¿Un Papa latinoamericano?

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¿Un Papa latinoamericano?

Roberto Blancarte

2013-02-26 • ACENTOS

Hace unos días, un monero norteamericano, Joel Pett, publicó una tira cómica acerca de la sucesión papal: en ella un obispo le dice a una mujer: “Quizás es tiempo de cambiar”. Entonces la mujer le responde: ¿Control natal? ¿Mujeres sacerdotes? ¿Derechos para los homosexuales? El obispo se queda callado viéndola y luego dice: “Quizás un Papa africano para oponerse a esas tres cosas”. En las últimas semanas, desde que Benedicto XVI anunció su renuncia, he estado insistiendo que algo así sucedería si en el próximo cónclave fuese electo un cardenal latinoamericano. Para muchos periodistas y uno que otro analista sería novedoso y hasta simpático ver en el trono de San Pedro a un cardenal no europeo. Algunos piensan incluso que el lugar le corresponde ya a un latinoamericano, tomando en cuenta que la región es la que alberga, desde hace unos años, a la mayoría de los feligreses católicos en el mundo. Les parece, con justa razón, que la Iglesia católica ha sido demasiado eurocéntrica y que el movimiento iniciado con la elección de un Papa polaco y luego uno alemán, el terreno está preparado para un Papa no europeo. Tienen toda la razón. Sin embargo, pocos se han puesto a pensar en las consecuencias ideológicas y doctrinales que esto implicaría. Porque elegir a un Papa del tercer mundo no necesariamente significa encontrar a un Papa de avanzada, progresista y preocupado por los problemas sociales; más bien, todo lo contrario. Más allá del chovinismo o nacionalismo de algunos entusiastas, lo que los promotores de una candidatura latinoamericana no han tomado en cuenta es el perfil ideológico de la enorme mayoría, si no es que de todos los “papables” latinoamericanos. Hay muchos de ellos con turbias historias que los ligan a golpes de Estado militares, otros protegieron y ocultaron a pederastas y muchos son el prototipo de lo que los católicos ya no quieren para su Iglesia: un cardenal conservador, incomprensivo de las dificultades y dilemas que enfrentan los fieles, sobre todo las mujeres y poco preocupado en la práctica por los temas de justicia social o los derechos humanos.

América Latina tendrá en principio 19 cardenales participando en el próximo cónclave. Pero no todos son realmente papables, por muchas razones, comenzando por la edad. La variable es importante porque, en virtud de las razones expuestas por Benedicto XVI para su renuncia, sería ilógico que los cardenales escogieran a un sucesor que tuviera una edad avanzada o fuera menos fuerte físicamente. Entonces, seguramente buscarán a alguien joven, aunque no demasiado, para que no les dure tanto como Juan Pablo II. Buscarán a alguien, digamos entre los 65 y los 73 años, más probablemente alguien entre los 65 y los 70, aunque siempre con un margen hacia arriba o hacia abajo. No hay muchos cardenales latinoamericanos que cumplan con ese perfil. Si nos atuviésemos a ese perfil de edad, tendríamos al cardenal brasileño Joao Braz de Aviz, al mexicano Norberto Rivera, al argentino Leonardo Sandri, al colombiano Rubén Salazar Gómez al venezolano Jorge Liberato Urosa, al hondureño Óscar Rodríguez Maradiaga y al peruano Juan Luis Cipriani. Si ampliásemos un poco el rango de edad, podríamos incluir a otros, como el cardenal de Guadalajara, Francisco Robles Ortega, que está por cumplir 64 años o el cardenal de Sao Paulo Odilo Pedro Scherer, quien tiene 63 años. Muchos otros, como el jesuita Jorge Mario Bergoglio o el cubano Juan Lucas Ortega y Alamino, ya son demasiado viejos para este cónclave, dadas las circunstancias de la renuncia. Además Bergoglio, quien al parecer obtuvo algunos votos en el cónclave que eligió a Ratzinger, tiene una historia no muy clara respecto a su participación en el golpe de Estado de 1976 en Argentina.

Cardenal de Lima Juan Luis Ciprini del Opus Dei, ultra conservador

Cardenal de Lima Juan Luis Ciprini del Opus Dei, ultra conservador

Si hacemos un pequeño repaso sobre algunos de estos personajes, el panorama no es prometedor, por lo menos para aquellos que desearían una Iglesia más comprometida con ciertas causas. El peruano Juan Luis Cipriani es miembro del Opus Dei y sus papás eran supernumerarios de la conocida prelatura fundada por San José María Escrivá de Balaguer. No se ha distinguido por apoyar las causas de mayor compromiso social en su país o de avanzada en temas de moral cristiana. El hondureño Óscar Rodríguez Maradiaga gozaba de cierta fama “progresista”, por hablar frecuentemente en su país de temas de justicia social, hasta que llegó el golpe de Estado en Honduras y él apoyó decididamente a los militares y al sector más conservador de ese país. El brasileño Odilo Pedro Scherer se ha alineado con las posturas más tradicionales de la Iglesia católica en materia de moral sexual y derechos homosexuales. Sobre Norberto Rivera no tengo que abundar porque se conoce bien su cercanía a Marcial Maciel y a los Legionarios, así como sus problemas en casos de otros sacerdotes pederastas, como el que lo involucró con el recientemente defenestrado cardenal John Mahoney de Los Ángeles.

De cualquier manera, no nos confundamos. No estoy hablando de las posibilidades que tienen estos cardenales de ser electos. Esto puede suceder porque el Colegio de Cardenales está compuesto de personas muy conservadoras. El verdadero problema es qué sucedería con un Papa latinoamericano de esas características.

Milenio, miércoles 26 de febrero de 2013

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