Francisco y la papolatría de los medios televisivos

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Francisco y la papolatría  de los medios televisivos

Bernardo Barranco V.

No cabe duda que el siglo XX ha significado una verdadera revolución en la relación entre los medios y las Iglesias. Tenemos el ejemplo de las llamadas  “Iglesias electrónicas” norteamericanas cuya irrupción en las pantallas en los setentas transformó el paisaje religioso de aquel país. Otro notable ejemplo, lo tenemos en el caso del Papa Juan Pablo II cuyo carisma lo convirtió en un verdadero fenómeno comunicativo de fines del siglo XX.  Son  claros arquetipos de la utilización efectiva de los medios para transmitir códigos y mensajes religiosos, por supuesto,   con todos los riesgos de banalización y comercialización;  de convertir los ritos y actos fervientes en espectáculos. En México no podemos dejar de lado el caso de “Pare de Sufrir” porque desde hace más de 10 años ha hecho un apuesta mediática de proselitismo efectivo.

En  la visita del papa Francisco a México un tema ineludible es el tipo de cobertura mediática, en especial de las televisoras comerciales abiertas. Importará la manera de sus coberturas porque tienen un efecto  en la interacción y percepción con el conjunto de la sociedad. Dicho de otra manera, será tan importantes los contenidos  que formule el pontífice como la recepción de la propia sociedad mexicana. El desempeño de las televisoras en las anteriores visitas ha dejado mucho que desear e incluso incongruente con el carácter laico del Estado que pretende la equidad, la libertad religiosa y la clara separación de esferas en el espacio público. El afán comercial y populachero de las televisoras raya, en muchos casos,  en patéticas emisiones. Entre muchos otros señalamientos críticos, resalta el de Silva-Herzog Márquez, quien en la última visita de Juan Pablo II a México en 2002, sentenció: “El verdadero espectáculo fue el que montaron los medios de comunicación, particularmente las televisoras. No recuerdo ningún episodio que haya mostrado con tanta elocuencia la miseria de nuestros medios: su falta de profesionalismo, su grosera  tendencia a la manipulación, su moquienta sensibilería, su incapacidad para guardar distancia, su honda vocación adulatoria…”

Las televisoras se centran en la figura del personaje pontifical hasta convertirlo en una mercancía. Repiten los gestos, las expresiones, ciertas frases del personaje que terminan cayendo en el culto desmedido al grado de cosificarlo.  Se exalta las cualidades y virtudes del pontífice visitante; las descripciones son reiterativas, emocionales, sensibleras. Los contenidos pasan a segundo plano.  Las televisoras exaltan en la narración los sentimientos y emociones populares por el visitante.  Hay una exageración melosa tanto del personaje como de sus fieles. Exaltación, emoción, éxtasis y superficialidad. Muchos conductores y reporteros, se convierten en improvisados telepredicadores. El fervor religioso gana y  aflora aun en aquellos actores que no son creyentes o peor aún,  incluso en aquellos que profesan otra religión. Los conductores y reporteros se transmutan en catequistas de banqueta, de comunicadores a misioneros.

Francisco posicionará contenidos y es deseable una adecuada recepción, sin embargo,  ¿las televisoras lograran coberturas equilibradas o seguiremos con la fórmula de la papolatría?

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