Archive for 26 junio 2009

Para garantizar derechos Sexuales y Reproductivos, hay que vigilar actos de obispos

junio 26, 2009

Para garantizar derechos SyR, hay que vigilar actos de obispos

 

 

Por Gladis Torres Ruiz

 

México, DF, 24 junio 09 (CIMAC).- Los derechos sexuales y reproductivos sólo van a valer cuando sean reconocidos política y jurídicamente; por ello, hay que vigilar la participación de los obispos en el proceso electoral pues -aunque es “prudente”- en ocasiones manipulan a los fieles para votar por los partidos que se oponen a la Interrupción Legal del Embarazo (ILE), afirmó el especialistas Roberto Blancarte.

 

Durante la mesa de análisis, “Estado laico, iglesias y elecciones”, realizada ayer por la tarde, el doctor Roberto Blancarte y Bernardo Barranco, especialistas en religiones, señalaron que la participación de la jerarquía católica en el proceso electoral ha sido hasta ahora “prudente” pues también está desencantada de los políticos del país.

 

A pesar de ello, los sacerdotes  entran de manera activa en la vida política del país a través de abogados y asesores, con el fin de incidir en las políticas públicas, mantener su presencia política y que su verdad impere, subrayó Blancarte, especialista de El Colegio de México (Colmex).

 

“No puedes decir que tienes un derecho y exigir que sea reconocido, pasando por encima de los derechos de las demás personas”, señaló Blancarte durante la mesa de análisis que forma parte del Seminario Permanente de Análisis Socio-religioso que se realiza desde el Observatorio Eclesial.

 

En el caso de la ILE, agregó, pueden no estar de acuerdo, sin embargo este es un derecho que tienen las mujeres. Con la normatividad no se les está induciendo a que aborten, sino que se les esta dando el derecho a decidir. Ejemplo de ello son los casos de violación; la mujer abusada tiene el derecho a decidir si tiene el producto o no.

 

Blancarte detalló que la participación de los prelados pasa por este debate.  A la Iglesia le ha costado mucho trabajo entender que este mundo ya es otro y no pueden hacer lo que hacían antes; están en el proceso de “entender” que hay nuevos valores, que si bien no son los suyos, los tienen que aprender. “No nada más es mi derecho, hay otras y otros que defienden su derecho, y aunque yo no esté de acuerdo con ellos, los tengo que respetar”, ejemplificó.

 

En este punto coincidió con el también consejero electoral del Estado de México, Bernardo Barranco, quien señaló que nos encontramos en una repolitización de lo religioso. La inclusión de la jerarquía en la estructura de los partidos políticos para influir en las políticas es cada día más evidente y con más rasgos fundamentalistas, que buscan marcar pautas de la moral pública. En el tema de la despenalización del aborto han caído en más fundamentalismos, haciendo que los gobiernos cierren filas y estén a favor de ellos, aseguró.

 

Frete a ello, las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) se han convertido en las grandes defensoras del laicismo, comprobando que tienen la capacidad de hacer tambalear la política, luchando por un país que quiere tener democracia.

 

“Un país con democracia debe garantizar que quien decida abortar, lo haga”, expresó.

 

PROCESO ELECTORAL, DESENCANTO GENERAL

 

Al referirse al proceso electoral, Bernardo Barranco señaló que ha estado marcado por el desencanto, sin líderes y protagonistas; “hasta el momento, lo más interesante que hemos escuchado es la propuesta del voto nulo que, de rebasar el 4 por ciento que siempre refleja y llegar hasta un 10 por ciento, sería un éxito.

 

En este marco, la Iglesia comparte mucho el diagnóstico de hartazgo de la población, pero a pesar de ello se entrega, en términos de no avalar la abstención y el voto nulo, hermanándose con el Instituto Federal Electoral (IFE).

 

Por parte de la iglesia, la tónica es de oportunismo político; la necedad de los obispos de participar en el proceso electoral en términos de su libertad religiosa y libertad de expresión lo muestra, ya que hasta el momento “no hay grandes novedades, no han dado nota”.

 

Agregó que estamos ante una laicidad incluyente que cuestiona la “tentación” de lo religioso frente al poder; de ahí la terca resistencia de los obispos en el tema de lo electoral.

 

 Cimac, Miércoles 24 de junio de 2009

Religión y nuevas síntesis culturales

junio 26, 2009
Religión y nuevas síntesis culturales

Bernardo Barranco V.

P

ara la jerarquía católica, el actual proceso electoral se distingue por el acotamiento reiterado de las instituciones del Estado para contener su impulso e incursión política, no obstante que ha reiterado que su actuación solamente busca fomentar la participación al sufragio para contener tanto la abstención como el voto nulo. Con insistencia, los obispos reivindican su libertad religiosa a participar socialmente del proceso; sin embargo, es notoria la apatía de una feligresía católica que no alcanza a valorar la dimensión política de su fe ni muestra entusiasmo por el llamado de los prelados a intervenir en los procesos electorales, ya que no tiene el mínimo interés en una participación social y política. 

Históricamente la relación entre la política, el poder y la religión ha sido espinosa y abrupta, y quizá hoy atraviesa por uno de los momentos más azarosos. Pareciera que tras la caída del Muro de Berlín se han venido desfondando los ímpetus mesiánicos y libertarios no sólo dentro de las ideologías políticas, sino de las propias religiones. Como señala Danièle Hervieu-Léger, la reconfiguración del campo religioso pasa más por apuestas de creencias terapéuticas, de corte intimista, emocional, individualista, sicoafectiva y hasta las evasivas como el caso de algunos pentecostalismos.

Cuando algunos analistas refieren la “repolitización de lo religioso” indican, por una parte, la irrupción política de las instituciones religiosas en la política de las estructuras del Estado, incluyendo los partidos, para incidir en las políticas públicas, como una forma de preservar su misión. Por ejemplo, en el lobby que ejercita la Iglesia católica para neutralizar iniciativas como aborto, eutanasia, nuevas formas de pareja, etcétera, pueden observarse diferentes maneras de acción fundamentalista que se derivan de la exigencia religiosa hacia los creyentes, en los siguientes términos: el reconocimiento de Dios conlleva la relativización del poder político y de las leyes establecidas por el Estado; dichas leyes pueden ser juzgadas no sólo por su sentido legal, sino particularmente por su apego a los principios éticos que están inspirados en la religión.

Por otra parte, después del 11 de septiembre, se agita en el ambiente cultural un predominio de sensibilidad religiosa fundamentalista; en una sociedad globalizada emergen las visiones tradicionalistas que trascienden políticamente en la arena social. Desde el evangelismo estadunidense hasta el integrismo islámico, budismo tamil, hinduistas ultranacionalistas, los “pequeños dragones” neconfusionistas, el judaísmo ultraconservador, etcétera. El regreso a los orígenes de manera acrítica, bajo la certeza de las fórmulas ancestrales consagradas; lecturas literalistas de los libros sagrados; beligerancia para cuestionar el actual orden establecido por las leyes de un mercado globalizado e internacional.

En las sociedades modernas, México incluido, se ha venido generalizando un desencanto por lo político. Daniel Bell ya apuntaba que desde los años 50 las grandes ideologías tendían a correrse hacia el centro como reacción a la bipolaridad provocada por la guerra fría. Si en el siglo XIX se expanden con densidad las más sobresalientes y diversas ideologías, como el anarquismo, el socialismo, el liberalismo, el catolicismo, el marxismo, entre otras, en cambio, al inicio del siglo XXI, la política se percibe huérfana de referencias de los grandes andamiajes ideológicos. Se aprecia un eclipsamiento de las filosofías de la historia. Las diferencias de visión del mundo, de la democracia, de la economía y de la construcción social se mimetizan en las diferentes ofertas políticas “desidelogizadas”, que parecen haber sucumbido al pragmatismo de la oferta y la demanda de un voraz mercado global.

La religión y las Iglesias son sensibles a estas fluctuaciones culturales, no pueden estar al margen. La participación social y política de las Iglesias, así como de sus fieles, tienen como trasfondo la crisis cultural y la desactivación ideológica de la democracia. Las grandes instituciones religiosas, como la católica, han venido perdiendo el monopolio de la cosmovisión, compartiendo con la secularización un proceso de resquebrajamiento de su fortificación dogmática y de destradicionalización de la memoria colectiva.

El laicismo, entendido como una ideología anticlerical excluyente, en un país como México, corre el riesgo de sacralizarse y erigirse como pauta de la moral pública, así como el definidor de los asuntos religiosos. Por ello, preferimos reivindicar la laicidad que respete el derecho a la experiencia espiritual de las personas y de las comunidades religiosas, y que al mismo tiempo cuestione la tentación de la religión hacia la política, es decir, la legitimación o deslegitimación mediante los usos y abusos del poder simbólico de Dios.

 En ese sentido, el llamado a una mayor participación política de sus creyentes, se expresa en medio de una circunstancia cultural adversa. El teólogo vasco José María Mardones señaló en uno de sus últimos libros: “Después del 11/S se palpa la urgencia de una eticización de la globalización… un tipo de religiosidad crítico-política es urgente y necesaria en este contexto. Sin duda, una ética mundial de las religiones (H. Küng), la vinculación con las víctimas (J.B. Metz) y una teología político-económica (J. Moltman) tienen hoy razón de ser”. (Recuperar la justicia. Religión y política en una sociedad laica. Ed. Sal Terrae, Santander, 2005. p 59).

El catolicismo y sus estructuras han subsistido a lo largo de la historia; sin embargo, hoy padecen un desmoronamiento de relación con la cultura actual. ¿Cuánto tiempo tardará en construir una nueva síntesis de fe y cultura? ¿Qué tanto de su tradición y de su identidad serán mudadas?. Para mi esta mediación nueva mediación vendra con la realización de un futuro Concilio Vaticano III

La Jornada, miércles 24 de junio de 2009

 

La Iglesia católica se une al rechazo a los políticos

junio 18, 2009

Bernardo Barranco/Analista de temas religiosos
La Iglesia católica se une
al rechazo a los políticos

Revista Siempre! 18 junio 2009, no. 2922

Antonio Cerda Ardura

El desencanto y la frustración de los mexicanos con la clase política se hace cada vez más notorio a medida que se acerca la fecha de las elecciones intermedias del 5 de julio. Las campañas de la mayoría de los candidatos, de todos los partidos, no logran despegar y mucho menos calar en el ánimo de la población que, indiferente, se concentra en cómo sortear los dilemas que plantea la crisis económica.
Aunque las encuestas mandadas a hacer ad hoc por empresas serias vaticinan triunfos y derrotas con base en las supuestas preferencias de los votantes, la verdad es que sobre el proceso del 5 de julio se miran negros nubarrones por la guerra sucia en la que se han enfrascado los partidos, todos contra todos, y por la amenaza de una abstención brutal, como quizás nunca se haya visto, al derecho del sufragio.
Este es el sentido de la advertencia que ha hecho el alto clero católico en su reciente documento No hay democracia verdadera y estable sin participación ciudadana y justicia social, y en el semanario Desde la Fe, en los que señala que ante la carencia de representantes con sentido democrático y con un perfil ético mínimo es urgente no sólo la rehabilitación ética de la política, sino que el abstencionismo en las elecciones podría ser del 65 por ciento o más.
“Si esto se cumpliera”, añade, por ejemplo, el semanario, “significaría un fracaso total de la reforma electoral, del IFE, de todos los partidos políticos sin excepción, y prácticamente significaría una reprobación ciudadana a la actividad política”.
En entrevista con Siempre!, el sociólogo Bernardo Barranco, experto en religiones, indica que el episcopado mexicano mira ya los síntomas del camino de México hacia el Estado fallido, como lo han advertido en estas mismas páginas desde otros sectores, y hacen suyo el desencanto social y el reproche de los mexicanos a una clase política que se ha mostrado incompetente para conducir al país.

Posturas diversas

¿Cuál es la pretensión del nuevo activismo político del cardenal Norberto Rivera, al advertir sobre un posible alto abstencionismo en las elecciones?
No creo que sea posible particularizar y, por ello, yo iría más allá del cardenal. Primero, hay que recordar que la Iglesia católica ha mostrado diferentes actitudes frente al tema electoral. En el año 2000, por ejemplo, llegó muy dividida al proceso que dio el triunfo a Vicente Fox. En ese momento los obispos no tenían una postura unánime. Un pequeño grupo apoyaba al antiguo régimen y la mayoría simpatizaba con la alternancia. De esta última posición surgió la carta pastoral Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos, en la que los jerarcas saludaban la alternancia en el poder presidencial. Esto representó al interior del clero desgastes, tensiones y problemas, tanto que llegaron a tener tres nuncios. Y esto significa también que, en términos de que la Iglesia católica es una institución atravesada por diferentes corrientes, líneas, etcétera, por supuesto que es afectada por los procesos electorales y que tampoco es ajena las posturas políticas.
En el 2003, la Iglesia católica llegó con la espada desenvainada. En esas elecciones se generó un fenómeno en el que el Evangelio se politizó. En otras palabras, la Iglesia no entró al debate de qué candidato o qué partido eran políticamente correctos, sino que pidió que fueran pasados por el tamiz del Evangelio. Es decir: aquellos candidatos que seguían los principios evangélicos eran los que debían ser apoyados por los católicos, no los que estaban contra la vida y le entraban, por ejemplo, al tema del aborto.
Le pusieron religión al voto.
Politizaron el Evangelio y surgieron los llamados pecados electorales. Los ejemplos claros fueron los casos del obispo Florencio Olvera, en Cuernavaca, y su famoso decálogo (que volvió a publicar el pasado 30 de marzo); Mario de Gasperín, en Querétaro, con su documento Un católico vota así: instrucción pastoral sobre las elecciones, y muchos otros… Otro fenómeno que ocurrió en el marco de aquel proceso fue que por primera vez los obispos tuvieron que declarar ante el ministerio público, porque recibieron sendas demandas del Partido México Posible, encabezado en ese momento por Patricia Mercado, y el PRD. Fue un hecho inédito, de mucha crispación, en el que las disputas y la participación del clero llegaron, incluso, al ataque del proceso electoral.
En el 2006, el protagonismo de la Iglesia católica, encabezada desde entonces por el actual presidente del Episcopado, Carlos Aguiar Retes, fue moderado. El clero entró a tratar de atemperar las campañas negras, los golpeteos, las crispaciones, las posturas de desencanto. Si uno ve los documentos electorales episcopales de ese tiempo, estos llaman al diálogo, la tolerancia, a la apertura y a la moderación. El perfil y la actitud de la Iglesia católica en aquellos tres procesos fue muy diferente.

¿Cuál es la postura actual?
Hay una enorme crítica. Hay que leer el documento que acaban de editar los obispos: No hay democracia verdadera y estable sin participación ciudadana y justicia social, para darse cuenta del enorme desencanto y frustración que expresan por la clase política que se ha enriquecido, que se ha aprovechado del poder, que ha monopolizado los espacios, que ha sido pragmática y que ha perdido principios. Hay un reproche del Episcopado hacia la falta de ética en la actividad política.
¿No le parecen estas observaciones muy fatalistas?

Se podrían tomar como una desacreditación no sólo de los políticos y los partidos, sino de los propios órganos electorales.
Exactamente. Hay una visión, un análisis muy pesimista de la realidad, pero que probablemente también corresponde al sentir de muchos ciudadanos en este contexto de crisis, de guerra, de lucha contra el narcotráfico y de inseguridad.
¿Y no promueve esto el abstencionismo?
Lo que plantean los obispos yo lo entiendo como un llamado a la clase política, a los gobernantes y a los partidos, señalando que el modelo de la alternancia y la transición tiene límites. Está llegando a fronteras en las que se puede derrumbar o perder legitimidad. Ellos elevan la mira y citan, incluso, al papa Benedicto XVI, cuando observa que en Europa la Iglesia fue sorprendida por la democracia después de la Segunda Guerra Mundial, y que la democracia se convirtió en una especie de religión, pero, al cabo del tiempo, hubo un desencanto. Hay un paralelismo que retoma el clero al advertir que hoy el quehacer político y la democracia tienen que volver a nutrirse de principios éticos. Por supuesto, estos principios éticos están impregnados de principios cristianos. Si Benedicto XVI postula que la modernidad no tiene salvación si no recupera sus raíces cristianas, los obispos mexicanos enfatizan: “La clase política y sus estructuras, en la transición política que está viviendo el país, no tienen futuro si no retoman principios éticos inspirados en los valores cristianos”.

La causa de la sociedad

Todo esto ha sido producto de los gobiernos panistas. ¿No es como morderse la lengua?
Creo que la actitud crítica que tienen hoy muchos obispos es porque, durante el gobierno de Fox, el Episcopado y el alto clero le otorgaron un paréntesis al panismo en el poder. Pero la transición quedó frustrada con las promesas no cumplidas y quizás sienten que la Iglesia fue muy tibia y bajó un tanto la guardia. Así que la institución está retomando algo que abandonó. Por lo menos percibo que la tendencia es retomar la causa de la sociedad civil. Recordemos que en el proceso previo a la transición, a la alternancia, la Iglesia se sumó a los reclamos de la sociedad civil y tuvo una mayor participación en todo aquello que hizo posible la llegada de la democracia.
Ahora me da la impresión de que la Iglesia percibe un desencanto social por todo lo que está viviendo el país, sumado a la crisis, y hay sectores del clero que remiden esos reclamos de la sociedad civil y los empiezan a hacer suyos. Por eso esta visión fatalista, pesimista y desencantada, en el sentido de que si la política no retoma los valores y la ética cristiana, estamos condenados al Estado fallido, no solamente como gobierno fallido, sino como una sociedad fallida. Por ello los obispos han cerrado filas y también por eso le decía al principio que no sólo era el cardenal Norberto Rivera aislado, que, hoy por hoy, está más débil que nunca después de todos los escándalos. Se trata de la actitud de un conjunto de obispos que se han puesto de acuerdo y hacen una reflexión crítica sobre lo que se está viviendo.
Está probado que la sociedad sí participa en procesos como el que llevó al cambio. Quien no ha participado es el gobierno. Es el que nos ha frustrado.
Y creo que la postura del Episcopado es de advertencia: el país se puede resquebrajar y desmoronar entre las manos de nuestra clase política. Hay un desencanto tal, como lo plantean los obispos en su documento, que la probabilidad de una alta abstinencia es enorme. El Episcopado no quiere entrar a debatir sobre qué opción en concreto es la mejor. Sin embargo, cuando entra en esta cuestión de los perfiles, de los malos y los buenos (los políticos corruptos y los populistas), o en la lógica de que las opciones políticas pasen por un tamiz evangélico, de cada ciudadano, de cada creyente, de una grey electoral, entonces ahí sí, efectivamente, politiza el proceso.
¿Cuál sería su síntesis?
Hay varias. Una, que existe una lectura pesimista por parte del clero, que se suma a muchas lecturas pesimistas de sectores de la sociedad. Esa visión desilusionada, trágica y quizás hasta apocalíptica empata muy bien con el discurso del Papa, cuando los obispos señalan que la sociedad mexicana tiene que mirar sus orígenes para poder avanzar hacia el futuro. Y mirar hacia sus orígenes es recuperar sus raíces y sus valores cristianos. Otra síntesis es que en el fondo hay un debate sobre la libertad religiosa. Es decir: la Iglesia católica y las otras iglesias cuestionan que se le coarte su capacidad de expresión política y reprochan que su participación se limite simplemente a promover el voto, cuando, en Estados Unidos, Bush tenía iglesias que le hacían campaña y Obama contaba con grupos importantes que lo apoyaron.
También se pone en primer plano el tema de la ética política, lo que significa que la ética tiene que ir por delante de la política. Los principios, la moralidad social tienen que estar por encima de los mezquinos, pequeños y focalizados intereses de una clase política que se ha mostrado incompetente para conducir al país, Y esto engloba desde el gobierno hasta los partidos de oposición. En suma, me parece que el Episcopado ha dejado la tregua con los gobiernos panistas y está retomado el estado de ánimo de un sector de la sociedad civil.

Siempre!

La Iglesia frente al voto nulo

junio 10, 2009

La Iglesia frente al voto nulo

Bernardo Barranco V.

 

En la historia moderna, generalmente se respeta, aun sin estar de acuerdo, el orden social y normativo existente. En nombre de ese orden social, amenazado por el llamado al voto nulo, el episcopado mexicano se alista y se inscribe para promover la participación ciudadana durante el actual proceso, fomentar el sufragio de la población y, por tanto, abatir el abstencionismo. Sin embargo, dicha intervención, hasta hace muy poco cuestionada tanto por el Instituto Federal Electoral (IFE) como por Gobernación, transita por márgenes muy estrechos que el Estado laico le ha impuesto y corre el riego, como en 2003, de transgredir normas jurídicas y políticas.

 

La jerarquía percibe que encarar el voto en blanco puede congraciarse y legitimar campos de actuación en la esfera pública durante los procesos electorales. Sin embargo, hay que advertir que recorre terrenos complejos y no estoy tan seguro de que perciba bien el trasfondo de los actuales debates.

En una sociedad democrática y de respeto a las libertades, la cuestión y discusión sobre el voto en blanco o voto nulo no debería levantar sobresaltos. Es una opción que ninguna ley prohíbe a los ciudadanos tanto abstenerse como votar en blanco; en las sociedades modernas el voto nulo es incluso un recurso válido que puede llegar a impactar en la prerrogativas hacia los partidos.

Algunos miembros de la alta jerarquía católica se han “enganchado” en el debate sin discernir a fondo los entretelones de la controversia y de manera ramplona cuestionan la abstención. Históricamente, en las elecciones recientes el voto en blanco no ha rebasado 4 por ciento de los votantes, un periódico de circulación nacional calcula mediante sondeos que podría llegar el voto nulo hasta 10 por ciento.

Por tanto, independientemente de los resultados, el voto nulo no impactará el desenlace electoral final; sin embargo, el debate que en estos días ha llegado al clímax ya alcanzó un amplio y significativo nivel de formulación en la opinión pública como para dejar patente el alto grado de inconformidad social, que sin duda ha sacudido y preocupado a las altas dirigencias partidarias.

Hace meses, desde las redes de Internet, fue creciendo este reclamo que tomó forma en la discusión en los grandes canales de la prensa escrita y de los medios electrónicos. Distintos actores están confluyendo: artistas, intelectuales académicos, comunicadores, ex militantes de todos los partidos, ex consejeros del IFE, organizaciones civiles y sociales.

Ciertamente, hay diversos y muchas veces encontrados intereses; no obstante, concurren reclamos de insatisfacción, decepción, hartazgo, pérdida de confianza, indignación por abusos e impunidades: desencanto, pues, sobre el rumbo, nivel y estilo con que la clase política ha conducido al país.

Independientemente de la postura personal que se pueda asumir frente al voto, hay que reconocer el derecho y libertad de dichos ciudadanos y agrupaciones a utilizar un recurso válido en una democracia moderna.

El voto nulo se distancia de la abstención pasiva porque acepta el proceso electoral, participa de las reglas de la democracia y hace del voto blanco un recurso, una forma de expresión y presión política. Supone una discrepancia frontal sobre el catálogo de formas y de ofertas políticas, así como de los sujetos portadores. La abstención pasiva, en cambio, es la total ausencia de intervención en el derecho a sufragar; desapego, escepticismo y desinterés por participar de alguna forma porque no percibe ningún beneficio o por apatía.

Se han multiplicado por el país declaraciones y posicionamientos de obispos y algunas Iglesias que llaman a participar plenamente en lo electoral durante la jornada electoral que se avecina. En su mayoría cuestionan la iniciativa del voto nulo porque consideran que afecta la democracia y alienta la abstención. Por ejemplo, el coordinador de Enlace y Gestión del Consejo Representativo de Iglesias Evangélicas de Veracruz, Guillermo Trujillo Álvarez, señaló que esto no beneficia el crecimiento democrático del país. Los obispos, siguiendo las directrices del documento No hay democracia verdadera y estable sin participación ciudadana y justicia social, cuestionan el llamado al voto en blanco y reafirman su intención de continuar sus campañas, talleres e iniciativas para promover la participación ciudadana con miras a la elección del 5 de julio.

 

Algunos obispos católicos, excediéndose, han entrado con el pie izquierdo al tema con descalificaciones, adjetivos e improperios. Onésimo Cepeda, una de las joyas del episcopado mexicano acusado en medios de incidir en las actuales elecciones, sentenció: “no le hagan caso a esos estúpidos que dicen voten en blanco, eso es una estupidez” (Milenio, 8/6/09). Por su parte, el cardenal Rivera, después de meses de silencio reaparece para exigir suspender esa campaña porque la considera una “verdadera irresponsabilidad”. En ese mismo sentido, Desde, órgano de difusión de la arquidiócesis, manifestó su desconfianza hacia las asociaciones “que sospechosamente surgen de todos lados”; hace un llamado a “esos comunicadores –que tienen nombre y apellido y que difunden con ligereza sus convicciones abstencionistas– que después del 5 de julio no hagan críticas ante un gobierno que no eligieron”. La beligerancia clerical es calculada porque bajo pretexto de la defensa del voto justifica su intervención pública.

 

Ante las reticencias institucionales, el episcopado se ofrece como un sublime aliado ante lo que ellos mismos señalan como la “opinión del miedo”. Aquellos obispos belicosos han olvidado las enseñanzas del papa Aquiles Ratti, Pío XI, quien sostenía que la política es la forma más encumbrada de la caridad. Ni la clase política ni la jerarquía pueden permanecer insensibles ante los reclamos que existen detrás de la abstención estratégica.

 

Los obispos debe remirar su propio diagnóstico en el documento referido para sostener, como el viejo Maritain, que la política apegada sólo a los intereses inmediatos, mundanos y mezquinos no vale más que una alma desencarnada sin trascendencia y, por tanto, sin influencia en los tejidos sociales.

La Jornada, 10 de junio de 2009