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La tibieza de autoridades favorece que la Iglesia reincida en violar la ley: expertos

febrero 17, 2012

El pronunciamiento de católicos viola la Constitución, el Cofipe y otras leyes, coinciden

Ariane Díaz y Emir Olivares
Periódico La Jornada
Jueves 16 de febrero de 2012, p. 18

El llamado de la Iglesia católica a votar por alternativas políticas que promuevan el modelo tradicional de familia y respeten el derecho a la vida desde la concepción hasta su fin natural vulnera los artículos 24 y 130 de la Constitución, el 353 del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe) y el 29 de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, señalaron especialistas en derecho y asuntos religiosos.

Apuntaron que se trata de una conducta reiterada ante la cual las autoridades correspondientes han sido tibias y omisas y exigieron una sanción a los ministros de culto que incurran en estas faltas.

César Astudillo, miembro del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, explicó que el artículo 353 del Cofipe señala que en lugares de culto y públicos o a través de medios de comunicación, los ministros religiosos no pueden inducir a la abstención o a votar por un partido o candidato.

El llamado de la Iglesia católica no fue un discurso pronunciado en un templo, sino que se trata de “un documento bien preparado y pensado para tener una amplia difusión entre los seguidores de una determinada religión. En ese sentido puede preverse que existe toda la intencionalidad de inducir a no votar por un determinado partido político.

Los ministros de culto tienen libertad de expresión, pero en el contexto democrático de nuestro país ese derecho es acotado y no puede ser como el del resto de los ciudadanos, pues su opinión (de los jerarcas católicos) tiene más peso que la de cualquier ciudadano.

Indicó que también hay una violación constitucional, debido a que el precepto vulnerado del Cofipe tiene gran parte de su base en los artículos 24 y 130 de la Constitución. Existe libertad para que cada persona profese la creencia que le parezca mejor. Lo que la legislación no permite es que los asuntos de la fe interfieran en los públicos.

Bernardo Barranco, especialista en temas religiosos, detalló que el exhorto de Rivera Carrera es una violación implícita a dichas leyes porque trata de inducir el voto. No dijeron directamente estar contra candidatos del Partido de la Revolución Democrática (PRD), pero plantearon tal conjunto de criterios que excluyeron a aquellos partidos o candidatos que puedan tener propuestas en torno al aborto, la eutanasia y nuevos modelos de pareja.

Llamó al Instituto Federal Electoral (IFE) y la Secretaría de Gobernación a aplicar la ley con firmeza para romper el círculo vicioso –generado por la intervención de la Iglesia católica en temas políticos– parece una película ya vista: en el que hay una provocación; reacción mediática, política y académica, y como acto final está  autoproclamación de Rivera Carrera como mártir de la fe, perseguido por sus convicciones religiosas.

Toca a los partidos que se sientan agredidos presentar una denuncia, en tanto que a las autoridades ejercer su responsabilidad ante este tipo de acciones. La omisión y tibieza con que éstas se han conducido ante llamados similares de la jerarquía católica ha dado pie a que la Iglesia dé rienda suelta a (la expresión de) sus posturas.

Gabriela Juárez, presidenta del Observatorio Eclesial, consideró que la Iglesia oficial está en su derecho de promover ciertos valores pero no en un periodo electoral. Sí, hay una manipulación partidista y no todos los católicos estamos de acuerdo con su postura; muchos estamos en favor del derecho de la mujer a decidir y a la libertad sexual.

Por su parte, Lourdes Enríquez, asesora jurídica del Programa Universitario de Estudios de Género de la UNAM, señaló que el llamado del cardenal Rivera es una ilegalidad que atenta contra la Constitución y el Cofipe.

La Jornada, Jueves 16 de febrero de 2012

El cardenal Norberto Rivera contra el IFE

noviembre 24, 2011
El cardenal Norberto Rivera contra el IFE
Bernardo Barranco V.

El editorial del pasado domingo de Desde la Fe, semanario de la arquidiócesis de México, arremetió con rudeza contra el Instituto Federal Electoral (IFE). Le cuestionó su aporte cada vez más debilitado a la democracia electoral; le reclamó burocratización, los altos costos y salarios tanto del instituto como de funcionarios y, sobre todo, se lamentó de que el IFE se haya partidizado al extremo de quedar a merced de los intereses político-partidarios.

En el editorial, Desde la Fe indica: No podemos dejar de señalar que el IFE se ha convertido en una enorme burocracia que, comenzando por los ciudadanos consejeros, requiere de inmensos recursos. Con cierto oportunismo, la arquidiócesis se hace eco de un creciente malestar de la población ante la clase política y ante sus excesos, que indudablemente tienen efectos en instituciones como el IFE. Sin embargo, culpa a los consejeros como si éstos fueran responsables del deterioro general de la democracia electoral, de las  reformas defectuosas y supuestas aplicaciones arbitrarias de la ley. La arquidiócesis parece fabricar réplicas sísmicas cuyo epicentro se ha desatado en diferentes medios electrónicos. Sin embargo, Desde la Fe no propone alternativas. Critica de manera demoledora y contundente, pero no ofrece sino ahondar el descrédito de una institución clave en la sacudida transición que nuestro país ha optado. Parece apenas descubrir los altos salarios de los funcionarios, cuando este acuerdo está motivado desde hace más de 15 años, pero en realidad arremete contra una institución cada vez más dispuesta a aplicar la normatividad electoral a la continua tentación política de la Iglesia.

De inmediato los consejeros electorales han revirado. Las críticas publicadas –dicen– carecen de sustento, no son constructivas y sólo pretenden desacreditar la imagen del IFE con un fin perverso, subrayó con esta fuerte expresión el consejero Baños. En Radio Fórmula, agregó que en la arquidiócesis de la ciudad de México no quieren reconocer que no les corresponde meterse en los temas electorales; ellos tienen una misión fundamental que cumplir y eso tiene que ver con los asuntos de la moral. Aseguró que es recomendable que los religiosos ejerzan en materia política los derechos con los que legalmente cuentan y están reconocidos en la Constitución.


El semanario Desde la Fe asume una posición que ha repetido continuamente el propio cardenal Norberto Rivera, que es el desacato a la autoridad cuando ésta a su juicio se desvía. Algo así como un clerical al diablo con las instituciones, exaltando la objeción de conciencia. Sin embargo, la Iglesia históricamente, a pesar de tener contradicciones con los sistemas políticos, tiende al respeto y obligación de las leyes y la normatividad. La realpolitik que impulsó el cardenal Agustino Casaroli durante la guerra fría es ejemplo de respeto, a pesar de las divergencias, al orden social establecido.

El cardenal Rivera muestra una vez más su actitud teocrática. Es decir,  la supremacía de los principios religiosos sobre los políticos. En otros momentos nos ha regalado perlas al anteponer la ley divina sobre el orden secular realmente existente. Las certezas absolutas del cardenal se llaman, en sociología política de la religión: catolicismo intransigente.

En el ámbito político la Iglesia se siente fortalecida. La visita del papa Benedicto XVI en la primavera del año próximo, en pleno proceso electoral, así como la pleitesía que le rinden los políticos encumbrados, encabezados por el propio Presidente de la República, propician la soberbia clerical, que, lejos de asumir los justos reclamos de la sociedad, la jerarquía católica aprovecha para insertar sus reivindicaciones e intereses. ¿Cuáles son sus intereses? Desde hace mucho un sector del clero pretende plena participación político-partidaria incluso en procesos electorales que tanto la Constitución, como el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales y la ley de asociaciones religiosas y culto público le prohíben de manera explícita y tajante.

A riesgo de ser reiterativos, por ello debemos reivindicar el carácter laico del Estado. Sin laicidad no hay libertad religiosa de las propias iglesias ni del Estado. Sin laicidad no hay democracia, porque el Estado laico permite a cualquier iglesia defender y sostener hasta con pasión sus posturas; sin embargo, el Estado laico no puede resistir ni tolerar la amenaza ni la deconstrucción de sus fundamentos, basados en el respeto a la pluralidad, en la tolerancia y la equidad, especialmente a las instituciones. Un sector de la jerarquía, ante el proceso electoral en puerta, amenaza con desatar sus intereses y pasiones.

La Jornada, miércoles 23 de noviembre de 2011