Sin laicidad no hay democracia, a veinte años de las reformas en materia religiosa en México

La Secretaría de Gobernación conmemora 20 años de reformas constitucionales en materia religiosa

La Secretaría de Gobernación conmemora 20 años de reformas constitucionales en materia religiosa

La lección del cambio al 130: sin laicidad no hay democracia*
 

Bernardo Barranco V.

 

A veinte años de los cambios constitucionales, especialmente del artículo 130, podemos establecer que fue una iniciativa conveniente que puso fin a una lógica aviesa con que  el viejo régimen político autoritario manejó su relación con la Iglesia católica, el llamado modus vivendi. Un pacto pragmático de convivencia y privilegios entre el Estado y la Iglesia. El cambio jurídico en los términos de la relación alteró sustancialmente los términos tanto de los actores como sus reivindicaciones,  en cambio se ampliaron espacios de respeto  de a los derechos humanos y se modernizó el trato del Estado a las organizaciones que representan y administran las creencias religiosas en nuestro país.  La laicidad del estado era simulada y manipulada según intereses, negociaciones y pastos. Podríamos sentenciar que el verdadero Estado laico en el México moderno surge con las reformas del 18 de diciembre de 1991, en especial al artículo 130 de la constitución, aprobado en el seno de la Cámara de diputados. Y puesto en marcha en los primeros meses de 1992. Por ello, a lo largo de estos veinte años  se han operado cambios significativos pero éstos  no deben ser atribuidos a las reformas constitucionales. Son mudanzas en el seno de la propia sociedad aun antes de la reforma citada. Por tanto se conmemora, un acontecimiento que puso fin a una extraña condición en que se encontraban las Iglesias: éstas no existían jurídicamente. “Ficción jurídica” se reprochaba entonces.

 

El peso de la historia de las guerras fratricidas en el siglo XIX e inicios del XX, y las  heridas aún no cicatrizadas hasta la fecha,  propiciaron una insólita relación entre el Estado y la Iglesia católica en particular que se desenvolvía en el ámbito de la discrecionalidad política;  una simulación funcional que opera con eficacia desde el gobierno de Manuel Ávila Camacho  (1940-1946) e inaugurada un tipo de relación calificada por la politóloga Soledad Loaeza, como “complicidad equivoca”[1]. La tutela del Estado era absoluta, autoritaria pero negociada. Por ello los ordenamientos constitucionales impuestos por la constituyente de 1917 son claramente anticlericales, desde los años cuarenta del siglo pasado se reservaban  como una “espada de Damocles”. No se aplicaban pero ahí estaba el ordenamiento que podría ser utilizado en cualquier momento. En los años ochenta la Iglesia católica decide, estimulada por el pujante y naciente pontificado de Juan Pablo II, “salir de oscuro rincón jurídico”, expresión del entonces cardenal arzobispo primado de México   Ernesto Corripio Ahumada[2];  una manera de sacudirse de la tutela del Estado y de demarcarse de la discrecionalidad del  sistema político presidencialista autoritario que ya mostraba en el sexenio de Miguel de la Madrid signos claros de  desgaste y debilitamiento. Efectivamente, la Iglesia  estimuló acciones tendientes a  identificarse con causas de la sociedad civil, especialmente a partir del sismo de 1985. Sin que pasara a ser progresista ni protagonista , apuntaló temas de derechos humanos, indígenas, democracia, reforma electoral;  condenó la corrupción y cuestionó el  modelo económico;  así mismo fomentó el desarrollo  de  ONGs e instituciones de asistencia privadas, las llamadas: IAPs.

 

El Nuncio Girolamo Prigiones y el Presidente Carlos Salinas de Gortari artífices de la reforma.

El Nuncio Girolamo Prigiones y el Presidente Carlos Salinas de Gortari artífices de la reforma.

Por otra parte, los cambios constitucionales a inicios de los noventa, debemos enmarcarlos en el contexto de una atmósfera internacional de grandes  transformaciones como las secuelas de la caída del muro de Berlín, la perestroika, el desmoronamiento de la URSS y la guerra del golfo perico; la modernización de las reformas del gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994)  contemplaban ubicar a la Iglesia católica ya no desde  trinchera ambigua de formato oposición-negociación, sino como sumarla a ella y otras Iglesias como factor de gobernabilidad, la Iglesia católica bajo la lógica de las reformas de hace veinte años, pasó a ser aliada estratégica del Estado. ¿Qué cambios político sociales podemos advertir  en estos veinte años? Por el espacio tan apretado solo anotamos tres:

 

1.- Caída católica. La Iglesia católica ha descendido notablemente su porcentaje histórico de adherencia religiosa, de casi el 90% en 1990 al 83% en 2010. Una caída de 7 puntos según los censos de población. Se desfonda la identificación entre catolicidad y mexicanidad, el discurso utilizado hasta hace poco en que la Iglesia “hablaba” a nombre de los mexicanos está debilitado. En cambio el crecimiento de los no creyentes y el campo evangélico, particularmente el neo pentecostal es notable. Este fenómeno tiene ya incidencia en el campo de la interlocución política  que han ganado  con el ascenso político de una derecha ecuménica, neo-religiosa como es el caso de Casa sobre la Roca.[3]En franca disputa a organizaciones de la ultraderecha católica tradicional como el Yunque.

Cardenal Rivera y el p. Valdemar. Porcentualmente los católicos han caído 4% pero en la arquidióces de México el porcentaje se duplica a 8%

Cardenal Rivera y el p. Valdemar. Porcentualmente los católicos han caído 4% pero en la arquidióces de México el porcentaje se duplica a 8%

2.- Cambio en las agendas. Iglesia católica hasta fines del siglo pasado, se suma a las reivindicaciones sociales en torno a la alternancia. Su momento culminante, no sin tensiones internas, se condensa en el documento: “Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos”, marzo del 2000,  en pleno proceso electoral del que resulta ganador Vicente Fox. A partir de entonces, la agenda política de la jerarquía católica se ha centrado en el debate sobre la moral, politizado la discusión sobre los valores. La Iglesia se ha autodenominado instancia tutelar de los valores de la nación. Temas como el aborto, la sexualidad, el  nuevo tipo de parejas, la homosexualidad,   la eutanasia, etc., son centro de grandes controversias. Electoralmente la jerarquía condena a partidos y candidatos que simpaticen con dichos postulados. La Iglesia ahora se enfrenta a importantes sectores de la sociedad civil (mujeres, minorías, grupos de homosexuales y sectores académicos) y disputa palmo a palmo la interlocución del Estado como de los poderes fácticos; no escapan en esta querella el espacio mediático y la controversia jurídica.  Las mayores tensiones ya no se dan frente al Estado sino ahora, la Iglesia se enfrenta con importantes núcleos de la sociedad civil.

Sectores de la sociedad civil enfrentan abiertamente a la jerarquía católica

Sectores de la sociedad civil enfrentan abiertamente a la jerarquía católica

 

3.-La laicidad del Estado.  Hace veinte años,  el tema central de discusión y disputa era el tipo de relación Estado/Iglesia (s); ahora las controversias pasan sobre el carácter laico del estado y la libertad religiosa. Prevalece en sectores de la clase política liberal una concepción laicista y autoritaria sobre el carácter laico del Estado, propia del siglo XIX, ésta establece que a mayor participación social de la Iglesia menos Estado y a mayor Estado menos presencia política de la Iglesia.  En cierta medida dicha  concepción clericalizada le conviene a la Iglesia, porque la coloca en el centro del debate político. Desafortunadamente, existe una pobreza generalizada en la clase política sobre la laicidad que tiende al pragmatismo.[4]
La laicidad, más que un compendio de definiciones esmeradas, es un proceso histórico y como tal dinámico,   comprensiblemente cambiante sobre todo en un mundo global y culturalmente diverso. La laicidad de todo Estado moderno, más allá de ser una herramienta jurídica, es un instrumento social de convivencia armónica y civilizada entre diferentes y diversos grupos sociales para coexistir en paz en un espacio geográfico común. El Estado laico actual es aquel que garantiza la libertad de creencias en el sentido amplio, así como la libertad de no creer que tengan los individuos que integran la sociedad. Un Estado laico debe garantizar la equidad, es decir, la no discriminación, y garantizar los derechos, principalmente de las minorías, es decir, la libertad de conciencia. El Estado laico garantiza la autonomía de lo político frente a lo religioso. En suma, el Estado laico expresa la esencia de la democracia moderna. Sin laicidad no hay democracia; por lo tanto, la discusión sobre la laicidad del Estado no puede quedarse solo en lo político sino inexorablemente viene abarcado la dimensión cultural[5].

Reivindicación de la concepción juarista del Estado laico

Reivindicación de la concepción juarista del Estado laico

Esta claro que la jerarquía católica anhela desde hace doce años alcanzar la modificación del artículo 24 constitucional referente a cambiar el concepto de libertad de creencias por el de la Libertad religiosa y así allanar una vieja aspiración de introducir la educación religiosa en las escuelas públicas.

 

Quedan temas que marcan los debates actuales como la libertad religiosa, el impacto de los escándalos por abuso sexual, los nuevos cultos heréticos del catolicismo como la Santa Muerte, la crisis de las instituciones religiosas y la secularización reinante en un mundo global.  Con ironía decíamos en los años noventa que en relación a las Iglesias, que muchas cosas han cambiado para que todo siga igual. Sin embargo el mayor impacto de la reforma del 130 constitucional de hace veinte años, ha sido abrir el debate con mayor agudeza sobre el Estado laico y su papel en una sociedad moderna y democrática.

* Texto que forma parte del libro “El Estado mexicano frente a las asociaciones religiosas: antología de balances y perspectivas. Vigésimo Aniversario de la reforma constitucional en materia religiosa. Secretaría de Gobernación 2012.


[1] Soledad Loaeza, “Notas para el estudio de la Iglesia en el México contemporáneo”, en Martín de la Rosa, Religión y Política en México, Ed. Siglo XXI, México 1985.

[2] El Universal, noviembre 21,  1982

[3] Cf. Rodolfo Montes, La cruzada de Calderón, Grijalbo 2011.

[4]Bernardo Barranco V. “Políticos, una amenaza para la laicidad”, en La Jornada, 28 de abril de 2010.

 

[5] Bernardo Barranco, “Laicidad de la pluralidad y la inclusión Social”, en Este País no. 228, marzo de 2010.

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