Francisco y las televisoras papistas en México

 

Centro-Televisivo-Vaticano

Francisco y las televisoras papistas en México
Bernardo Barranco V.
Existen grandes expectativas por la visita del papa Francisco a México. Importarán no solo sus mensajes sino la interacción que provoque con el pueblo. Dicho de otra manera, será tan importantes los contenidos que formule el pontífice como la recepción de la propia sociedad mexicana. Entre muchos otros, los medios de comunicación en especial la televisión abierta deben estar en el foco de la observación. Su desempeño en las anteriores visitas ha sido incongruente con el carácter laico del Estado que pretende la equidad, la libertad religiosa y la clara separación de esferas en el espacio público. El afán comercial y populachero de las televisoras raya, en muchos casos, en patéticas emisiones. Entre muchos otros señalamientos críticos, resalta el de Silva-Herzog Márquez, quien en la última visita de Juan Pablo II a México, sentenció: “El verdadero espectáculo fue el que montaron los medios de comunicación, particularmente las televisoras. No recuerdo ningún episodio que haya mostrado con tanta elocuencia la miseria de nuestros medios: su falta de profesionalismo, su grosera tendencia a la manipulación, su moquienta sensibilería, su incapacidad para guardar distancia, su honda vocación adulatoria…”

Las religiones en las sociedades complejas

Una tarea central de toda Iglesia es el proselitismo. La complejidad de nuestras sociedades ha obligado a las instituciones religiosas a replantearse la manera de cómo ganar adeptos. La pastoral parroquial, la palabra escrita y el contacto personal, al menos en el caso católico, resultan métodos atrasados e insuficientes. Por ello la comparecencia religiosa en los medios, es una presencia estratégica y cada una de las iglesias tiene plena conciencia que su futuro pasa también por la capacidad mediática de sus actores.
El siglo XX ha significado una verdadera revolución en la relación entre los medios y las Iglesias. Tenemos el ejemplo de las llamadas “Iglesias electrónicas” norteamericanas cuya irrupción en las pantallas en los setentas transformó el paisaje religioso de aquel país. Otro notable ejemplo, lo tenemos en el caso del Papa Juan Pablo II cuyo carisma lo convierte en un verdadero fenómeno comunicativo a fines del siglo XX. Son claros arquetipos de la utilización efectiva de los medios para transmitir códigos y mensajes religiosos, por supuesto, con todos los riesgos de banalización y comercialización; de convertir los ritos y actos fervientes en espectáculos. En México no podemos dejar de lado el caso de “Pare de Sufrir” porque desde hace más de 10 años ha hecho un apuesta mediática de proselitismo que ya rinde frutos, pues esta Iglesia brasileña de carácter neopentecostal se ha posicionado.

Juan Pablo II, un fenómeno mediático del siglo XX

Juan Pablo II, un fenómeno mediático del siglo XX

Los medios reflejan el nivel y edad cultural del país en materia religiosa. Los medios pueden ser vistos como el reflejo de una cultura religiosa vivida intensamente en lo popular a través de los ritos, de los cultos y del capital simbólico, y que carece de una actitud de mayor discernimiento y profundidad conceptual. Aquí, el riesgo es que los medios puedan propiciar o desencadenar fórmulas de opio religioso; efectivamente, en su afán de espectacularidad, pueden hacer de la religión un evento en el que predominen el rating en lo comercial, el deslumbramiento, factores que motiven de evasión y alejamiento de la realidad desencantada y sufrida por la mayoría. Por ello, la sociedad debe trabajar, principalmente los intelectuales incluídos los católicos, para que los medios eleven no solamente su nivel, sino desde una adura perspectiva laica, presten atención a los fenómenos religiosos en plural.
Los papas y los medios
Los medios de comunicación han pasado de ser expresión de la transformación moderna a la médula de la innovación de las sociedades contemporáneas. La conmutación informática constituye nuevos paradigmas y mutaciones en las raíces de la cultura actual. Los diferentes papas hasta hace muy poco eran reacios a los advenimientos seculares que abrían los nuevos medios como la prensa, radio y la televisión en el siglo XIX y XX.
En el siglo XVI, la iglesia estaba enfrentada a los medios de comunicación porque rompía con las tradicionales redes de información, conocimiento y construcción del sentido común. El papa Pío VI (1775-1799) antagonizó contra la libertad de prensa como “derecho monstruoso”; hasta el Pio IX (1846-1878) en su Syllabus o errores modernos, refutó la libertad de expresión como un gravísimo riesgo que llevaría a la indiferencia religiosa. Imputó al periodismo liberal como promotor de la ruina moral y espiritual de las almas. A partir de las nuevas estrategias de la Iglesia frente a la modernidad, el papa León XIII (1878-1903) hasta Pío XI (1922-1939) impulsan la “prensa católica” como respuesta a la estrategia de reconquista espiritual de la modernidad. Esta estrategia contempló la construcción de hospitales, escuelas, orfanatos, asilos, bancos, sindicatos católicos, etc.

Joaquín Navarro Valls, Opus Dei, el estratega de la imagen de Juan Pablo II

Joaquín Navarro Valls, Opus Dei, el estratega de la imagen de Juan Pablo II

Justamente, el cambio radical de la Iglesia opera bajo Pío XI, quien inauguró las instalaciones de Radio Vaticano, en onda corta, el 12 de febrero de 1931 con un discurso en latín que suscitó gran emoción en todo el ámbito católico. Entre las primeras transmisiones experimentales estuvo el “Scientiarum Nuncius Radiophonicus”, un resumen de la actividad de la Academia Pontificia de las Ciencias. Ya bajo el pontificado de Juan XXIII (1958-1963) y la celebración del Concilio Vaticano II la Iglesia se abre a los grandes medios internacionales de la comunicación moderna.
Juan Pablo II (1979-2005) ha sido el primer pontífice mediático, bajo los parámetros modernos de la comunicación. Su potente carisma, dominio de la teatralidad e idiomas, le facilitó desarrollar una habilidad mediática notable. Así como utilizar con magistral oficio a los medios de comunicación más sofisticados en el plano tecnológico para emitir los mensajes más conservadores del catolicismo. El Papa Wojtyla llega a cientos de millones exaltando los contenidos doctrinales de la Iglesia ante sociedades caracterizadas por la incredulidad. Wotyla presenta una Iglesia perfecta, triunfalista con respuestas certeras ante una modernidad que concebía a la deriva. Las masas especialmente en el tercer mundo, reunidas por el pontífice aspiran a la certeza del espíritu y a vivir una experiencia de identidad colectiva que ninguna otra esfera de la sociedad le ofrece. Sin embargo todo fue una ilusoria burbuja, la construcción mediática del Juan Pablo II pronto se ahogó en los escándalos de pederastia y corrupción financiera.

El Efecto Francisco, el secreto la sencillez.
Jorge Mario Bergoglio, hereda una Iglesia desfondada en escándalos mediáticos por pederastia clerical, opacidad y corrupción financiera y con el Vatileaks se pone al descubierto una lucha de poder encarnizada entre camarillas de la curia romana. Bergoglio arriba al pontificado porque su predecesor renuncia, Ratzinger quedó rebasado por el caos en la curia, los escándalos vergonzosos y por su incapacidad para encontrar nuevos equilibrios o pactos entre los sectores conservadores que disputan privilegios y poder.
Pocos días después de la elección del Papa Francisco el índice de aprobación de los italianos contra la iglesia pasó de 47% en diciembre de 2012 al 62%. El papa Francisco es un éxito absoluta. Rechaza el papamóvil y el apartamento papal. Francisco viste de manera austera, come y hace cola para almorzar en la cafetería, le encanta cocinarse. Francisco se embelesa besar los bebés, detiene su comitiva para abrazar a los discapacitados. El nuevo papa condena el lujo de obispos, aborda el avión que le transporta cargando su maletín. Quiere una Iglesia pobre para los pobres y quiere renovar el IOR, banca del Vaticano, diciendo que Pedro no tenía un banco. Las acciones del nievo papa parece todo menos la espontaneidad porque los diseñadores públicos afirman que el Vaticano quiere delinear una nueva marca de pontificado.

Francisco bajo el carisma de la sencillez se ha convertido en un líder con alto grado de aceptación mundial

Francisco bajo el carisma de la sencillez se ha convertido en un líder con alto grado de aceptación mundial

El jesuita Antonio Spadaro, director de La Civiltà Cattolica, la revista de la compañía de Jesús, explica el éxito de Francisco: “El papa está creando un nuevo equilibrio mediático porque todo aquello que él dice es muy cercano al lenguaje de la gente y llega inmediatamente a destino, no tiene necesidad de ser interpretado, por lo que, a veces, la mediación periodística se vuelve estorbosa”. Por su parte Sandro Magister un vaticanista de prestigio y crítico del pontífice argentino, repara: “El éxito mediático que goza Francisco tiene una razón y un costo: su silencio sobre las cuestiones políticas clave como el aborto, la eutanasia, el matrimonio entre personas del mismo sexo”.
En realidad el éxito de francisco no solo es su autenticidad como papa párroco sino que representa la esperanza de cambio y renovación de la Iglesia. Es un papa que viene del sur y que sabe de la pobreza y exclusión social. Es un actor religioso, alejado de las intrigas de poder de Roma, y por tanto, no está comprometido con ninguna facción porque no surgió de la curia romana. Tampoco está involucrado con las intrigas y luchas de poder.
En Estados Unidos en septiembre de 2015, frente a la oposición radical de medios y políticos republicanos y conservadores que le reprochaban su tercemundismo anticapitalista, Francisco tuvo la habilidad de conquistarlos. En base a en primer lugar, utilizar un lenguaje sencillo, lenguaje directo, coloquial que el hombre de hoy entiende perfectamente. En segundo lugar, emplear contenidos que desafían la conciencia y el corazón del pueblo, en respuesta al sufrimiento y el anhelo del alma del hombre; por ejemplo los migrantes y recordar el fin último de la política que es la ética y el servicio. En tercer elemento son sus gestos: el papa Francisco se comunica no solo con palabras y mensajes sino con gestos simbólicos. Que son capaces transmitir lo que las palabras limitan, su riqueza humana sinérgicamente vinculado a una profunda espiritualidad. Por tanto, Francisco no solo es espontaneidad, hay que analizar cómo restructuró el aparato comunicativo del Vaticano.
La papolatría y los medios mexicanos ante Francisco
Da la impresión que el actual papa ha evolucionado más que muchos grandes medios de comunicación. De los cuales, en especial la televisión abierta mexicana, no escapan. Tanto Televisa como TV Azteca no esconde su filiación católica. Y echan la casa por la ventana cuando acontece una visita pontifical. El entusiasmo y fervor religioso en conductores y reporteros de las televisoras se desborda que llega, muchas veces, a sublimes ridículos.
Las revistas, prensa escrita principalmente y algunas frecuencias radiales, tienen una aproximación más objetiva y crítica. Por ejemplo en penúltima visita de Juan Pablo II, cuestionaron la excesiva comercialización de la visita y de la figura del pontífice, el slogan publicitario: “las Papas de Papa” condensó los excesos comerciales que involucraron no solo a los organizadores sino a las televisoras. Un amplio sector de católicos se irritó y propició la crítica de la opinión pública, ya que se desacralizaba la imagen del anciano pontífice convirtiéndolo en mercancía. La prensa también registró críticamente el acaparamiento de lugares privilegiados para los ricos y poderosos personajes, preponderantemente Legionarios de Cristo, durante los eventos y actos del Papa. Otro factor de crítica mediática de la prensa, fue el momento importuno de la visita de Benedicto XVI a México, ya que arribaba en pleno proceso electoral y a unos días que dieran comienzo las campañas presidenciales. Al papa Ratzinger se le pidió moderar sus alocuciones para no que tuvieran un impacto mi manipulación electoral. Otro ejemplo, los medios escritos fueron terreno fértil de la polémica sobre la existencia biológica de Juan Diego y sobre todo, el acto de postrarse y besar el anillo pontifical del entonces presidente Vicente Fox ante Juan Pablo II en 2002.

Valentina Alazraki, de lo rescatable de las televisoras abiertas

Valentina Alazraki, de lo rescatable de las televisoras abiertas

Sin embargo,  en la cobertura televisiva todos estos factores parecen inadvertidos. Porque se centran en la figura del personaje pontifical. Hasta el cansancio nos repiten los hechos que los televidentes vemos en las pantallas, saturando las cualidades y virtudes del pontífice visitante. Los contenidos temáticos pasan a segundo plano, por ejemplo, el televidente poco se enteró de los ejes del documento postsinodal Eclessia in america, motivo central del cuarto viaje del Papa Wojtyla, en cambio predominó la focalización del “papa mexicano” además de la perorata del color y sensiblería los eventos del autódromo y el acto organizado por Televisa en el estadio Azteca.
La televisión mexicana exalta en la narración reiterativa los sentimientos y emociones por el visitante, hay una exageración melosa del personaje. Se opera una conversión en los aparatos televisivos del sentido de lo religioso. Muchos conductores y reporteros, se convierten en improvisados y malos telepredicadores. La emoción, los sentimientos el fervor religioso gana y aflora aun en aquellos actores que no son creyentes o peor aún, incluso en aquellos que profesan otra religión. Los conductores y reporteros se transmutaban en infructuosos catequistas, de comunicadores a misioneros. Los ejemplos abundan. Con la excitación a flor de piel, Talina Fernández en plena transmisión caía en llanto, mientras Carlos Amador nombraba al Papa Juan Pablo II, “el representante de Dios en la Tierra” en su cuarta visita. Y qué decir de personajes como Jorge Zarza a quien la emoción rebasa su fervor católico y lo convierte en un cruzado del señor.

Los medios de comunicación evidenciaron pobre compresión del fenómeno religioso en nuestro país. A través de las notas de color se asaltaba la emoción popular y se inflamaban los sentimientos religiosos y patrióticos nacionales. La exaltación, adulación del personaje y enardecimiento de lo emocional asemejan los métodos utilizados por las Iglesias pentecostales. Para muchos especialistas de la comunicación hay una falta de respeto al televidente al que se le da un trato de menor.

Coberturas de lagrimeo y exaltación desdedida del personaje pontifical

Coberturas de lagrimeo y exaltación desdedida del personaje pontifical

En el caso de Televisa, la empresa conformó, en el pasado, singulares equipos de conductores de los cuales partes de sus integrantes pertenecían a otras confesiones, particularmente a la comunidad judía. En el caso de TV Azteca, encontramos contrasentidos. A fines de los noventa, José Ramón Fernández fue quien condujo los debates de contenidos y los supuestos análisis de la visita del Papa. “Señoras y señores”, del fanatismo futbolero pasó al fanatismo religioso.
Hay que preguntarse sobre el papel de este tipo de transmisiones en un contexto de diversidad no solo religiosa sino cultural. En México 20 millones de personas no son católicas. La diversidad, la tolerancia, el diálogo entre diversos demanda en el México moderno nuevas actitudes. Sobre todo y por el alcance de las grandes televisoras. No a la papolatría que es una forma de fanatismo. Completamente ajeno a la tradición religiosa condenado por el propio Francisco. Mucho más circunscrito al fenómeno secular, perseguido por cantantes, políticos, futbolistas o actores. Las televisoras, tienen una obligación moral, intelectual y jurídica con el Estado laico de no solo deslumbrar con la figura del Papa sino profundizar sus contenidos y propuestas. Es contraproducente hechizarse con un triunfalismo religioso superficial, que abona en lo comercial, pero que provoca embriagamiento nocivo frente a un pueblo y su circunstancia, sediento de sentidos y esperanzas. ¿Opio del pueblo, enajenación?
Emile Poulat, sociólogo fracés que recientemente falleció, amplio conocedor del catolicismo explica este fenómeno: “Los grandes eventos no los contruye la Iglesia sino los medios, ellos invaden la vida de la Iglesia y la influyen. La secularización actual vive la movilidad y la de los medios. Antes el ritmo era el de la jornada de 24 horas, del día y de la noche, de la semana de siete días. Hoy los medios hay quebrado los ritmos y muchas veces los vivimos artificialmente marcados por los “grandes eventos”: deportivos, políticos, conmemorativos. Durante mucho tiempo vivimos en una sociedad uniforme, en que el rito colectivo era observado por todos. Hoy vivimos una sociedad fragmentada en la que se ofrece una multiplicidad de opciones. Debemos aceptar el precio de que el cristianismo sea diverso, más diverso de lo que uno pueda imaginar. El mundo secularizado es hoy, la condición histórica de la Iglesia”.

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