Francisco y sus silencios en México

Papa-Francisco

Francisco y sus silencios en México

Bernardo Barranco

Milenio Estado de México, 09 de marzo de 2016

A casi un mes es necesaria una evaluación equilibrada y objetiva de la visita del Papa Francisco a México. Lejos del ruido mediático y de las emociones encontradas, se hace necesario un balance mesurado de la visita realizada en febrero. Después de seis días, ocho homilías densas cargadas de simbolismos y más de 10 millones  de mexicanas y mexicanos movilizados, según el episcopado,  por las calles de cinco estados, el papa Francisco se despidió de México. Se dice que la capacidad de convocatoria fue menor a las primeras visitas de Juan Pablo II a México, sin embargo, tan solo el fin de semana, del 13 y 14 de febrero, cerca de sesenta millones de personas lo siguieron por la televisión.

Por el talante reformista del Papa, se generaron demasiadas expectativas sociales sobre el contenido de sus discursos, mensajes y críticas sociales en nuestro país. Francisco que ha exhortado la Iglesia pobre que opta por los pobres, un pontífice austero, carismático, liberal, renovador de la fe cristiana y tildado de anticapitalista levantó demasiadas aspiraciones de un discurso crítico sobre una cruda realidad mexicana empantanada, sin capacidad de dialogo ni interlocución. Más aun,  los lugares que había elegido cantaban candentes posicionamientos sociales como fueron Ecatepec, San Cristóbal, Morelia y Ciudad Juárez. Dichas expectativas no habían sido depositadas en ninguno de los papa visitantes a México, es decir, ni en Karol Wojtyla ni en Joseph Ratzinger.

Sin embargo, la sensación que ha quedado es que la visita se juzga más por los silencios que por los planteamientos que fueron fuertes en términos de contenidos y metáforas utilizados. Es decir a Francisco se le critica por lo que no dijo,  por lo menos, como lo hubieran querido escuchar muchos actores, por ello,   sus planteamientos fueron desacreditados como críticas genéricas, señalamientos universales y válidos para diferentes contextos. Esa línea de interpretación estuvo delineada claramente en varias notas y artículos de la influyente revista Proceso.

Para muchos sus discursos fueron contundentes en especial  a las prácticas de las jerarquías políticas y eclesiales que mantienen a la mayoría en la pobreza, violencia, desigualdad y exclusión. Para muchos, los silencios de Francisco quien no confrontó con firmeza la corrupción de la clase política, no ofreció audiencia ni consuelo a los padres de los desaparecidos de Ayotzinapa, no ahondó en los feminicidios ni en las víctimas de abuso sexual propinados por la solapada pederastia clerical, así como de Maciel y los legionarios.

Sin embargo, era claro que el Papa no iba venir con discursos incendiarios ni a romper lanzas con el gobierno mexicano. En ningún país ha portado discursos a rajatabla. El estilo de Bergoglio es suave, sutil pero profundo cargado de símbolos y sin separarse de los principios del pensamiento social de la Iglesia.  Por ello, es necesario recapitular lo que dijo, contextualizando contenidos en el lugar y los destinatarios específicos. Hubo silencios explícitos como el que guardó en la basílica ante la virgen y ante la tumba de Samuel Ruiz.

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