Desasosiegos y expectativas electorales 2012

Desasosiegos y expectativas electorales 2012

Bernardo Barranco
En memoria de Víctor Ramos, un amigo un hermano

A poco más de una semana de la jornada electoral, los ciudadanos van teniendo los elementos suficientes para razonar y emitir su voto. Millones de espots, debates y estrategias de campaña han permitido a los candidatos mostrar públicamente sus propuestas y capacidades personales, esto es, trayectorias, capacidad de liderazgo y hasta la complexión emocional. Para muchos, los candidatos se quedan cortos ante el tamaño de los retos que el país enfrenta. En todo caso las distancias se van cerrando entre las preferencias de los electores; si bien todo indica una elección de tres, parece eclipsarse el recurso del voto útil. Efectivamente, pareciera desvanecerse la sombra del voto útil, recurso valioso en aquel 2000, cuando Jorge Castañeda encabezó entonces la faena, llamando a indecisos y al voto de la izquierda ofertando la alternancia. Actualmente Vicente Fox, Manuel Espino y un sector del Yunque, con anticipación cronometrada, se ofrecen de operadores para atraer la intención del voto útil entre los panistas que ven alejarse las posibilidades presidenciales de Josefina Vázquez Mota. La historia está por escribirse y los escenarios aún son diversos.

El IFE, como todo mundo dice, se juega más que su propia credibilidad en este proceso; la cuestión es más profunda que la incertidumbre del fantasma de 2006. A pesar de las muchas imperfecciones y vicios de la institución, el IFE no puede cargar con todo el peso de la jaloneada transición democrática. Por más reformas que hagamos al árbitro electoral, serán insuficientes si no acompasamos con cambios en otros rubros, como el sistema de partidos, la estructura legislativa y, por supuesto, la ley de medios, por mencionar algunos. Es decir, si no hay una efectiva reforma del Estado, el riesgo es seguir saturando el sistema electoral bajo el peligro de colapsarlo. Por otra parte, estas elecciones, que van en paralelo en 15 entidades del país, en las que siete definirán su próximo gobernador y ocho estados renovarán congresos locales, así como presidencias municipales son, como se dice, eloperativo electoral más grande en la historia de este país. En cada una de estas entidades existe un instituto local que organiza el proceso y en la gran mayoría de los casos habrá casillas espejo con las del IFE. Muchos nos preguntamos sobre la duplicidad de funciones, tareas y, sobre todo, presupuestos. Ahí queda un tema a discutir; sin embargo, la contienda presidencial ha eclipsado las otras. Al grado extremo de que, según sondeos, hasta hace una semana 80 por ciento de los electores desconocían el nombre y la trayectoria de los senadores, diputados locales y federales por los que tendrán que votar. Muchos ni siquiera saben de los presidentes municipales que habrán de elegir.

La irrupción de los movimientos juveniles es, sin duda, trascendente, pues ha venido a enriquecer el conjunto del proceso. Los jóvenes, hasta hace poco autoexiliados de la política, han conquistado un espacio inusitado llegando a marcar puntos de agenda en el proceso electoral. Se advierte una crítica frontal a la manipulación mediática de lo político que se ha expandido en un vasto movimiento social espontáneo que reprocha la supuesta arrogancia de un candidato lanzado y arropado por las televisoras. Jóvenes desilusionados con la pobre democracia mexicana y con la hipocresía de la clase política tienden ampliar su inventario de reclamos. El poderoso impulso inicial es la democratización de los medios, utilizando las redes sociales como herramientas alternativas y novedosas de discusión, colocando el debate electoral en nuevo terreno. Sea cual fuere el resultado, las elecciones en 2012 están dejando lecciones importantes y, sobre todo, ha levantado el nivel político de la contienda. Quien gane la contienda tendrá como desafío atender y encarar una juventud desafiante. Sea quien sea, habrá nuevos puntos en la agenda política del país y una sociedad civil renovada con la energía de la juventud.

En algunas entidades de la República están apareciendo prácticas regresivas. En el estado de México, por ejemplo, se ha venido recrudeciendo la violencia electoral, especialmente en la arena municipal, que rebasan el llamado a misa de las autoridades del IEEM. Otro fenómeno preocupante es la compra y la coacción del voto. Recordemos que la coacción es un acto de imposición que se induce bajo presión y amenaza al elector hacia el voto por un partido o candidato que vulnera la libertad de un individuo. La compra del voto es un intercambio de bienes, dineros o favores como despensas, vales, tarjetas o materiales de construcción para que una persona o un grupo voten por determinada franquicia política o candidato. Ambos conceptos si bien son diferentes, van de la mano. Alianza Cívica, una reconocida red social que desde hace 18 años ha venido monitoreando los procesos electorales, dio a conocer hace tiempo estudios sobre la compra y coacción en México en más de 10 estados de la República. Mientras en la elección federal de 2003, 3 por ciento de los electores fueron tocados por la compra y coacción de voto; en 2006, 7 por ciento, y en 2009 crece de manera alarmante a 27.7 por ciento. Ningún partido se salva; lamentablemente, es una práctica que utilizan todos los partidos y en diferentes órdenes de gobierno. Si bien la Constitución y el Cofipe establecen que el voto es libre y secreto, y están prohibidas estas formas de coerción, asistimos a un proceso regresivo y a la reutilización de prácticas que creíamos superadas que sin duda laceran la equidad y sano desarrollo de la competencia partidista. En suma, se ha venido incrementando este nefasto recurso político-electoral que manipula las necesidades de las personas con menores recursos económicos.

Finalmente, sorpresas que da la vida. Desde la perspectiva del análisis, el posicionamiento de los diferentes actores políticos, intelectuales, académicos, gremiales y mediáticos se puede observar con mayor nitidez y contundencia las definiciones políticas personales e institucionales. Muchos comentaristas reconocidos se han quitado la máscara de demócratas, que durante tiempo mantuvieron como impostura, desnudando sus intereses, que están por encima de sus posturas.

La Jornada, miércoles 20 de junio de 2012

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