La dictadura perfecta, sátira dramática

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La dictadura perfecta, sátira dramática

Por Bernardo Barranco V.

Salí del cine con una sensación ambivalente. La Dictadura Perfecta me deprimió. Más que una película del género comedia/sátira política, fue un melodrama de la corrupción, manipulación e impunidad rampantes en nuestro país de hoy.

La dictadura Perfecta, film dirigida y producida por Luis Estrada, prometía en los avances, una crítica coyuntural al gobierno actual. En cambio, nos ofrece un espeluznante retrato de Televisa/TV Azteca y de los vicios políticos de un gobernador-virrey, en una entidad pobre donde hace y deshace a su antojo. Muy al estilo de Fidel Herrera, Andrés Granier o Mario Marín,

Sin duda, la película ha sido un éxito taquillero, en su estreno más de un millón doscientos mil personas acudieron a las salas de cine. Sin duda alguna La Dictadura Perfecta, es la crítica más feroz que jamás se le haya hecho a los medios de comunicación en México.

La película tiene un profundo sabor mexiquense. No solo por las representaciones del presidente Enrique Peña Nieto y sus vínculos con la televisión, ni por el gobernador autócrata, que bien podría haber sido Arturo Montiel. También aparecen caricaturizados los casos Paulette Farah como distractor y la relación de una artista de comedias de Televisa con el candidato presidencial Carmelo Vargas, una emulación de Angélica Rivera.

La imagen perfecta

La imagen perfecta

La Dictadura Perfecta refleja otra arista de la original concepción polémica que trazó Mario Vargas Llosa cuando calificó así, el sistema político confeccionado por el PRI perfeccionado por más de 70 años.

El director y productor Luis Estrada se enfoca en la dictadura mediática de las televisoras, en especial de Televisa. La televisión hace de todo. La televisión puede hasta construir la realidad. La televisión es la Matrix del sistema político contemporáneo. Manipula lo real, al grado de promocionar e imponer a un presidente que tiene todos los vicios y defectos.

El largometraje pone sobre la mesa, de una manera cruda, los reproches sociales a los abusos televisivos en la vida política del país y su capacidad de manipulación. La película reivindica las condenas y desaprobaciones sociales y en especial, recuerdo, el movimiento juvenil 132, cuyos jóvenes se postraban en las afueras de Avenida Chapultepec para reprochar los excesos de la casa televisora.

Pero me queda un vacío, después de ver La Dictadura Perfecta. ¿Y ahora qué? Sátira o melodrama la realidad no solo continúa igual sino cada día empeora. Seguir sufriendo y consolarnos con ir a las marchas, responsabilizar a los gobiernos, rabiar contra las televisoras y reírnos de nosotros mismo con estas sátiras.

La Dictadura Perfecta en el fondo cuestiona radicalmente a una sociedad que es capaz de aguantar, tolerar y hasta reírse de una clase política cuyo comportamiento es a todas luces reprobable.

Por eso salí del cine con un sabor de impotencia.

Milenio estado de México. jueves 23 de octubre de 2014

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