Sacerdotes asesinados y la desacralización de lo religioso

julio 24, 2017

Sacerdotes asesinados y la desacralización de lo religioso

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Los recientes homicidios de cuatro catequistas de Apatzingán han vuelto a encender los focos rojos de la Iglesia católica: los jóvenes fueron torturados y abatidos. En menos de un mes han sido asesinados tres sacerdotes: el padre José Alfredo López Guillén –en Janamuato, Michoacán, también– y los sacerdotes Alejo Nabor Jiménez Juárez y José Alfredo Juárez de la Cruz, en Poza Rica, Veracruz.

Tan sólo en lo que va del sexenio de Enrique Peña Nieto van 15 sacerdotes ultimados y más de 500 religiosos están bajo la asechanza de la extorsión. Todavía se recuerda el cruel homicidio, en diciembre de 2014, del cura activista Gregorio López Gorostieta, en Guerrero. La situación es delicada y el nuevo nuncio, Franco Coppola, deberá tomar cartas en el asunto. Cuenta con la experiencia vivida en República Centroafricana y el Chad, países con guerras civiles y cruenta violencia, pobreza y altos niveles de corrupción.

Ser ministro de culto en México es una función de muy alto riesgo. Los curas victimados siguen la ruta de la impunidad, el no esclarecimiento cabal de los hechos y la lasitud institucional. Con vergüenza, nuestro país se destaca por ser el sitio donde más se asesina a integrantes del clero. Con datos del Centro Católico Multimedial, en 25 años han sido asesinados más de 50 sacerdotes católicos, de los cuales dos permanecen en calidad de desaparecidos. El Papa ha reiterado preocupación por dichos homicidios pero en su visita a México de febrero de 2016 guardó silencio, ahora sabemos, a solicitud del propio gobierno de Enrique Peña Nieto.

Resulta sorprendente que México, un país de mayoría católica con arraigada religiosidad popular, tenga los índices más altos –no sólo de América Latina, sino del mundo– de criminalidad contra los curas. Las entidades más peligrosas de la República son Michoacán, Guerrero, Distrito Federal y el Estado de México. ¿Hay una agresión deliberada y dirigida directamente contra los ministros de culto, como a los periodistas? ¿La violencia generalizada que vive el país alcanza también a los religiosos? ¿La violencia ya no respeta la investidura sacerdotal ni su ministerio?

Sólo para tener referencias y marco comparativos de la magnitud del fenómeno, según Gutiérrez Casillas en su libro Historia de la Iglesia en México, en la Guerra de Reforma (1855-1867, y en la que el clero conservador participó activamente) fueron ultimados al menos 11 sacerdotes. Es decir, en los cuatro años que van del actual sexenio, las cifras son mayores a las de un contexto de guerra en México, en el siglo XIX.

En el siglo XX, los sacerdotes católicos han sufrido persecución y muerte. El historiador Jean Meyer, en su famosa obra La Cristiada, contabilizó que entre 1926 y 1929, en plena Guerra Cristera, fueron registrados 125 crímenes contra sacerdotes. El presidente Plutarco Elías Calles, “jefe máximo” de la Revolución (1924 a 1928), reconoció, en una entrevista con el periódico londinense Daily Express a principios de 1928, que él había mandado fusilar a 50 sacerdotes. Dicha guerra fue brutal y devastadora. Según historiadores, murieron más de 300 mil personas. Todavía hasta los años setenta, durante la llamada Guerra Sucia, Sergio Méndez Arceo salvó su vida después de sufrir un atentado de la ultraderecha católica (El Yunque) en un aeropuerto, en mayo de 1972. Cuatro meses después fue agredido con ácido sulfúrico en una mesa redonda que se desarrollaba en Ciudad Universitaria. Volvió a salvarse. No tuvieron la misma suerte el sacerdote Rodolfo Aguilar, secuestrado y asesinado el 21 de marzo de 1977, ni el cura Rodolfo Escamilla, acribillado el 27 de abril de 1977.

En los asesinatos recientes de sacerdotes no hay un patrón. Los móviles son muy diversos: robo, secuestro, riñas, motivos pasionales y políticos.

Cabría preguntarse sobre los evidentes signos de la desacralización del ministerio sacerdotal en la actual sociedad mexicana. Mircea Eliade opone lo sagrado y lo profano. Las sociedades modernas seculares ponen en duda la presencia real de lo divino en la acción sagrada, y por tanto la sacramentalidad. Es decir, los rituales, los símbolos y la función de los actores. La raíz de toda desacralización es la desolemnización de las cosas sagradas y el vaciamiento del sentido mistérico de la práctica religiosa. La gran crisis que sufre la Iglesia en la sociedad contemporánea es que las cosas que debían ser sagradas en sí mismas no son percibidas como tal por los fieles –y, en algunos casos, por la propia jerarquía–, esto es, se ha profanizado lo sagrado incluso dentro de los propios actores religiosos.

La conducta más política, elitista y hasta disipada de actores religiosos como el cardenal Norberto Rivera u Onésimo Cepeda contribuyen a una percepción mundanizada del ministerio sacerdotal. Los asesinatos de curas nos indican la desacralización de la función sacerdotal, la pérdida de sentido divino y, por tanto, el vaciamiento de su contenido simbólico.

Sin duda, el primer caso impactante fue el asesinato aún no aclarado del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, acaecido el 24 de mayo de 1993. Se asesina a un príncipe de la Iglesia –un crimen perpetrado bajo el aparente enfrentamiento de bandas narcotraficantes– bajo la opacidad y complicidad del gobierno salinista. Pese a que la Iglesia quiso ver el martirio de un “santo”, emergieron muchos aspectos oscuros del cardenal victimado. Esa percepción fue ratificada por el entonces nuncio, Girolamo Prigione, quien intercedió por el Cártel de los Arellano Félix.

La Iglesia ha contribuido a su propia desacralización. Los homicidios no han sido consumados bajo consigna ideológica ni de anticlericalismos radicales. Los actores religiosos han sido alcanzados por la cultura de la muerte. El exterminio de sacerdotes no tiene como objetivo la coerción a la institución católica, más bien refleja la violencia sistémica y generalizada en el país. No hay miramiento especial hacia el sacerdote.

Ante la avalancha criminal, no bastan los tibios gestos ni comunicados como el “¡Ya Basta!” del Episcopado. Son recursos insuficientes ante las cientos de amenazas y advertencias al clero. Las experiencias latinoamericanas de los años setenta muestran que, ante la represión generalizada e institucional de las dictaduras militares, las iglesias tuvieron que jugar con firmeza un papel de protección no sólo de su cuerpo clerical, sino del conjunto de la población. Ahí está la experiencia de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil o la construcción de instrumentos específicos como la Vicaría de la Solidaridad en Chile. Dicho de otra manera, la Iglesia debe desempeñar un rol de protección de la integridad y la defensa de la vida no únicamente de su cuerpo eclesial, sino de la población, sobre todo de aquellos sectores más desamparados.

Para resguardarse, la Iglesia tiene que ser solidaria con la sociedad y ser mucho más crítica con la clase política. Hay una vasta red de experiencias de organizaciones católicas de defensa de los derechos humanos que requieren ser protegidas y potenciadas. El Episcopado está obligado a salir de su zona de confort clerical, abandonar el glamour que otorga el roce del poder, salir a la periferia como mandata Francisco y escuchar los lamentos de su pueblo, que exige justicia y seguridad. Debe combatir la impunidad y perseguir la complicidad corrupta de las autoridades. No hacerlo es exponer aún más a decenas de actores religiosos como Raúl Vera, Alejandro Solalinde, Pedro Pantoja y Gregorio López Jerónimo, por mencionar sólo a algunos que están al filo de la navaja.

http://www.proceso.com.mx/459696/sacerdotes-asesinados-la-desacralizacion-lo-religioso

 

Francisco ante la escasez de sacerdotes

julio 24, 2017
Francisco ante la escasez de sacerdotes
Bernardo Barranco V.
22 de marzo de 2017

En una entrevista reciente concedida al semanario alemán Die Zeit, Francisco afirmó: La crisis de vocaciones sacerdotales es un gran problema. En su cuarto año de pontífice, Bergoglio abre un nuevo frente de debate al preguntarse por la ordenación de casados. Ante la ostensible falta de vocaciones en la Iglesia católica, el Papa pone sobre la agenda la posibilidad de ordenar curas casados para frenar la crisis de carencia sacerdotal. Al Die Zeit,Francisco le dijo: “debemos analizar si los viri probati –hombres casados– son una posibilidad” para paliar la falta de sacerdotes, especialmente en las pequeñas comunidades. Los viri probati son una figura en la Iglesia primitiva, al igual que las diaconisas, y que consistía en ordenar sacerdotes a hombres casados de probada virtud. Es una expresión incluida en la primera epístola de Clemente (44:2) y retomada por el Concilio Vaticano II (LG 20), con la que el derecho canónico de la Iglesia católica se refiere a los hombres casados, de vida cristiana madura y contrastada, a los que, de modo extraordinario, se admite la ordenación sacerdotal.

En realidad, el celibato no es un dogma, el mismo Papa lo ha reconocido en otras ocasiones, sino una disciplina canónica, es decir, una norma obligatoria establecida en la Iglesia sólo después de 1100. Tampoco puede desdeñarse una tradición de cerca de mil años; sin embargo, en la situación actual es válido repensar el celibato, aunque no sea el origen ni la razón principal de la falta de vocaciones. La propia Iglesia católica ha mostrado pragmatismo; por ejemplo, la aceptación de los pastores casados anglicanos que se convirtieron a la Iglesia católica, cuya posición está regulada por la constitución apostólica Anglicanorum coetibus, firmada por Benedicto XVI en 2009. Figuran también los sacerdotes de rito oriental en comunión con Roma. En las iglesias orientales, de hecho, se puede ordenar a los seminaristas ya casados, pero sacerdotes ordenados ya no pueden casarse. La cuestión, como se esperaba, levantó gran revuelo. Entre las primeras reacciones el cardenal Reinhard Marx, presidente de los obispos alemanes, afirmó que la contribución del Papa es un valioso impulso. Mientras los sectores conservadores encontraron un nuevo pretexto para confrontarlo, siguen criticando a este pontífice como el Papa falible.

El tema va más allá de ordenar a santos varones jubilados. Vuelve a ponerse en el centro de la polémica la pertinencia del celibato sacerdotal. El celibato como precepto religioso no sólo está presente históricamente en el cristianismo latino, sino forma parte del patrimonio de porciones del hinduismo y del budismo. En el antiguo imperio romano, lleno de excesos, la castidad era concebida como virtud. En algunas sectas judías, como la de los esenios –a la cual, se conjetura, pertenecía Jesús–, exaltaban la espiritualidad, la renuncia a los bienes materiales, la humildad y la castidad como virtudes esenciales de la práctica religiosa. Por tanto, el celibato no es dogma, como tratan de revestirlo católicos tradicionalistas, sino un hecho histórico e institucional, que refleja en el tiempo y en el espacio las diversas concepciones religiosas del cuerpo y la sexualidad humanas.

Casi todos los apóstoles eran casados en el cristianismo primigenio. El Nuevo Testamento refiere este hecho. Habla de la suegra de Pedro (Mateo 8:7). Pablo señala que varios apóstoles eran ayudados por sus esposas (1 Corintios 9:5). Los primeros papas eran casados y en las primeras generaciones los obispos tenían mujeres e hijos; en la antigüedad, Pablo exige en sus epístolas que vivieran con moralidad y que tuvieran una sola mujer (1 Timoteo 3:3). Hay que recordar el contexto patriarcal de los inicios del cristianismo. Sobre la soltería de Jesús hay dudas razonables que quedan en el misterio, amparadas en más de 2 mil años de distancia. En contraparte, las nuevas lecturas de mujeres exégetas y teólogas abren nuevas hipótesis. Jean Meyer publicó en 2009 un libro titulado El celibato sacerdotal; su historia en la Iglesia católica, que documenta cómo algunas leyes empezaron en el cristianismo a exigir el celibato sacerdotal, por las tensiones entre laicos versus clero naciente, entre diócesis de rito latino en el siglo IV: se hizo manifiesto en el Concilio de Elvira y se reiteró en el Concilio de Letrán I, en 1123. Aunque no todo el clero asumió automáticamente la continencia sacerdotal como obligación para la impartición de los sacramentos, porque en Francia y España obispos, sacerdotes y diáconos estaban casados y continuaban una vida conyugal y engendraban hijos –incluso se respetó la orden de mantener el celibato en sacerdotes que fueron ordenados bajo tal condición–, según el autor, el celibato se impuso como obligación para todos los niveles clericales de la Iglesia latina en el siglo XII. Se reafirmó en el Concilio de Trento, a mitad del siglo XVI, en respuesta a la abolición del celibato por los movimientos protestantes. Según el anuario pontificio, hay poco más de 400 mil sacerdotes en el mundo. Distribuidos así: América 29.6 por ciento, Europa 44.3 por ciento, Asia 14.8 por ciento, África 10.1 por ciento, Oceanía 1.2 por ciento. En África y en Asia hay mayor número de vocaciones sacerdotales; sin embargo, han descendido en América y en especial Europa, que además presenta el cuadro de mayor envejecimiento sacerdotal. Hay también un declive en las diferentes órdenes religiosas.

Están ahí los recursos de los diaconados permanentes. Resuenan las expectativas abiertas por el propio Papa, el 12 de mayo de 2016, sobre la posibilidad de que las mujeres sean ordenadas diáconos y celebren bautismos y matrimonios; un giro revolucionario para la Iglesia católica, sólo reservado para los varones y que ha quedado entumecida en una comisión de estudio. También resuenan los lamentos de un grupo de 26 mujeres de Italia que a mediados de 2014 demandaban a Francisco abolir el celibato porque sostenían relaciones sentimentales con curas y muchas de éstas tenían hijos y hasta familia. Las mujeres apelaban al sentido común y a la inocultable práctica de sexualidad del clero heterosexual y homosexual. El panorama es complejo, a pesar de que el mismo Francisco desechó abolir el celibato como opción. Pero la falta de vocaciones y la creciente ancianidad del clero colocan el problema como una cuestión en que hay poco tiempo. Su resolución debe ocurrir en el corto plazo.

http://www.jornada.unam.mx/2017/03/22/opinion/020a1pol

La Iglesia y los derechos humanos de los migrantes

julio 24, 2017
La Iglesia y los derechos humanos de los migrantes
Bernardo Barranco V.
8 de marzo de 2017

La Iglesia católica mexicana debe afrontar la crisis humana que significa el desafío de la migración bajo los tiempos acechantes de Donald Trump. Los obispos mexicanos deben asumir el tema de las migraciones –así, en plural– como uno de los principales retos pastorales de los tiempos actuales. La migración es un fenómeno complejo que rebasa de lejos sólo la movilidad humana; implica enfrentar las causas que están de fondo: la pobreza, la injusticia y la falta de oportunidades. Engarza un enfoque de derechos humanos: todas las personas son hijos e hijas de la tierra y por tanto de la casa común. Nadie tiene la facultad de rechazar la condición humana por causas de seguridad nacional, raza, cultura ni credo. Las instituciones religiosas, no sólo la católica, tienen en este sentido la obligación moral de confortar y afrontar los derechos humanos de los migrantes porque son parte de la familia humana. El papa Francisco, desde que visitó Lampedusa en 2013, no ha dejado de denunciar las violaciones escalofriantes a los derechos de los migrantes. En su visita a México marcó claramente su distanciamiento del entonces candidato Trump, diciendo en el vuelo a Roma: Una persona que piensa sólo en hacer muros, sea donde sea, y no hacer puentes, no es cristiano. Esto no está en el Evangelio. Los obispos mexicanos deben abordar, por tanto, la migración no sólo desde la dignidad de los connacionales, sino también desde los derechos de los migrantes centroamericanos, sometidos a vejaciones y trato inhumano por nuestras propias autoridades. Si ya existen 70 albergues, como reportaba Alfonso Miranda, secretario general de los obispos mexicanos, hay que construir muchos más. No basta expresar que la Iglesia es la institución que más ha procurado por los migrantes en tránsito; hay que ir mucho más lejos. Se trata también de abordar el fenómeno desde una complejidad regional que involucra no sólo a Estados Unidos y México, sino a todos los países centroamericanos y del Caribe desde donde las iglesias deberán cooperar con espíritu evangélico y con enfoque moderno de derechos.

Desde su campaña, Donald Trump prometió que deportaría a unos 6 millones de indocumentados, de ellos 2 millones con antecedentes criminales, y otros 4 millones que entraron legalmente, pero se quedaron más allá del término permitido por sus visas. Durante los dos gobiernos de Barack Obama, 2009-2017, se ha deportado a más de 2.7 millones de inmigrantes indocumentados sin que hubiera tanto estrépito. La amenaza no son los migrantes, sino los sistemas injustos que crean el alarmante fenómeno del flujo migratorio. Más bien, la migración es un reflejo de sistemas viciados y corrompidos por sus élites. Las iglesias deben recordarnos el derecho de todo ser humano a ser respetado en tanto hijo de Dios y que le sea procurada una vida digna. A través de los años, hemos visto de primera mano el sufrimiento causado por un sistema de inmigración roto, causado por las condiciones estructurales políticas y económicas, que generan amenazas, deportaciones, impunidad y violencia extrema. Esta situación acontece tanto en la relación entre Centroamérica y México como entre EU y México(extracto del comunicado de los obispos que radican entre Texas y la frontera norte de México, 17/2/17, recogido por Rogelio Cabrera, arzobispo de Monterrey).

La crisis humana de la migración es una de las mayores vulnerabilidades de nuestra civilización. En Europa es dramático el exilio masivo forzado por guerras, persecución y pobreza, sólo comparable a las condiciones de la Segunda Guerra Mundial. La migración forzada, cual sea su causa, es una tragedia humana. Como advirtió Francisco en su última homilía en Ciudad Juárez, Chihuahua, el 17 de febrero de 2016: Son hermanos y hermanas que salen expulsados por la pobreza y la violencia, por el narcotráfico y el crimen organizado. Frente a tantos vacíos legales, se tiende una red que atrapa y destruye siempre a los más pobres. No sólo sufren la pobreza, sino que además tienen que sufrir todas estas formas de violencia. Injusticia que se radicaliza en los jóvenes, ellos, carne de cañón […].

Si bien la defensa de los derechos humanos en la Iglesia se remonta en nuestro país al dominico fray Bartolomé de Las Casas (1484-1566) como verdadero precursor moderno, fue a partir de la Segunda Guerra Mundial y de los estragos políticos a los que muchos regímenes laicos habían sometido a la Iglesia que se sensibiliza a la jerarquía católica en Roma. Los derechos ciudadanos comenzaron a ser invocados para obtener mayor libertad religiosa y de enseñanza. Pero el viraje teórico fundamental es el de León XIII (1810-1903), quien replantea en su encíclica Rerum novarum los derechos económico-sociales, en torno de la cuestión obrera, tesis cuestionada por conservadores, porque los derechos humanos no acababan de embonar, porque era fruto del derecho positivo, con matices a la ley natural querida por Dios y custodiada por la Iglesia. De las posiciones católicas en favor de los derechos humanos la más notable fue sin duda la de Jacques Maritain (1882-1973), filósofo católico francés, quien después de la Segunda Guerra Mundial incidió de manera notable en la redacción de la Carta Universal de 1948. El papa Juan XXIII, con la encíclica Pacem in terris (1963), da carta de ciudadanía a los derechos humanos con la sensibilidad católica en los siguientes términos: En la época actual se considera que el bien común consiste principalmente en la defensa de los derechos y deberes de la persona humana. De aquí que la misión principal de los hombres de gobierno deba tender a dos cosas: de un lado, reconocer, respetar, armonizar, tutelar y promover tales derechos; de otro, facilitar a cada ciudadano el cumplimiento de sus respectivos deberes. Tutelar el campo intangible de los derechos de la persona humana y hacerle llevadero el cumplimiento de sus deberes debe ser oficio esencial de todo ser público.

Los obispos mexicanos tienen bajo la era Trump la oportunidad de reivindicar una agenda social y humanitaria en torno a las diferentes aristas, insistimos, del fenómeno migratorio. ¿No se han pronunciado los obispos por ser patrióticos? La Iglesia debe sumarse a la indignación por la postura antimexicana del gobierno estadunidense e inhibir las expresiones de júbilo que realizan sectores de la ultraderecha católica mexicana que hasta dan gracias a Dios ante ciertas iniciativas de Donald Trump.

http://www.jornada.unam.mx/2017/03/08/opinion/022a1pol

Primer sacerdote pederasta sentenciado

julio 24, 2017

Primer sacerdote pederasta sentenciado

Bernardo Barranco

1 de marzo de 2017

En Oaxaca el sacerdote Gerardo Silvestre Hernández recibió una sentencia de 16 años por el delito de corrupción de menores en su modalidad de inducción a actos sexuales y exposición de filmes pornográficos, tras quedar comprobado que abusó de varios menores. Es la primera vez que la justicia mexicana dicta sentencia contra un sacerdote católico pederasta. Ante el manto de protección y fuero religioso que históricamente ha gozado el clero mexicano, la noticia es un hito importante. El Tribunal Superior de Justicia de Oaxaca, confirmó la sentencia del cura Silvestre al que se le imputan de más de cien casos de abuso sexual a menores pero pocos se atrevieron a denunciarlo. Silvestre desde el 2013 está en prisión,  esperaba una sentencia a modo que en poco tiempo saldría libre pero no fue así por fortuna.

Bien por la justicia mexicana, mal por la Iglesia local que presionó para una sentencia moderada. Este no es el único caso, el más reciente es la acusación de un catequista contra el ex rector de la Catedral oaxaqueña, Carlos Franco Pérez por el supuesto delito de violación equiparada, por ello,  la autoridad ha girado una orden de reaprensión. Es una verdadera vergüenza, el comportamiento encubridor del arzobispo de Oaxaca, José Luis Chávez Botello. Su ambigüedad es un comportamiento de complicidad delictiva, su proceder  negligente debe ser enjuiciado tanto por la feligresía como por las autoridades. La Iglesia en Oaxaca está manchada por la impunidad interna y el desorden entre los sacerdotes por falta de congruencia con los mandatos morales y disciplina de la propia Iglesia. Pero ante todo el afán de ocultamiento.

El caso cobra notoriedad, gracias a un video que produjo la activista regiomontana Cristina Sada asesorada por Alberto Athié, defensor de víctimas de pederastia clerical. Miles reproducciones de video en las redes muestran los abusos del cura. Nos relata el drama que vivieron las víctimas y las enormes dificultades desde su condición de indígenas para hacer justicia.

La sentencia es relevante en la medida que hay diversas denuncias en Jalisco, San Luis Potosí, Ciudad de México entre otras que esperan la acción de la aplicación de las leyes  seculares. Porque la justicia eclesiástica es ambivalente. Por su parte, Francisco, desde su elección en 2013, ha tomado algunas medidas para desarraigar el abuso sexual de la Iglesia católica, pero grupos de víctimas señalan insuficiencias, sobre todo con los obispos que toleran el abuso sexual o lo encubren. Se rumora que Francisco ha bajado sanciones en secreto. Ante la pederastia clerical la Iglesia continúa aletargada.

http://www.milenio.com/firmas/bernardo_barranco/primer-sacerdote-pederasta-sentenciado_18_911488935.html

Olvidado, el mensaje de Francisco en catedral

julio 24, 2017
Olvidado, el mensaje de Francisco en catedral
Bernardo Barranco V.
22 de febrero de 2017

Con motivo del primer aniversario de la visita del papa Francisco a México, en Ciudad Juárez se inauguró una estatua conmemorativa del pontífice de casi cinco metros de altura, ubicada en El Punto, a menos de 50 metros de la frontera con Estados Unidos. Allí estuvo Francisco rechazando los muros y proclamando los puentes entre ambas naciones y dignidad para los migrantes. Este ha sido uno de los signos visibles de una visita que pudo haber sido punto de partida para la renovación pastoral de la Iglesia católica. Los obispos mexicanos no han querido seguir las exhortaciones de Francisco para construir una Iglesia más evangélica y comprometida con su pueblo. Hasta ahora no hay iniciativa de envergadura conducente a tal renovación.

La visita del Papa a México, entre el 12 y el 17 de febrero de 2016, tuvo sus claroscuros. Muchas expectativas quedaron frustradas frente a señalamientos sociales genéricos. Sin embargo, era claro que el Papa no iba venir con discursos incendiarios ni a romper lanzas con el gobierno mexicano. Francisco decepcionó a los activistas de los derechos humanos por no haberse encontrado con los familiares de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, por no haber abordado con mayor firmeza los feminicidios ni haberse pronunciado en suelo mexicano sobre la pederastia clerical. En cambio fue notable la actitud de Francisco por encontrarse con el pueblo; especialmente destaca su encuentro con indígenas durante su visita a San Cristóbal de las Casas, Chiapas. En ese tenor, fue remarcable la reivindicación histórica de Samuel Ruiz, el Tatic, por su compromiso social por los pobres. Importante es destacar que sus principales críticas no fueran sociales ni políticas, sino eclesiales. Dichas críticas y señalamientos a la mayoría de los obispos han sido silenciadas como si nunca se hubieran dado. El discurso de catedral del 13 de febrero de 2016 debe quedar no sólo como pieza crítica de retórica clerical ni como regaño, sino como un programa de trabajo que los obispos no han acatado.

Probablemente el mensaje en la Catedral Metropolitana sea el discurso que se guarde en la memoria de esta visita, pero que por ahora los obispos parecen ignorar. Francisco puso en evidencia ante todo el país sus llamamientos hacia el episcopado mexicano. En su discurso trató de motivar, orientar y corregir a los obispos. El tono del pontífice argentino fue severo, pero dulce. La improvisación que hizo retrató muy bien el momento de los obispos: Esto no estaba preparado, pero se los digo porque me viene en este momento. Entonces exclamó: Si tienen que pelearse, peleen ¡pero como hombres! Como hombres de Dios. Si tienen que decir algo, díganlo a la cara, como hombres de Dios, que después van a rezar juntos, a discernir juntos y, si se pasaron de la raya, a pedirse perdón, pero mantengan la unidad del cuerpo episcopal. Los obispos, sorprendidos, guardaron silencio; algunos intercambiaban miradas, atónitos quedaron los cerca de 100 obispos por tan inusual amonestación. Sabían que era verdad que estaban desunidos en medio de guerritas clericales. El mensaje de Francisco a la Conferencia del Episcopado Mexicano es una pieza que merece ser analizada con detenimiento y profundidad. Es un discurso largo, de más de 4 mil 500 palabras, denso en referencias doctrinales, teológicas y pastorales. Tiene reconvenciones: “Sean, por tanto, obispos de mirada limpia, de alma transparente, de rostro luminoso. No le tengan miedo a la transparencia. La Iglesia no necesita de la oscuridad para trabajar. Vigilen para que sus miradas no se cubran de las penumbras de la niebla de la mundanidad; no se dejen corromper por el materialismo trivial ni por las ilusiones seductoras de los acuerdos debajo de la mesa; no pongan su confianza en los ‘carros y caballos’ de los faraones actuales, porque nuestra fuerza es la columna de fuego”.

Dentro de la imponente Catedral Metropolitana Francisco invita a los obispos a una conversión pastoral y al episcopado a ser un factor profético frente a temas como narcotráfico, migrantes, exclusión y, sobre todo, ser un referente de esperanza de los jóvenes. El Papa les pide a los obispos no refugiarse en condenas genéricas, sino tener coraje profético y un serio y cualificado proyecto pastoral para contribuir, gradualmente, a entretejer aquella delicada red humana sin la cual todos seríamos desde el inicio derrotados por tal insidiosa amenaza. Sólo comenzando por las familias; acercándonos y abrazando la periferia humana y existencial de los territorios desolados de nuestras ciudades; involucrando a las comunidades parroquiales, las escuelas, las instituciones comunitarias, las comunidades políticas, las estructuras de seguridad; sólo así se podrá liberar totalmente de las aguas en las cuales lamentablemente se ahogan tantas vidas, sea la vida de quien muere como víctima, sea la de quien delante de Dios tendrá siempre las manos manchadas de sangre, aunque tenga los bolsillos llenos de dinero sórdido y la conciencia anestesiada. ¿Qué han hecho los obispos para construir lo que les pide Francisco? Ni un asomo de construir un cualificado proyecto pastoral.

Francisco recetó el repertorio de su teología pastoral, tratando de cimbrar la modorra y confort de los obispos mexicanos al sentenciarles: ¡Ay de ustedes si se duermen en los laureles!Por tanto, les suplica superar la tentación de la distancia del clericalismo, de la frialdad y de la indiferencia, del comportamiento triunfal y de la autorreferencialidad. Francisco sacudió una jerarquía conservadora y demasiado complaciente con los poderosos. El Papa de manera irónica refuta: La Iglesia no necesita de príncipes. Recomienda una comunidad humilde de testigos del señor. Una Iglesia con mayor comunión, pastores en comunión y unidad. México, y su vasta y multiforme Iglesia, tienen necesidad de obispos servidores y custodios de la unidad edificada sobre la palabra del Señor, alimentada con su cuerpo y guiada por su espíritu, que es el aliento vital de la Iglesia.

Francisco es penetrante en momentos, compasivo en otros; queda claro que el Papa reprueba la actitud estancada de los prelados mexicanos. Intenso sobre las condiciones de una pastoral profética de cercanía al sufrimiento del pueblo y de denuncia ante las injusticias, Francisco ha dibujado a los obispos mexicanos todo un programa de renovación y depuración. Me pregunto sobre la recepción de los prelados: ¿tendrán la humildad para reconocer los cuestionamientos que abordó Francisco? Hasta ahora sólo retórica perfumada al incienso del olvido. Salvo migrantes, los obispos padecen amnesia, como si las interpelaciones de catedral nunca se hubiesen planteado y ellos puedan seguir así en su zona de confort.

http://www.jornada.unam.mx/2017/02/22/opinion/021a2pol

Remiendos religiosos de la Constitución de 1917

julio 24, 2017
Remiendos religiosos de la Constitución de 1917
Bernardo Barranco V.
8 de febrero de 2017

La conmemoración del centenario de la Constitución Mexicana nos obliga a profundizar sus raíces, contenidos y mutaciones, más allá de los ramplones comentarios que la clase política esgrimió en Querétaro el pasado 5 de febrero. En primer lugar, la Constitución pretendió construir un pacto social normativo, después de un largo periodo de conflagración militar y reyertas entre grupos revolucionarios. Buscaba por un lado construir nuevos consensos y, por otro, corresponder a las históricas demandas de justicia social de campesinos, obreros y una masa amplia de marginados que habían sido ultrajados durante el dilatado gobierno de Porfirio Díaz. La Constitución de 1917 es una apuesta moderna y liberal, tendiente a fortalecer un gobierno estable sustentado en una presidencia fuerte. José Ramón Cossío Díaz, ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, expone que la Constitución tiene dos funciones, la primera regulatoria de la vida social y la segunda es una función aspiracional, e indica que empezó muy liberal, pero ha venido cambiado en un sentido no sólo liberal, sino democrático con sentido social. Tenemos una Constitución que ha tenido un proceso de transformación y ha avanzado próxima a las grandes teorías del constitucionalismo. Si bien la Constitución abrazó causas sociales y reconoció derechos y reivindicaciones sociales populares, tuvo rasgos autoritarios y restrictivos, especialmente en materia religiosa.

Los constituyentes desarrollaron normas modernas en el reconocimiento de las libertades de los ciudadanos, pero reductivas en el plano de las libertades religiosas. Por ejemplo, el artículo tercero sobre educación sostenía que la enseñanza es libre, pero será laica, y especifica: ninguna corporación religiosa, ni ministro de algún culto, podrá establecer o dirigir escuelas de instrucción primaria. El artículo se contradice: por un lado enarbola que la educación es abierta, pero en seguida la acota en lo religioso. Lo mismo pasa con el artículo 130, que afirma que la ley no reconoce personalidad alguna a las agrupaciones religiosas denominadas iglesias. Sólo los mexicanos podrán ejercer un ministerio religioso. Los ministros de culto nunca podrán, en reunión pública o privada, ni en actos de culto o de propaganda religiosa, hacer críticas a las leyes fundamentales del país, de las autoridades en particular o en general del gobierno; no tendrán voto activo ni pasivo, ni derecho para asociarse con fines políticos.

Ni qué decir de las ataduras en los medios de comunicación religiosos impresos. También llama la atención el artículo 27, que expresamente señala que los templos destinados al culto público son propiedad de la nación, representada por el gobierno federal. Así como los ministros de culto, así lo decreta, no podrán poseer bienes, tampoco administrarlos ni heredarlos. Pareciera que el carrancismo, corriente a la que pertenecían la mayoría de los constituyentes, se ensañó con la Iglesia católica. Los masones, otra corriente paralela y presente en la asamblea, también fueron particularmente severos. Surge la pregunta: ¿por qué los constituyentes fueron tan beligerantes y antagonistas con la Iglesia católica, al grado de desaparecer todo rastro de existencia jurídica? La respuesta es histórica. La Iglesia, tanto su estructura como su pensamiento político, representaba una amenaza a la construcción de una nueva hegemonía emanada de la Revolución. La clase política de entonces, pese a sus diferencias, percibía con inquietud el comportamiento político y social católico. En el segundo decenio del siglo XX aún estaba fresca la Guerra de Reforma y la guerra de invasión francesa, ambas respaldadas y tuteladas por la jerarquía católica. Y a corto plazo, pesaba más el apoyo de un sector del clero al golpe de Victoriano Huerta que las simpatías del Partido Católico con las causas de Francisco Madero. La Constitución de 1917 fue objeto de recriminaciones de varios papas que desde Roma la rechazaron. La Constitución fue el epicentro de nuevas hostilidades violentas: la guerra cristera 1926-1929. El poderoso catolicismo social mexicano inspirado por la encíclica Rerum novarum (1891) fue la base social de un nuevo y sangriento enfrentamiento militar, especialmente en el territorio del Bajío mexicano. El catolicismo social que se incuba bajo la Pax porfiriana ha sido poco y atropelladamente estudiado por nuestra historiografía.

Si el Estado se había subordinado a la Iglesia en la era colonial, por el contrario, durante la Independencia la búsqueda liberal de una moderna república buscaba construir un régimen de separación entre la Iglesia y el Estado. Después, en el México revolucionario se buscaba subordinar a la Iglesia mediante un marco jurídico autoritario, que sujetara la acción de las bases de la Iglesia al Estado. Los constituyentes sabían de la potencialidad católica, pero de haber sabido el sangriento desenlace probablemente habrían matizado muchos preceptos anticlericales. En los acuerdos y el modus vivendi entre gobiernos y jerarquía católica a partir de los años 30 reina el pragmatismo político que puede resumirse en esta fórmula de la jerga jurídica: “Se prohíbe de iure, pero se tolera de facto”. Se opera un largo periodo de simulaciones políticas, hipocresías institucionales o, como lo calificó la politóloga Soledad Loaeza: complicidad equívoca. Hubo décadas de disimulo y fingimiento, la Constitución fue letra muerta en medio de componendas entre la jerarquía y los gobiernos federales. Fruto de conveniencias y acuerdos cupulares, en 1992 se devolvió personalidad jurídica a las iglesias y en 2013 se reconoce la libertad religiosa avalada por el Estado, así como, y en contraparte, el artículo 40 explicita la laicidad del Estado. A 100 años constatamos notables diferencias. En 1917 la clase política era liberal y anticlerical, que contrastaba con una población 99 por ciento católica en su mayoría analfabeta. En la actualidad, la pluralidad religiosa rebasa 20 por ciento y las minorías son muy activas, demandan aplicar la protección y equidad del Estado frente a los agravios de la Iglesia católica. A diferencia de antes, la población tiene mayor escolaridad frente a una clase política inculta, que carece de memoria en términos de filosofía de la historia. Lo peor: se ha venido reconfesionalizando. Hoy por hoy –perdone mi insistencia– el pragmatismo de la clase política constituye una sólida amenaza a la laicidad del Estado.

http://www.jornada.unam.mx/2017/02/08/opinion/019a2pol

La tortuosa reforma de la Iglesia

julio 24, 2017

La tortuosa reforma de la Iglesia

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Los frescos renacentistas de la Sala Clementina, construida en el siglo XVI, lucían majestuosos, daban mayor fuerza a las palabras del Papa Francisco. El eco de su voz resonaba en los oídos de notables funcionarios de la curia romana. El recinto fue testigo de una de las disertaciones más programáticas, sagaces y duras del pontificado de Francisco. El 22 de diciembre pronunció algo más que un mensaje navideño a sus colaboradores: fue una profunda disquisición sobre la reforma de la curia. Se advierte esmero en la estructura del texto y en las numerosas citas y notas en que sustenta su razonamiento. Tiene pasajes muy críticos destinados a sus detractores y sectores conservadores que recelan del pontificado del argentino.

Es más que evidente el antagonismo con sectores del clero que lo han asechado en los últimos meses, que cuestionan no sólo las reformas sino la claridad en el rumbo del Papa en la conducción de la Iglesia. Pero Francisco no se achica y envía un claro mensaje a sus censores: la reforma de la curia y de la Iglesia es un proceso inevitable e irreversible. No dará un paso atrás. Arremete contra sus malquerientes advirtiendo las “críticas malévolas y malintencionadas” “que se refugian en las tradiciones, en las apariencias y en las formalidades”.

Va más allá: no se trata de una reforma de apariencia ni estética, como una especie de estiramiento facial o maquillaje para embellecer el rostro más antiguo de la curia, como una cirugía para eliminar las arrugas.

Y remató: “Queridos hermanos: no son las arrugas lo que hay que temer en la Iglesia, sino las manchas”. La reforma, por tanto, es un “proceso delicado” que debe ser experimentado, entre otras cosas, con “lealtad al constante discernimiento esencial, el coraje evangélico, la sabiduría eclesial, la escucha atenta, la acción dura”. No basta el cambio de hombres, enfatizó: la reforma de la curia no se lleva a cabo de ningún modo con el cambio de las personas sino con la conversión de las personas.

Marco Politi, reconocido vaticanista, observó en su blog el 17 de diciembre: “Se desencadenó en las filas de la jerarquía católica un guerra subterránea contra la línea reformista de Francisco, construida con rumores, críticas difusas, agresividad creciente en internet. Se trata de una campaña sistemática de deslegitimación, que pretende sembrar dudas en la autoridad del pontífice y la pertinencia de su gobierno”.

La presencia de Francisco renovó mediáticamente la figura del pontificado a nivel internacional, y por ello a menudo olvidamos la profunda crisis de la Iglesia católica. La reforma de la curia no es una necedad del Papa argentino ni una ocurrencia exótica; es un mandato del precónclave de 2013 que entronizó a Mario Bergoglio. La reforma de la curia es fruto de sus propios escándalos. Viene de la imperiosa necesidad de renovación de una Iglesia golpeada por luchas internas de grupos de poder que quieren mantener privilegios y conducción.

Francisco asumió el pontificado en medio de un severo desfondamiento institucional, resultado de una malograda ruta, una guerra civil dentro de la curia romana, el descrédito internacional y mayúsculos escándalos de pederastia, corrupción financiera y descomposición en la Santa Sede.

La dramática cereza del pastel fue la renuncia de Benedicto XVI, enfermo, rebasado y deprimido. Las reformas que tanto incomodan a la curia no son un invento ni una imposición de Francisco; son un mandato del cuerpo cardenalicio que lo eligió en el cónclave de 2013. Por consiguiente, el quebranto moral, político y mediático de la Iglesia fue fruto de sus propios sectores conservadores, los que ahora no sólo se oponen a los cambios sino que se encierran en su burbuja rígida de doctrina y moralidad contracultural y cuestionan los cambios de actitud que Francisco ha promovido, como el escuchar con mayor atención a mujeres y hombres contemporáneos.

Así, en sus propias palabras entendemos la referencia a la rebeldía tradicionalista en los siguientes términos: “Se dan las resistencias abiertas, que a menudo provienen de la buena voluntad y del diálogo sincero; las resistencias ocultas, que surgen de los corazones amedrentados o petrificados que se alimentan de las palabras vacías del gatopardismo espiritual de quien, de palabra, está decidido al cambio pero desea que todo permanezca como antes; también están las resistencias maliciosas, que germinan en mentes deformadas y se producen cuando el demonio inspira malas intenciones (a menudo disfrazadas de corderos)”.

Aquí sin duda se refiere a la rebelión de cuatro cardenales conspiradores tradicionalistas, quienes con actitud inquisitoria enviaron una carta, con las “dudas”, al Papa, acusándolo de sembrar confusión en la Iglesia y la feligresía a raíz de su exhortación apostólica Amoris Laeticia, en la que se refiere a los católicos vueltos a casar. Estos cuatro cardenales son la punta del iceberg de un vasto movimiento ultraconservador de derecha, religiosa y secular, contra la orientación de Francisco.

Es claro que para el Papa la curia no es inmutable ni intocable. Tanto en el texto como en las notas, fundamenta el propósito central de la curia, que es colaborar con el ministerio del “sucesor de Pedro”, es decir, apoyar al Papa “en el ejercicio de su potestad única, ordinaria, plena, suprema, inmediata y universal”. La curia no es un fin en sí mismo ni un órgano de gobierno sobre las iglesias locales, sino un instrumento de servicio al pontífice y la Iglesia.

Francisco enumera los criterios básicos que impulsan su reforma. Son los siguientes: individualidad (conversión personal), pastoralidad (conversión pastoral), misionariedad, racionalidad, funcionalidad, modernidad (actualización), sobriedad, subsidiaridad, sinodalidad, catolicidad, profesionalidad y gradualidad (discernimiento).

Cada uno es desarrollado y fundamentado en el texto. La individualidad, por ejemplo, se refiere a la conversión personal, sin la cual no servirán para nada los cambios en las estructuras. La pastoral describe a la espiritualidad de comunión y servicio. La misionariedad representa el servicio de la estructura a la vocación de la Iglesia. Cobra relevancia el fortalecimiento del papel de las mujeres y los laicos en la vida de la Iglesia y su integración en las distintas estructuras, roles de conducción y su profesionalismo y, finalmente, la aplicación gradual, “experimental y (con) flexibilidad para lograr una reforma real”.

Francisco es jesuita. Ha sido educado para manejar, conservar y administrar el poder con agudeza política. Pese a la férrea oposición y desacreditación, Bergoglio ha avanzado de manera suave. A pesar de su grupo de cardenales de consulta, el llamado G9, Francisco se ve solo. Pero de manera delicada ha transformado la conducción de las finanzas y ha realizado diversos cambios en secretarías, dicasterios y consejos.

Pero lo más importante es la deseuropeización del colegio cardenalicio. Ahí se juega la continuidad de sus reformas en la sucesión pontificia. En cuatro años ha modificado la correlación: ahora sólo 45% de los cardenales electores son europeos. Francisco ha priorizado, en tres consistorios, el nombramiento de nuevos cardenales provenientes del sur global.

Acaba de cumplir 80 años. No es un Papa revolucionario sino reformador. Enfrenta grandes obstáculos. Sabe que le queda poco tiempo y por tanto debe acelerar sus reformas. Y no es que vaya a cambiar doctrina ni dogmas de la Iglesia, pero sí ofrece una nueva actitud de misericordia, menos rigidez y mayor disponibilidad para escuchar a la cultura contemporánea.

http://www.proceso.com.mx/468973/la-tortuosa-reforma-la-iglesia

Obispos mexicanos en vísperas de un nuevo ciclo

julio 24, 2017
Obispos mexicanos en vísperas de un nuevo ciclo
Bernardo Barranco V.
28 de diciembre de 2016
En los próximos meses habrá numerosos cambios en las sedes episcopales. Más de 10 diócesis esperan recambios de obispos y arzobispos. Sin duda, la joya de la corona será el arzobispado de Ciudad de México. Por tanto, no se descartan jaloneos y rivalidades sacras que involucran no sólo al papa Francisco y dicasterios romanos, sino al nuncio Franco Coppola, cardenales y a la propia Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM). Aunque el Papa podría retrasar algún tiempo la salida de Norberto Rivera, es un hecho que se acentúa un relevo generacional importante en la élite católica. Es el fin y el inicio de un nuevo ciclo en la vida de la Iglesia, que empezó con el pontificado de Francisco. ¿Qué es lo que está en juego con el recambio? ¿Francisco nombrará obispos más pastores que administradores y políticos del sacramento? ¿Los nuevos obispos pugnarán por una Iglesia en salida con sensibilidad por los pobres y la justicia social?

El episcopado mexicano ha vivido en 2016 un año crucial. Fue sacudido de manera severa por el papa Francisco en su mensaje de Catedral, el pasado 13 de febrero, en su visita a México. Los obispos no se imaginaron los reproches a la desunión imperante, la falta de pastoralidad y sobre todo su apego hasta la subordinación al poder y a los poderosos. Por otra parte, se enfrentaron con alevosía al debilitado gobierno de Enrique Peña Nieto en torno a la iniciativa de reforma constitucional sobre los matrimonios igualitarios. La hostilidad hacia al mandatario rebasó los recatos y pudores sagrados. El vocero de la arquidiócesis primada, Hugo Valdemar, envalentonado, denunció alta traición del Presidente y lo acusó de haber apuñalado por la espalda a la Iglesia.

El fondo no fue cómo enfrentaron las bodas gays, sino con quiénes. Una buena parte de los obispos legitimaron de manera abierta a organizaciones de la extrema derecha católica en México para convocar, organizar y conducir a la grey católica en numerosas y nutridas marchas en todo el país. La presencia del nuncio Franco Coppola puso orden en la disputa, despresurizando las demandas clericales y mandatando apertura de diálogo y entendimiento con el gobierno federal. Sin embargo, los grupos vinculados a El Yunque supieron sacar provecho, posicionándose como estructuras no sólo de contestación, sino de movilización; no sólo al servicio de la Iglesia, sino del Partido Acción Nacional. Por tanto, irrumpen en la contienda de poder interna que incluye designación del candidato hacia 2018 con relativa gravitación.

El año que termina muestra una jerarquía católica enferma, desunida y cuestionada hasta por su propia autoridad pontifical. Desde hace lustros esta jerarquía no ha tenido la capacidad de dialogar ni compenetrarse en la cultura contemporánea. La CEM se ha contentado con reiterar la agenda moral vieja de denuncia, defensa de la familia tradicional, contra los homosexuales y el aborto, etcétera. Al mismo tiempo, entabla relaciones muy complacientes ante el poder. Es evidente que la jerarquía no es toda la Iglesia, hay una vasta red de religiosos y religiosas, sacerdotes y laicos, así como de un considerable entramado de instituciones católicas como escuelas, seminarios, universidades y parroquias. Sin embargo, dada la estructura vertical de la Iglesia, es el obispo la autoridad plenipotenciaria, definitoria y territorial de la acción de la Iglesia en el ámbito diocesano. Junto con la arquidiócesis de México, escribe desde Guadalajara Rubén Alonso, las arquidiócesis de Acapulco (vacante), y en proceso de quedar en esa situación Oaxaca y San Cristóbal de las Casas, así como Torreón, Veracruz y Mixes, y cubrir las ya vacantes de Matehuala, Tarahumara y Tlaxcala. En unas se prevé la promoción de obispos en funciones o traslado de obispos(Milenio Jalisco, 26/12/16). Algunos analistas católicos festejan cambios generacionales desde Benedicto XVI; hablan desde entonces de una primavera episcopal. Yo no sería tan optimista, los hechos no han demostrado que los nuevos nombramientos sean obispos con olor a ovejas. Es más, el birrete cardenalicio a Carlos Aguiar Retes es otorgado a un actor con perfil más de príncipe que de pastor, más cercano a los poderes que al pueblo. Le salva que ha sido severamente cuestionado por la derecha yunquista. En la designación de los nuevos obispos tampoco hay mucho de dónde elegir, en realidad el problema es más de fondo. Recordemos el memorable libro Cruce de espadas: política y religión en México (Oxford University Press, 1997), del estadunidense Roderic Ai Camp, en el que demuestra que la mayoría de los miembros de la élite eclesiástica en México proviene y tiene un origen humilde y popular, tanto urbano como principalmente campesino. Incluso señala un paralelo institucional con la composición social de las fuerzas armadas de México. Habría que sumar que los candidatos actuales pertenecen a la generación Wojtyla/Ratzinger. Son religiosos formados en la disciplina a Roma, la mayoría de los presbíteros de corte conservador, sin chispa intelectual ni carisma mediático, carreristas con bajo perfil, diestros en las intrigas palaciegas. En una palabra: clericalizados.

Aunque le retarden la renuncia a Norberto Rivera, su ciclo ha concluido. Adicto al poder, el cardenal ha cosechado escándalos y muy baja aceptación de la feligresía capitalina. Hace unas semanas, en un desayuno con periodistas, afirmó que nunca ha protegido a ningún pederasta. En verdad el cardenal insulta a la sociedad porque la considera crédula y desmemoriada. Deben resonar sus propias y reiteradas declaraciones en defensa abigarrada del mayor pedófilo clerical de México, su mentor y guía: Marcial Maciel. En ese mismo desayuno respondió que aún no había sido invitado a oficiar misa por los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. Pese a que el cardenal tenía conocimiento, la prensa ha consignado las trabas, los obstáculos y malos tratos de responsables de la Basílica hacia los padres del movimiento. Sin facilidades ni micrófono, el obispo Raúl Vera, de Saltillo, presidió los servicios religiosos. Puede ser que a los casi 75 años Norberto Rivera esté perdiendo la memoria, pues ha olvidado que ha encubierto a diferentes pederastas clericales y la fecha de la misa de los padres de los 43 jóvenes desaparecidos en Iguala.

Francisco ha ejecutado un poco más de 20 nombramientos en México, que se suman a los 10 en ruta. Representaría que en cuatro años el Papa habría cambiado el rostro de la Iglesia, en cerca de 30 por ciento del episcopado mexicano. Se percibe el advenimiento de importantes cambios en el rostro de la élite católica, esperemos que sea para bien. Que el efecto Francisco traiga un nuevo y renovado ciclo.

http://www.jornada.unam.mx/2016/12/28/opinion/017a1pol

Justo Mullor, artífice en la caída del PRI en 2000

julio 24, 2017
Justo Mullor, artífice en la caída del PRI en 2000
Bernardo Barranco V.

Casi como un susurro, JustoMullor, enuncia: Es Ratzinger el próximo Papa. Estamos en Roma 2005, a un día de que inicie el cónclave, 10 después de las suntuosas exequias de Karol Wojtyla.

No era la primera vez que escuchaba tal vaticinio, pero me resistía a creerlo. En una salita confortable de la Pontificia Academia Eclesiástica, Mullor me argumenta: el cardenal Ratzinger es un factor de unidad, es el único que podrá consensuar los diversos grupos. Él ama la Iglesia, es un intelectual muy lúcido. Justo Mullor era expresivo, como buen andaluz, culto y, como diplomático de carrera, profundo conocedor de la Iglesia católica. Mi relación con el nuncio Mullor era buena, nos acercaba la distancia que ambos teníamos con la doctrina Prigione, su antecesor. Siendo nuncio 1997-2000 llegamos a conversar ampliamente de temas políticos religiosos y de cuando en cuando me daba información o cuestionaba el enfoque de mis artículos. A veces me cuestionaba: has sido muy blando con Norberto Rivera, con quien el nuncio tenía una lucha sorda al ser del bando que enfrentó con crudeza; sin duda, me utilizaba, pero su cercanía me posibilitaba, a cambio, conocer privilegiados entretelones eclesiásticos.

Mullor tuvo una larga decaída física, ya no respondía correos ni llamadas desde hacía dos años. Aún recuerdo, recién llegado a México, su declaración que ganó las ocho columnas: “Seré –dijo– 90 por ciento pastoral y 10 por ciento político”. De entrada marcó rupturas con Prigiones, que pronto se materializaron al hacer de la cancha de tenis de la nunciatura en la que Girolamo Prigione solía jugar con algunos encumbrados políticos, un salón. La cancha fue demolida para hacer una capilla y sala de actos, como símbolo físico del cambio radical que imprimió a su gestión diplomática en México. Él expresó que fue el símbolo de mi paso y la huella física en la nunciatura.

Su aporte más importante como nuncio en México fue enfrentar a la red paralela que Prigione y Maciel montaron con algunos obispos afines para golpear a los sectores progresistas de la Iglesia mexicana y monopolizar la interlocución de poder con el gobierno y con los grupos fácticos de México. Desde 1998 Justo Mullor se aleja del proyecto y combate el ala prigionista de la jerarquía, llamada en aquel entonces Club de Roma, cuya característica central se fundamentaba en la alianza eclesiástica con el poder político priísta de entonces. Mullor opta por la vía pastoral e institucional, pelea por otorgar mayor gravitación a las instancias orgánicas de la Conferencia de Obispos, principalmente a la presidencia. Sus aliados fueron Sergio Obeso, entonces obispo de Jalapa; Luis Morales, obispo de San Luis Potosí, y Adolfo Suárez Rivera, cardenal arzobispo de Monterrey. Eran miembros de la estructura de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y de la llamada mayoría silenciosa compuesta por la mayor parte de los obispos mexicanos.

La ruptura con la doctrina Prigione tuvo repercusiones políticas importantes, porque debilitó los históricos lazos de alianza entre la jerarquía con el PRI y con el gobierno. Mullor alentó la publicación del documento Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos, que no sólo saludaba a la alternacia política en las elecciones de 2000, sino que el perfil del candidato encajaba más con Vicente Fox. Dicho documento fue combatido por los obispos prigionistas con el apoyo del gobierno de Zedillo. Mullor jugó la alternancia frente al grupo de obispos pro priístas, como el cardenal Norberto Rivera, Ciudad de México; Onésimo Cepeda, Ecatepec; Emilio Berlié, Yucatán; Héctor Gonzá-lez Martínez, Oaxaca; José Fernández Arteaga, Chihuahua. De la Mano de Maciel, la respuesta de la secretaría de Estado bajo la conducción de Angelo Sodano fue implacable. Justo Mullor fue promovido a Roma. Una remoción hacia arriba, lo nombraron responsable de la escuela de diplomacia vaticana. Lo sustituyó un miembro más del grupo, Leonardo Sandri, quien pasó de noche. El entonces candidato panista, Vicente Fox, intuyó el movimiento y declaró: Aquí hay mano negra.

El libro de Guillermo H. Cantú Asalto a Palacio, las entrañas de una guerra (Grijalbo 2001) narra el impacto de la Iglesia en la elecciones de 2000, así como la beligerancia entre los grupos de obispos en el proceso electoral que finalmente abre la alternancia panista.

Mullor, cercano al Opus Dei, se enfrentó drásticamente al poder de los legionarios en México, en especial a Marcial Maciel; apoyó y en ese momento recibió a las víctimas, aunque no fue contundente en la forma de denunciar al pederasta. Afrontó al gobierno y a miembros de la jerarquía al apoyar la obra de Samuel Ruiz en Chiapas; evitó su linchamiento, aunque no pudo sostener a Raúl Vera en San Cristóbal. A manera de consuelo se felicitaba por la llegada de Felipe Arizmendi. En su gestión le estalla la disputa por los dineros de la Basílica de Guadalupe entre Guillermo Schulenburg y Norberto Rivera. Ni a quién irle, dijo en privado. También enfrentó el delicado escándalo de las llamadas narcolimosnas, aceptadas tácitamente por monseñor Ramón Godínez, obispo de Aguascalientes.

A Mullor le tocó la organización de la penúltima visita del papa Juan Pablo II a México, realizada del 22 al 26 de enero de 1999 en el Distrito Federal. Ahí chocó frontalmente con el cardenal Norberto Rivera, quien quería monopolizar todos los detalles organizativos. Dicha visita tuvo excesiva injerencia de los legionarios, quienes comercializaron al máximo la visita con más de 200 grandes empresas, condensadas en los promocionales de Las papas del Papa, que Sabritas imprimió en sus bolsas. Se desató indignación entre la feligresía por los excesos y mercantilización de la visita. Hubo importantes remanentes que tanto Rivera como Mullor disputaron agriamente y cuya querella se hizo pública. Los desencuentros fueron motivo de escándalos en su momento

Por ello lastima que el mismo cardenal Rivera, ahora mustio, exalte las virtudes y capacidades de Mullor y llame a orar por su alma, cuando fueron antagónicos. Antes de su salida, en 1999, el cardenal declaró que la diferencia entre ambos era que él descendía de Moctezuma y Mullor de Hernán Cortés, dando a entender el carácter impositivo y dominador del nuncio español.

Un clérigo me comentó que era más propio callar. El 2016 se llevó a los dos nuncios del siglo XX, diametralmente opuestos en el manejo político de la Iglesia. Sin ser intachable, me quedo con don Justo Mullor, un pastor moderno, con arrestos, y un político visionario.

http://www.jornada.unam.mx/2017/01/02/opinion/013a1pol

Norberto Rivera se cura en salud; está documentada relación con pederastas: Barranco. Con Denise Maerker

julio 24, 2017

Norberto Rivera se cura en salud; está documentada relación con pederastas: Barranco. Con Denise Maerker

19 de Diciembre, 2016

Bernardo Barranco señaló que hay evidencia que demuestra que el cardenal Norberto Rivera tuvo relación con curas pederastas como Marcial Maciel y Nicolás Aguilar. Sobre su renuncia, no basta con que la presente al cumplir 75 años, el Papa la tiene que aceptar, explicó el experto en religiones.

Luego de que el cardenal Norberto Rivera declarara que la Iglesia tiene tolerancia cero ante sacerdotes pederastas, el sociólogo y experto en religión, Bernardo Barranco, señaló que hay evidencia que demuestra lo contrario, con casos como Nicolás Aguilar y Marcial Maciel.

En el noticiero “Atando Cabos”, Barranco sostuvo que “Está comprobado que él (Norberto Rivera) ha encubierto, solapado, consentido, por lo menos a dos de los grandes pederastas que ha tenido este país (México)”, uno de ellos es Nicolás Aguilar y el Padre Marcial Maciel.

Preciso que hay cartas que demuestran que “tanto el Cardenal Arzobispo de Los Ángeles, como el Obispo de Tehuacán en ese momento, Norberto Rivera. Hubo un momento en que se echaron la bolita entre ellos de quién lo había consentido, a sabiendas de que era un depredador.

Sobre Marcial Maciel, Bernardo Barranco precisó que el fundador de los Legionarios de Cristo fue mentor de Norberto Rivera. Asimismo, recordó que en una ocasión Rivera preguntó a un periodista “¿Cuánto te pagaron por decir mentiras?”

A decir de Barranco, Norberto Rivera se hace la víctima, argumentando que “gente de afuera quiere golpearlo o lo quiere señalar”.

Sobre la renuncia de Norberto Rivera, quien dimitirá al cargo al cumplir 75 años, el Papa Francisco decidirá si acepta o no su renuncia, “es decir, no es en automático que el día 6 de junio, cuando cumpla 75 años, Norberto se retira”.

jgam

http://www.radioformula.com.mx/notas.asp?Idn=649537&idFC=2016