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Entrevista a Rubem Alves

diciembre 12, 2008

Bernardo Barranco, Programa Religiones en el Mundo, Radio Red 1110, México, D.F.

14 de octubre de 2008

Esta noche tenemos un invitado muy especial. Nos referimos a Rubem Alves. Él tiene muchas cualidades, muchas características, realmente si uno leyera el currículum de Rubem sería larguísimo, pero le digo una cosa: él es uno de los precursores de la teología de la liberación, una persona que, por lo que he leído tiene un corazón muy grande, muy abierto, sobre todo a lo novedoso. No es un intelectual trivial, no es un intelectual científico. Es un intelectual abierto a la vida, al gozo y a la poesía. Así es que esta noche tenemos un personaje muy especial aquí en Religiones del Mundo: Rubem Alves. 

Estamos conversando con Rubem Alves, una persona que en América Latina, y Brasil especialmente, ha marcado el pensamiento teológico desde una perspectiva protestante. Muy buenas noches Rubem, bienvenido.

Es un placer estar con ustedes. Sólo lamento no saber hablar su lengua. No voy a hablar portuñol, que me parece una ofensa para el español. Hablaré portugués despacio, lentamente.

 

Está muy escueta la presentación, Rubem, pero usted es teólogo, filósofo, poeta, psicoanalista y ya ha corrido mundo. ¿Quién es Rubem Alves en este momento?

 

Hace algún tiempo me entrevistaron y la última pregunta de la entrevistadora [Mev Puleo] fue ésa: “En una frase, ¿quién es Rubem Alves?”. Pensé y recordé el epitafio del poeta [estadounidense] Robert Frost: “Él tuvo una historia de amor con la vida”. Entonces, dejando de lado esas definiciones secundarias: psicoanalista, teólogo, que no sé muy qué significan, yo soy una persona que ama la vida y que lamento mucho, yo ahora tengo 75 años y ya veo el horizonte. La poeta brasileña Cecília Meireles tiene una frase en un verso que dice así: “Com que tristeza o horizonte avisto, aproximado e sem recurso. Que pena a vida ser só isto” (Con qué tristeza el horizonte avisto, aproximado y sin recurso. Qué pena que la vida sea sólo eso…).

 

La verdad, no parece de 75 años, tiene usted un espíritu muy joven, muy jovial se le ve…

 

Es que existe un niño dentro de mí. Jugando con los poetas… Fernando Pessoa dice: “Si yo muero pronto, recuerden que sólo fui un niño que jugaba”.

 

Este es un programa de religiones, tenemos mucho de niños, también aquí jugamos, nos gusta, a mí me gusta, aprendo cada vez que tengo una persona como usted aquí enfrente. Me gustaría conocer esa primera parte de su trayectoria y son esas intuiciones iniciales que, desde el mundo protestante, en términos de teología de la liberación usted formuló. Teología, ¿para qué? Y liberación, ¿para qué?

 

Comenzó con el hecho de que en 1964, cuando hubo un golpe de Estado en Brasil, la iglesia a la cual yo pertenecía, la Iglesia Presbiteriana de Brasil, deseaba librarse de mí. Me denunció a los militares como subversivo y comunista. Tuve que salir de Brasil y me fui a Estados Unidos y allá me puse a pensar, a final de cuentas, sobre esa fe, cómo es que puedo hablar, es difícil hablar sobre Dios, se estaba volviendo cada vez más difícil hablar sobre Dios. Porque, si Dios existe, ¿cómo perdonarlo? En el mundo hay tanto sufrimiento, tanta miseria, tanta desgracia, pero dicen que Dios es omnipotente, es todo amor, ¿cómo imaginar, entonces, que ese Dios omnipotente, todo amor, no haga nada para disminuir el sufrimiento de los seres humanos. Entonces, yo estaba con esos problemas en la cabeza y yo necesitaba pensar mi fe de una manera diferente. Y fue así que me vino esa idea de un Dios que no está en los cielos sino que está en la tierra entre la gente que sufre.

 

¿Cómo repensar a Dios, no el que está en los cielos sino un Dios que está entre los hombres, entre la gente que sufre fundamentalmente? Son las grandes preguntas que se hizo cuando usted sale de Brasil en 1964.

 

Perfectamente. En ese momento comencé a elaborar alguna cosa que después, cuando trabajé mi tesis doctoral, me vino a la mente que aquello era un intento por entender la fe como un proceso de liberación de los oprimidos. Porque Dios, para mí, es libertad. Tengo un aforismo que dice así: “Dios nos dio alas, las religiones crearon jaulas”. Yo quería soltar el pájaro, quería ver la fe cristiana como una experiencia de vuelo. Vuelo significa una lucha contra las opresiones, el sufrimiento y el miedo.

 

Entonces, Dios nos dio alas, las religiones nos dieron jaulas y ¿cómo volar con esa fe? Yo le preguntaría, entonces, ¿las iglesias qué nos han dado?

 

¡Jaulas! Las iglesias son jaulas con colores diferentes. Los colores son diferentes, pero la cosa fundamental es la misma: aprisionar al pájaro e impedir que vuele. Eso significa impedir que las personas piensen. Esto es: un problema. Hace miles de años, en el cristianismo, en la historia del cristianismo, la Iglesia no soportó a las personas con un pensamiento libre, propio, distinto al de las autoridades. Ahí comenzaron las persecuciones, las inquisiciones, católicas y protestantes, porque tanto la Iglesia Católica como la protestante persiguieron a quienes tenían ideas, pero, para mí, un Dios que me impide pensar es un Dios que no merece mi respeto.

 

Rubem, el impacto de esta reflexión al interior del protestantismo, ¿cuál es? Lo entendemos y aquí hemos visto mucho al interior de la Iglesia Católica, pero al interior de las iglesias protestantes, ¿cuál fue esta mella que deja su pensamiento?

 

El impacto fue doble: hubo quienes encontraron en la teología de la liberación una forma nueva de expresar su fe, porque esas personas estaban cansadas de las viejas fórmulas. Las fórmulas antiguas del cristianismo son terribles porque el cristianismo es una estructura, una arquitectura construida, toda ella, en torno a la idea del infierno. Toda teología, católica y protestante, gira en torno a la idea del infierno. Las personas estaban cansadas de eso y querían hablar de un Dios que no se preocupa, que no se venga. Tener un infierno es tener muchas venganzas. Entonces, mi teología era una visión diferente de Dios, tiene que ver con la belleza… Es interesante que Roland Barthes escribió un texto diciendo que las personas de izquierda no saben qué hacer con el placer y con la belleza, pues ellas prefieren una estética del horror. Ellas piensan que el horror es lo que lleva a las personas a actitudes de transformación. Yo no lo creo, pues pienso que incluso los pobres quieren la belleza, todo mundo quiere la belleza, porque ella es la gran fuerza para crear revolucionarios, crear transformaciones del pensamiento.

 

La otra reacción fue de quienes no entendieron o no quisieron entender. Y en la Iglesia Católica formaron el ala conservadora que se cerró cada vez más. Mi iglesia, la iglesia a la cual pertenecí, ya no es mía, porque renuncié a ella; en la carta de renuncia a la iglesia dije que renunciaba porque yo era muy protestante y deseaba seguir siéndolo. Una de las cosas más extraordinarias del protestantismo es su capacidad para permitir, como obligación, que las personas sean consecuentes con su pensamiento; entonces, eso es fundamental, y renuncié por causa de eso. Continuó en la iglesia el ala que siguió repitiendo las fórmulas antiguas. Eso tiene que ver con varias cosas, por ejemplo, con la envidia, un factor muy importante en la política. Tenía que ver con el poder, la disputa por el poder. La iglesia se cerró sobre sí misma y se hizo más conservadora de lo que era y yo no tengo ningún diálogo con ella, ni quiero tenerlo, ni espero tenerlo.

 

Su teología en el mundo protestante tuvo un doble impacto […], aunque usted va más allá por lo que percibo, porque asume aspectos del gozo, de la belleza, de la libertad, que eran aspectos a veces tan rígidos en los teólogos de la liberación que reproducen los mismos esquemas…

 

Voy a decir una cosa sobre mis colegas católicos. Tengo la impresión de que la vertiente de la teología de la liberación católica se inspira mucho por el ideal del martirio. Los católicos, en general, están fascinados por el martirio. Tanto que los santos católicos, todos ellos tienen cara triste. Yo no conozco ningún santo sonriente. No hay un santo sonriente. Y mi teología creó un conflicto con la teología de mis compañeros católicos. Comenzaron a acusarme de haberme vendido a la cultura norteamericana porque yo hablaba mucho del cuerpo. Porque lo que necesita ser liberado es el cuerpo humano. El cuerpo que ellos matan, que aprehenden, que torturan. Estaba de moda, cuando estaba escribiendo, un movimiento de contracultura en Estados Unidos que valoraba mucho el cuerpo. Era muy importante el cuerpo. Entonces, mis colegas católicos comenzaron a decir que yo era realmente un burgués vendido al imperialismo estadounidense, interesado más en el placer que en la liberación de los pobres, lo cual era una mentira muy grande.

 

A partir de 1975 nace su hija Raquel, que le hace redescubrir dimensiones nuevas de la existencia…

 

El nacimiento de mi hija fue muy tardío, 14 años después de su hermano. Entonces sucedió…

 

¿Cuántos años tenía usted cuando nació?

 

Tenía 42. Fue en esa ocasión que, por alguna razón que no entiendo, descubrí la literatura. A los 40 años descubrí la literatura. Mi género favorito es el de las crónicas, textos cortos, pinturas de un momento presente, una fotografía de un momento presente que captura, digamos, una centella de infinito. Crónicas para los adultos y comencé a escribir cuentos para niños. Desde entonces los escribo, lo que me da mucha felicidad y, más que eso, la felicidad de ver que a los niños y los adultos les gustan.

 

Yo me identifico mucho con usted porque mi hijo Pablo tiene una diferencia de 11 años con el que sigue […] Me llamó mucho la atención cuando usted señala que cuando tuvo sus primeros hijos tenía mucha energía, pero poca paciencia, y con su hija Raquel tenía mucha paciencia, pero ya muy poca energía.

 

Es una broma que mi esposa hacía, que Dios estaba equivocado. Que cuando teníamos fuerzas para educar a los hijos, no teníamos sabiduría, no teníamos paciencia, y cuando nos volvemos sabios, tenemos paciencia, pero no tenemos fuerza y nos cansamos con facilidad.

 

Es una muy buena paradoja, pero de Raquel usted señala, en alguna de sus entrevistas, que lo que aprende de ella es cómo percibe la fe, percibe aspectos en los que no se anda por las ramas o no tiene muchas mediaciones. De manera muy sencilla, muy simple, muy directa, perciben cosas muy profundas los niños.

 

Ella tenía dos años y a las 6 de la mañana, mientras yo dormía, entró en mi cuarto, me despertó. La miré y le pregunté: “¿Qué pasa?”. Me dijo: “Papi, cuando te mueras, vas a sentir nostalgia?”. Me quedé perplejo, porque ella no había tenido ninguna experiencia de muerte, ni un animalito o un cachorro… No sé cómo tuvo aquella idea y ella percibió lo esencial de la muerte. La muerte es distancia; se va a sentir nostalgia, a tener nostalgia. Me quedé sorprendido, no sabía qué decir. Ella me miró tranquilamente y dijo: “No llores papá, voy a abrazarte”. Yo tomé ese diálogo y lo coloqué como centro de un libro que escribí exactamente para hablar de la muerte, para niños y adultos. Se llama: La montaña [encantada] de los gansos salvajes. Y otras muchas intuiciones: ella quería saber, por ejemplo, cuando le contaba historias, si lo que le contaba era verdadero o inventado. Yo no podía dar respuestas exactas, pues la respuesta precisa sería así: eso nunca sucedió para que suceda siempre. Es como una pieza musical: ella nunca sucedió, fue creada, pero debido a la belleza, siempre es repetida; todas las veces que una orquesta o un pianista hace música, aquella belleza se repite. Eso es lo que acontece con los grandes mitos de la humanidad y las historias infantiles: ellas nunca sucedieron, pero cuando son repetidas, la gente ríe, llora, las historias son resucitadas y suceden de nuevo.

 

La poesía, otra de sus facetas. ¿Por qué la poesía? La teología es un ejercicio sobre Dios y es una palabra sobre Dios, es hablar sobre aspectos de Dios, de la intimidad, y su impacto social. La poesía es quizá la palabra, la expresión más sublime. De la teología a la poesía, ¿es un pequeño salto?

 

Es un pequeño salto, no sé si un gran salto… A mi modo de ver, sólo hay una forma de hablar sobre Dios: hablar sobre Dios sin hablar de él.

 

¿Cómo es esto? ¿Hablar sobre Dios sin hablar de Dios? ¿Sin ser explícitos, sería?

 

Usted sabe que en la tradición hebrea, entre los judíos, el nombre de Dios no podía ser pronunciado, tanto así que los hebreos olvidaron ese nombre. Porque Dios es un misterio tan grande… La metáfora que me viene a la mente es el océano, el mar infinito. La gente está delante del mar infinito: ¿cómo es que voy a decir el mar infinito? Yo comienzo, entonces, a imaginar las entidades que existen en el fondo del mar, imaginar, pues yo no vi esas entidades. Entonces, yo voy a hacer, a partir de mi imaginación, poemas para sugerir ese gran mar, pero no puedo decir realmente cómo es ese gran mar. Y la poesía, esa cosa extraordinaria… Goethe decía que es el intento de decir lo que no puede decirse. Entonces la gente dice, de manera transversal, por la sugerencia de las imágenes, de las metáforas…

 

¿Y los sueños? Cuando habla del teólogo en una de las entrevistas dice que es la capacidad de interpretar los sueños, los anhelos, de hacerse solidario. ¿No hay un vínculo ahí entre la teología, la poesía y los sueños de la gente, los grandes anhelos?

 

Todas las cosas están ligadas. En el siglo XIX hubo un extraordinario pensador alemán, Ludwig Feuerbach, que decía que todas las religiones son los sueños de la mente humana, nosotros soñamos y los sueños son transformados en ideas religiosas. Todas las cosas están ligadas y cuando se va a hacer teología, hay que lidiar con los sueños fundamentales.

 

Un ejemplo para entender estos sueños fundamentales que pueda tener el teólogo o las personas…

 

Para mí, uno de mis sueños fundamentales es el Paraíso. La fuente, el agua, la belleza, el gozo, esto es, los primeros capítulos de la Biblia son extraordinarios.

 

Son muy cinematográficos…

 Es lindo y una cosa interesante: si usted me pregunta, ¿por qué Dios resolvió crear? La gente sólo crea cuando es infeliz, porque la gente crea para tener felicidad. Entonces, Dios estaba infeliz en su cielo: las cosas estaban perfectas, los ángeles tocaban sus arpas, batían sus alas y él no aguantaba más el tedio, estaba aburrido. Eso es parte de mi manera de hacer teología, como una broma. Dios resuelve, entonces, para salir del tedio, ponerse a trabajar. El trabajo nos saca del tedio. Y él va a crear el universo, las grandes cosas, las grandes galaxias, y el va vaciando, concentrando, como poniendo en un embudo, y las cosas van quedando cada vez más pequeñas. El texto del Génesis dice que, a cada paso, Dios decía que era bueno. “Y vio Dios que era bueno”. Pero cuando terminó, dice el texto: “Y vio Dios que era muy bueno”. ¿Qué sucedió según el texto del Génesis? Dios resolvió cambiarse para acá. ¿Y adónde se mudó? Se cambió al Paraíso. Dice el texto que él paseaba, caminaba, por el jardín, al viento fresco de la tarde. Porque la casa de Dios no es la Iglesia. Dios no creó catedrales. Sabe que yo tengo miedo de las catedrales porque ellas son pesadas, no tienen alas. Fui a visitar la Catedral Metropolitana, pero si yo fuera Dios, ¡no viviría en aquella catedral de ninguna manera! Porque es muy fea, muy pesada, muy triste, no tiene vida. Nietzsche decía que nuestras catedrales son sepulcros de Dios. Y ése es un sueño fundamental, es un sueño que comparto y cuando comparto ese sueño con las personas, éstas sonríen.

No hemos hablado del tema del psicoanálisis, que en época de crisis ayuda. Grandes oportunidades para la conversión en momentos de crisis. Pero ha sido muy ameno. Yo estoy seguro que mucha gente de nuestro auditorio […] está muy interesada en los contenidos pero también en la forma como lo dice […] Rubem habla con todo, con los gestos, las manos, el cuerpo, y refuerza con el lenguaje corporal lo que está diciendo. Tengo bastantes preguntas, pero no me puedo ir sin preguntarle de manera muy breve: en una parte de sus entrevistas habla de María, algo que en el mundo protestante sería impensable, decir que los católicos tenemos una madre idílica en María. Y ahora que hablaba de la catedral, pensé en Guadalupe, que tiene mucho peso y que forma parte de esta madre lejana, idealizada, protectora. La verdad sí me llamó mucho la atención su frescura y su audacia para decir que los católicos en María tienen una adquisición importante…

 Estoy de acuerdo. Escribí un librito con el título Padrenuestro, y en el inicio hice una versión mía de la oración de Jesús que dice: “Padre… Madre… de ojos mansos”. Tenemos que rescatar una dimensión de la feminidad de Dios. Dios es femenino. Dice así: 

Padre…
Madre…
de ojos mansos:
Sé que estás, invisible, en todas las cosas.
Que tu nombre me sea dulce,
la alegría de mi mundo.
Tráenos a las cosas buenas en que encuentras placer:
el jardín,
las fuentes,
los niños,
el pan y el vino,
los gestos tiernos,
las manos desarmadas,
los cuerpos abrazados…
Sé que deseas darme mi deseo más hondo, deseo que olvidé…
Pero que tú no olvidas nunca.
Realiza pues tu deseo para que yo pueda reír.
Que tu deseo se realice en nuestro mundo,
de la misma forma como él late en ti.

¿Qué significa la feminidad de Dios?

Para los católicos significaría una revolución.

 

Para todos…

 

Significaría que las mujeres podrían ser ordenadas sacerdotisas. Una queja de las mujeres católicas es que los hombres tienen siete sacramentos y ellas tienen seis.

 

¿Por qué?

 

Ellas no tienen el sacramento del orden, de la ordenación. Entonces ellas quedan excluidas. La cuestión de la maternidad: colocar la feminidad, no la maternidad. La teoría católica, la teología católica, tiene un buen lugar para la madre, pero no tiene lugar para la mujer. La madre es una mujer que nunca hace el amor con un hombre. Esa es la teoría católica…

 

Medio asexuada incluso…

 

Totalmente asexuada. Las mujeres son asexuadas y los hombres también.

 

Tenemos muchas preguntas. Le voy a pedir que responda telegráficamente algunas. Desde Guadalajara preguntan su opinión sobre que el Concilio Vaticano II decretó que el oficio de la misa debió haber sido en latín. ¿Se perdió religiosidad y conocimiento de la cultura, en general?

 

Hace muchos años le escribí una carta al papa informándole las cosas que faltaban en la Iglesia Católica para convertirme al catolicismo. Yo soy un apasionado de la catedral gótica, de los signos, del canto gregoriano. Y creo que falta sólo una cosa: que la misa se celebre de nuevo en latín. Porque el latín es música pura, es una belleza. Y sucede que no entiendo el latín. De modo que cuando el padre habla en latín, yo no entiendo y fantaseo sobre lo que él deberá estar diciendo, cosas maravillosas. Me encanta, porque imagino lo que él ha de estar hablando. El problema empieza cuando comienzan a hablar, allí se pierde completamente el encanto… Yo creo lo siguiente: la religión debe tener una dimensión misteriosa. Si no la tiene, no satisface los anhelos del alma humana. La poeta brasileña Adélia Prado decía: “Yo tenía miedo, pero ya no tiene misterio…”.

 

Es cierto, además para las cosas que luego dicen los padres… Otra pregunta: ¿cómo se articula su propuesta de teología del cuerpo con los estudios más recientes en antropología corporal que apuntan hacia una lectura que incluye la dimensión espiritual como en el caso de David Le Breton.

 ¿Existe algo más espiritual que el cuerpo? El cuerpo es extremadamente espiritual. Del cuerpo nace la apreciación estética, la música, el arte. Pero cuando pienso en el cuerpo, no estoy pensando sólo en una entidad biológica, no se trata de eso. El cuerpo es algo misterioso que incluye la dimensión espiritual. Entonces, la espiritualidad no es algo que se le agrega al cuerpo, es esencial al cuerpo.

[…]

 

¿Cómo logra, a pesar de los problemas y tristezas, mantener esa alegría por la vida que usted transmite?

 

No lo sé. El escritor brasileño Joao Guimarães Rosa dice lo siguiente: “Alegría, sólo en momentos de distracción”. Quiere decir que no hay forma de estar siempre alegre, nadie está siempre alegre. La alegría es un evento, es una cosa que repentinamente sucede, se ríe, se llora. La gente llora de alegría. Repentinamente. No es una pose, es un momento…

 

Nos podría dar bibliografía sobre la teología del cuerpo.

 

(L. Cervantes-O.) Hay cuatro libros de Alves publicados por Dabar: Un mundo en un grano de arena, Si pudiera vivir mi vida de nuevo, Transparencias de eternidad y también está en español el libro sobre el Padrenuestro, publicado por Paulinas en Colombia.

 (Alves) Va a publicarse un libro específicamente dedicado a ese asunto, en portugués, La educación de los sentidos, para aprender a ver, a despertar los sentidos.

[…]

 

Muchas gracias. Esperamos tenerlo pronto en México para compartir con usted sus experiencias.

 

Ha sido una gran experiencia en México y agradezco la oportunidad para dirigirme a su público


 

 

(Transcrita por Leopoldo Cervantes-Ortiz)

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EDUCACIÓN CATÓLICA

diciembre 12, 2008

Los intereses políticos de la Iglesia en la educación

 

                      Bernardo Barranco

 

Después de largos años de negociación, por fin la Secretaría de Educación Pública, reconoce tres licenciaturas a la Universidad Pontificia de México. Así, las carreras de filosofía, derecho y teología podrán ser cursadas con el reconocimiento oficial. El hecho puede parecer intranscendente pero representa en realidad, el inicio de un nuevo capítulo de las relaciones entre la Iglesia y en Estado. No debemos olvidar que en torno a la cuestión educativa, la Iglesia católica guarda un interés estratégico porque forma parte vital de su dispositivo estructural para trasmitir valores y normas basadas en el evangelio y la doctrina cristiana. Por ello resulta conveniente,

preguntarnos  porqué la iglesia en materia educativa es tan atenta, cuáles son los intereses específicos de la Iglesia, qué fines persigue y cuáles son las áreas prioritarias del clero.

 

 

 

No debemos olvidar que la Iglesia Católica durante más de 300 años ejerció  el monopolio de la educación. Era común escuchar en los cursos de historia eclesiástica, que hasta el siglo XIX, no había distinción efectiva entre la educación y la evangelización, entre la cultura y la  religión católica, entre la Iglesia y el Estado. Dicho de otra manera, hasta la constitución de 1857, la Iglesia era la institución central en que recaía  la responsabilidad de toda la enseñanza del país.  Las reformas liberales, confirmadas en el artículo tercero de la constitución de 1917, el Estado releva la responsabilidad y la conducción educativa de México.

 

 

1.- LA EDUCACIÓN ESCOLAR, UNO DE LOS PRINCIPALES OBJETIVOS CATÓLICOS.

 

Una vez que la Iglesia Católica, logró cambiar la constitución y transformar su posición jurídica en la sociedad, en el contexto de las reformas salinistas, igualmente  propició que se reanudaran las relaciones diplomáticas con el Vaticano, consumó grandes objetivos que se había fijado desde hace 50 años. Convertidos en realidad sus logros, surgen nuevas metas católicas, que permitan posicionar con mayor fuerza a la Iglesia en un mundo marcado por la secularización creciente de las formas y sentimientos religiosos. De diferente manera, la Iglesia ha insinuado nuevas metas, nuevos desafíos estratégicos que brevemente enunciamos: A)ganar mayor presencia en los medios de comunicación, como una nueva e imprescindible forma de ejercer proselitismo.  B) Combate frontal a la creciente competencia religiosa, teniendo que enfrentar a las llamadas “sectas” entre los sectores populares donde se asientan mayoritariamente y, a las diferentes formas religiosas del  New Age entre las clases medias urbanas. C) Expandir su influencia en la educación, tanto en la familia como en las escuelas. Este último punto quisiera desarrollar, porque se convierte en los hechos, en uno de los puntos más álgidos de conflicto entre la Iglesia y el Estado, en esta fase de pos reformas constitucionales.

 

 

2.- LA EDUCACIÓN ESCOLAR CATÓLICA.

 

Con las reformas liberales del siglo pasado, quedó limitada, al menos en el terreno formal,  la instrucción católica en México ; es decir, fue prohibida de manera oficial en las escuelas. En aquel período, sólo el 10 % de la población tenía acceso a la educación por lo que no representó, un serio problema para la Iglesia, que a través de escuelas particulares, catecismo y el trabajo parroquial podía equilibrar la pérdida de su posicionamiento en la educación pública. En pleno siglo XX, la explosión demográfica del país, a partir de los años cincuenta, las estructuras católicas se ven rebasadas, no solo por los altos costos de impulsar una instrucción particular,  paralela y alternativa a la oficial, sino que la complejización de la sociedad y la creciente secularización urbana presentaba nuevos retos. Veamos números: en 1980, según Gutiérrez Casillas en su Historia de la Iglesia en México, de 20 millones de alumnos en todos los niveles, la Iglesia atendía a un 6.34%. Esta cifra sube en 1990 a un 7.24% con una población escolar creciente de 23 millones de alumnos; otra notable diferencia es el espectacular incremento proporcional de las escuelas privadas católicas a nivel medio y superior, es decir, bachillerato sube de un 9 en 1980 a un 15% en 1990 y a nivel universitario de 8 al 11% de los matriculados( México Social, Banamex 1990).

 

 

3.- DE LAS ÉLITES AL PUEBLO.

 

 

El 7% de la instrucción católica, impartida por escuelas privadas, no es un número relevante proporcionalmente. Sin embargo, precisamente ese porcentaje corresponde a las élites de la sociedad. Quíen no recuerda ese famoso número de la revista Proceso, durante el sexenio de Miguel de la Madrid, en donde se ponía en evidencia que la formación de sus colaboradores cercanos y sus respectivos equipos, provenían de escuelas y universidades católicas. Y todo hace suponer que gran parte, de “la generación del cambio”, es decir de funcionarios públicos de mediano y alto nivel provienen de escuelas privadas, mayoritariamente católicas. Pero no hay que alarmarse, en un encuentro internacional de la Federación Internacional de Universidades Católicas (FIUC), celebrado en santo Domingo en 1985, los rectores latinoamericanos aceptaban el fracaso de las mismas al no poder transmitir con profundidad los valores y la ética cristiana. La universidades se preocupaban por ser más competitivas técnicamente y científicamente que en el área axiológica.

 

 

A pesar que la Iglesia detenta un 7% de alumnos provenientes de las élites del país, lo ha logrado a un costo elevado y de un proceso lento. Dicho esquema no puede ser replicable entre las clases medias bajas , debido a los altos costos de mantenimiento de edificios, salarios de maestros, pago de impuestos prediales, fiscales, cuotas al Seguro Social, Infonavit, y la falta de incentivos fiscales de deducibilidad que en tiempos de crisis hace más que imposible  encontrar el punto de equilibro para hacer rentable el funcionamiento de una escuela. Por lo tanto, una alternativa viable para desarrollar la misión de la Iglesia, es utilizar la capacidad educativa instalada y desde ahí penetrar las clases populares urbanas y rurales amenazadas tanto por el laicismo oficial como por la expansión de las “sectas”.

 

4.- ¿LA LIBERTAD RELIGIOSA EN LA ESCUELA LAICA ?

 

A partir de los años setenta, la Iglesia ha venido fundamentando su oposición al monopolio educativo del Estado en México, en torno a uno de los últimos documentos del Concilio Vaticano II, Dignitatis humanae, 7 de diciembre de 1967, que a su vez se sustenta en el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que establece: 

“Toda persona tiene derecho la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica el culto y la observancia.” La Iglesia cuestiona, la falta de libertad de los padres a elegir o no, la instrucción religiosa de su preferencia, como en otros países. Cuestiona, con el discurso de la libertad religiosa, no solo el monopolio “laicista” del Estado, sino el mismo carácter educador del Estado(Cfr. XXV Asamblea Plenaria del episcopado, celebrada en Guadalajara el 28 de enero de 1985). El Estado debe proteger y alentar el “derecho de la familia sobre la educación humana y religiosa”; el Estado, por tanto,  debe limitarse a  promover la educación, respetando la libertad de creencias y no imponer ninguna forma de ideología o de laicismo.

 

La abundantes pronunciamientos de los obispos, en materia educativa durante 1996 y 1997, las campañas de moralización de los medios promovidos por  la Unión Nacional de Padres de Familia,  ponen de manifiesto una actitud renovada, por recuperar desde la estructura propia, de la educación oficial, sobre todo en primarias, la posibilidad de impartir catecismo y transmitir los valores cristianos. Intención que ha encontrado de parte del gobierno, el más absoluto rechazo. La Iglesia utilizará sus tres niveles tácticos, presión pública a través de la prensa, negociación privada y directa con las cúpulas y en caso necesario movilización de padre, maestros y asociaciones seglares.

 

Por tanto, más que “declaraciones de banqueta”, la jerarquía abona el terreno para una nueva cruzada, la disputa por la orientación y práctica educativa del país. En realidad, la jerarquía,  es coherente con las directrices Vaticanas, con las pautas marcadas por el CELAM, Puebla 79 y Santo Domingo 92. Y recogidas recientemente en el Proyecto Pastoral de la Conferencia Episcopal Mexicana 1996-2000, que dice: “La educación laicista que ha prevalecido en México, ha debilitado el valor de la presencia y del amor de Dios entre nosotros y ha propiciado el divorcio entre la de y la vida”. En suma, la estructura educativa actual, presenta rasgos amenazante, porque  segun los obispos, promueve la secularización de la cultura y del individuo. Pero también, como hemos visto y por la nueva correlación que ha adquirido la jerarquía, la educación se presenta como una área grande de oportunidades.

 

 

5.- PRESIÓN EDUCATIVA EN EL HORIZONTE

 

El rumbo y la orientación de la educación de este país, será uno de los puntos de negociaciín y de conflicto entre la Iglesia y el Estado. La disputa por los contenidos y políticas educativas, rebasa el discurso formal de la Iglesia en torno a la libertad religiosa. Los grandes estrategas de la educación como Vasconcelos, Bassols, nunca pensaron en ella como un fin en sí misma; la educación es un instrumento que apuntala un proyecto de nación. Este es el problema de fondo; los vaivenes modernizadores del Estado, que oscilan entre el neoliberalismo y la tecnocracia, exaltan la racionalización técnico científica del mercado y los valores de la alta competitividad. Los titubeos y la  ausencia real de un proyecto de nación entre los grupos de poder, que han conducido este país en los últimos 12 años, propician que propuesta alternativas como las de la Iglesia  católica, puedan tener eco en una coyuntura  de incertidumbres de un ideal cultural histórico que por el momento esta subordinado al proceso de globalización. Por ello, el reconocimiento de la SEP a la Universidad Pontificia es solo un primer paso de un posible reacomodo catolico, de un primer posicionamiento sin duda.

 

 

 

EL FUTURO DEL CRISTIANISMO

diciembre 12, 2008

EL FUTURO DEL CRISTIANISMO

 

Bernardo Barranco V.

 

 

 

 

Hace tan solo  30 años se hablaba  en occidente de la muerte de Dios. Ni el cristianismo ni Dios  tenían viabilidad en el  mundo que se modernizaba,  que prescindía de las creencias  como forma de encantamiento del mundo; sin embargo ante la crisis cultural, hoy  lo religioso parece  ofrecer sentidos a la sociedad que parece haber perdido la brújula. Los sentimientos religiosos se han avivado, especialmente la espiritualidad en este inicio de siglo; en cambio  la credibilidad en las estructuras e instituciones religiosas se ha debilitado. El individualismo y la mezcla de percepciones religiosas en un mundo globalizado se antojan tendencias probables, sin embargo quizá el rechazo o la resistencia a una realidad mundializada sea el regreso a los orígenes y a las ortodoxias en la cual los fundamentalismos sean quizá el espectro prospectado o la sombra más preocupante. ¿Qué entendemos por cristianismo?. Cuando hablamos en singular, estamos hablando de aquella creencia que tiene en el centro a la figura de el  salvador que es Cristo, el hijo de Dios que viene al mundo para otorgar al hombre la salvación. El cristianismo nace del judaísmo y se expande en los primeros siglos de nuestra era entre los dominios del imperio romano, hasta conquistarlo espiritualmente en  el ciclo constantiniano.  A lo largo de más de 2000 años de la historia del cristianismo, se han derivado una serie de distintas versiones, de distintos matices,  tenemos  una enorme diversidad de  versiones, por eso es razonable hablar, también  del cristianismo en plural. Entre los más conocidos en efecto el de la iglesia católica, las diversas corrientes protestantes, específicamente el evangelicalismo que es el que más crece, el cristianismo de corte ortodoxo, algunos cristianismos de  manifestaciones orientales, entre los más importantes.  El cristianismo tiene la capacidad de enraizarse profunda y pluralmente en las culturas, por ejemplo en Africa, en América Latina antes monopolizado mayoritariamente por un tipo de cristianismo o por una de estas fe, que era prácticamente la iglesia católica pero que hoy día no es más el único actor dentro de los mismos cristianismo.

 

En términos de las prácticas religiosas se percibe una fragmentación acelerada del campo cristiano y una severa crisis     y reestructuración al interior de las iglesias instituidas, constituidas aún con las que tienen una mayor historia como la católica, están sufriendo un proceso de recomposición de sus liderazgos. La manera en que se entiende hoy el feligrés, el fiel, discierne el papel del líder si es un intermediario real o  si es un intermediario acotado entre el hombre y Dios. En suma, hay una religiosidad cristiana creciente y las prácticas religiosas se están trasladando hacia el tercer mundo, hay más anglicanos en Africa que en Inglaterra, no solo porque sean más población sino que en Inglaterra se ha  perdido énfasis misionero. Por ejemplo, hay más menonitas hoy día en distintos países de Africa que en algunas partes de Europa o en Estados Unidos o Canadá.

 

La crisis de las sociedades modernas occidentales merecen atención. Se están cayendo los valores duros, los racionalismos que prometieron un mundo desarrollado y pleno. Tanto los liberalismo como los socialismos esbozaron  una utopía del progreso sin Dios,   que a finales del milenio su balance  ha sido desastroso; los valores de las sociedades modernas secularizadas demostraron sus límites y provocaron vacíos de sentido entre los individuos. La vida interior se ha perdido. Surge la posmodernidad que todo lo relativiza y que al relativizarlo busca  precisamente encontrarse en los elementos estáticos, falta  la bisagra o el punto de equilibrio que es la vida interior, la experiencia espiritual profunda. Las respuestas entre los cristianismos a los vacíos son contrastantes,  unos se van hacia los moralismos. otros procuran al ser de emocionalidad y la búsqueda del éxtásis. La influencia, desde los sesentas de corrientes orientalistas, han colocado al  éxtasis como una experiencia de comunión con la divinidad, que muestran que hay un hambre interna, se ve en el caso de los cristianismos en el hecho de que en todos los grupos llamados cristianos, los que están teniendo mayor crecimiento sea entre los grupos católicos americanos, metodistas, bautistas, congregacionales, son los grupos pentecostales, es decir hay una pentecostalización general, del campo religioso cristiano. Su influencia se ha expandido más allá de Estados Unidos, alcanzando el sur mexicano, Centroamérica y Brasil cuya influencia se nota ya en los medios de comunicación y en la vida política de aquel país sudamericano. Mientras que en AméricaLatina, el catolicismo históricamente predominante va cediendo terreno frente a diversos cristianismos, en Estados Unidos por el contrario, debido a las migraciones, los católicos crecen con ímpetu. Otro fenómeno  de las iglesias cristianas es la  migración religiosa, es decir, la  rotación   constantemente de una iglesia a otra.  En las estadísticas de las Iglesias no hay crecimiento real sino mutación de un lugar  hacia otro.

 

El cristianismo es la religión con más adeptos en el mundo. Su crecimiento no solo es equiparable con el de la población sino que su dinamismo es mayor en las corrientes cristianas espirituales y emocionales, destacando el pentecostalismo. La diversidad del cristianismo es tal que en una misma iglesia, como la católica encontramos grupos conservadores como el Opus Dei o los Legionarios de Cristo que conviven con grupos liberacionistas. O a los progresistas metodistas que sienten verguenza por contar en su Iglesia a George W, Bush cuyo comportamiento fue calificado por sus propios ministros como  fundamentalista ahora en  guerra contra Iraq. Con las tendencia culturales por afirmar al individuo, tal diversidad corre el riesgo de la fragmentación religiosa. Más si la autoridad y la plausibilidad de las instituciones religiosas están puestas en cuestión debido al alto grado de burocratización y descrédito, recordemos el caso de la pedofilia que ha golpeado la credibilidad moral del clero católico. A pesar de todo, el milenio que nace se antoja religioso, y el cristianismo con todas sus corrientes y diversidades se percibe robusto.

 

 

 

 

 

Los laicos frente al clericalismo

diciembre 11, 2008

Los Laicos frente al clericalismo

La Jornada, 26 de noviembre de 2008

Históricamente, cuando la Iglesia está en crisis o se siente amenazada, invoca en estado de alerta la actitud misionera y evangelizadora, e igualmente demanda con urgencia mayor intervención de los laicos en la propia misión de la Iglesia.

Hace unas semanas se realizó la 86 asamblea ordinaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), con la particularidad de que en dicho acto participaron más de 180 laicos –por cierto, muy pocas laicas– provenientes de todo el país. Sin duda es un hecho novedoso, inducido por el presidente de la CEM, Carlos Aguiar Retes, quien se ha empeñado en poner en práctica las principales intuiciones de Aparecida en México.

En su mensaje final reconocen con realismo: “En ocasiones, el clericalismo se ha extendido tanto en laicos como en clérigos, dificultando que la identidad laical sea realmente reivindicada y proyectada en todos los ámbitos de la vida social. Por esa razón… los fieles laicos han de ver en la participación política un camino arduo, pero privilegiado para su propia santificación”.

Coincidentemente en Roma, casi al mismo tiempo, el papa Benedicto XVI recibió en audiencia a los participantes en la 23 asamblea plenaria del Consejo Pontificio para los Laicos con el tema Veinte años de la Christifideles laici: memoria, desarrollo, nuevos desafíos y tareas.

Es interesante constatar que en su discurso resaltó “la necesidad y la urgencia de la formación evangélica y del acompañamiento pastoral de una nueva generación de católicos comprometidos en la política, coherentes con la fe profesada, que tengan rigor moral, capacidad de juicio cultural, competencia profesional y pasión de servicio hacia el bien común”.

Sin duda, el pontífice expresa también preocupación por la creciente clericalización de los laicos europeos que suplen la ausencia y envejecimiento del presbiterio. Me impresiona el caso alemán, en el que por cada 100 sacerdotes en activo hay 60 laicos, certificados y bien remunerados por el episcopado, con encomiendas pastorales. Mientras que en América Latina, ante el temor de la politización, desde los años 70 los laicos fueron sometidos a la disciplina, al centralismo autoritario de las jerarquías, o a la exclusión.

En México, históricamente la presencia de los laicos ha apoyado e impulsado a la Iglesia en periodos críticos. Recordemos cómo en el contexto del porfiriato, en el ocaso del siglo XIX, a través de los círculos de estudio jesuitas, la obra católica en hospitales, en la educación y la asistencia fueron posicionando nuevamente a la estructura eclesiástica que había quedado muy minada a partir de la guerra de Reforma.

La Acción Católica fue sin duda el instrumento más valioso que la Iglesia encontró para articular, concentrar y disciplinar la fuerza de los fieles.

Acción Católica tiene sus raíces en el siglo XIX, pero es formalizada en 1922 por el papa Pío XI; fue la organización de tejidos vivos que permitió a la estructura católica sobrevivir a la hecatombe político-militar que dejó la guerra cristera, por las siguientes razones: 1) La reagrupación de todas las fuerzas laicas del catolicismo significa su recomposición ante el desgaste que sufrieron durante el conflicto que fue de 1926 a 1929. 2) La centralización del catolicismo en una sola organización asegura mayor control bajo la conducción doctrinal de la jerarquía a la acción social, política y pastoral del laicado. 3) La actividad pastoral mantiene intactos los planteamientos intransigentes del catolicismo social: instaurar “el reino de Cristo”. En los años 50, la Acción Católica llegó a tener una membresía que rebasaba medio millón de militantes; de ahí surgieron cientos de vocaciones y el PAN no puede explicar su existencia sin esta plataforma organizativa.

En este inicio del siglo XXI, la reunión de Aparecida 2007 pone sobre la mesa la crisis cultural de la Iglesia católica. Ante los cambios culturales, la Iglesia juega al autismo civilizatorio encerrándose en sus verdades tradicionales. Sin capacidad de réplica, amenazada como nunca por nuevos movimientos religiosos que avanzan inexorablemente por audiencias, especialmente populares, que cimbran el histórico monopolio católico. Ante la crisis de la Acción Católica, la Iglesia no ha encontrado fórmulas pastorales efectivas ni claras hipótesis de evangelización, y más bien ha venido sumando propuestas prometedoras que pronto quedan en el camino y en el fracaso.

Quedan temas candentes, para empezar el creciente papel de la mujer en la sociedad, incluyendo su ministerialidad tan temida; por otra parte, el lugar que debe darse a los diáconos laicos en el seno de las comunidades cristianas; recuérdese la penosa negativa del Vaticano a la ordenación de diáconos indígenas. Igualmente, la necesidad de una pastoral de la inteligencia que sacuda la desesperante mediocridad de los pensantes que se contentan con repetir las fórmulas y los lugares comunes gastados de la doctrina católica y que están lejos de responder a una realidad en permanente mutación.

El título del artículo de Felipe Arizmendi, obispo de San Cristóbal, “Sin laicos no se puede”, ilustra la preocupación de los altos prelados por encontrar nuevas rutas y certeras presencias en la sociedad. Muchos obispos esperan nuevas y duraderas “síntesis pastorales”; sin embargo, la cambiante realidad tecnológica y de mercado complica las más audaces hipótesis religiosas.

Los jóvenes, a pesar de las grandes movilizaciones provocadas por los papas, sienten poco atractiva la oferta católica. Gran parte de los fieles laicos prefieren las ONG y las organizaciones de la asistencia privada que participar en el rancio asociacionismo católico. Juan Pablo II se equivocó: su centralismo clerical y su favoritismo por movimientos de elite, como Comunión y Liberación, Opus Dei, Focolares y Legionarios, que terminaron por encerrarse en herméticas burbujas de clase con escaso impacto social, han provocado, en parte, esta debacle pastoral y que la cuerda debilitada hacia los laicos se esté consumiendo.

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