¿En qué creen los que no creen ?

 

Bernardo Barranco V.

La jornada, julio de 1997

¿En qué creen los que no creen? De  Umberto Eco, Carlo María Martini, prologo y traducción de Esther Cohen, 120 pp,  editorial Taurus 1997

 

Creer es la aceptación de la trascendencia y de la gracia de Dios.  El modelo de fe en el Antiguo Testamento es Abraham, quien aceptó a Dios como su Señor y con obediencia salió de su patria, dejó prácticamente todo y viajó sin rumbo certero hacia la “tierra prometida”.  Este modelo radical de creencia, bajo la modernidad ha desaparecido prácticamente. Actualmente, en la cultura secular se percibe una nueva sensibilidad por lo religioso, sin embargo en los hombres y las mujeres  contemporáneas las señales son encontradas. Por ello, el diálogo que establecen Umberto Eco y el Carlo María Martini en el libro : ¿En qué creen los que no creen ?, de Editorial Taurus, 1997, resulta atractivo, porque enfrenta a la sensibilidad laica, culta y poscristiana con la fe tradicional. Umberto Eco, de todos conocido, medievalista, autoridad en semiótica y  novelista, comparte sus dudas y críticas con el Cardenal Carlo María Martini, jesuita, Arzobispo de Milán. Un erudito de las sagradas escrituras y de la historia bimilenaria del cristianismo.  Martini, es heredero del Papa Paulo VI y del Concilio Vaticano II, asume los riesgos del diálogo  con la cultura moderna desde su complejidad.  Martini es por tanto, montiniano intelectualmente y es claro que tiene  hondas discrepancias frente a   las certezas doctrinarias de la curia romana; tanto del voluntarioso Papa Wojtyla como del sofisticado y temeroso Benedicto XVI.

 

El libros es fruto de un intenso intercambio  epistolar entre Martini y Eco.  El tono es de respeto, de tolerancia y de diálogo  entre personas que se ubican en tradiciones culturales y religiosas distintas. El libro resume las inquietudes, las dudas, las interrogantes, los pánicos y los regresos de una generación sesentayochera encarnada en Umberto Eco. En éste se siente un amargo sabor pesimista de la realidad, su sensibilidad  apocalíptica raya en un trágico fin de historia; en Umberto Eco  se perciben matices trágicos y cierto pesimismo sobre el futuro de la humanidad.  Como en “El Nombre de la Rosa”, Eco establece un diálogo entre la razón de fe y la razón moderna. Es muy respetuoso con Martini pero  cuestiona a la iglesia su cerrazón frente a cuestiones de la cotidinidad moderna como la penalización del aborto, el sacerdocio femenino, la homosexualidad, etc., y reivindica la posibilidad de ejercer una religiosidad laica y con matices Levinasianos, se abre al Otro en busca de una nueva ética.  Por su parte, Martini, a pesar de que se propone hablar como hombre de razón, nunca deja su investidura pastoral.  A pesar de Eco, como buen jesuita, responde con maestría muchas veces sin responder; sin embargo  aplaca el tono catastrófista de Eco, mostrando que en el Apocalipsis caben otras lecturas, principalmente las utópicas que profetizan un futuro mejor.  Martini relativiza  los temores milenaristas de Eco y le propone la esperanza cristiana . En delicado contrataque   le pregunta cómo puede vivir un no creyente su ética y su verdad sin sustento  de la trascendencia.

 

Umberto Eco y Carlo María Martini autores del libro

Ambos autores se preguntan sobre el fundamento último de la ética. Eco plantea  si es necesaria la fe para mirar y comprometerse por los demás. Y Martini de manera contundente responde que solamente lo incondicionado puede obligar de manera absoluta, solamente el Absoluto puede obligar de manera absoluta.

 

A pesar de la generosidad y elegancia del diálogo epistolar entre Martini y Eco, en el trasfondo, existe un intenso debate de colaboración fronteriza que esta cargada de viejos recelos y desconfianzas mutuas. Finalmente también se percibe, en el texto,  un regreso quizá de muchos posmodernos cincuentones a temas religiosos, a  la búsqueda de nuevos relatos micros y macros inspirados en las viejas tradiciones  religiosas. Uno se queda con la duda, después de leer el libro, si en realidad Umberto Eco alguna vez dejó de ser católico neotomista. En esa línea se inscribe otro texto, escrito por  Gianni Vattimo, cuyo título, igualmente paradógico es :  “Creer que se Cree”. Y bajo la coordinación de   Jacques Derridá,  aparece otra obra titulada “La Religión”,  que reúne ponencias de un seminario  en Capri 1994.  Aquí se abre un nuevo puente de diálogo filosófico entre intelectuales poscristianos  con el Absoluto, ante la incrédula mirada de muchos católicos que no acaban de entender los dilemas, los esencialismos y vaivenes de una generación que los años 60 y 70 juraron haber sepultado a Dios.

 

PS.

El libro fue un bestseler. Se tradujo a viarias lenguas y tuvieron nutridas reimpresiones. En el  año 2000 recibieron el Premio Príncipe de Asturias dos intelectuales italianos con una relevante presencia crítico-publica en los ámbitos cultural y religioso durante el último cuarto del siglo XX: el cardenal Martini, arzobispo de Milán, en Ciencias Sociales y el escritor Umberto Eco en Comunicación.

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