Posts Tagged ‘Vicente Fox’

Inciertos augurios 2014

enero 2, 2014

mexico_city_metro_galleryfull

Inciertos augurios 2014

Por Bernardo Barranco

Si bien el optimismo es la base que conduce al logro y que nada puede realizarse sin una visión, es necesario calibrar los datos y ánimos presentes en la realidad mexicana para prospectar el futuro inmediato. Como no existen los oráculos, preferimos una mirada crítica del 2014.

El primer año del gobierno de Enrique Peña Nieto ha sido uno de claroscuros. Más oscuros en el plano de la economía con huellas negativas en la generación de nuevos empleos, sobre todo en un contexto contrastante en que la economía norteamericana ha mandado ya claras señales de recuperación.

Según la Cepal, México ha incrementado de manera preocupante su pobreza. Y la sensación de que las reformas energética, política, hacendaria y educativa no alcanzaron plenamente los consensos requeridos, quedándose cortas ante las expectativas generadas y rasgaduras políticas; encareciendo el costo político a pagar. Veremos no sólo cómo se aplican y el debate por las leyes secundarias sino la recepción de la sociedad. Por lo pronto el incremento en los impuestos es un rubro que de inmediato se dejará sentir en la población. Igualmente en materia de seguridad pública, a pesar que los medios y oficinas de gobierno hablen de un descenso en el índice de criminalidad, la percepción es que no se ha mejorado y que la incertidumbre prevalece.

Desempleo principalmente entre los jóvenes

Desempleo principalmente entre los jóvenes

Sobre el estilo de gobierno, el presidente Enrique Peña Nieto aun no logra cuajar una impronta que vaya más allá de los discursos acartonados y predecibles. Está en juego su capacidad de liderazgo y la certeza de conducción. No solo es un problema de imagen sino de concepción y de convicción de la estrategia adoptada que materialice las numerosasofertas de la neoalternacia priista. Hasta ahora ha apostado por el paquete de reformas pero faltan los resultados, a México no se le puede gobernar ni transformar sobre el papel. México no es el dadivoso Edomex, ni la gobernaza es aquella zona confortable y cobijada de la gubernatura mexiquense, al presidente Peña Neto se le percibe presionado y a veces con poco empuje anímico. El diario The Economist, coloca a México como un país de “alto riesgo de conflicto” en 2014, debido a los problemas económicos, desigualdad de ingresos, bajo nivel de prestaciones sociales, tensiones étnicas y desconfianza en el gobierno, auguró un informe elaborado por la unidad de análisis del periódico inglés. Otras instituciones internacionales ponen entredicho el respeto de los derechos humanos en nuestro país.

Indudablemente que a un año de gobierno, Enrique Peña Nieto ha ido más allá de lo que Felipe Calderón o Vicente Fox alcanzaron en materia de reformas y de acuerdos con las fuerzas políticas pero no bastan ante las enormes exigencias de seguridad, de desarrollo y estabilidad que exige el país. Sin duda el 2014 será un termómetro real.

El pesimismo es aquella actitud que mira el mundo de una forma cruda y probablemente acierta ya que el optimismo negocia con la esperanza y los sueños.

Milenio Estado de México, 2 de enero de 2014

Al final Calderón busca culpar a Dios de su gran fracaso

diciembre 1, 2012
¿Lo perdonara Dios?

¿Lo perdonara Dios?

Al final Calderón busca culpar a Dios de su gran fracaso
El adiós
*Aspiro a un México de paz, dijo en 2006, pero dejó el país sembrado de cadáveres: Salmerón
*Su peor herencia es haber abierto el camino de retorno al PRI y sus vicios
Por Claudia Herrera Beltrán
Periódico La Jornada
Viernes 30 de noviembre de 2012, p. 2
Perseguido por la duda del triunfo electoral, Felipe Calderón siguió en el décimo día de su gobierno un camino sin retorno: declaró la guerra a la delincuencia en busca de legitimidad. Con una elevada cuota de sangre, la peor derrota de su partido a cuestas e incumplidas varias promesas, devolverá la banda presidencial al PRI con un discurso que, según analistas, busca la exculpación. Me hubiera gustado hacer mucho más… pero Dios sabe por qué pone a determinadas personas en determinadas circunstancias, expresó hace unos días. Lejos de aquella máxima de Manuel Gómez Morín –el fundador de su partido–, quien en 1939 advirtiera a los primeros panistas: el mal no es fatal. No es cierto que los males que aquejan a México sean una parte ineludible del destino nacional; derivan de actos positivos o de omisiones del Estado. Omisiones o yerros de los que el presidente Calderón parece no asumir su responsabilidad, afirma Bernardo Barranco, estudioso de las religiones, quien analiza las recientes invocaciones del Ejecutivo a una divinidad como responsable de los males del país. Usa la providencia, a Dios, el destino superior, para justificar su gran fracaso, porque sabe que va a ser muy mal juzgado.
También traicionó sus raíces
Postura distinta a la que planteó el 13 de diciembre de 2006 en Huehuetoca, estado de México, cuando selló su perenne alianza con la plana mayor del Ejército, la Marina y la Secretaría de Seguridad Pública, que junto con el PRI le garantizaron poder jurar como presidente en el recinto de San Lázaro después de las impugnadas elecciones de 2006.

Don Luis Calderón Vega

Don Luis Calderón Vega

Creo firmemente que todos los mexicanos, a pesar de la adversidad, podemos construir una nación de libertades. Aspiro a que nuestro México sea una nación de orden, de paz, de libertad, de justicia, de democracia, un México más seguro, ofrecía antes de lanzar personalmente el Operativo Michoacán, vestido con una holgada casaca y gorra militares, instantánea que marcó su Presidencia.

Un México que después de seis años está sembrado de miles de cadáveres, fruto de una estrategia equívoca, explica Pedro Salmerón, historiador y académico del ITAM, al plantear que aplicó criterios contrarios a los mecanismos internacionales de lucha contra el crimen organizado y tuvo absoluta insensibilidad frente a los deudos; lo opuesto al humanismo del PAN. Porque Calderón deja Los Pinos habiendo traicionado también sus raíces católicas, familiares y partidistas, explica Barranco. “El problema es que es el hijo desobediente. Jamás abrazó las tesis  cristianas de su padre Luis Calderón Vega ni de su maestro Carlos Castillo Peraza. “Se dejó llevar por el glamour de la clase política pragmática, negociadora, cortoplacista, de los intereses de grupo, amante de la imagen, mientras los panistas históricos eran católicos conservadores, pero de principios”.
Respaldado en una religiosidad epidérmica –como la define este sociólogo–, Calderón ha esgrimido que los males o parabienes del país son casi obra divina. Cuando el virus de la influenza paralizó el país por decisiones tomadas desde su escritorio arguyó:enfrentamos no a cuatro jinetes del Apocalipsis mencionados en la Biblia, sino a cinco: la crisis económica, la violencia desatada por el crimen organizado, la peor sequía, la mayor caída en la producción de petróleo y la influenza (como símil de la peste). Y a medida que se acercaba el fin de su gestión dicho argumento se hizo más presente en sus discursos. Salimos avante gracias a Dios, manifestó hace un mes. Afortunadamente, gracias a Dios hemos podido salir adelante de muchos graves problemas que México enfrentó, diría el 11 de agosto en el estado de México. Y en el balance presentado el 1º de diciembre de 2011 enumeró las crisis afrontadas con la frase: Dios sabe por qué hace las cosas.

Felipe Calderón no fue discípulo de su padre ni de su mentor Carlos Castillo Peraza

Felipe Calderón no fue discípulo de su padre ni de su mentor Carlos Castillo Peraza

Para entonces, hasta sus más allegados se valían de esos planteamientos para justificar la situación del país. Su esposa, Margarita Zavala, oró para tocar el corazón de los violentos, y Roberto Gil Zuarth causó polémica cuando al dejar Los Pinos para dirigir la fallida campaña de Josefina Vázquez Mota señaló: suelo pensar que si una fuerza superior, la mano invisible del destino o Dios, ha puesto a prueba el carácter de esta nación, incluso hasta desafiar las leyes de la probabilidad, esa fuerza, ese destino o Dios, ha tenido el cuidado, la generosidad de prestarnos al mejor presidente de México.

A decir de Barranco, esas insistentes referencias parecen provenir más de un Calderón pragmático con poses retóricas que de un hombre de fe filosófica o erudita, quien finalmente enfrentó la violencia con violencia, el fuego con fuego, y eso no está en la lógica del humanismo integral ni del panismo histórico.
En septiembre de 2011, el michoacano se mostró preocupado por cómo iba a aparecer en los libros de historia, y anticipó: probablemente voy a ser recordado por el tema de la violencia, y probablemente con mucha injusticia. Era la mañana del 23 de junio en el castillo de Chapultepec, durante su encuentro con el poeta Javier Sicilia y otras víctimas de la violencia, a quienes abrazó después de haber sido criticado por mostrarse frío meses antes frente a las lágrimas de María de la Luz Ávila, madre de dos jóvenes muertos en Villas de Salvárcar, a quienes él erróneamente llamó pandilleros. Ella resumió el dolor de miles de víctimas.
Escudado en que había fallas en su política de comunicación que provocaban percepciones erradas, hizo espots, diálogos y hasta el documental Royal Tour para mostrar un México en paz, pero siguieron creciendo la cifra de muertos y las acusaciones de violaciones de derechos humanos cometidas por las fuerzas federales. Además, aprovechó la lucha contra el narcotráfico para perseguir a opositores políticos. El gabinete calderonista fue otro talón de Aquiles no reconocido por el Presidente, pero que al final se tradujo en 24 cambios, más que los hechos por Ernesto Zedillo, quien tenía el récord de 23 en las últimas cinco administraciones.
Rodeado de inexpertos
Bajo la premisa de rodearse de leales, aun al costo de la inexperiencia, encomendó los principales cargos a jóvenes ex colaboradores de la campaña, quienes al llegar al poder parecieron más preocupados por su imagen que por el servicio público. Varios se sometieron a costosas dietas que luego abandonaron; estrenaron casas, lujosos carros y andaban gustosos entre escoltas. A la postre, aquel grupo compacto se dividió por las pugnas y la fatalidad combinada con errores: dos secretarios de Gobernación amigos del Presidente muertos en accidentes aéreos: Juan Camilo Mouriño (por el que parecía inclinarse la balanza para que fuera el sucesor en Los Pinos) y José Francisco Blake Mora, además de Alonso Lujambio, el ex secretario de Educación, quien enfermó gravemente y falleció. Esa predilección por colocar a sus allegados en puestos clave llevó a Germán Martínez y César Nava a la dirigencia del partido y a ser señalados como los iniciadores de la debacle del PAN.
La fe de Felipe Calderón esta en el glamur del poder

La fe de Felipe Calderón esta en el glamur del poder

Arreciada la confrontación interna, Gustavo Madero –quien no es calderonista– tomó el timón del barco, pero la derrota parecía inminente ante la popularidad del priísta Enrique Peña Nieto y el crecimiento que tuvo Andrés Manuel López Obrador. Además de que hundió a su partido en el tercer lugar, la peor herencia que deja es haberle abierto el camino de regreso a un PRI con vicios del viejo y los adquiridos recientemente, añade Salmerón. Mientras, en las filas del panismo persisten las sospechas de que el Presidente negoció desde 2006 con eltricolor para devolverle la silla presidencial.
La hipótesis de la politóloga Soledad Loaeza es distinta. “El mandatario se preguntó: ‘¿con quién quiero perder? ¿Con Josefina o con Cordero?’, y al final brindó un apoyo débil a Vázquez Mota, porque no creía que fuera buena candidata”. Para la académica del Colegio de México y estudiosa del panismo, hubo fallas en la política de seguridad, pero el mandatario logró garantizar la estabilidad económica pese a la crisis y recuperar la imagen de la Presidencia de la República como institución central dentro del sistema político; seria, que no está para hacer chistes, como Fox, quien nunca entendió qué es la Presidencia. ¿Y el futuro del calderonismo? Loaeza cree que es la única corriente que cuenta con figuras sobresalientes dentro del PAN, como el mismo Presidente y su esposa. Sin embargo –acota–, elblanquiazul tiene un problema de liderazgos y de falta de personal político. Es difícil anticipar si regresará pronto al poder.
La Jornada, viernes 30 de noviembre de 2012

La ética como soberanía, iglesias y elecciones

junio 6, 2012

La ética como soberanía, iglesias y elecciones

Bernardo Barranco

Diferentes colectivos religiosos presentaron, este martes, un pronunciamiento ético de iglesias frente al proceso electoral de 2012. El Observatorio Eclesial, uno de los organizadores de la iniciativa, alertó que México vive una situación de emergencia nacional. Me llama la atención que diversos discursos religiosos sobre las elecciones estén enfatizando en la recuperación social de la ética ante el ejercicio y práctica de la política que ha venido erosionándose, perdiendo valores y que fácilmente cae en la mentira, la hipocresía y la simulación. El deslinde del ex presidente Vicente Fox es claro ejemplo de un político con moral filibustera. Para la opinión pública la clase política es la que posee el menor índice de credibilidad, los políticos son sinónimos de corrupción, engaño y mezquindad. Hay una clara tensión de valores entre los actores políticos que aspiran conquistar la Presidencia. Hablar de la relación entre ética y política es ir más allá del bien y el mal; es, ante todo, siguiendo a Hegel, una vocación de servicio desde la responsabilidad social.

Los valores como referentes básicos orientan el comportamiento de la vida cotidiana, tienden a hacer a la persona más humana, van conformando los principios socialmente aceptados y socialmente practicados. En ese sentido, la ética en la dinámica compleja de una sociedad es un acervo codificado de valores que se gestan en la cultura y en las religiones para otorgar sentidos a las normatividades jurídicas y políticas. Parafraseando a Albert Camus: un político sin ética es una bestia salvaje que conduce nuestros destinos.

La jerarquía católica, si bien mostró músculo al convocar a los cuatro aspirantes a su asamblea plenaria, vivió el inicio del proceso electoral con cierta incomodidad. Recordemos los copiosos temores políticos electorales en la opinión pública ante la visita del papa Benedicto XVI en abril pasado, justo cuando recién se iniciaban las campañas. Después, los obispos mexicanos se aplican a enderezar posturas, y ponen el acento en la dimensión ética en su mensaje con motivo del proceso electoral de 2012. En el texto afirman que hay que construir ciudadanía con ética, por ello se requiere que todos observemos un orden establecido por normas, un orden que se requiere respetar. Por tanto, la ética permite renovar la vocación de ser personas, de cultivar y difundir en la sociedad las virtudes morales y sociales. Algunos otros obispos han pasado de las grandes frases a señalamientos concretos. Por ejemplo, Raúl Vera, obispo de Saltillo, acaba de advertir a los fieles no caer en la corrupción que significa las dádivas con dinero y despensas a cambio de comprometer el voto. Vera reconoce las enormes carencias de la población y se lamenta de que los procesos electorales, en lugar de fortalecer a la ciudadanía, los partidos la manipulan. Éticamente, concluye, la compra y la coacción del voto es inaceptable: “‘Corromper el voto significa hacerse cómplice de derramamiento de sangre’, advirtió” (La Jornada, 5/6/12).

Con otra motivación, monseñor Felipe Arizmendi, obispo de San Cristóbal de las Casas, pide a la feligresía razonar su voto afinando la mirada crítica en torno de los candidatos: Quiénes son, qué han hecho en su vida, qué valores practican, qué experiencia tienen, cómo son sus reacciones, cuál es su actitud ante la familia, ante la vida, ante la religión. ¿Son honestos? ¿Hay estabilidad en su hogar? ¿No se han enriquecido ilícitamente?… Que nuestra decisión no se incline por los atractivos de los discursos y las promesas de campaña. Ni siquiera hay que fijarse mucho en los partidos, pues ahora sólo sirven como un trampolín para ser nombrados candidatos. Fijémonos más bien en la persona misma de los candidatos y de sus colaboradores (CEM, 3/6/12). Los obispos de Chiapas, en exhortación pastoral sobre el proceso electoral (9/5/12), insisten en “mirar a los candidatos y referirse a ellos como personas dignas de todo respeto, empeñados también en construir el bien común… Que no sea el criterio fundamental proponer sólo a quien tiene más posibilidades de ganar, pues la popularidad no es garantía de buen servicio” (CEM 9/5/12).

Además de las creencias, las iglesias son instancias tutelares de los valores. Son su materia prima, aunque muchas veces la moral que ellas proclaman no sea cabalmente aceptada por la sociedad, especialmente en el ámbito de la sexualidad. También es cierto que la agenda moral de las Iglesias se ha venido politizando y ha crispado otras coyunturas electorales. Los temas como aborto, uniones homosexuales y otros, los actores religiosos los han matizado en el presente proceso; es de agradecerse, quizá los obispos siguieron la línea moderada seguida por el tono de los discurso de Benedicto XVI en nuestro país. Gran parte de los obispos se han alejado del tono provocador e intransigente de las orientaciones pastorales sobre el voto del cardenal Rivera, que publicó en febrero de este año y alzó acaloradas polémicas, pues excluía aquellos políticos y candidatos que no se apegaran a las sagradas escrituras que no defendieran la vida y la libertad religiosa. Incluso la propia arquidiócesis ha flexibilizado posturas y ahora califica de fresca, la irrupción universitaria en la escena política; aunque con jiribilla frente a Mancera, pide a sus feligreses no hacer caso de las encuestas para el momento de sufragar. Coincido, la inesperada presencia de indignación de los jóvenes frente a las manipulaciones político-electorales de los medios, como el caso de la comparecencia de Peña Nieto en la Ibero, inhibe comportamientos mediáticos perversos como los que vivimos en 2006. La irrupción universitaria en el proceso obliga a los poderes fácticos a actuaciones menos facinerosas que en otras contiendas.

Sin embargo, muchas iglesias no practican con el ejemplo. Hay simonías electorales de católicos y evangélicos. La sociedad justa es la base de la ética cristiana subyacente en los derechos humanos, donde la verdad encauza al bien. Quizá resuena la filosofía política de Suárez, el jesuita que en los albores del siglo XVII sostuvo que Dios entrega la totalidad de la soberanía en el pueblo y el pueblo la delega en otra autoridad

La Jornada, miércoles 6 de junio de 2012

La pasarela de presidenciables ante el favor de Dios

abril 25, 2012

Quadri más fresco causo buena impresiónLa pasarela de presidenciables ante el favor de Dios

Bernardo Barranco V.

Me parece una exageración condenar la presencia de los candidatos a la Presidencia ante la asamblea de los obispos católicos. En una sociedad democrática no se viola el principio de laicidad por el hecho de que los candidatos expongan ante los ministros de culto sus programas y ofertas políticas, como lo tienen que hacer ante los empresarios, sindicatos, organizaciones sociales. En cambio, sería reprochable que los candidatos rechazaron invitaciones de otras iglesias y credos, porque vulnerarían el principio de equidad. Por otra parte, es cuestionable que la pasarela de presidenciables se haya realizado a puerta cerrada, sin la presencia de los medios. Probablemente para distender el diálogo se sacrifica el derecho de la ciudadanía a observar el desempeño y la actitud de los candidatos ante temas delicados y polémicos, como el aborto, las nuevas parejas gays, la libertad religiosa, el Estado laico, etcétera. El hecho es que los propios candidatos solicitaron, de común acuerdo con los obispos, un diálogo privado. La jerarquía católica, por su parte, con mucha experiencia política, ha aprendido, desde los tiempos del nuncio Girolamo Prigione, a insertar sus demandas y agenda en los momentos de coyuntura electoral, pues, como ya lo hemos señalado, es el momento de mayor debilidad de la clase política. En otras palabras, son los momentos de la Iglesia para incidir e inducir su visión en las políticas públicas. La jerarquía, pues, hace sentir su peso político, y la manera de ejercer su influencia es demostrar a la sociedad su presencia política y hacer valer su condición de factor de poder. Aunque su incidencia religiosa vaya a la baja, ya que se vive la menor tasa de católicos en la historia del país, en contraparte la relevancia política del clero va al alza.

El contacto entre candidatos y obispos católicos tampoco es nuevo. Estos encuentros se remontan, en la historia reciente de los procesos electorales, a la campaña de Carlos Salinas, que incluyó en sus giras el contacto con los obispos locales. El vocero del episcopado, entonces Genaro Alamilla, celebra la iniciativa e invita al candidato priísta a hacer política moderna y presentar sus propuestas a los obispos en 1988.

Vicente Fox rompió el tabú de los candidatos abiertamente confesionales al declararse católico y enarbolar el estandarte guadalupano como primer acto de campaña ante el estupor de algunos obispos mexicanos. Sin duda, una de las lecciones que sacó el PRI de la alternancia fue descuidar el papel político de la Iglesia; esta conclusión costosa de 2000 ha marcado un parteaguas en la actitud del tricolorfrente a los obispos. Las pasarelas de candidatos presidenciales ante el pleno del episcopado mexicano se han venido haciendo actos usuales desde 2006. Surgen algunas interrogantes entre politólogos y especialistas en temas religiosos: ¿existe el voto católico?, ¿qué tan fuerte es la gravitación del clero católico en la intención del votante? ¿Por qué la clase política concede tanta notoriedad al clero?

En los últimos 10 años hay cierto desencanto clerical por los gobiernos panistas. Sin duda el clero apoyó y legitimó a Calderón en la crisis electoral de 2006, y se benefició políticamente. Por ello debemos comprender que la repolitización de lo religioso no es un fenómeno privativo de México. Desde los años noventa la jerarquía católica, a escala internacional, tiene una agenda moral que constantemente choca con la secularización. Hay debates en España, Francia, Estados Unidos, por mencionar algunos, en que se discute la interacción entre laicidad, libertad religiosa y secularización. Por ello la agenda moral católica se ha venido politizando y los obispos, para imponerla, han venido operando con mayor agudeza. Lo religioso se ha venido desprivatizando, es decir, se resiste a vivir la fe desde lo privado y en contraste aspira a emerger con energía en el espacio público. En México, la jerarquía católica se ha beneficiado de la federalización de algunas regiones. La llamadafeudalización de muchos gobernadores ha contribuido a otorgar mayor peso político a algunos obispos locales. Por ejemplo Juan Sandoval Íñiguez, abiertamente panista, se convirtió en Jalisco en un poder real, sólo equiparable al del gobernador. Onésimo Cepeda, en Ecatepec, ha sido constante operador político tricolor; los obispos de Chihuahua que en los años ochenta fueron panistas defensores del voto ahora respaldan abiertamente al PRI. Y en el estado de México se puede hablar de obispos peñistas.

A la diversidad religiosa de la Iglesia se puede añadir la diversidad política, a condición de fortalecer una agenda moral que se impone como eje rector. Es evidente que los candidatos ven en la Iglesia una fuerza política real; así lo han percibido desde hace más de una década. En la comparecencia de candidatos ante cerca de 100 obispos, las biografías de Josefina Vázquez Mota y Enrique Peña Nieto están ligadas a la Iglesia. En el árbol genealógico del candidato priísta existen varios obispos e influyentes clérigos mexiquenses, y el ex gobernador parece desempolvar las viejas tesis salinistas sobre el papel político de la Iglesia y asignarle una función de aliada estratégica. Los planteamientos de ambos, si bien cuidadosos, se movieron en territorios conocidos: defensa de la vida, la familia, la libertad religiosa y una laicidad atemperada. Andrés Manuel López Obrador, en cambio, cruzó una espada de doble filo, no confrontó la agenda de la Iglesia, pero tampoco la avaló, por la presión de los propios grupos de izquierda. Salió del terreno de los valores para colocarse en la crítica común del modelo económico y la búsqueda de la paz. Gabriel Quadri, con mayor libertad de todos los candidatos, reivindicó su catolicidad, pero admitió las uniones de personas del mismo sexo diferenciándolas del matrimonio católico. Podría decirse que su descaro le hizo ganar simpatías entre muchos prelados mexicanos.

Hay un nuevo mapa político religioso en México. Gran parte del clero mira con reticencia las posturas del PRD, pese a la nueva actitud moderada de su amoroso candidato. Este clero se ha dejado consentir regionalmente por los gobernadores priístas, aunque predomina en el Bajío y las tierras cristeras una prevalencia panista. La clase política, si bien ha perdido raíces ideológicas, tradiciones y ha ganado pragmatismo, no es estúpida; sabe del peso político y el ascendiente que tienen los obispos.

La Jornada, miércoles 25 de abril de 2012

Presidentes mexicanos y Papas: relaciones de escándalo

mayo 3, 2011




Arturo Rodríguez García
Proceso
MÉXICO, D.F. 29 de abril (apro).- Los encuentros entre presidentes mexicanos y Papas han sido escandalosos, pues pese a la histórica separación entre el Estado mexicano y la religión, han aprovechado la influencia religiosa papal para fines personales e incurrido en excesos durante las últimas cuatro décadas.

La reforma juarista en el siglo XIX y la “guerra cristera” en la segunda y tercera décadas del siglo XX derivaron en violencia y en una separación Iglesia-Estado elevada a rango constitucional. Fue Carlos Salians de Gortari, en 1992, el presidente mexicano que decidió restablecer las relaciones diplomáticas con El Vaticano.

Sin embargo, durante todo el siglo XX, la jerarquía religiosa mexicana, en especial la católica, insistió en la modificación de varios artículos constitucionales: El 3 (sobre educación laica), 5 (sobre garantía de libertad), 24 (sobre el culto), el 27 (que prohibía a la Iglesia pudiera tener bienes) y el 130 (de separación Iglesia-Estado).

Salvo el artículo 3, las reformas se alcanzaron en 1992, con el régimen salinista, cuando también se aprobó y entró en vigor la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público.

No obstante la ausencia de relación diplomática, los contactos entre los presidentes mexicanos con El Vaticano, se mantuvieron mucho antes que la reforma salinista y fueron ampliamente comentados desde que Luis Echeverría visitó la sede católica en 1974.

En entrevista con Apro, el experto en religiones Bernardo Barranco recuerda la polémica desatada con el primer contacto público de un presidente mexicano con un Papa: La visita de Luis Echeverría al Vaticano, en 1974, cuando acudió ante Paulo VI, con el propósito de agradecer su apoyo para la Carta de los Derechos y Deberes Económicos de los Estados, conocida comúnmente como Carta del Tercer Mundo.

Sin embargo, la primera vez que un contacto de esa naturaleza detonó un escándalo político, fue durante la primera visita de Juan Pablo II a México en 1979.

Barranco refiere la primera visita del sumo pontífice en enero de 1979, cuando era presidente José López Portillo, quien, a juicio del investigador, “reveló la hipocresía de la clase política mexicana”.

El mandatario recibió al Papa en el hangar, lo saludó y le dijo: “Lo dejo con la feligresía”, acentuando así la cortesía política con una sana distancia Iglesia-Estado.

En esa ocasión, por primera vez en muchos años, el gobierno autorizó una misa al aire libre que, también por primera ocasión, se transmitió por televisión; pero lo que más escandalizó fue una de las excentricidades al estilo López Portillo, pues consiguió que la gira se detuviera en Los Pinos, la residencia oficial, para que el Papa oficiara una misa ahí, a fin de satisfacer un capricho de su madre.

Expuesto en la opinión pública, López Portillo minimizó las complicaciones legales y políticas derivadas de la ausencia de relaciones diplomáticas y, ante las críticas a la recepción en la residencia oficial, tuvo un desplante más: respondió diciendo que pagaría de su bolsillo la sanción prevista en la ley, por violar la laicidad del edificio público.

El secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles, herido en su liberalismo juarista, renunció al gabinete.

Para Carlos Salinas de Gortari el reproche fue “por lo animoso, mimoso y dulce de su conducta, en palabras y como gran patrocinador de la faraónica visita de Juan Pablo II en 1990, que constituyó el preámbulo para los cambios constitucionales de 1991 (sobre la relación Iglesia-Estado)”, dice Barranco.

Respecto a Ernesto Zedillo, el investigador afirma que tomó distancia. Tan indiferente fue a la Iglesia que llegó a tener problemas diplomáticos cuando, en enero de 1996, estaba por iniciar una gira por Italia sin haber incluido al Vaticano.

La cancillería quiso agregar la visita al Vaticano de última hora para una salutación a Juan Pablo II, quien ya tenía programada una gira en el extranjero, a la que debieron hacerle ajustes.

Empantanados en los yerros diplomáticos, el Papa  regaño a Zedillo públicamente.

“El momento más crujiente fue con Vicente Fox, en la última visita de Juan Pablo II, un Papa disminuido, cansado y enfermo, que vino a canonizar a Juan Diego en 2002. El escándalo fue porque Fox se hincó y le besó la mano”, recuerda Barranco.

Ese exceso de Vicente Fox fue justificado por el entonces secretario de Gobernación, Santiago Creel Miranda, quien sostuvo que al arrodillarse y besarle la mano a Karol Wojtyla, Vicente Fox hizo uso de su libertad religiosa, sin hipocresías.

En el caso de Vicente Fox, que asistió a las exequias de Juan Pablo II en abril de 2005, no hubo polémica, pues el presidente acudió a los funerales de otro jefe de Estado, como lo hicieron decenas de líderes mundiales.

Eso no ocurre esta vez con Felipe Calderón. La polémica, aunque menos estridente que las de sus predecesores, en relación a su viaje al Vaticano, es por la forma en que la Oficina de la Presidencia de la República y la cancillería, justificaron, en la calidad de jefe de Estado, la asistencia del presidente a un acto netamente litúrgico, en compañía de su esposa.

Fuente: Proceso

“Juan Pablo II cimbró al sistema político de México”

mayo 3, 2011

Cuatro presidentes de México recibieron al ahora beato para acercarse también al pueblo

José Luis Ruiz y Natalia Gómez

El Universal

Había violado las leyes. No merecería la cárcel, pero sí una multa por pasear por las calles con vestimentas inapropiadas y provocar manifestaciones prohibidas. Sin embargo, el presidente José López Portillo salió en su defensa: “Yo pago la multa”. El papa Juan Pablo II había sido el infractor de esta historia en enero de 1979, durante su primera visita a México.

Había violado las leyes porque en el país estaba prohibido andar por las calles con hábitos religiosos y realizar cualquier manifestación pública de fe. El Sumo Pontífice rompió las normas que provenían de los principios revolucionarios, pero de manera especial de la Guerra Cristera entre 1926 y 1929.

Las leyes fueron rebasadas y se impuso la realidad. Durante casi siete días de visita a México se movilizaron 20 millones de personas en actos públicos para encontrarse con el Santo Padre, quien hacía tres meses había asumido su pontificado. El objetivo del Papa en ese entonces era asistir a la tercera conferencia del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), que se llevaría a cabo en Puebla.

Para los especialistas en religión, el desbordamiento del pueblo mexicano en expresiones de fe demostraron a los políticos que esas leyes habían quedado obsoletas. “Su presencia echa por tierra versiones que señalaban que la visita del Papa develaría el anticlericalismo y la decadencia de la Iglesia”, dice Jorge Traslosheros, del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM.

“La comunión tan especial entre Juan Pablo II y los mexicanos cimbró al sistema político mexicano”, comentó Bernardo Barranco.

México se convulsionaba. Para los investigadores la década de los 80 y su cambio en la cultura política provocó varias modificaciones importantes en la relación Iglesia-Estado. En 1988, Carlos Salinas gana la presidencia en medio de versiones que acusan un fraude.

La falta de legitimidad, dice Barranco, obliga a Salinas de Gortari a apurar el acercamiento con la Iglesia previo a la segunda visita a México de Juan Pablo II en 1990. México y la Santa Sede todavía no tenían relaciones diplomáticas, pero el Santo Padre fue recibido en tierra azteca como el líder universal de la Iglesia católica.

En 1992 se establecen relaciones diplomáticas entre México y la Santa Sede, luego de que las reformas al artículo 130 de la Constitución y la entrada en vigor de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público en ese mismo año reconocían la personalidad jurídica de las asociaciones religiosas.


Fue el presidente Zedillo quien invitaría al pontífice por primera vez en su calidad de jefe de Estado. Esa fue la cuarta visita del Papa, recordada por su inolvidable presencia en el Estadio Azteca, pero sobre todo por la proclamación que hizo en el Cerro de Tepeyac a su virgen morena para elevarla como la reina de toda América.

Para 2000, el cambio de partido en el gobierno trajo un mayor acercamiento con la Santa Sede, debido a que Vicente Fox habría ganado las elecciones por el PAN, muy cercano a la Organización Demócrata Cristiana de América.

Apenas había descendido del avión de la aerolínea TACA, el 30 de julio de 2002, y el presiente Vicente Fox se inclinaba para besar el anillo papal de Juan Pablo II en su quinta y útima visita a México. Sólo llevaba dos años como presidente y ya los escándalos minaban la popularidad obtenida al derrotar al PRI.

La fervorosa recepción arrancó simpatías, pero también duras criticas, ya que Fox ignoró lo dispuesto en la Constitución sobre la separación entre Iglesia y Estado. Esto nunca lo intimidó. Durante su mandato siempre defendió su formación religiosa y lo refrendaba al rematar sus discursos públicos con: “Que Dios los bendiga”.

Lunes 02 de mayo de 201, El Universal 

El cardenal y Dios contra el orden social

enero 21, 2010
El cardenal y Dios contra el orden social
Bernardo Barranco V.

Principalmente por la actitud y forma, el cardenal Norberto Rivera aparece como un actor teocrático que intenta someter la racionalidad política y jurídica del país a los principios religiosos.

Cuando Rivera afirma la supremacía de la ley divina sobre el orden secular realmente existente se coloca como un ayatola de la intransigencia religiosa y de certezas absolutas, de tal suerte que la discusión sobre los matrimonios gays y las adopciones, punto central del debate, en momentos ha pasado a segundo plano. El acto comunicativo del cardenal cancela la discusión de un tema álgido para dar lugar a los reproches, las descalificaciones, las amenazas y los chantajes entre los diversos actores involucrados. Las declaraciones y los posicionamientos acostumbrados, a manera de ritual litúrgico, han mostrado la falta de conceptualización y la pobreza argumentativa de los diferentes protagonistas.

Ahora, lo que flota en el ánimo de la discusión es la búsqueda de fórmulas que permitan la convivencia entre la religión y la política. Dicho de otra manera: si los principios católicos y la política parecieran ser  irreconciliables, más bien lo importante a saber es si la democracia podrá ser compatible y coexistir con una religión que ambiciona dirigir la política y a la clase política, como en la Edad Media o en los actuales integrismos islámicos. O, por el contrario, concediendo la óptica del cardenal, cómo podrá prevalecer la cultura católica si la política y cultura modernas  intentan manipular o subordinar lo religioso, como sucedió en las experiencias comunistas o las dictaduras sudamericanas que demolían todo en nombre de una sociedad occidental y cristiana, es decir, se apropiaron de lo religioso para justificar la represión.

El Estado laico permite a cualquier iglesia defender y sostener hasta con pasión sus posturas; sin embargo, el Estado laico no puede resistir ni tolerar la amenaza ni la deconstrucción de sus fundamentos basados en el respeto a la pluralidad, en la tolerancia y la equidad, especialmente ante las minorías.

El Estado laico supone el respeto a los principios y fundamentos, que le permite regular la convivencia pacífica de las diversidades. En la antigüedad y en la Edad Media los ordenamientos religiosos eran el sustento básico de las normas de la sociedad; de ahí que los códigos éticos y las nociones cardinales de la moral eran claramente confesionales. La identidad societaria era esencialmente religiosa; el carácter divino de las leyes, además de hacerlas irrefutables, las volvía obligatorias tanto para el individuo como para la comunidad; su cumplimiento convierte al sujeto en virtuoso merecedor de premios o, por el contrario, de castigos. Con el advenimiento de la modernidad, la razón instrumental establece diferenciaciones, y una de las características notables de esta modernidad es que rechaza a Dios como jefe de Estado.

En cada sexenio, el cardenal ha desatado altercados y tormentas por sus posturas de rechazo al orden social establecido. Recordemos: en tiempos de Zedillo, con apenas un año en la arquidiócesis, Rivera reivindicó en una homilía inflamada, el 20 de octubre de 1996, la acción política de la Iglesia católica e incluso llamó a la desobediencia civil.

Oficiosamente fue apercibido tímidamente por la Subsecretaría de Asuntos Religiosos, encabezada por Rafael Rodríguez Barrera en ese entonces. El gobierno amagó a la arquidiócesis con retirarle su registro como asociación religiosa. Esa actitud hizo que el clero católico cerrara filas en torno del arzobispo, recibiendo el apoyo de diferentes voces democráticas y fuerzas políticas, entre ellas las del PRD con Cuauhtémoc Cárdenas, pidiendo al gobierno mayor tolerancia y mayor libertad de expresión para las iglesias.

El segundo caso de posicionamiento agresivo fue en octubre de 2005, en el gobierno de Vicente Fox, en torno a la eutanasia. El cardenal nuevamente propuso negar obediencia al gobierno y al orden legal constituido; aquí sorpresivamente recibió el apoyo del entonces secretario Carlos María Abascal, quien se detentó jusnaturalista frente al derecho positivo imperante en este país desde las leyes de Reforma, postura válida para un creyente, pero cuestionable con la más alta investidura de ser el único secretario de Gobernación que avala la supremacía del derecho natural sobre el positivo. Y bajo la figura de la objeción de conciencia –jurídicamente inexistente en México– condescendió al llamado a la desobediencia civil propuesta por el cardenal (La Jornada, 19/10/05).

Norberto Rivera tiene genes cristeros, heredados de uno de sus maestros, el ultraconservador y controvertido obispo de Durango, Antonio López Aviña (1915-2004), quien soñaba construir una república católica sustentada por movimientos socialcristianos tipo falanges franquistas. Ése es quizás el modelo que Rivera evoca imprudentemente atrayendo las posturas de las gestas cristeras que llegan a cimbrar peligrosamente el sistema político mexicano. Rivera Carrera obliga a muchos obispos, ya en el ojo de tormentas, a posicionarse a su lado probablemente sin estar del todo de acuerdo en las formas ni procedimientos de confrontación directa y ruda.

A diferencia del torbellino de 2007 en torno al aborto, en el que prácticamente el cardenal se quedó solo, ahora ha aprovechado que un sector significativo de la sociedad mexicana no está en favor de los matrimonios gays y rechaza fundamentalmente el tema de la adopción. El cardenal ha logrado movilizar y agrupar a los sectores más conservadores del PAN, encabezados por su presidente César Nava, señalado por Luis Paredes en su libro Los secretos del Yunque como uno de sus más prominentes activistas; igualmente el cardenal ha contado con el sustento de diversas agrupaciones evangélicas.

Más allá del desenlace para revertir la reforma aprobada por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal quedan preguntas entre los creyentes en un contexto secular: ¿el Estado laico puede tener una ética política sin un fundamento espiritual ni de trascendencia? O, dicho de otro modo, ¿el Estado puede ser legítimo al poseer una moral laica que prescinda de Dios?

La Jornada, 20 de enero de 2010

La impostura católica de Peña Nieto

diciembre 23, 2009
La impostura católica de Peña Nieto
Bernardo Barranco V.

Serios retrocesos a la laicidad ha representado este año 2009 que está a punto de concluir. La clase política entra a festejar el bicentenario habiendo traicionado los fundamentos juaristas que dieron sustentos modernos al Estado mexicano contemporáneo. Me refiero no sólo a la contrarreforma antiaborto, promovida por el PRI en 18 entidades de la República, o al acotamiento de libertades laicas, sino a la bochornosa polémica que Enrique Peña Nieto ha protagonizado con su aparatosa y mediática visita que recientemente realizó al Vaticano.

El montaje va más allá de la burda utilización de la esplendorosa escenografía pontificia y de los reflectores televisivos para anunciarnos no nada más la boda del gobernador mexiquense, sino el arranque formal de su candidatura hacia la Presidencia de la República. Peña está anunciando que va con todo y no importan los cómos; junto a gobernadores aliados, incluidos sus presupuestos; su acometida es absoluta y total, no tiene reparos, incluso está dispuesto a sacrificar raíces políticas e identidades ideológicas.

Las imágenes del joven político de Atlacomulco con el papa Benedicto XVI simbolizan una supuesta posición político-religiosa conservadora, apropiada a la atmósfera que ha reinado en nuestro país en los últimos 10 años de gobiernos de la alternancia panista. Con oportunismo, Peña Nieto enarbola los principios cristianos como parte esencial de la estructura ética que lo envuelve. De frontera a frontera, parece anunciar que ha ido ya más allá del casting para convertirse en actor protagonista de primer reparto. De su constante irrupción mediática, pequeñas apariciones, ha dado un salto cualitativo: del posicionamiento al asalto político hacia el poder. El llamado efecto Peña Nieto pasa a una fase operativa; de galán de culebrón se convierte en eminente protagonista, en medio de un complejo reparto político plagado de infames, su inevitable y dramática misión será conducir bien a México y salvarlo de la catástrofe.

En cierta forma, en este episodio pontifical Peña Nieto ha emulado a Vicente Fox, quien también arrancó prematuramente su campaña ondeando el estandarte guadalupano al estilo de Miguel Hidalgo. Evidentemente, el asunto tiene más fondo que los excesivos gastos de la puesta de escena en Roma y la distinción entre lo público y lo privado del actor. La pragmática estrategia mexiquense parece inspirada en las tesis de Zygmunt Bauman, quien sostiene en su libro Tiempos líquidos el abandono de los compromisos, lealtades y sólidas posturas ideológicas para dar paso a la liquidez de lo inmediato, a la volubilidad del interés presente, a la hiperflexibilidad, al pensamiento maleable de corto plazo y, sobre todo, a la separación entre poder y política. El riesgo de alcanzar el supremo objetivo a costa del desdibujamiento de la tradición política del PRI. Muy probablemente juegue a favor la obsesión tricolor por reconquistar Los Pinos, sacrificando su raigambre liberal e implantando un pragmatismo oscurantista que ha llevado a establecer alianzas, es el caso de las leyes antiaborto, con los sectores más recalcitrantes de la ultraderecha. Quizá cuente también la enfermiza obcecación del inexistente grupo Atlacomulco por encumbrar a uno de sus miembros en la silla presidencial, para permitir la construcción de un perfil híbrido, más afín a los principios panistas que a la trayectoria del Revolucionario Institucional.

Efectivamente, el look y la impostura que seguramente han diseñado los publicistas y marketineros de Televisa en Peña Nieto se asemeja más a las características distintivas de un candidato panista: joven, metrosexual, conservador, eficiente, dinámico, católico, patriota, defensor de la familia, apasionado y apuesto. Es la máscara y el maquillaje aplicado para satisfacer los altos niveles de audiencia, posicionándolo a tal grado que le aseguren una inevitable postulación por su partido como hizo hace 10 años Vicente Fox.

La Iglesia católica, astuta como siempre, no es responsable de la apuesta de Peña Nieto; sin embargo, sabrá sacar provecho político con creces, ejercer todo su peso simbólico y lobby para posicionar su visión, misión y acentos políticos propios.

Peña Nieto y el PRI han abierto la puerta para que de nueva cuenta la jerarquía católica irrumpa con gravitación en la escena política del país; veremos las consecuencias. Ésta se ha beneficiado de un diagnóstico errado de la clase política que establece un supuesto peso electoral de los obispos católicos y de un aparente liderazgo en la orientación y en las preferencias políticas subyacentes en los fieles-electores.

El gobernador mexiquense parece desempolvar las viejas tesis salinistas sobre el papel político de la Iglesia y asignarle un papel de aliada estratégica. Y no me sorprendería que lo incorpore como parte de su discurso político; en todo caso, ya dio línea públicamente para que su Congreso endurezca penalizaciones en caso de aborto a las mujeres de la entidad. Esta tentación ha estado presente en muchos gobiernos, particularmente en momentos de apuro, con altos costos y facturas.

Con estilos muy diferentes, la esencia de Juanito y Peña Nieto es la misma: son subyugados por el protagonismo y el canto de las sirenas. Los próximos meses presagian sordas disputas donde presenciaremos duros golpeteos y se pondrá a prueba la apasionada adhesión del gobernador a los principios cristianos.