Las fracturas entre Peña Nieto y la Iglesia

Las fracturas entre Peña Nieto y la Iglesia
Bernardo Barranco
http://www.jornada.unam.mx/2016/06/29/opinion/021a2pol
La caída en la aceptación del presidente Peña Nieto y malas decisiones para resolver imperiosos dilemas, como la corrupción y la impunidad, han provocado que el gobierno encare varios frentes adversos. Muchos actores políticos y empresariales se demarcan críticamente; incluso dentro del PRI hay tibia rebeldía partidaria y le achacan la estrepitosa derrota electoral del pasado 5 de junio. Es en este contexto que debe situarse el distanciamiento de la jerarquía de la Iglesia católica del gobierno y del presidente Peña. Es decir, la Iglesia católica se ha hecho eco de la decepción política y pérdida de confianza social; sin embargo, hay una variante novedosa. El Presidente ha forjado grietas con cada una de las grandes corrientes de la Iglesia católica. Dicho distanciamiento ha sido paulatino y viene de tiempo atrás, no es homogéneo ni puede atribuirse sólo a la iniciativa de reformas sobre el matrimonio igualitario como detonante. Éste desató las posturas más conservadoras y homófobas de la Iglesia, pero hay fracturas evidentes con otros sectores del espectro eclesial.

El alejamiento es desconcertante, pues Enrique Peña Nieto encabezaba el sector priísta de mayor apertura a los intereses de la Iglesia. Se declaró católico y no ha perdido oportunidad de enviar señales magnánimas y piadosas al pontífice romano. Siendo candidato a la Presidencia, Peña cabildeó con los diferentes partidos la reforma al artículo 24 sobre la libertad religiosa. Peña recupera los principios de Salinas/Prigione, propios del grupo Atlacomulco, que sostienen que la Iglesia es un aparato aliado de gobernabilidad y estabilidad social. Dicha mancomunidad se fue tejiendo con el grupo de obispos mexiquenses encabezados por Carlos Aguiar Retes, ex presidente de la CEM. Algunos ideólogos laicistas del partido reclamaban la silenciosa confecionalización que se operaba en el PRI bajo Peña. Sin embargo, las fracturas entre el alto clero y el gobierno no sólo se deben al actuar errático del gobierno de Peña sino al factor Francisco que ha tenido indudable gravitación de la relación de la jerarquía y el poder. El Papa argentino ha demandado mayor atención a la agenda social (pobreza, justicia, derechos humanos y ambiente), ha pedido a los obispos no obsesionarse con la agenda moral. No significa que la Iglesia abandone temas como aborto o eutanasia, pero les pide no absolutizarlos. Por ello, el Papa ha insistido a los prelados mexicanos que adopten una actitud de servicio, esto es, dejar las poses de príncipes que significa entre otras cosas dejar de ser cortesanos del poder. Este mensaje fue claro en su visita. En catedral dijo: “No se dejen corromper por el materialismo trivial ni por las ilusiones seductoras de los acuerdos debajo de la mesa; no pongan su confianza en los ‘carros y caballos’ de los faraones actuales”.

La influencia de Francisco se dejó sentir desde el 2 de mayo de 2014. En la sede de la CEM, el presidente Peña de visita, recibió un conjunto de cuestionamientos y preocupaciones profundas sobre el sentido social de las reformas estructurales. Los obispos, encabezados por Francisco Robles, encara diciendo: La gente se pregunta en qué le beneficiarán las recientes reformas estructurales y el tiempo que tardará que esto se vea reflejado de manera concreta en la paz, en la vida democrática, en su economía y en su progreso integral. Esta incertidumbre se ve acrecentada por las situaciones de violencia, inseguridad, desempleo y pobreza que viven muchas personas. Meses después en febrero de 2015, la CEM publica otro comunicado del consejo permanente del episcopado, titulado: ¡Alto a los corruptos! Ahí invita al gobierno a corregir la corrupción y la impunidad de los funcionarios y solicita a los legisladores encarar una lucha frontal contra este cáncer social. La sorpresiva iniciativa de ley del presidente Enrique Peña Nieto, en mayo, para legalizar los matrimonios del mismo sexo, decíamos, encendió la furia de aquellos sectores del episcopado que viven de la inercia moral. El cardenal Rivera osó reprochar al Presidente no haber sido consultados por la iniciativa; ojo, surgen muchas preguntas: ¿debe el presidente de un Estado laico consultar política pública con la Iglesia? ¿De haber realizado dicha consulta la Iglesia habría aprobado la iniciativa y evitado la reacción tan agresiva? Encabezados por Norberto Rivera, los guardianes de la moral configuran un frente de oposición a la iniciativa, fortalecidos ahora por algunas Iglesias de carácter neopentecostal que se asumen, como dijo Blancarte, de discriminadas a discriminadoras. La forma y la contundencia de este sector conservador no son compartidas por el conjunto del episcopado. Llama la atención el silencio de los obispos mexiquenses más cercanos al Presidente y los esfuerzos mediadores del consejo de la presidencia de la CEM que ha emitido comunicados moderados y en voz de su secretario, Alfonso Miranda Guardiola, declaró que la Iglesia no está contra las bodas gay, sólo pide que no se compare con el matrimonio y rechazó que haya confrontación o ruptura con el gobierno federal ( El Universal,16/6/16). El conflicto con los maestros y los lamentables hechos ocurridos en Oaxaca han levantado un nuevo frente eclesial de oposición al gobierno. Se trata de organizaciones católicas vinculadas con los derechos humanos, congregaciones religiosas, comunidades de base; algunos obispos, como Raúl Vera, que reprochan las víctimas, el uso de la fuerza, la criminalización de la lucha magisterial y cerrazón a un diálogo de fondo. Incluso la CEM pide públicamente que se rediscuta la reforma educativa incluyendo a todos los involucrados, mientras los obispos de Chiapas, Guerrero y Oaxaca están por una tregua.

Peña Nieto encara tres frentes en la Iglesia católica. Ha conjuntado en su contra a conservadores, moderados y al progresismo católico. Peña ya no tiene el peso de interlocución que le ofrecían Aguiar Retes y el nuncio Christophe Pierre, hoy en Washington. Los reproches son diversos y rebasan las demandas de una sola agenda. El Presidente creyente, el católico que ha leído algunos pasajes de la Biblia, enfrenta la embestida múltiple, simultánea y agresiva de su madre Iglesia.

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