La doble huella de Enrique Maza

E24121501.JPG MÉXICO, D.F., Journalist-Periodista.- El periodista, poeta, sacerdote jesuita y fundador de la revista Proceso, Enrique Maza, falleció la noche del miércoles 23 de diciembre de 2015 a los 86 años de edad. La "Revista Proceso", donde fue directivo, informó de su fallecimiento en su sitio web. Foto: Archivo Agencia EL UNIVERSAL/ RDB.

La doble huella de Enrique Maza

Bernardo Barranco V.

¿Existe el Diablo, don Enrique?, estábamos al aire en las frecuencias de Radio Red; me contestó: “el diablo es hoy la injusticia social, el diablo es el mal de la corrupción, el maligno está representado por las perversidades del sistema que aplasta a los débiles y excluye a los desamparados… ese es el rostro actual del demonio” Enrique Maza comentaba en mi programa Religiones del Mundo, su último libro El Diablo. Delgado, elegante barba blanca, con una mirada muy viva enmarcada por sus lentes y muy poco cabello los distinguían como un intelectual. Crítico de los abusos del poder con las agudas herramientas que su formación sacerdotal le habían otorgado. Manejaba con prestancia la filosofía, la ética y la teología por lo que sus comentarios eran profundos y devastadores. Ese fue don Enrique Maza, periodista, sacerdote jesuita y fundador de la revista Proceso, quien falleció la noche del miércoles 23 de diciembre de 2015 a la edad de 86 años de edad.

Enrique Maza García nació en El Paso, Texas, en 1929, en plena guerra cristera su familia emigra de los Altos. Casi niño, a los 16 años ingresa a la compañía de Jesús para ser uno de los muchos jesuitas que vive a fondo las renovaciones conciliares y después las padece con las regresiones eclesiásticas de un largo invierno eclesial.

Su legado es doble, como periodista y como religioso. Como periodista crítico de la realidad su talante se acompasa con el de Carlos Monsivais, Granados Chapa, Julio Scherer, Vicente Leñero y García Marquez. Como religioso su generación esta concertada con Sergio Méndez Arceo, Samuel Ruiz, Camilo Macise y Luis del Valle, entre tantos otros. Desde Excélsior como en Proceso, abrió espacios públicos para mirar lo religioso y la iglesia desde una perspectiva social nueva y crítica.

En Enrique Maza llamaba la atención su sencillez, honestidad, valentía y calidad humana. Tuvo la originalidad de comprometerse en tanto cristiano en las tareas seculares del periodismo. Desde ahí sacudió a muchos jóvenes de mi generación. Un jesuita profundo y espiritual que navegaba en los territorios alejados de los clericalismos y mocherías. Un jesuita que evangelizaba con un testimonio de compromiso en la denuncia y la crítica a través del periodismo. Recuerdo memorables programas radiofónicos sobre los derechos humanos al interior de la Iglesia y la libertad de expresión coartada en la estructura eclesiástica. Pero ya en su último libro “Rostros del hombre”, su fluidez empezaba a mermarse. Don Enrique empezó con pequeños olvidos hasta que la realidad se fue nublando. Se fue sumergiendo en las profundidades de las lagunas hasta extraviarse de sí mismo. El Alzheimer, negligente e impertinente, se apoderó de él.
Los jesuitas han marcado parte de la cultura intelectual y social de nuestro país. Enrique Maza es un ejemplo recio de un cristiano patriota, íntegro y crítico de los excesos políticos; supo resistir los embates tanto de religiosos conservadores como el de los fariseos del poder. Viva Don Enrique Maza el jesuita periodista

Milenio Estado de México, 39 de enero de 2015

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