La otra cara de la visita de Francisco es política

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La otra cara de la visita de Francisco es política

 

Bernardo Barranco V.

Ante el anuncio de una  próxima visita del Papa Francisco a México empiezan agitarse los intereses políticos. César Camacho líder del PRI en el congreso declaró que Francisco será recibido como Jefe de Estado del Vaticano con la calidez que caracteriza el pueblo mexicano. En cambio, el coordinador panista en San Lázaro, Marko Cortés, externó que su partido propondrá  invitar a Francisco en tanto jefe del Estado de la Santa Sede  a emitir un mensaje al Congreso mexicano, tal y como lo hiciera recientemente en el Capitolio en  Washington. Agregó que su vista podría ayudar a la reconciliación y paz que el país necesita. Sin embargo,  todos sabemos que Francisco no solo es jefe de Estado sino líder, guía y máximo representante de la Iglesia católica. La pregunta obligada es si esta iniciativa panista viola el carácter laico del Estado mexicano que marca tajantemente la diferenciación entre lo religioso y lo político, lo espiritual de  las cuestiones del orden público. La pregunta es toral, pues en el país sobre todo la clase política en el último lustro ha dado señales de confesionalizarse. Contraviniendo una larga historia de separación de asuntos entre las Iglesias y el estado.

La Presencia de Francisco traerá temas sociales importantes como los derechos humanos, corrupción, violencia y narcotráfico. Sin duda, la visita del Papa fortalecerá la fe y la adhesión de miles de creyentes. Pero también Francisco fortalecerá la Iglesia católica en el plano político en el entramado del poder actual. La  Iglesia Católica está presente en los últimos cuarenta años en el escenario político del país como un actor gravitante.  Mostrando que lo religioso no está desligado de la vida social real. La Iglesia está en la política y la política está en la Iglesia, parece ser un hecho suficientemente sólido como para prestar atención a sus movimientos.

El rol religioso de la Iglesia también es político. El mundo la conduce a la noción de acción temporal que en el siglo XIX y parte del XX la llevó a conformar una base social en torno a la Acción Católica y diversos movimientos social cristianos.  No debemos olvidar que en la Edad Media,  la relación entre la Iglesia y poder se confunde estructuralmente.  Pero con la ilustración se diferencian los roles, sin embargo, la catolicidad ha resistido relegarse al mundo de lo individual y privado. Dicho papel ha sido objeto de innumerables polémicas y  discusiones como las realizadas  en el contexto del Concilio Vaticano II entre los teólogos Rhaner y Congar que debaten sobre el rol del laico en el mundo, la política  y en la Iglesia.

Francisco vendrá a reforzar la noción católica de la libertad religiosa. Es decir, reivindicar el espacio social de intervención garantizado por el Estado que le permita a la Iglesia incidir en el espacio público. El Papa simbolizaría una nueva era, si se concreta su intervención en el congreso que iría más allá de lo simbólico.

Milenio Estado de México,  7 de octubre de 2015

 

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