Retórica Política del Amor

Bernardo Barranco

Ante el foro organizado por Casa Lamm y La Jornada sobre las elecciones de 2012, el pasado lunes expresé mis preocupaciones frente a una transición democrática que debe ser replanteada, sobre todo cuando impera la peor clase política en la historia moderna de México.

Pragmatismo, ausencia de valores, predominio de intereses de camarilla y pérdida de horizonte patriótico, son algunos de los rasgos de una clase política que exhibió lo peor de ella, rescatando en la designación de plurinominales a muchos hampones políticos.

No hay pudor, no hay límites. El salón principal de Casa Lamm estaba repleto, entre los asistentes predominaban simpatizantes del movimiento social MORENA. Los panelistas, la mayoría simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador fueron: Jonh Ackerman, Jaime Avilés y Víctor Manuel Toledo.

Al fundamentar los riesgos regresivos de las principales ofertas políticas que aspiran conquistar la presidencia, me aventuré a cuestionar la controvertida consigna de la “República del amor”, por lo que como era natural desató álgida polémica.

Mi argumentación fue simple: un giro de 180 grados de un discurso y de un personaje confrontador de los poderes fácticos, la “mafia” (los malos) por un discurso del amor cargado de simbolismos religiosos.

Dicho de otra manera, AMLO, un personaje centro de tormentas ahora enarbola un discurso político del amor del que es vulnerable porque no embona con su trayectoria. Su fundamentación no ha sido convincente porque raya en un simplismo moralista.

No así, por ejemplo, el Papa Paulo VI (1897-1978) quien después del Concilio Vaticano II y hacia fines de la década de los años sesenta, impulsa ante la crisis de valores de la sociedad occidental la proclama de alcanzar una nueva “civilización del amor”.

Se podrá estar de acuerdo o no, pero nadie podrá cuestionar al Papa de incongruencia, está en su materia, en su terreno y el tema es de su dominio.

Víctor Manuel Toledo, reivindicó las raíces seculares del concepto y destacó la geometría sugerida por Alfonso Reyes en su Cartilla moral.
Celebra que el concepto haya generado mucho ruido precisamente porque la clase política y los poderes fáticos carecen de ética.

Como el mismo AMLO reconoce “con la república amorosa, estamos proponiendo regenerar la vida pública de México mediante una nueva forma de hacer política, aplicando tres ideas rectoras: la honestidad, la justicia y el amor”.  Desde mi opinión, las características del  personaje y  la falta de una política comunicativa eficaz se corre el riesgo de un efecto boomerang, es decir, la caricaturización del concepto y del actor. La intención es audaz pero su sustento frágil.

bernardobarranco@hotmail.com

Milenio Estado de México, jueves 8 de marzo de 2012

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