Partido evangélico Encuentro Social

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Por Bernardo Barranco V.

La irrupción del Partido Encuentro Social (PES) en la vida política y electoral, plantea importantes disyuntivas al sistema político mexicano, más allá de los acomodos geométricos.

Primero, es un partido cuyas raíces son evangélicas y se presenta como un espacio de acceso a cargos públicos de nuevos liderazgos con ascendencia popular. Me refiero a los liderazgos pentecostales que en los últimos 20 años se han posicionado entre los sectores de bajos ingresos.

Eric Flores, dirigente e ideólogo del PES, ha tenido una trayectoria marcada por el pragmatismo político. Se ha desempeñado como funcionario público del PRI, PAN y PRD. Su partido ha desplegado alianzas con las principales fuerzas políticas que justificaría una identidad confesional sólida. Su logotipo expresa el símbolo de la cristiandad: el Ichtus o Ichthys, que consiste en dos arcos que se intersecan y de forma estilizada y sutil parece el perfil de un pez. Los conocedores saben que el acrónimo significa: Iēsoûs CHristós THeoû hYiós Sōtér, es decir, “Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador”.

El tiempo en que los pastores encabezaran las negociaciones con líderes y candidatos a elección popular han cambiado. Ahora los evangélicos podrán competir, aliarse o converger con cuerda propia. Estamos asistiendo a un reacomodo y a una recomposición de los factores socio-religiosos en la vida política del país.

El ascenso es notable de los grupos pentecostales y neopentecostales en el mosaico de las creencias religiosa en el país. Son las Iglesias que más han crecido no solo en México sino en toda Americe Latina, Brasil en particular. Esto empata con una especie de neoconfesionalización de los actores políticos. Es decir, un presidente Peña Nieto muy atento a la relación con la Iglesia católica y con el Vaticano; gobernadores y alcaldes que encomiendan a Dios sus estados y municipios. Y, por supuesto, la benevolencia con la que la clase política reformó el artículo 24 Constitucional sobre la libertad religiosa.

 

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La presencia evangélica en la vida política posiciona una creciente y heterogénea comunidad de creyentes, activa y dinámica, que emprende reivindicaciones en la vida pública, empezando por defender su nicho frente a posibles amenazas. Sin embargo, la presencia evangélica del PES transgrede los principios formales de la laicidad contenidos en la constitución. Por ello, la ambigüedad, los dobles discursos y la simulación como malos augurios para un instituto que recién comienza.

El trabajo político más intenso que van a desarrollar las dirigencias del PES es pactar apoyos con las diversas y poderosas asociaciones religiosas evangélicas. Cargos públicos, candidaturas y alianzas que probablemente hagan despertar políticamente a muchas Iglesias que desdeñan la política como lo hacen los Testigos de Jehovah.

El PES, hay que advertirlo, corre el peligro de enfrentar los liderazgos, sobre todo, neopentecostales cuyos liderazgos son muy celosos de sus parcelas. El PES tiene también el riesgo de enfrentar a la ultraderecha católica, que se sienta amenazada por las propuestas igualmente conservadoras del partido. El nuevo partido es todo un nuevo desafío.

Milenio Estado de México, jueves 31 de julio de 2014

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