madrid, del 7 de julio en Londres, del 21 de julio último en Oslo y otros, así como las invasiones violentas de países y las agresiones contra su población civil por las grandes potencias. Tan sólo en Irak se calculan más de 50 mil muertes.

Hace 10 años, la zona de las torres en Manhattan se convierte de un lugar apocalíptico para transformarse hoy en espacio semisagrado. Efectivamente, la zona cero pasó a ser un terreno de culto y de peregrinaje. Resulta igualmente interesante el simbolismo entre la sacralidad existente, incluso antes de los atentados, hacia el dinero y el poder; recordemos que las torres albergaban al World Trade Center, representación del corazón del capitalismo global. Ahora ese lugar es objeto de culto patriótico y es un nuevo lugar sagrado de inmolación. El fondo lo que sacraliza es la esencia del modelo económico bajo la era de la globalización.

George W Bush, inmediatamente después de los atentados, se erige guardián de la civilización occidental; recordemos uno de sus primeros discursos en el que evoca las cruzadas, cuyo cometido es aquel que se propone: salvaguardar la sociedad occidental y cristiana. Hace 10 años, por su parte, Osama Bin Laden hace exactamente lo mismo: cosifica la religión y reutiliza su simbología para sacralizar su causa; de manera análoga sataniza a Estados Unidos e Israel, invocando a los musulmanes a desplegar una guerra santa. La argumentación política estadunidense se carga de simbolismos religiosos para repudiar el eje del mal: el fanatismo vengativo del islam radical. Mientras, el eje del bien es la sociedad occidental de raíces cristianas, abierta a toda forma de cultura. El eje del bien es la sociedad de mercado capitalista globalizado. A partir del 11 de septiembre, los grandes medios de comunicación han monopolizado la construcción social de la realidad que sacraliza los motivos y el modo de vida occidental.

La narrativa periodística, meses y años después del atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, exalta la tesis de Samuel Huntington sobre el choque de las civilizaciones; así, el enfrentamiento de las culturas es la colisión civilizatoria entre religiones. En Estados Unidos y en Europa se genera un boom editorial inimaginable años atrás, sobre la irrupción religiosa en la vida social, el diálogo y pluralismo religioso y la crítica religiosa. Hay una efectiva irrupción del islam en occidente, pero al mismo tiempo se desata una isalamofobia.

Los fundamentalismos ya presentes antes de los atentados se develan y la sociedad contempla con cierto horror hasta dónde pueden llegar los fanatismos inspirados en contenidos religiosos. El fundamentalismo religioso, sea islámico, judío o cristiano, tiende a la absolutización de la tradición, a la actitud inamovible en un mundo cambiante; la comprensión de la vida pasa por el literalismo de los textos sagrados desencarnados del contexto histórico. Sin embargo, la soberbia fundamentalista radica en la pretensión de que su verdad es absoluta y está por encima de una realidad contemporánea caracterizada por la complejidad y por la defensa a ultranza de una moral inmutable en una sociedad de tiempos líquidos, como la ha caracterizado Zygmunt Bauman. Sin embargo, ante los fundamentalismos religiosos también han emergido los fundamentalismos seculares. En el caso de la Iglesia católica, ha entrado con prudencia a los debates. Sin embargo, el papa Benedicto XVI no ha podido controlar sus ímpetus conservadores que desalientan las posturas aperturistas del Concilio Vaticano II. El Papa tiende a afirmar la catolicidad y cristicidad de la salvación como patente absoluta; en los tiempos actuales de diversidades culturales, ha sido una postura imperturbable y hasta intolerante. Habría que añadir su postura en la Universidad de Ratisbona, mal leída según sus apologistas, sobre la violencia en el islam, que le creó en el otoño de 2006 una verdadera crisis diplomática con el pujante y sensible universo islámico.

En suma, hay, sin duda, nuevos escenarios religiosos después del 11 de septiembre, cargados de perplejidades. Por un lado la sociedad percibe que el pluralismo cultural y religioso es un hecho y al mismo tiempo emergen con furia los fundamentalismos rabiosos que sólo miran hacia atrás. Hay necesidad de un diálogo y de tolerancia hacia la alteridad de las identidades; a pesar de ello, prevalecen la segregación y exclusión por motivos religiosos. Es central trabajar la paz desde nuevos enfoques del pluralismo, la solidaridad, la interculturalidad y la policentralidad porque el neoconservadurismo gana terreno en diferentes sectores sociales, desde las cúpulas de las grandes iglesias hasta sectores de la política, de la economía y de los servidores públicos. Las grandes religiones abrahámicas guardan semillas de intolerancia y soterrada justificación de la violencia que habrá que superar con búsquedas colectivas de coexistencia.

La Jornada, miércoles 14 de septiembre de 2011

Más Sangre en México

septiembre 15, 2011

Entrevista a Bernardo Barranco:

Mientras México vive una de sus peores olas de violencia, en la Ciudad de México miles de personas visitan las reliquias de Juan Pablo II.

La gran atención mediática y los miles de creyentescongregados ante la basilica de Guadalupe, muestran que la Iglesia Católica sigue siendo un factor de gran poder en la sociedad Méxicana.

“Esperamos más de dos horas hoy en la mañana,” dice Luis García. El hombre de 54 años descansa con su esposa y su hija en la plaza frente a la Basílica de la Virgen de Guadalupe, en Ciudad de México. “Hubo mucha gente desde que llegaron las reliquias, y todavía vienen más.”

Y sí es cierto. Miles de personas se forman en filas en la plaza para poder entrar a la basílica. Todos vinieron para ver una sola gota de sangre. Pero no es cualquier sangre: es del difunto Papa Juan Pablo II. Un grupo de reliquias llegó la semana pasada a México ycomenzó una peregrinación que se prolongará  nueve meses por todo México. Las reliquias atraen a miles de visitantes en este país profundamente católico, donde Juan Pablo II goza, incluso después de su muerte, de una extraordinaria popularidad.

Héroe


“Juan Pablo II es un héroe mexicano”, explica el sociólogo Bernardo Barranco, uno de los especialistas más destacados de México en el campo de la religión. “Ningún personaje ha tenido el impacto que tuvo él. Tan sólo en sus dos primeras visitas convocó más de 40 millones de personas.”

Pero la muchedumbre en la basílica también es una señal de que la Iglesia Católica mexicana todavía es capaz de movilizar a los mexicanos. Aunque la iglesia pierde miembros muy rápido, dice Barranco. “El descenso del número de creyentes dentro de la Iglesia Católica mexicana casi fue vertical en los últimos años. Ahora unos 84% de los mexicanos son católicos, una cifra anteriormente impensable.”

¿Cuál es el poder de la Iglesia Católica en el México de hoy? Barranco: “Indudablemente sigue teniendo un importante papel en la sociedad. Tiene una estructura de más de quince mil sacerdotes y una base institucional de cientos de congregaciones. En el ámbito religioso los grupos evangélicos y pentecostales han ganado mucho terreno, pero el peso de la Iglesia Católica principalmente se siente en el ámbito político. Los obispos son verdaderos actores políticos: comen con políticos, van a fiestas con políticos, lo primero que te llega a la miente cuando piensas en un obispo, es que son políticos.”

 Narcolimosna

Y como la clase política en México actualmente se encuentra más y más envuelta en la guerra contra el narcotráfico, en la cual se estima que más de 40.000 personas perdieron la vida desde que el presidente Felipe Calderón decidió mandar miles de soldados para combatir los grupos delictivos en México, tampoco la iglesia puede evitar desempeñar un papel en la actual situación de violencia que sufre el país. En los últimos años surgió el fenómeno de la ‘narcolimosna’: dinero dado a la iglesia por parte de narcotraficantes.Quizás el ejemplo más claro es una pequeña iglesia en la comunidad de El Tezontle, en el estado de Hidalgo, al norte de la Ciudad de México. El pequeño templo causó un escándalo el año pasado, porque cuenta con una placa que indica explícitamente que fue construida con apoyo de Heriberto Lazcano Lazcano, alias ‘El Lazca’, actual líder del grupo delictivo de Los Zetas.

“Si el dinero del narcotráfico ha infiltrado los organismos del estado, también ha entrado a la iglesia”, dice Bernardo Barranco, “Los narcotraficantes viven al filo de la navaja, y por lo tanto se ponen muy fetichistas, un característica que combinan con su antigua religiosidad. Se ha escuchado de sacerdotes extorsionados y hasta de iglesias saqueadas de obras de arte. Pero ahí entramos en un hoyo negro. Es decir, no existen investigaciones y carecemos de datos.”

Revolución
Para Barranco, la Iglesia Católica en México tiene muchos problemas. “La iglesia cuestiona las valores, pero no es autocrítica. Se ha dedicado más a la política y menos a la impartición de los valores. La iglesia ha perdido autoridad espiritual e incidencia religiosa. No tenemos líderes espirituales. Lo que la iglesia necesita es una revolución adentro; realmente tener interés por la gente. Son muy escasos los sacerdotes y obispos comprometidos con su pueblo.”

Pero mientras esta revolución no se lleve a cabo, reliquias como las de Juan Pablo II, según el sociólogo, son una medida de la Iglesia Católica para mantener su influencia. “Reliquias son una prolongación de un culto en tiempos de crisis: pederastia, caída vertical en la membresía, un papa como Benedicto XVI que no tiene mucho empuje o fuerza. Le hace muy bien a la iglesia”.

Radio Nederland, 21 de agosto de 2011

 

México: laboratorio de la violencia

septiembre 15, 2011
México: laboratorio de la violencia
Bernardo Barranco V.

Muerte y brutalidad son representaciones vivas que definen el México contemporáneo. Los hechos y fenómenos sociales que, por su significación y frecuencia, caracterizan a una época a través de los cuales se expresan las necesidades y las aspiraciones de una colectividad es lo que en el mundo cristiano se llama: signos de los tiempos. Juan XXIII recuperó esta vieja noción bíblica para convocar a un nuevo concilio.

La violencia, la inseguridad y la zozobra son elementos que conforman nuestra realidad cotidiana actual. Los ciudadanos vivimos bajo el terror de una violencia desatada bajo el signo de la muerte. No sólo están las 50 mil personas asesinadas, hecho de suyo lamentable, sino la extinción de los signos vitales de una sociedad que hasta hace muy poco se presumía sana. Percibimos, efectivamente, indicios de descomposición de un cuerpo social que ha ido sucumbiendo a los tumores cancerosos de la violencia, la corrupción y la impunidad. Padecemos la violencia como una patología social.

Las comunidades humanas se organizan en torno a acuerdos sociales, impregnadas a su vez de tradiciones morales, normas éticas que se plasman en reglas jurídicas como base de la convivencia armoniosa y sustento de su propia supervivencia.

La irrupción de la violencia en el México moderno ha trastocado las formas de sociabilidad; la violencia en sí, sea la del crimen organizado o la institucional, es por naturaleza excluyente. La violencia es exclusión no sólo porque somete o desaparece algo o a alguien, sino porque se transgrede conscientemente el orden establecido. ¿Se podría decir que el ser humano por naturaleza es violento? ¿Y que todas las normas morales, éticas y jurídicas están establecidas para controlar, administrar y contener esa violencia?

Pongámoslo de otra manera. Hay una relación radical entre moral y violencia; la moral no existe solamente porque los seres humanos sean violentos, sino porque son capaces de distinguir lo correcto e incorrecto, lo bueno y lo malo, lo justo y lo injustificable. La moral y la violencia surgen de una tensión de significados en un espacio de sentidos donde se  reconoce a la inclusión como condición de supervivencia de los grupos humanos y personas que integran la sociedad. La violencia y la prevaleciente cultura de la muerte son responsabilidad de todos nosotros como sociedad, pero las clases dirigentes tienen la mayor exigencia y peso en el proceso de degradación que vivimos; incluso las propias iglesias que se llenan la boca ahora, condenando la violencia y la ausencia de valores.

Las teologías de la muerte han exaltado el martirio como prueba. La experiencia de la cruz como signo de sufrimiento y sometimiento, pero al mismo tiempo el sacrificio como signo de triunfo de la vida sobre el mal. México sufre como Job en la Biblia. El concepto vida en el judaísmo, olam habáh, o mundo por venir, es una noción fundamental equiparable a la inmortalidad del alma; igualmente en el Islam se proclama la vida eterna como triunfante sobre la muerte que sucederá a la resurrección y al juicio.

La religión de Jesús, en particular su alianza, es un pacto de vida en la tradición de muchos cristianos.  Él ha venido –dice el Nuevo Testamento–: para que tengan vida y la tengan en abundancia (Jn. 10,10). Por ello el tema de la vida es crucial para muchos movimientos religiosos cristianos, tanto conservadores como progresistas, como signo distintivo del discipulado de Jesús es condensado en el profeta Jeremías, quien plantea: Así dice Yahvé: practiquen la justicia y el derecho, liberen al oprimido de manos del opresor, no exploten al emigrante, al huérfano y a la viuda, no derramen sangre inocente en este lugar (Jer. 22, 3). En estas religiones, sus sectores más conservadores y radicales reprochan a la modernidad haber vaciado la historia de los valores y de la moral social religiosa, exaltando, por el contrario, los derechos del individuo.

La consecuencia más dramática de la exacerbación del individualismo no es tanto el nihilismo, como Nietzsche había previsto, sino el crepúsculo del deber, expresión de Gilles Lipovetsky para referirse a la la ética indolora de los nuevos tiempos democráticos (Le crépuscule du devoir, París, Éditions Gallimard, 1992). Esta concepción está abriendo el camino a las más variadas formas de violencia, desde la sutil hasta la multifacética brutalidad; según este enfoque, la violencia brota espontáneamente de la frustración casi sistemática de las expectativas forjadas como necesidades de realización materiales, y por esto es aún más atroz como resultado de las injusticias, de la monotonía y del vacío creado por la búsqueda frenética de satisfactores. Solución: el regreso casi teocrático a los valores religiosos.

El indignante acontecimiento en el casino Royale de Monterrey nos lleva a lamentar el costo de vidas inocentes. Nos lleva a preguntarnos nuevamente por la estrategia de seguridad. Con desespero presenciamos la incapacidad de la clase política para enfrentar  con generosidad un reclamo generalizado de la sociedad. Los políticos medran con sus negociaciones y pactos de poder, cálculos electorales y posicionamientos de grupos, postergando soluciones reales; hemos visto, escuchado y leído lamentos por este hecho como si fueran ajenos a lo que ahí sucede. Es necesario fortalecer una cultura de la vida, la cual se construye con educación y la promoción de los valores de los derechos humanos; impulsar los principios de la no violencia, inspirados en Mahatma Gandhi y Martin Luther King, así como fomentar las significaciones éticas de una sociedad laica y tolerante.

México no aspira a ser territorio de guerra ni un contradictorio laboratorio social del asesinato ni de la violencia. Se requieren ya acciones políticas.

La Jornada, miércoles 31 de agosto de 2011

 

En Reliquias Iglesia busca identificación con mexicanos: Barranco.

septiembre 15, 2011

En Reliquias Iglesia busca identificación con mexicanos: Barranco.

Denise Maerker
19 de Agosto, 2011

El experto en temas religiosos, Bernardo Barranco manifestó que la presencia del Papa era tan importante, fuerte y marcante en México, que el traer un tubo con sangre y objetos personales de Karol Wojtyla, es seguir “dando cuerda” y alargar esta influencia y relación, después de 6 años de su muerte.


Bernardo Barranco, especialista en temas religiosos, considero que mediante las Reliquias Peregrinas del Papa Juan Pablo II, el Episcopado y la Iglesia Católica, expresan su necesidad de encontrar algún tipo de identificación con la mayor parte de la población.

Agregó que evidentemente, la presencia del Papa era tan importante, fuerte y marcante en México, que el traer un tubo con sangre y objetos personales de Karol Wojtyla, es seguir “dando cuerda” y alargar esta influencia y relación, después de 6 años de su muerte.

“Como Juan Pablo II fue tan importante en México, la Iglesia Católica quiere seguir prolongando esta relación tan estrecha pueblo mexicano-Juan Pablo II, en torno a un tema candente, moderno como es el tema de la violencia y la paz”, refirió.

No obstante, el crítico aseguró que este hecho, cuenta con una fórmula y encanto, pese a calificar como “macabro” la conservación de dichas reliquias en pleno siglo XXI, a través de las cuales se adora a un santo, dijo.

En entrevista para la espacio “Atando Cabos”, Barranco declaró que con el discurso del Episcopado, de encontrar la reconciliación, desde una perspectiva de paz, las reliquias visitarán los lugares del país, en los que se ha registrado mayor violencia.

“Van a estar ahí y van a ser pretexto para que se desarrolle algún tipo de actividad religiosa, sería un poco la lógica con la que van a estar hasta diciembre”, manifestó.

En este orden de ideas, recordó que en la edad media se utilizaban objetos, como huesos de santos, mismos que eran venerados; no obstante destacó que en la actualidad, la sociedad continúa coleccionando reliquias, como la vestimenta de Marilyn Monroe, la casaca de Michael Jackson o las cantidaes millonarias que se pagan, por ejemplo el icono auto de James Bond.

“La lógica es la misma, rescata una tradición medieval en la que se sigue exaltando un personaje ido”, apuntó.