Archive for 24 diciembre 2009

La sobremediatización de Enrique Peña Nieto Bernardo Barranco V.

diciembre 24, 2009

La sobremediatización de Enrique Peña Nieto

Bernardo Barranco V.

El excesivo protagonismo mediático del gobernador Enrique Peña Nieto, ha provocado esté inmersoen el ojo del huracán a propósito de su reciente visita al Vaticano. Su reiterada presencia en los medios, principalmente electrónicos,  estimula posicionamientos críticos  de sus adversarios y contrincantes, quienes desde las más diversas trincheras cuestionan sus actos, declaraciones y determinaciones. Es una reacción propia a la inequidad con que los medios enfocan su privilegiado trato hacia el actor mexiquense. Igualmente emergen gallardos defensores de oficio, ensanchando y estimulando la polémica de un hombre no solo público, en lo político, sino en el mundo de la farándula. Desde hace meses, Peña Nieto, reprocha que se ha convertido en “pato de feria, al que todos le tiran”, sin embargo, esa ha sido su opción; y ahora expone aun más,  flancos de vulnerabilidad al abrir su vida privada con su noviazgo en los medios del espectáculo  cuya frivolidad podría acarrear lamentables consecuencias.

El tema tiene más fondo. Y nos lleva a la relación entre los medios electrónicos  y el poder. La posición privilegiada y la influencia de las televisoras sobre la población, las convierte en factor ineludible de poder y de gobernabilidad. Además de jugosas ganancias las televisoras se han venido convirtiendo, como todos sabemos, en el fiel de la balaza en la cultura política, capaces  de  exaltar trayectorias políticas pero también de destruirlas. Por ello, es preocupante que el congreso local no haya sido fino en las diferentes partidas, en el presupuesto del 2010,  destinadas a la promoción e imagen del gobierno; el acto es una mala señal. Por ello, es igualmente preocupante que en otras entidades como la de Monterrey, legisladores declaren la existencia de partidas simuladas para apoyar aspiraciones  políticas de otros actores en otras entidades  (http://www.milenio.com/node/343458).

Las grandes tendencias de los medios electrónicos tienden a la expansión y a seguir la movilidad de los mercados. CNN y canales europeos, por ejemplo,  apuestan por la internacionalización de sus emisiones. El escalamiento hacia la multimedia son estrategias que han seguido TV Globo en Brasil o Grupo Caracol en Colombia dominando simultáneamente las audiencias de radio, prensa y TV. Así mismo la convergencia tecnológica es una importante opción que busca complementar vastísimos recursos y oportunidades de Internet. Sin embargo existe otra tendencia importante, tentación diría, de la politización de los medios. Los ejemplos más actuales de dicha inclinación la encontramos en Silvio Berlusconi el magnate de los medios en Italia, quien los ha manipulado para arribar y sostenerse en el poder. Otro caso  reciente y cercano lo tenemos en el chileno Sebastián Piñera un empresario político que en 2005 compró “Chilevisión” para apuntalar sus ambiciones políticas. Fue puntero en la primera vuelta, del domingo pasado,  con un 44% de los sufragios y es amplio favorito para llevarse la presidencia de Chile. Las grandes empresas televisoras, aprovechan su condición oligopólica no solo para hacer grandes negocios con los actores políticos sino convertirse en factores de acceso y sostenimiento en el poder. Ahora algunos empresarios de la comunicación quieren detentar el poder político.

Por ello, el libro de Jenaro Villamil: “Si yo fuera presidente, El reality show de Peña Nieto”, señala que Televisa más allá de los negocios ha asumido al gobernador mexiquense como su candidato propio. Más allá de los riesgos a la democracia y a la legalidad, pareciera se inaugura una nueva manera de proyectar una carrera política donde el político se convierte en un producto, según Villamil. El discurso político cede a los mensajes que arrastren mayor rating. La política se conduce según el marketing, el liderazgo sigue las reglas de la mercadotecnia y la realidad política se convierte en un espectáculo. En la carrera por el acceso al poder, se da fin a la política y la política muta hacia formas de promoción mercadotécnica. La innovación de Peña Nieto se da más por las formas de acceso al poder que en planteamientos estratégicos; su peso radica en las alianzas con los poderes fácticos: televisoras, empresarios e iglesia católica con una política comunicativa persuasiva, masiva  y constante. Los escándalos y  remolinos provocados por su incursión vaticana, son premonitores, no son un accidente ni un hecho aislado, más cuando Enrique Peña Nieto puntea todas las encuestas como claro favorito para contender por la presidencia de la república. Su estrategia, podría mostrar los límites y peligros de un efecto que podría revertirse en su contra. ¿Hasta cuando y hasta dónde podrá mantenerse el llamado “efecto Peña Nieto”?

La impostura católica de Peña Nieto

diciembre 23, 2009
La impostura católica de Peña Nieto
Bernardo Barranco V.

Serios retrocesos a la laicidad ha representado este año 2009 que está a punto de concluir. La clase política entra a festejar el bicentenario habiendo traicionado los fundamentos juaristas que dieron sustentos modernos al Estado mexicano contemporáneo. Me refiero no sólo a la contrarreforma antiaborto, promovida por el PRI en 18 entidades de la República, o al acotamiento de libertades laicas, sino a la bochornosa polémica que Enrique Peña Nieto ha protagonizado con su aparatosa y mediática visita que recientemente realizó al Vaticano.

El montaje va más allá de la burda utilización de la esplendorosa escenografía pontificia y de los reflectores televisivos para anunciarnos no nada más la boda del gobernador mexiquense, sino el arranque formal de su candidatura hacia la Presidencia de la República. Peña está anunciando que va con todo y no importan los cómos; junto a gobernadores aliados, incluidos sus presupuestos; su acometida es absoluta y total, no tiene reparos, incluso está dispuesto a sacrificar raíces políticas e identidades ideológicas.

Las imágenes del joven político de Atlacomulco con el papa Benedicto XVI simbolizan una supuesta posición político-religiosa conservadora, apropiada a la atmósfera que ha reinado en nuestro país en los últimos 10 años de gobiernos de la alternancia panista. Con oportunismo, Peña Nieto enarbola los principios cristianos como parte esencial de la estructura ética que lo envuelve. De frontera a frontera, parece anunciar que ha ido ya más allá del casting para convertirse en actor protagonista de primer reparto. De su constante irrupción mediática, pequeñas apariciones, ha dado un salto cualitativo: del posicionamiento al asalto político hacia el poder. El llamado efecto Peña Nieto pasa a una fase operativa; de galán de culebrón se convierte en eminente protagonista, en medio de un complejo reparto político plagado de infames, su inevitable y dramática misión será conducir bien a México y salvarlo de la catástrofe.

En cierta forma, en este episodio pontifical Peña Nieto ha emulado a Vicente Fox, quien también arrancó prematuramente su campaña ondeando el estandarte guadalupano al estilo de Miguel Hidalgo. Evidentemente, el asunto tiene más fondo que los excesivos gastos de la puesta de escena en Roma y la distinción entre lo público y lo privado del actor. La pragmática estrategia mexiquense parece inspirada en las tesis de Zygmunt Bauman, quien sostiene en su libro Tiempos líquidos el abandono de los compromisos, lealtades y sólidas posturas ideológicas para dar paso a la liquidez de lo inmediato, a la volubilidad del interés presente, a la hiperflexibilidad, al pensamiento maleable de corto plazo y, sobre todo, a la separación entre poder y política. El riesgo de alcanzar el supremo objetivo a costa del desdibujamiento de la tradición política del PRI. Muy probablemente juegue a favor la obsesión tricolor por reconquistar Los Pinos, sacrificando su raigambre liberal e implantando un pragmatismo oscurantista que ha llevado a establecer alianzas, es el caso de las leyes antiaborto, con los sectores más recalcitrantes de la ultraderecha. Quizá cuente también la enfermiza obcecación del inexistente grupo Atlacomulco por encumbrar a uno de sus miembros en la silla presidencial, para permitir la construcción de un perfil híbrido, más afín a los principios panistas que a la trayectoria del Revolucionario Institucional.

Efectivamente, el look y la impostura que seguramente han diseñado los publicistas y marketineros de Televisa en Peña Nieto se asemeja más a las características distintivas de un candidato panista: joven, metrosexual, conservador, eficiente, dinámico, católico, patriota, defensor de la familia, apasionado y apuesto. Es la máscara y el maquillaje aplicado para satisfacer los altos niveles de audiencia, posicionándolo a tal grado que le aseguren una inevitable postulación por su partido como hizo hace 10 años Vicente Fox.

La Iglesia católica, astuta como siempre, no es responsable de la apuesta de Peña Nieto; sin embargo, sabrá sacar provecho político con creces, ejercer todo su peso simbólico y lobby para posicionar su visión, misión y acentos políticos propios.

Peña Nieto y el PRI han abierto la puerta para que de nueva cuenta la jerarquía católica irrumpa con gravitación en la escena política del país; veremos las consecuencias. Ésta se ha beneficiado de un diagnóstico errado de la clase política que establece un supuesto peso electoral de los obispos católicos y de un aparente liderazgo en la orientación y en las preferencias políticas subyacentes en los fieles-electores.

El gobernador mexiquense parece desempolvar las viejas tesis salinistas sobre el papel político de la Iglesia y asignarle un papel de aliada estratégica. Y no me sorprendería que lo incorpore como parte de su discurso político; en todo caso, ya dio línea públicamente para que su Congreso endurezca penalizaciones en caso de aborto a las mujeres de la entidad. Esta tentación ha estado presente en muchos gobiernos, particularmente en momentos de apuro, con altos costos y facturas.

Con estilos muy diferentes, la esencia de Juanito y Peña Nieto es la misma: son subyugados por el protagonismo y el canto de las sirenas. Los próximos meses presagian sordas disputas donde presenciaremos duros golpeteos y se pondrá a prueba la apasionada adhesión del gobernador a los principios cristianos.

El PRI ha traicionado el Estado Laico

diciembre 10, 2009

El PRI ha traicionado el Estado Laico

Bernardo Barranco V.

Vivimos tiempo de regresiones. El debate suscitado en torno a repenalización del aborto en 17 entidades del país, pone en evidencia del retraimiento institucional que llega al extremo de la agresión, criminalizando la opción de las mujeres. La cuestión tiene más fondo, el país no solo vive una recesión económica sino también política, los grandes principios, identidades y tradiciones políticas están deflacionadas, en su lugar se vive el reino del pragmatismo como un factor exaltado hasta niveles oscurantistas.  Dichas reformas fueron votadas al vapor, sin discusión ni consultas, mostrando un inusitado rostro autoritario que convierte a los poderes legislativos en la nueva inquisición. Con justa razón Juan Ramón de la Fuente, denunció hace unos días que “nos acercamos a Estados que van tomando tintes más autoritarios, más fundamentalistas y menos diversos, menos plurales y respetuosos…El verdadero Estado democrático debe garantizar los derechos de todos, incluyendo las minorías, porque imponer políticas públicas a partir de creencias personales genera polaridades, revive confrontaciones y caldea los ánimos”.

La ultraderecha católica ha encontrado un nuevo y generoso aliado, el PRI. Las reformas fueron operadas con el apoyo decidido del PRI desde los más altos niveles. La jerarquía católica hizo impecablemente su trabajo, cabildeó con los gobernadores, así lo reconoce abiertamente el obispo de Acapulco Felipe Franco (Milenio 29/11/2009).

El PRI no solo esta traicionando la tradición laicista del Estado que este mismo partido  impulsó desde los años veinte sino se traiciona a sí mismo. El partido fundado por Plutarco Elías Calles, asume la postura laicista de la Constitución de 1917; dicha orientación se envilece hacia una actitud anticlerical cuyo clímax se vive en el enfrentamiento cristero 1926-1929.  Del laicismo anticlerical se llega a los llamados “arreglos” o mudus vivendi que le permite a la clase política encontrar convergencia y serenar los ímpetus políticos de un sector católico que al igual que en España aspiraba construir una república católica. Décadas de simulación, aseguraron que la alta jerarquía avalara la rectoría priista en el Estado, hasta las reformas constitucionales de 1991 y el restablecimiento de relaciones diplomáticas con la Santa Sede. El entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, encuentra en el nuncio apostólico Girolamo Prigione  y en la Iglesia  aliados estratégicos para su proyecto modernizador. ¿Será que el l PRI ha desempolvado las tesis salinistas sobre las alianzas políticas con el alto clero?.  Sin embargo, salvo el delirio salinista, el PRI había cuidado las formas y su comportamiento fue cuidadoso. En los últimos 15 años, apoyándose en la izquierda, el PRI extendió garantías para que en casi todos los estados del país hubiera excepciones que permitieran el aborto, como en caso de violaciones o la salud en riego de la madre. Recordemos que a iniciativa precisamente del PRI, el 24 de abril de 2007 la Asamblea Legislativa del Distrito Federal despenalizó el aborto en las primeras doce semanas de gestación, lo que permitió a las mujeres acceder a la interrupción voluntaria de embarazos no deseados.¿Entonces, qué ha pasado?. Pareciera que la obsesión política del PRI por regresar a Los Pinos es tal que le lleva a  establecer alianzas, inverosímiles e imprudentes con los sectores de la ultraderecha, del PAN y miembros del alto clero, renunciando así su propia tradición liberal y laica. ¿Qué tan real es el voto católico y que tan efectivo es el liderazgo electoral de la jerarquía?

El costo político ha sido alto y pareciera que se ha desencadenado un efecto bumerang. Su presidenta Beatriz Paredes ha sido objeto de escarnio político mediático, especialmente  de sus antiguas aliadas: las feministas. Martha Lamas, por su parte, narra que un grupo de mujeres asistió a la última reunión del consejo de la Internacional Socialista para denunciar que el PRI, integrante de dicha organización, está aprobando leyes que atentan contra los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. María de la Heras en base a encuestas advierte que casi la mitad de los electores del partido desaprueban dichas acciones (El País, 23/11/2009). Para colmo, surgen desacuerdos internos como lo reconoció el senador priista Pedro Joaquín Coldwell; por un lado los legisladores dan marcha atrás en las penalizaciones, Veracruz, y de plano se deja el tema en Michoacán.  Francisco Labastida Ochoa llama a reformar el artículo 40 de la constitución para establecer plenamente el carácter laico del Estado, mientras el diputado priísta César Augusto Santiago presentó una iniciativa para garantizar que las mujeres cuenten con atención médica para abortar. Se percibe desorden y desdibujamiento del partido frente a las acciones consumadas. Ante este escenario, convendría preguntarse por el debate en el Estado de México y los contenidos así como la oportunidad, en torno a la visita del gobernador Enrique Peña Nieto a Benedicto XVI en Roma. ¿Será que por la misteriosa acción del espíritu santo, la clase política se esta convirtiendo a los principios éticos, religiosos y doctrinarios de la Iglesia?.

Milenio Estado de México, 10 de diciembre de 2009

La exclusión religiosa de los homosexuales

diciembre 9, 2009
La exclusión religiosa de los homosexuales
Bernardo Barranco V.

Las polémicas declaraciones del cardenal Javier Lozano Barragán, a pesar de haber sido desmentidas, han dado la vuelta al mundo y desatado las más agrias protestas de actores que reconocen la diversidad y la pluralidad como condiciones de existencia de un mundo culturalmente cada vez más globalizado, por ello la suerte básica de esta multiculturalidad es la tolerancia.

Recordemos las discutidas declaraciones de Lozano al sentenciar que tanto los gays como los transexuales no entran en el reino de los cielos porque todo lo que va contra la naturaleza y la dignidad del cuerpo, ofende a Dios; y no lo digo yo, sino San Pablo. Enseguida Federico Lombardi, vocero del Vaticano, descalificó al cardenal mexicano. Refirió las bondades con que el nuevo catecismo aborda la condición homosexual e invocó las acciones del Vaticano en el plano internacional tendientes a dignificar los derechos de los homosexuales.

Por su parte, el vaticanista italiano Andrea Tornielli, defensor de oficio del Papa, explicó que la Iglesia hace bien en condenar una cierta ideología homosexual, pero no puede cerrar las puertas del paraíso a los homosexuales y transexuales, porque el juicio, gracias a Dios, espera a Dios, y la teología católica siempre ha enseñado que hasta el final siempre está la posibilidad de arrepentirse de los propios pecados, invocando la misericordia divina.

Tornielli, fingiendo no conocer el pensamiento de Lozano, remató disculpándolo: no puedo creer que (el cardenal), siendo teólogo, haya hecho esas afirmaciones, que con toda probabilidad son una indebida síntesis de su entrevistador, el periodista italiano Bruno Volpe, quien publicó la nota en el ortodoxo portal católico www.pontifex.roma.it. Empero, la postura de Lozano Barragán no está del todo lejana del actual pensamiento conservador de Roma en los tópicos de la sexualidad.

Tan sólo hace un año, ahí están los registros, Benedicto XVI criticó crudamente a los homosexuales en su discurso de fin de año, en el cual calificó de grave amenaza para la humanidad la confusión de los sexos, porque es la negación de las leyes de la naturaleza. Dicha posición recibió fuertes críticas de asociaciones y personalidades homosexuales tanto en Italia como en el resto de Europa. Este severo pronunciamiento ocurrió pocos días después de que el Vaticano rechazó aprobar la propuesta de despenalización universal de la homosexualidad, presentada el 18 de diciembre de 2008 en las Naciones Unidos por 66 países.

Históricamente la Iglesia ha venido condenando no nada más la homosexualidad, sino toda expresión de la sexualidad que no tiene su fundamento y ejercicio en el matrimonio heterosexual, cuyo principio esencial es la procreación. El placer es relegado, se asume con vergüenza y entra en una pantanosa zona oscura.

Así, por ejemplo, la masturbación, las relaciones pre y extramatrimoniales, el sexo entre personas del mismo sexo, el sexo intergeneracional o en grupo, el fetichismo, la prostitución, el voyeurismo, etcétera son considerados perturbaciones, desórdenes morales inadmisibles ética y religiosamente. Lo cual desencadena, según expertos en sicología, comportamientos patológicos en sectores católicos que llevan a vivir culpígenamente la sexualidad.

Por supuesto, las uniones homosexuales son tajantemente repudiadas. Joseph Ratzinger, siendo prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, en un breve documento intitulado Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales (3/6/03), de manera tajante pide a los políticos: Desenmascarar el uso instrumental o ideológico que se puede hacer de esa tolerancia; afirmar claramente el carácter inmoral de este tipo de uniones; recordar al Estado la necesidad de contener el fenómeno dentro de límites que no pongan en peligro el tejido de la moralidad pública y, sobre todo, que no expongan a las nuevas generaciones a una concepción errónea de la sexualidad y del matrimonio… A quienes, a partir de esta tolerancia, quieren proceder a la legitimación de derechos específicos para las personas homosexuales conviventes, es necesario recordar que la tolerancia del mal es muy diferente a su aprobación o legalización.

Los homosexuales son seres cargados de pecados de los que deben arrepentirse; la Iglesia podría aceptarlos siempre y cuando renuncien a ejercer sus preferencias y prácticas sexuales; una especie de homosexualidad casta. Son referidos como enfermos que deben sujetarse a tratamientos de terapeutas y sacerdotes que permitan revertir el mal.

A raíz de los escándalos de pederastia, la Iglesia expresó su preocupación extrema por la propagación de la imagen del sacerdote homosexual que abusa de menores varones. En 2005, Benedicto XVI firma una instrucción que prohíbe la entrada a los seminarios y la ordenación de personas homosexuales o de aquellos que presenten rasgos o apariencias homosexuales.

Marco Politi, vaticanista y biógrafo de Juan Pablo II, deploró entonces que en la Iglesia católica el sacerdote gay sea visto como un triple traidor: rompe el compromiso sagrado del celibato, traiciona la masculinidad de la institución y atenta contra el ícono de Cristo, representado por el sacerdote.

Si bien los pontífices y el Vaticano se han pronunciado por respetar la dignidad de homosexuales en la práctica, su actitud es contradictoria y excluyente, aun más severa con los miembros de su clero que se atreven a reconocerse en tanto tales.

Lamentablemente, las declaraciones de Javier Lozano Barragán no fueron el accidente de un cardenal senil semirretirado: expresan una postura muy viva en los pasillos vaticanos. Sin embargo, retomando íntegramente la cita de San Pablo en la que fundamentó la exclusión de los homosexuales, ahí mismo también excluye del reino de Dios a borrachos, maldicientes, robadores y mentirosos. Por tanto, quedan fuera del paraíso también los muchísimos diputados, senadores, dirigentes políticos, altos funcionarios, miembros del alto clero y conductores de noticieros.

La Jornada 9 de diciembre de 2009