Comentarios a la Evengelli Gaudium del Papa Francisco

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Comentarios a la Evengelli Gaudium del Papa Francisco

Bernardo Barranco V.

La exhortación apostólica que acaba de publicar el Papa Francisco, con el nombre de Evangelli Gaudium, cobra una importancia particular en la vida actual de la Iglesia católica. El pontificado de Francisco es resultado de una crisis profunda que culmina con la renuncia de Benedicto XVI hace escasos ocho meses. Por ello, el documento de Francisco es en realidad un programa de reformas y transformaciones necesarias en la vida de la Iglesia que le permita cobrar una viabilidad histórica que ha venido perdiendo con escándalos de abuso sexual, encubrimientos, y pugnas internas por privilegios en una curia romana marcada por la corrupción y el descaro.

 

La Evangelli Gadium, o la alegría de la evangelización, resume  lo que el Papa Francisco ya había venido proclamando en sus prédicas en Roma, en la fuerte interpelación a la sociedad occidental sobre su indiferencia ante las muertes de inmigrantes africanos en la isla de Lampedusa; su prédica social sobre la justicia social y por los jóvenes en su reciente viaje a Brasil, así como el polémico contenido en las dos entrevistas concedidas al diario romano La Repubblica y a la revista jesuita Civilta Cattolica. En otras palabras, la exhortación del Papa Francisco reafirma, sintetiza y proyecta una reforma sin precedentes de la estructura católica que se había anquilosado. Sin duda sectores conservadores están no solo inquietos. La corte clerical había adquirido la tónica de realeza autoreferenciada que había caído en el cinismo antievangélico. La curia y sus príncipes más que servidores se servían de los privilegios de la estructura eclesiástica para sus fines personales.

 

Francisco  llama a toda la Iglesia a recuperar su sentido misionero y pastoral. Pide más evangelizadores y menos príncipes de una desacreditada casta clerical. Pide salir a evangelizar  y hasta equivocarse.

 

Sin embargo el programa de renovación de la Iglesia que propone Francisco no alcanza a ser revolucionario. Francisco no se atreve a encarar el injusto sitio que la Iglesia destina a las mujeres. Ofrece mayores espacios pero afirma el sacerdocio masculino; así frente al celibato, a los homosexuales;  respecto al aborto, Francisco sostiene el tradicional posicionamiento de la Iglesia pero pide también no seguir obsesionándose con la condena ni con la confrontación contra  la cultura moderna. En cambio, es severo ante la actual realidad social al afirmar que el sistema social y económico es injusto en su raíz. Igualmente, recomienda a la Iglesia una actitud más justiciera y de mayor compromiso con los pobres y por los derechos humanos. Recomienda también una restructuración de la Iglesia para que sea menos vertical y autoritaria. Incluso abre la posibilidad, así lo dice el texto, de que reciba sugerencias  en torno a la forma en que los papas deben gobernar la Iglesia.

 

Francisco hace un llamado a la Iglesia a renovarse. De lo contrario ésta,  no solo está condenada al ostracismo sino al descrédito de una de las religiones abrahámicas que han dotado a nuestra civilización el más acabado código ético humanista.

 Jueves 28 de noviembre de 2013, Milenio Estado de México

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