Archive for 13 mayo 2011

Este país vive una crisis ética sin precedentes

mayo 13, 2011
Este país vive una crisis ética sin precedentes
Bernardo Barranco V.

Estuve en el Zócalo este domingo 8 de mayo, horas antes de que llegara la caravana encabezada por Javier Sicilia. Desde las dos treinta, con el sol a plomo, escuché los estrujantes testimonios de decenas de personas que, además de haber padecido violencia o pérdidas familiares, sufrieron la corrupción e impunidad de las autoridades; varias veces los ojos se me enrojecieron y la garganta se me apretaba por el llanto contenido. Son testimonios de un país fracturado: ¿cómo es posible haber llegado a esto?, se preguntaba un atormentado padre del estado de Guerrero, que aún busca a su hija desaparecida y que airadamente reprocha el autismo de una clase política aclimatada en el confort de sus privilegios. La gente estaba muy enojada, miles de gargantas coreaban mezclando con despecho entre: fuera y muera Calderón. La dolorosa pérdida de Javier Sicilia es, al mismo tiempo, la experiencia de miles de familias desgarradas que han llorado pérdidas y han cargado con un país torcido. Las víctimas no son sólo aquellos que de manera directa han padecido la violencia y la zozobra, de alguna manera todos hemos sido heridos por una absurda guerra en un México que ha venido perdiendo el rumbo. Vivimos en una crisis ética sin precedentes en este país; el drama de Javier ha detonado una enorme ola social de indignación y hartazgo que va más allá de la inseguridad y de la violencia que ha invadido nuestro entorno cotidiano. Esta ola puede convertirse en un incontrolable tsunami, siguiendo al antropólogo Roger Bartra, de la implosión a la explosión social. Además de reconstruir tejido social, se necesita un proyecto común, como dice Sicilia, que enderece el rumbo de una nación herida.

Es necesario conservar entereza, evitar enrutarse en diagnósticos alarmistas y entender con serenidad los principales ejes de nuestra actual encrucijada. Javier Sicilia apuntó a los responsables de esta madeja, a los señores de la política, los del crimen, y añadiría a los señores del dinero y los señores de los medios. El ciudadano común tampoco puede eximirse de su responsabilidad. Sin embargo, estamos ante una evidente pérdida de autoridad moral de los principales actores que conducen y simbolizan el rumbo de la nación: la Presidencia, los gobernadores, los actores legislativos y de justicia, los empresarios, los líderes gremiales, las jerarquías religiosas. Existe un claro desencuentro político. Es notorio el terreno pantanoso entre la regresión y el dudoso desempeño de las instituciones democráticas, como los tribunales, los institutos electorales, de derechos humanos, de transparencia, los partidos, con la emergencia de una cultura de la invisibilidad. Desde la cañería del sistema se pactan acuerdos, la clase política va tasando la realidad por cuotas de poder, repartos voraces y equilibrios imperfectos. Es el reino de los intereses particulares; estamos bajo el imperio de grupos cuyo móvil es el provecho propio. Sólo hay retazos, parcelas e intereses políticos que se definen desde la lógica electoralista y que están llevando a la deconstrucción de la propia democracia. El narco y la violencia florecen porque la sociedad está fracturada.

La relación entre la ética y la política es un debate antiquísimo; se le ha rehuido por ser uno de los temas más espinosos por la falta de consenso sobre los parámetros del debate público. Es un debate filosófico que se antoja fuera del alcance de nuestra clase política, intelectualmente pobre. La idea de crisis debe hacer referencia a la crisis de valores y a las huellas en la historia del pensamiento, es decir, al incesante cuestionamiento de los valores. Caracterizar nuestra dramática circunstancia como una crisis de ética consiste en tomar una posición con respecto al significado que le atribuye a la ética. En su texto La política como vocación, Max Weber aborda la cuestión definiendo dos vectores, por un lado, lo que llamó la ética de la convicción y la otra, ética de la responsabilidad, esto es, las perspectivas en que se asumen las consecuencias de las decisiones y acciones. La ciencia política ha avanzado mucho en el terreno teórico, por lo que las propuestas weberianas son, para muchos, simplistas. Kant se coloca en el extremo, converge a la idea de que toda la actividad humana práctica debe estar sujeta a un máximo de imperativo moral. Hegel rechaza el moralismo político y la subordinación kantiana de la política a la moral, pretende recuperar la construcción histórica de la subjetividad moral moderna, es decir, la ética. Lamentablemente, la clase política mexicana no cubre estos principios básicos ni mucho menos la vocación de la política como servicio. En su pragmatismo extremo, los políticos profesionales han perdido identidad, tradición y memoria. Los partidos se han mimetizado al grado de que los ciudadanos votan más por las cualidades de los candidatos que por las convicciones o tradiciones políticas. Igualmente la responsabilidad social se ha perdido; nadie se hace responsable de nada ni de sus actos. La impunidad impera. Por ello los testimonios del domingo sobre las víctimas están cargadas, con toda razón, de rabia contenida. El movimiento social que encabeza Javier Sicilia es fundamentalmente ético y, por supuesto, es altamente político. Nos invita a recuperar una tradición perdida y un debate más que necesario de la relación entre ética y política, entre la ética de la responsabilidad y la vocación política.

Beatificación entre expedientes humeantes

mayo 10, 2011

Entrevista a Bernarnardo Barranco

Revista Siempre!

30 de abril de 2011

Antonio Cerda Ardura

Tras la beatificación de Juan Pablo II, este 1 de mayo, encabezados por el papa Benedicto XVI, los fieles que asistieron al Vaticano a rendir tributo al anterior pontífice, fallecido el 2 de abril de 2005, a los 85 años de edad, marcharon en procesión, desde la Plaza de San Pedro hasta el interior de la basílica, donde, ante el Altar de la Confesión, esperaba el féretro del hombre que guió a la Iglesia católica durante casi tres décadas.

La proclamación de Juan Pablo II como beato, es decir, como un virtuoso que puede ser venerado por creyentes, específicamente en este caso por los de Roma o Polonia, el país natal de Karol Wojtyla, logró reunir en el corazón de la Iglesia católica no sólo a miles de personas de todo el mundo, sino al agua y el aceite mexicanos: el presidente Felipe Calderón y el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, quienes sólo así hicieron un alto en su gran disputa, uno por conservar la silla presidencial para su sucesor designado, sea del PAN o independiente, y otro por reconquistarla para el PRI.

Pero está celebración no sólo ha tenido esos detalles, sino que, en opinión del sociólogo Bernardo Barranco, experto en religiones, la beatificación de Juan Pablo II ha sido hecha al vapor y, lo peor, sobre expedientes candentes y humeantes que en cualquier momento podrían estallar y costar caro a la curia vaticana.

Entre los casos más delicados en estos pendientes, dice Barranco, en entrevista con Siempre!, se encuentra el del cura pederasta Marcial Maciel, de quien se sabe públicamente que fue protegido del extinto vicario de Roma.

Beatificación al vapor

¿Qué significa para la Iglesia católica la beatificación de Juan Pablo II?
Tengo una postura muy crítica frente a esa beatificación, porque me parece que ha sido muy apresurada. El actual pontífice motu proprio se brincó reglas y protocolos que obligaban a que, a partir de los cinco años del deceso del fiel, se iniciara el proceso de beatificación. No obstante, a los dos meses de que murió Juan Pablo II, el papa Benedicto XVI inició este proceso, de manera que ahora hay riesgos muy grandes porque no hablamos solamente de un hombre de fe, un creyente o un místico, como la Madre Teresa de Calcuta, sino de un hombre de Estado que pudo haber tomado decisiones, probablemente polémicas, erróneas o agraviantes. En ese sentido, pueden surgir casos que podrían poner en entredicho el rigor de la beatificación del papa Juan Pablo II. Y le recuerdo un ejemplo, el caso de Pío XII. ¿Qué hubiera pasado si a Pío XII lo hubieran beatificado inmediatamente, como a Juan Pablo II, y después salen documentos que ponen en evidencia o entredicho su papel frente a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, o con esa polémica en torno a si colaboró o no con los nazis, o respecto a que si pudo haber tenido una actitud más propia en la defensa de los derechos humanos de los judíos? [Nota del autor: El libro El Papa de Hitler: la historia secreta de Pío XII, de John Cornwell, acusa a este papa, Eugenio Pacelli o Pío XII, de antisemitismo y de silencio ante el Holocausto]. Es decir: el jefe de Estado, Juan Pablo II, tiene muchos expedientes, en muchos aspectos, que van a ser evaluados.

El más famoso podría ser el caso de Marcial Maciel.

El más famoso es el caso Maciel, aunque no es el único: está el caso de su papel en la Guerra Fría y en la caída del Muro de Berlín. Marco Politi y Carl Berstein, en su muy famoso libro, Su Santidad, insinúan acciones encubiertas, alianzas con la CIA, con Ronald Reagan, etcétera. Están los aspectos de la represión que desata Juan Pablo II contra los derechos humanos y religiosos de muchos actores al interior de la Iglesia progresista, llámense Teología de la Liberación, en América Latina, o hasta teólogos que buscaban nuevas síntesis en términos de ética cristiana y sexualidad. En otras palabras, el papa anterior tiene algunos expedientes candentes, humeantes, como para poder, de un plumazo, hablar de una heroicidad de fe. Está también pendiente el tema de la mujer al interior de la Iglesia, en fin… Sin embargo, lo que hoy más ruido hace, sobre todo por los ecos y la crisis tan grande que tuvo la Iglesia, es, indudablemente, el caso de Marcial Maciel.

El mismo proyecto

¿Este expediente, que en el futuro podría estallar, nos indicaría que quien tuvo mucha prisa en esta beatificación fue Benedicto XVI? Suponemos, porque así se ha visto, que la figura de Juan Pablo II le ha pesado demasiado como para dejarlo ser.

Creo que el actual papa fue equipo con Juan Pablo II. El cardenal Ratzinger fue su intelectual de cabecera. Me parece que Benedicto XVI comparte un mismo proyecto de una Iglesia omnipresente, de una perspectiva ecleciocéntrica de la historia: la Iglesia en el centro de la humanidad. Tal vez la distancia que ha tomado Benedicto XVI es en las formas: no es viajero, ni carismático, ni mediático. Al contrario, es más bien tímido, conceptual, es un papa teólogo. Sin embargo, el proyecto es el mismo. Yo más bien pienso que la crisis tan grave que la Iglesia católica vivió a nivel mundial, en el 2010, fue tal, que su sacudimiento es sólo comparable con la crisis de la Reforma: las grandes escisiones cristianas del movimiento de Lutero, el gran desprestigio que tuvo la Iglesia católica, es muy semejante a lo que se ha vivido en 2010. A diferencia de que la crisis de Reforma fue europea, la de 2010 fue planetaria. Y los medios de comunicación dieron testimonio, día a día, de una debacle de la autoridad moral de la Iglesia católica. Frente a eso, entonces, Juan Pablo II es como el regreso a un cierto glamour, a una cierta actitud, a una Iglesia que se ha ido.

Imagino que el pecado más grave que pudo haber cometido Juan Pablo II, además de haber protegido sistemáticamente a pederastas como Maciel, ha sido el haber creado una ilusión de una Iglesia triunfalista. A través de su gran capacidad de convocatoria, el papa Juan Pablo II creó una burbuja ilusoria en donde se veía a una Iglesia de masas, potente, imperial, de espectáculo, y central, que podía transmitir verdades absolutas a un mundo incierto, y que sus verdades absolutas eran inamovibles. Esa burbuja, con Benedicto XI, se revienta. ¡La Iglesia queda, cara a cara, con el rostro de su propia miseria! Esa miseria es de una institución cuya normatividad, cuyo corpus está siendo rebasado por una diversidad complejísima de la sociedad contemporánea, por prácticas sociales a las cuales el planteamiento de la Iglesia tradicional no les dice nada. Entonces, la beatificación, y así lo han declarado algunos obispos, como el cardenal de Lima, Perú, Juan Luis Cipriani, es como el intento de una recuperación religiosa: el volver, con cierta nostalgia, a esas viejas épocas idas de glamour, a esas viejas épocas de triunfalismo.

Nostalgia

¿Esto significa que a Juan pablo II la Iglesia católica lo toma como una especie de liana, o una tabla de salvación?
Hay mucha nostalgia, como le he dicho, de aquel viejo glamour, de esa vieja grandeza que el Papa formó, probablemente de manera artificial, por su carisma, por su capacidad de convocatoria, por las innovaciones que él introdujo, como el ser viajero y tener la habilidad de comunicación con las diferentes culturas. La Iglesia se ve muy nostálgica de esa grandeza que se ha ido y la beatificación nos va a dar una probadita de esa misma grandeza que tuvo el papa Juan Pablo II, es decir, de la fastuosidad de los ritos, la simbología y los gestos en una ceremonia solemne. Y siento que el actual pontífice lo que busca es afianzarse, porque ahí, en las aguas internas, él lo ha dicho muy bien, están los enemigos más peligrosos. Así que identificarse con Juan Pablo II es afirmar su rol como papa, es afirmar su papel como conductor de la Iglesia, que ha sido muy sacudida por la crisis.

A nivel de la curia, en donde el caso Maciel ha puesto al descubierto corrupción, hay mucho nerviosismo. Lo que quiere la vieja curia que acompañó a Juan Pablo II es que se santifique no sólo al personaje, sino su pontificado. Ellos quieren blindarse.

Para lo que venga.

Escudarse y protegerse de futuros escándalos, que están en puerta, sobre el manejo de los dineros, sobre su comportamiento faccioso, pero, sobre todo sobre la corrupción que ha imperado en el Vaticano. Entonces, podemos decir que, además de un evento religioso de reconocimiento mundial a un personaje que, indudablemente, tuvo una fe muy profunda, lo que estamos viendo son entramados de intereses que giran en torno a la figura de un papa que murió hace seis años.

Revista Siempre!, 30 de abril de 2011

Balance de la Beatificación del Juan Pablo II

mayo 5, 2011

El domingo primero de mayo, la plaza de San Pedro lucía pletórica. la mancha de un millón y medio de personas se extendía hasta la Vía de la Conciliazione y las calles alternas a città del Vaticano , estaban literalmente abarrotadas. Miles de personas estando tan cerca tuvieron que ver la ceremonia de beatificación a través de las pantallas gigantes colocadas en lugares estratégicos. Era una romería multicultural en la que destacaban jóvenes de todas partes del mundo. Juan Pablo II sigue atrayendo multitudes aun después de seis años de muerto, la curia romana regresaba a las viejas fórmulas del espectáculo litúrgico y a los majestuosos eventos masivos que tanto gustaban al ahora beato Juan Pablo II. Pero después de tanto ruido mediático, tinta y diversas opiniones, ¿qué balance podemos hacer? Le propongo 4 puntos concretos:

1.- Beatificación de Estado. El Vaticano ha llevado a cabo un proceso canónico de beatificación apresurado. Como todos sabemos se saltó su propia normativa y protocolos, para elevar a los altares a un ícono católico como lo fue el papa Wojyla. Privilegió la fe y la espiritualidad del personaje sobre el carácter de jefe de estado, el hombre político, el gobernante cuyo poder ejerció  durante 27 años. Separar al hombre de fe del jefe de Estado es equivalente de separar a Karol Wojtyla del Papa Juan Pablo II. La precipitación conlleva riesgos.

2.- Nostalgia por el Glamur perdido. No solo hay una dimensión religiosa, la beatificación fue un acto político. Después de la crisis 2009-2010, provocada por los escándalos de pederastia, la curia ofreció en este evento un signo de recuperación y de reposicionamiento del terreno perdido.  No solo hay la exaltación al héroe de la fe,  también se exaltan   las fórmulas que el propio Juan Pablo II impuso; esto es, de una Iglesia que convocaba masas, que se mostraba triunfalista, una Iglesia mediática,  avasalladora, majestuosa e imperial. Probablemente Benedicto XVI, tan tímido y parco cambie de estrategia ante el éxito apoteótico del domingo primero de mayo.

3.- Papel patético de los medios electrónicos de comunicación. Junto con la boda real, los medios principalmente televisivos hicieron su agosto. A la beatificación,  las grandes cadenas y canales, presentaron coberturas directas y especiales. Desde Roma enlazaban transmisiones exaltando testimonios, hechos, anécdotas y estadísticas del personaje. Particularmente la televisión mexicana  se caracterizó por sobre adjetivar las virtudes de Juan Pablo; de manera acrítica nos vendía a un héroe y a un santo. Se aclamaban las emociones sobre la razón; el personaje opacaba su circunstancia y el análisis crítico estuvo ausente. Los conductores parecían convertirse en telepredicadores  baratos. Preocupante en verdad el rol ideologizado que trasgrede, incluso,  el carácter laico del Estado.

4.- ¿A que fue el presidente Calderón? Hasta ahora, ningún presidente mexicano ha ido a la Santa Sede para asistir a un acto o ceremonia religiosa. Que un presidente, en lo privado,  concurra a un acto litúrgico de su religión no es novedad ni debe ser censurable,  pues se debe respetar su libertad religiosa. El problema es la torpeza con que la Secretaría de Relaciones Exteriores fundamentó la visita del presidente, para “fortalecer las relaciones con el Estado Vaticano” y sobre todo salvaguardando el carácter laico del Estado. Hubo evidentemente un interés político de reacercamiento con la jerarquía católica y los intereses electorales del 2012 priman. Particularmente el presidente Calderón quiere nuevamente congratularse con la jerarquía católica que ha visto con desconfianza su acercamiento entusiasta al grupo evangélico ultraconservador Casa sobre la Roca . En los escasos cuarenta segundos que tuvo contacto con el pontífice, Calderón, de manera dramática le invita a México porque estamos sufriendo la violencia. “Santo Padre echemos una manita”, en buen castellano y así de milagrero se muestra nuestro presidente.

4.- Beatificación impugnada. Personas indignadas con el proceso de beatificación, le han entregado a José Barba, Alberto Athié y Fernando González un expediente de 212 documentos,  desde los archivos secretos del Vaticano, sobre Marcial Maciel y Los legionarios, que van desde los años cuarenta hasta el 2002. Ahí se muestra documentalmente el encubrimiento de sistémico de las estructuras hacia los pederastas y degenerados clericales. La acusación va más allá de Juan pablo II y  pone en duda el rigor con que el dicasterio de la causa de los santos condujo el proceso al negar evidencias que ahora se descubre que están en sus propios archivos.

El panteón de los beatos y santos son reminiscencias del viejo politeísmo de la antigüedad. Sus personajes son modelo de creyentes a imitar y al mismo tiempo son objetos de veneración. Ninguno ha sido un ser perfecto e inmaculado. El caso de la beatificación de Juan Pablo II, es notable el uso político que la Iglesia católica hace de su exaltación. El papa Benedicto no se atreve a buscar nuevas síntesis de relación entre la fe y la cultura contemporánea que es el verdadero nudo de la crisis católica, por ello recurre a la viejas fórmulas probadas  de burbujas mediáticas. Vira hacia atrás y recurre a la nostalgia.

Versión original,

Milenio Estado de México, jueves 5 de mayo de 2011

Sólo cuestión de tiempo para que JPS sea Santo:Barranco.Con Paola Rojas

mayo 3, 2011



2 de Mayo, 2011

El sociólogo Bernardo Barranco, indicó que los documentos que surgieron este fin de semana, en torno a que ya se sabía de una conducta ilícita de Marcial Maciel desde la década de los 50, sólo mostraron las luces y sombras de una beatificación que sin duda con los archivos secretos de El Vaticano, se vuelve aún más polémica.


El sociólogo de las religiones, Bernardo Barranco, indicó que sólo es cuestión de tiempo para que Juan Pablo II, quien fuera beatificado este domingo, por el papa Benedicto XVI en la Plaza de San Pedro en El Vaticano, sea santificado.

En entrevista con Paola Rojas, Barranco, mencionó que por lo pausados que son los tiempos de la Iglesia, es posible que esto suceda en cinco, 10 o tal vez 15 años, ya que dijo, no creer en que la iglesia se precipite en este nuevo proceso.

Asimismo, enfatizó en que la jornada de ayer con motivo de la beatificación del Pontífice, estuvo llena de símbolos, con una liturgia impecable y con gran emoción por parte de los asistentes, no sólo de Roma, sino de todas las partes del mundo católico.

Por otra parte, consideró a Juan Pablo II, como un personaje muy importante que dejó huella honda en la vida de los católicos, sobre todo porque logró hacer un cambio de un estilo rígido y acartonado, en el que el Papa en turno, era prisionero en Roma y se movía muy poco, a un estilo abierto, de contacto, de escucha y vínculos con las culturas que visita sus más de 100 viajes.

Lo cual, dijo, hizo de Juan Pablo II, no sólo el personaje más querido, sino uno de los más importantes del siglo XX.

Respecto a los documentos que surgieron este fin de semana, en torno a que ya se sabía de una conducta ilícita por parte de Marcial Maciel desde la década de los 50, el especialista, refirió que con ello, sólo se mostraron las luces y sombras de una beatificación que sin duda con los archivos secretos de El Vaticano, se vuelve aún más polémica, ya que esto no sólo involucra al propio Juan Pablo II.

Agregó, que con los documentos se muestra un encubrimiento estructural y sistémico, en el sentido de que ponen en evidencia muchos aspectos que ya se sabían, pero de los cuales no se tenía una documentación concreta y precisa.

Presidentes mexicanos y Papas: relaciones de escándalo

mayo 3, 2011




Arturo Rodríguez García
Proceso
MÉXICO, D.F. 29 de abril (apro).- Los encuentros entre presidentes mexicanos y Papas han sido escandalosos, pues pese a la histórica separación entre el Estado mexicano y la religión, han aprovechado la influencia religiosa papal para fines personales e incurrido en excesos durante las últimas cuatro décadas.

La reforma juarista en el siglo XIX y la “guerra cristera” en la segunda y tercera décadas del siglo XX derivaron en violencia y en una separación Iglesia-Estado elevada a rango constitucional. Fue Carlos Salians de Gortari, en 1992, el presidente mexicano que decidió restablecer las relaciones diplomáticas con El Vaticano.

Sin embargo, durante todo el siglo XX, la jerarquía religiosa mexicana, en especial la católica, insistió en la modificación de varios artículos constitucionales: El 3 (sobre educación laica), 5 (sobre garantía de libertad), 24 (sobre el culto), el 27 (que prohibía a la Iglesia pudiera tener bienes) y el 130 (de separación Iglesia-Estado).

Salvo el artículo 3, las reformas se alcanzaron en 1992, con el régimen salinista, cuando también se aprobó y entró en vigor la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público.

No obstante la ausencia de relación diplomática, los contactos entre los presidentes mexicanos con El Vaticano, se mantuvieron mucho antes que la reforma salinista y fueron ampliamente comentados desde que Luis Echeverría visitó la sede católica en 1974.

En entrevista con Apro, el experto en religiones Bernardo Barranco recuerda la polémica desatada con el primer contacto público de un presidente mexicano con un Papa: La visita de Luis Echeverría al Vaticano, en 1974, cuando acudió ante Paulo VI, con el propósito de agradecer su apoyo para la Carta de los Derechos y Deberes Económicos de los Estados, conocida comúnmente como Carta del Tercer Mundo.

Sin embargo, la primera vez que un contacto de esa naturaleza detonó un escándalo político, fue durante la primera visita de Juan Pablo II a México en 1979.

Barranco refiere la primera visita del sumo pontífice en enero de 1979, cuando era presidente José López Portillo, quien, a juicio del investigador, “reveló la hipocresía de la clase política mexicana”.

El mandatario recibió al Papa en el hangar, lo saludó y le dijo: “Lo dejo con la feligresía”, acentuando así la cortesía política con una sana distancia Iglesia-Estado.

En esa ocasión, por primera vez en muchos años, el gobierno autorizó una misa al aire libre que, también por primera ocasión, se transmitió por televisión; pero lo que más escandalizó fue una de las excentricidades al estilo López Portillo, pues consiguió que la gira se detuviera en Los Pinos, la residencia oficial, para que el Papa oficiara una misa ahí, a fin de satisfacer un capricho de su madre.

Expuesto en la opinión pública, López Portillo minimizó las complicaciones legales y políticas derivadas de la ausencia de relaciones diplomáticas y, ante las críticas a la recepción en la residencia oficial, tuvo un desplante más: respondió diciendo que pagaría de su bolsillo la sanción prevista en la ley, por violar la laicidad del edificio público.

El secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles, herido en su liberalismo juarista, renunció al gabinete.

Para Carlos Salinas de Gortari el reproche fue “por lo animoso, mimoso y dulce de su conducta, en palabras y como gran patrocinador de la faraónica visita de Juan Pablo II en 1990, que constituyó el preámbulo para los cambios constitucionales de 1991 (sobre la relación Iglesia-Estado)”, dice Barranco.

Respecto a Ernesto Zedillo, el investigador afirma que tomó distancia. Tan indiferente fue a la Iglesia que llegó a tener problemas diplomáticos cuando, en enero de 1996, estaba por iniciar una gira por Italia sin haber incluido al Vaticano.

La cancillería quiso agregar la visita al Vaticano de última hora para una salutación a Juan Pablo II, quien ya tenía programada una gira en el extranjero, a la que debieron hacerle ajustes.

Empantanados en los yerros diplomáticos, el Papa  regaño a Zedillo públicamente.

“El momento más crujiente fue con Vicente Fox, en la última visita de Juan Pablo II, un Papa disminuido, cansado y enfermo, que vino a canonizar a Juan Diego en 2002. El escándalo fue porque Fox se hincó y le besó la mano”, recuerda Barranco.

Ese exceso de Vicente Fox fue justificado por el entonces secretario de Gobernación, Santiago Creel Miranda, quien sostuvo que al arrodillarse y besarle la mano a Karol Wojtyla, Vicente Fox hizo uso de su libertad religiosa, sin hipocresías.

En el caso de Vicente Fox, que asistió a las exequias de Juan Pablo II en abril de 2005, no hubo polémica, pues el presidente acudió a los funerales de otro jefe de Estado, como lo hicieron decenas de líderes mundiales.

Eso no ocurre esta vez con Felipe Calderón. La polémica, aunque menos estridente que las de sus predecesores, en relación a su viaje al Vaticano, es por la forma en que la Oficina de la Presidencia de la República y la cancillería, justificaron, en la calidad de jefe de Estado, la asistencia del presidente a un acto netamente litúrgico, en compañía de su esposa.

Fuente: Proceso

“Juan Pablo II cimbró al sistema político de México”

mayo 3, 2011

Cuatro presidentes de México recibieron al ahora beato para acercarse también al pueblo

José Luis Ruiz y Natalia Gómez

El Universal

Había violado las leyes. No merecería la cárcel, pero sí una multa por pasear por las calles con vestimentas inapropiadas y provocar manifestaciones prohibidas. Sin embargo, el presidente José López Portillo salió en su defensa: “Yo pago la multa”. El papa Juan Pablo II había sido el infractor de esta historia en enero de 1979, durante su primera visita a México.

Había violado las leyes porque en el país estaba prohibido andar por las calles con hábitos religiosos y realizar cualquier manifestación pública de fe. El Sumo Pontífice rompió las normas que provenían de los principios revolucionarios, pero de manera especial de la Guerra Cristera entre 1926 y 1929.

Las leyes fueron rebasadas y se impuso la realidad. Durante casi siete días de visita a México se movilizaron 20 millones de personas en actos públicos para encontrarse con el Santo Padre, quien hacía tres meses había asumido su pontificado. El objetivo del Papa en ese entonces era asistir a la tercera conferencia del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), que se llevaría a cabo en Puebla.

Para los especialistas en religión, el desbordamiento del pueblo mexicano en expresiones de fe demostraron a los políticos que esas leyes habían quedado obsoletas. “Su presencia echa por tierra versiones que señalaban que la visita del Papa develaría el anticlericalismo y la decadencia de la Iglesia”, dice Jorge Traslosheros, del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM.

“La comunión tan especial entre Juan Pablo II y los mexicanos cimbró al sistema político mexicano”, comentó Bernardo Barranco.

México se convulsionaba. Para los investigadores la década de los 80 y su cambio en la cultura política provocó varias modificaciones importantes en la relación Iglesia-Estado. En 1988, Carlos Salinas gana la presidencia en medio de versiones que acusan un fraude.

La falta de legitimidad, dice Barranco, obliga a Salinas de Gortari a apurar el acercamiento con la Iglesia previo a la segunda visita a México de Juan Pablo II en 1990. México y la Santa Sede todavía no tenían relaciones diplomáticas, pero el Santo Padre fue recibido en tierra azteca como el líder universal de la Iglesia católica.

En 1992 se establecen relaciones diplomáticas entre México y la Santa Sede, luego de que las reformas al artículo 130 de la Constitución y la entrada en vigor de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público en ese mismo año reconocían la personalidad jurídica de las asociaciones religiosas.


Fue el presidente Zedillo quien invitaría al pontífice por primera vez en su calidad de jefe de Estado. Esa fue la cuarta visita del Papa, recordada por su inolvidable presencia en el Estadio Azteca, pero sobre todo por la proclamación que hizo en el Cerro de Tepeyac a su virgen morena para elevarla como la reina de toda América.

Para 2000, el cambio de partido en el gobierno trajo un mayor acercamiento con la Santa Sede, debido a que Vicente Fox habría ganado las elecciones por el PAN, muy cercano a la Organización Demócrata Cristiana de América.

Apenas había descendido del avión de la aerolínea TACA, el 30 de julio de 2002, y el presiente Vicente Fox se inclinaba para besar el anillo papal de Juan Pablo II en su quinta y útima visita a México. Sólo llevaba dos años como presidente y ya los escándalos minaban la popularidad obtenida al derrotar al PRI.

La fervorosa recepción arrancó simpatías, pero también duras criticas, ya que Fox ignoró lo dispuesto en la Constitución sobre la separación entre Iglesia y Estado. Esto nunca lo intimidó. Durante su mandato siempre defendió su formación religiosa y lo refrendaba al rematar sus discursos públicos con: “Que Dios los bendiga”.

Lunes 02 de mayo de 201, El Universal 

El Presidente en el Vaticano, ‘Los políticos amenazan el Estado laico’

mayo 3, 2011


Entrevista . Bernardo Barranco: sociólogo especialista en religiones. La asistencia de Felipe Calderón a la beatificación de Juan Pablo II no viola la Constitución, pero fue mal justificada por la Presidencia de la República

Karla Garduño Morán

(1 mayo 2011).- La visita de Felipe Calderón al Vaticano para asistir a la beatificación de Juan Pablo II este 1o. de mayo obedece a tres motivaciones: recomponer su deteriorada imagen a través del prestigio del fallecido Papa, congratularse con la jerarquía católica y “la espera de un milagro”, considera el sociólogo Bernardo Barranco.

El especialista en religiones descarta que la visita viole los principios de laicidad establecidos en el artículo 130 de la Constitución, como argumentó el líder nacional del PRD, Jesús Zambrano, ya que “responde a una invitación oficial y diplomática”.

Sin embargo, Barranco considera que los argumentos utilizados por la Presidencia de la República para justificar la presencia del Calderón en el Vaticano son torpes y contradictorios.

En un boletín fechado el 15 de abril, la Presidencia de la República informó de una visita oficial de Calderón a Perú el 27 y 28 de abril, pero a partir del segundo párrafo se dedicó a informar que también estará presente en el Vaticano el 1o. de mayo.

“El Jefe del Ejecutivo mexicano realizará una Visita Oficial a la Santa Sede para asistir el 1 de mayo próximo a la Ceremonia de Beatificación del Papa Juan Pablo II, a efectuarse en la Plaza de San Pedro de la Ciudad del Vaticano. Esta visita es congruente con los principios de laicidad del Estado mexicano y responde a los lazos de amistad y de cooperación existentes entre México y el Estado Vaticano”, dice el boletín.

Que se hable de una visita oficial, que se da en el marco de un Estado laico, cuando en realidad se trata de un acto religioso, es el principal elemento de debate, advierte Barranco.

“Es una argumentación torpe, porque el Presidente va a un evento espiritual, a un acto litúrgico, no va a ningún acto de Estado, no va a firmar ningún convenio. Probablemente saludará al Pontífice, pero no tendrá un intercambio. Es decir, es una presencia a un acto litúrgico religioso, más que una visita.

“El Presidente, en tanto jefe de Estado, puede ir a donde quiera en términos de protocolo; el problema es que no lo ha fundamentado bien. El problema no es que no vaya, porque no rompe ninguna ley, sino que el fundamento de a qué va y por qué va, es lo que está torcido”, explica.

La visita es una estrategia política ante todo, asegura Barranco, quien afirma que desde 2009 se ha vinculado a la familia presidencial con un grupo evangélico y ultraconservador llamado Casa sobre la Roca, cuyos líderes están en cargos públicos: la diputada federal Rosi Orozco -postulada por el PAN en 2009- y el director del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores, Alejandro Orozco.

“De cara al 2012, el presidente Calderón quiere congraciarse y reconquistar a una jerarquía católica que está con sospecha, resentimiento o recelo por las excesivas concesiones que ha tenido el Presidente con este grupo de Casa sobre la Roca. Mi hipótesis es que es un acto político, sobre todo viendo que (Enrique) Peña Nieto trae un lobbying de más de tres años con los obispos no solamente del Estado de México -que se los llevó a pasear a Roma-, sino con los de Chihuahua, Monterrey, etcétera. Entonces, siente que del otro lado ha habido un avance muy importante y que él no puede rezagarse”, argumenta.

Amenazas a la laicidad

El Estado laico está amenazado por los sectores conservadores de las distintas iglesias, pero también por los políticos, quienes hacen un uso pragmático de lo religioso.

Para ejemplificar su dicho, Barranco evoca tres casos que han sido polémicos.

El primero es la llamada “megalimosna” del gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez. El 24 de marzo del 2009, el panista anunció la donación de 90 millones de pesos para la construcción del Santuario de los Mártires, argumentando que esta construcción atraería al turismo. Sin embargo, las críticas provocaron que el 18 de junio la Iglesia devolviera el donativo.

La visita del gobernador del Estado de México al Vaticano del 14 al 16 de diciembre del 2009 es otro ejemplo del uso de la religión para beneficio de la política. En ese viaje que costó casi 500 mil pesos al gobierno estatal, Peña Nieto anunció a Benedicto XVI su futuro enlace con la actriz Angélica Rivera.

El PRD tampoco queda ajeno a estas alianzas. La propuesta del senador Pablo Gómez -presentada el 25 de febrero del 2010- para modificar el artículo 130 Constitucional y dar a los sacerdotes el derecho de asociación política y proselitismo, obedeció a su interés por aspirar a la jefatura de gobierno del DF, asegura el especialista.

“Ante la incapacidad de tener una raíz profunda en los electores, en el pueblo o la ciudadanía, utilizan la mediación de lo religioso en términos simbólicos, y la mediación política en términos de redes sociales de los circuitos religiosos. Estamos hablando de una violación del Estado laico por parte de los propios políticos. Una de las pruebas mayores son los cambios constitucionales en los 19 estados donde se repenalizó el aborto (aprobadas en los congresos estatales donde el PRI tiene mayoría)”, señala Barranco.

Según Barranco, la aprobación de las leyes antiaborto es el mejor ejemplo de la hipocresía de los partidos, pues el PRI hizo a un lado su tradición liberal para tejer una alianza con los sectores más duros de la Iglesia Católica.

“Por un lado critican, pero son capaces de vender su alma al diablo o al cielo para poder lograr sus objetivos”, añade.

Conózcalo

Nombre: Bernardo Barranco.

Trayectoria: investigador y ex presidente del Centro de Estudios de las Religiones en México. Conductor del programa “Religiones del Mundo” en Radio Red AM.

Libros: Más allá del Carisma, análisis de la segunda visita del Papa a México.

La geopolítica del Vaticano en México.

El Pensamiento Político de la Acción Católica Mexicana.

Para entender la Iglesia Mexicana

Fuente: Enfoque (Reforma) 1 de mayo de 2011