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Escaso compromiso democrático; pobre calidad electoral

julio 19, 2012

Escaso compromiso democrático; pobre calidad electoral

Bernardo Barranco V.

Mis hijos, que rondan los 25 años, se avergüenzan de que su padre sea consejero local del IFE. A pesar de todos los esfuerzos, el IFE no pudo sacudirse el fantasma de 2006 en este proceso electoral. Hay que reconocerlo, su imagen no salió bien librada. Flota en el ánimo ciudadano que el Consejo General pudo haber hecho mucho más. Ése es uno de los tópicos que los consejeros locales de diversos estados intercambiamos de manera informal. A pesar de que técnicamente el proceso estuvo bien coordinado, que en la operación como tal el IFE cumplió su tarea, importantes sectores de la sociedad le reprochan no haber ido más lejos en su calidad de árbitro y no sólo organizador. Desde sus facultades pudo haber ido más lejos para garantizar elecciones más equitativas y, sobre todo, frenar la compra y coacción del voto.

No basta rezar que la Fepade es la responsable de atender y sancionar los delitos electorales; de hecho su repetición suena a excusa y baños en salud, pues muchas medidas precautorias y preventivas pudieron haberse implementado. El reto del IFE era no sólo recobrar la credibilidad de la sociedad, sino su propia confianza institucional. Pero, si el mismo presidente del Consejo General, Leonardo Valdez, tuvo una de las más imprudentes y desafortunadas declaraciones al expresar días antes de la jornada electoral que las denuncias de compra y coacción de votos son folclóricas, míticas y que tendrían efectos marginales (La Jornada, 27/6/12).

La coacción del voto es un acto de imposición que se induce bajo presión hacia un partido o a la abstención que vulnera la libertad de un individuo o de una colectividad. La compra del voto es un intercambio de bienes, dineros o favores para que una persona o un grupo voten por determinada franquicia política o candidato. Alianza Cívica, reconocida red social que desde hace 18 años ha venido monitoreando los procesos electorales, dio a conocer hace tiempo las crecientes tendencias de dicha práctica funesta. Estudios en México financiados por el IFE arrojaron que, en 2003, 3 por ciento de los electores fueron tocados por la compra y coacción de voto; en 2006, 7 por ciento; en 2009 la cifra crece de manera alarmante a 27.7 por ciento. Y en la última encuesta de 2012, 28 por ciento de los votantes de diferente manera fueron tocados por el regreso electoral a las más viejas y pervertidas prácticas electorales ejercidas por todos los partidos, con el  PRI, de lejos, a la cabeza y, por supuesto, el estado de México como campeón del lastre. Estamos ante una sociedad, principalmente sus cúpulas, cerradas y carentes de ética pública.

Resulta desproporcionado el cinismo de algunos analistas que quieran justificar la compra del voto como un acto finalmente libre y opcional de aquella persona que acepta el intercambio. Como si la pobreza, la miseria y la marginación fueran opcionales. Si bien la Constitución y el Cofipe establecen que el voto es libre y secreto y están prohibidas estas formas de presión y coerción, en la elección de 2012 asistimos a un proceso regresivo y a la reutilización de prácticas que creíamos superadas y que sin duda pueden modificar la equidad y el sano desarrollo de la competencia partidista. En un proceso electoral es tan importante ganar como el cómo ganar una contienda. En el cómo estriba la legitimidad del cargo. Por ello, una futura reforma electoral debería penalizar de manera severa la compra y coacción del voto a fin de evitar el aprovechamiento político, agandalle pues, de la miseria y desamparo de millones de mexicanos.

Me preocupa la falta de lealtad política de los partidos porque sistemáticamente ponen candados electorales mediante reformas y sistemáticamente buscan  la manera de violarlos. Me preocupa que Enrique Peña Nieto mienta al negar enfáticamente que su partido recurriera a la compra y coacción del voto, porque él será el próximo presidente de la República, donde será un factor central en la conducción del país. El seudodiscurso de la legalidad y apego a derecho de los partidos es un desgastado recurso y un insulto a la sociedad cuando ellos son los primeros en violentar.

Nuestro país arrastra en toda su historia la incredulidad por los resultados electorales y en la actualidad confía poco en todas sus instituciones. Buendía y Laredo apreciaron que 43 por ciento de los ciudadanos afirman que las elecciones son poco o nada limpias; la encuesta del diario Reforma arrojó que entre 38 y 40 por ciento tienen poca o nada de confianza en el IFE y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. La duda está plenamente justificada; ya se habla de nuevas reformas electorales cuando en realidad se requiere una gran reforma de Estado y no sólo saturar con nuevos candados y más atribuciones al IFE. En ese sentido, coincido con José Antonio Crespo cuando dice: “Se habla, pues, de la mala calidad e inmoralidad de la elección, pero en este proceso se ha revelado más bien la bajísima calidad de nuestra democracia en general, fiel reflejo de nuestros partidos, quienes presentan un escasísimo –si acaso alguno– compromiso con la democracia”. Los jóvenes que irrumpieron en la escena política e impusieron temas en la agenda electoral sufren de una grave y profunda frustración que requiere ser acompañada de una especie de pedagogía frente a la decepción. Las impugnaciones y recursos de anulación, dado el margen de distancia entre el primero y el segundo lugar en la elección presidencial, parecieran estar condenadas al fracaso, al no alcanzar a ser determinantes en el resultado, criterio con el que mayormente se han conducido los magistrados, relegando la causal abstracta de nulidad.

El problema de la política mexicana no es político, sino ético. Las grandes soluciones no vienen de ajustes jurídicos ni de nuevos grandes candados, sino de la lealtad de los actores políticos. El nuevo drama electoral es el reflejo fiel no sólo de la calidad de la democracia, sino de la calidad de las personas que conforman el entablado político.

Entrevista a Bernardo Barranco sobre declaraciones de Juan Sandoval Iñiguez

agosto 22, 2010

Entrevista a Bernardo Barranco sobre declaraciones de Juan Sandoval Iñiguez

Extractos de una conversación radiofónica con Adriana Pérez Cañedo, en Enfoque (vespertino) del Núcleo Radio Mil. Miércoles 18 de agosto de 2010.

Bernardo Barranco, sociólogo de las Religiones, habló sobre la Laicidad y las declaraciones de Juan Sandoval Iñiguez:

“Creo que vimos una situación muy penosa en su conjunto porque en una democracia que estamos construyendo con mucho trabajo, cargada de toda esta transición, todos los actores sin excepción tienen el derecho de opinar, expresar y decir,  no importa la condición en que esté.

En México, por cuestiones tan especiales de nuestra historia, dos guerras fratricidas, han marcado que hayan muchas restricciones en la expresión de los ministros de culto, particularmente los católicos. De tal suerte que por un lado, efectivamente, nuestras leyes, nuestro orden social normativo, es restrictivo a la libre expresión de los obispos, pero mientras no cambie el orden social tenemos que respetarlo. Puede ser autoritario, lo reconozco, pero hay que respetarlo y en todo caso, cambiarlo. Y en ese sentido, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM)  estaba negociando con los legisladores ampliar los en términos de la libertad religiosa, sin embargo con estas posturas de los cardenales, muy probablemente se opere un retroceso.

“Es decir, las actitudes de los cardenales dan marcha atrás, nuevamente con todo. Por el tono, actitud y lenguaje que utilizan que es muy penoso y nos coloca, como en otras coyunturas, en debates periféricos. “Si los demandan o  no”, “ si el cardenal violó la Constitución en su artículo 130”,  “si hay persecución religiosa” ; etc., En otras coyunturas de discusión como la despenalización del aborto, la muerte asistida, el debate sobre la píldora de día siguiente, es una constante las descalificaciones, las amenazas las culpabilizaciones que levantan mucho polvo mediático, sin embargo, se enturbia y se desvanece la posibilidad de alcanzar un debate serio, de altura sobre temas torales que sin duda llaman  la atención de la ciudadanía.
“Creo que el cardenal Sandoval Iñiguez se pasó de rosca. En su derecho de rechazar algo que normativamente contradice sus principios religiosos, es comprensible, tuvo que hablar. Sin embargo su posicionamiento no es correcto: utiliza amenazas, utiliza una acusación grave de corrupción y utiliza un lenguaje inapropiado, discriminatorio. Su postura es poco digna de una alto miembro de la jerarquía mexicana, es vergonzosa. Y  claro, provoca una reacción proporcional  a su atrevimiento de diferentes e importantes sectores de la opinión pública y actores políticos.

“Pero ahora que todos estamos en el centro de una polémica que ha dejado de lado los matrimonios gay y la adopciones;   no estamos discutiendo el tema de fondo, los matrimonios entre personas del mismo sexo, adopción de parejas del mismo sexo y aborto, nos vamos por cuestiones periféricas que, en una agenda nacional tan cargada, en temas como  la  inseguridad, narcotráfico, crisis de empleo, etcétera, estamos ahora con estos nuevos flancos que
realmente no conducen a mucho, no aportan realmente al país, entramos en el reino de los dimes y direstes; el cardenal no se retracta, Hugo Valdemar saca las banderas cristeras y después de haber provocado electoralmente a la grey católica a no votar por el PRD, ahora frente a la demanda habla de una nueva persecución a la Iglesia…

“Lo que sí creo es que la alta jerarquía no está preparada para los cambios que está viviendo el país, Particularmente en el ámbito de la cultura. Y está politizando el debate normativo y si quieren un análisis más de fondo, enfrenta el derecho natural, de Dios, que tiene la Iglesia, lo confronta con el orden social existente en nuestro país. Hay una especie de absolutización de su discurso, de totalitarismo normativo y una enorme dificultad de dialogar con la diversidad y la pluralidad, características esenciales de una sociedad moderna y abierta a otras posturas. Entonces amenazan, chantajean, culpabilizan y desarrollan  este lenguaje inapropiado y desesperado.

“La palabra ‘maricón’ viene de la palabra ‘María’, es el aumentativo de “mariquita” que a su vez es el diminutivo de María. una expresión donde se habla de la feminidad de un hombre utilizando como referente central la feminidad por excelencia en el cristianismo  de María. Esta expresión en el leguaje común es un insulto, es peyorativo, homofóbico y excluyente.

“Lo que dijo el cardenal Sandoval no es nuevo, lo ha venido diciendo desde hace años tengo registros de posturas idénticas desde 1997; este acto último,  fue un misil de presión dirigido a ls magistrados que le resultó lo contrario. Esto es un efecto boomerang, pero esto nos habla del nivel de nuestros cardenales porque no están a la altura de discutir con una sociedad más sofisticada, más compleja, con posturas nuevas, con cambios culturales y prácticas diferentes. Los cardenales  quieren imponer, a toda costa, su convicción y su visión del mundo y es ahí donde nos entrampados. ¿cómo discutir frente a prelados que hablan no solamente a nombre de todos los mexicanos sino hablan a nombre de Dios?. ¿Quién va querer discutir así?

“Felizmente, el cardenal ya está en edad de retiro, en teoría debió ya retirarse, y ojalá el Vaticano ponga a personas con un mayor nivel de interlocución cultural y una mejor actitud de diálogo con la sociedad contemporánea, porque si no, seguiremos con este choque de trenes que, están centradas en el papel político de la Iglesia y  estar discutiendo estas cosas que son, francamente, discusiones que venimos arrastrando desde el siglo XIX, desde Juárez.

“Creo que el PRD, los ministros de la corte y  Marcelo Ebrard tienen todas las avenencias jurídicas porque, evidentemente, el 130 constitucional fue violado, la amenaza de Hugo Valdemar, vocero de la Arquidiócesis, de punición electoral contra  Ebrard y al PRD está sancionado tanto en la Ley de Asociaciones Religiosas como  en el Cofipe.

“Evidentemente que la sociedad tiene que sacudir y poner un alto; la situación es ambigua.  Si quiere realmente frenar estas actitudes debe sancionar bajo el riesgo de coartar la libertad de expresión, ¿pero se atreverá gobernación? O en su caso transformar la constitución otorgando  plenos derechos de expresión política a los ministros de culto. Ojalá lleguemos a una síntesis, espero que no se desborden las aguas y haya moderación de los actores, que los cardenales entiendan que hay leyes y procesos que tienen que respetar y que su ley, la ley de Dios, es muy válida para usted o para mí si somos católicos, pero no es válida universalmente porque hay otros que no son católicos, hay otros que no creen en nada y que, por tanto, es un dato más, no es el dato absoluto, ni podemos ser tiranos de imponer nuestras convicciones a fuerza como universales.

“Ojalá que el debate no se acalore y lleguemos a una buena síntesis de diálogo, entendimiento y tolerancia principalmente, porque la actitud de ellos, como líderes de la ley católica, está mostrando mucha intolerancia, odio y homofobia.

“Esto me parece realmente grave en un país de mayoría católica. Y ojalá  sean conscientes de la confusión que provocan en la feligresía en la falsa disyuntiva entre la ley de Dios y la ley de los hombres. O la terca  aspiración de los sectores fundamentalistas del catolicismo de imponer los principios cristianos en todas la leyes y prácticas de la sociedad. Eso es teocracia y fanatismo.
“El jefe de Gobierno dijo que se debe defender el Estado laico. Laico viene del latín, laikósy  significa: pueblo. El Estado debe ser independiente de cualquier organización o confesión religiosa. El Estado laico es una condición del Estado y sociedad modernos y significa que, primeramente, el Estado no debe tomar partido en materia religiosa alguna, esto es la separación entre Iglesia-estado; pero tampoco debe ser un partido anticonfesional o antirreligioso.

“En segundo lugar, tiene que salvaguardar la libertad de creencias o no creencias de los individuos de una sociedad, es decir la libertad de creencias. Y en tercer lugar, debe ser garante de la equidad, es decir, tiene que, sobre todo respetar y hacer respetar el valor de las minorías.

“Por lo tanto, el Estado laico en una sociedad moderna es el garante de que ninguna mayoría religiosa se imponga por la fuerza sobre otra religión o convicción;  no sólo es la física, también la fuerza cultural, el acceso a los medios, etcétera.

“Me parece que cuando dice desde hace mucho tiempo el tema de la ‘laicidad’, no ‘laicismo’, que éste se concibe como una militancia anticlerical, anticatólica, no, la ‘laicidad’, entendida como una condición moderna, de pluralidad  y tolerancia del Estado mexicano.

“Cuando Ebrard dice entonces: ‘Defendamos al Estado laico’, es ‘Defendamos este carácter neutro y aconfesional’ y que de garantice al Estado la libertad de creencia o no creencia, de organización o no organización; ofendámoslo así lo interpreto  frente a  regresiones fundamentalista y tentaciones teocráticas. Hay religiones en donde la palabra de Dios es la palabra jurídica, Dios no puede ser jefe de Estado.

“Ese es el gran drama que tienen los dos cardenales, que dicen que la ley de Dios está por encima de las leyes de los hombres, es la ley de ‘su’ religión, de ‘su’ confesión, que es mayoritaria en México pero no es ni la absoluta ni la total, ese es el gran drama, por eso digo que hay un problema de cómo estos cardenales de la vieja guardia, de pensamiento absoluto y totalitario les cuesta mucho trabajo dialogar con la sociedad moderna, plural, secular, abierta, relativizadora -porque no hay verdades absolutas- y, por tanto, se requiere llegar a consensos.

“El Estado laico sí es un Estado al que hay que defender, todos lo tenemos que defender, no sólo los religiosos, sino también las minorías -sexuales, mujeres, grupos de indígenas, etcétera. En fin, da para mucho el tema del Estado Laico”.

Basado en: Noticias Aguascalientes.com