Vaticano vs. Maciel: ganaron los legionarios

El caso del sacerdote pederasta Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, puso en evidencia una tupida red de complicidades con sus gravísimos delitos sexuales y de corrupción financiera en los más altos niveles del Vaticano. Al comienzo, pareció que el Papa Benedicto XVI sería firme con la Legión. Pero no fue así. El Papa retrocedió y ganó la Legión. Y aunque el Papa reconoció que Maciel fue encubierto, no quiso ni señalar ni castigar a los encubridores. Y anunció que Juan Pablo II, uno de los encubridores, será beatificado el Primero de Mayo.

Jorge Alonso

Después de realizar una búsqueda hemerográfica de marzo de 2010 a inicios de enero de 2011, de consultar las páginas electrónicas oficiales del Vaticano y de los Legionarios, de haber dado seguimiento a los escritos de diversos investigadores de México y de haber leído varios libros, de manera especial el de la periodista Carmen Aristegui “Marcial Maciel. Una historia de un criminal” (Grijalbo 2010), comparto este texto con la esperanza de que la verdad nos haga libres y de que en algún momento se haga justicia en este caso.

POR FIN LO RECONOCEN

Cuando la jerarquía católica mexicana parecía hegemonizar la dirección de la sociedad mexicana, sobrevino la crisis de Maciel y sus legionarios, poniendo de manifiesto las complicidades de las élites económicas, eclesiásticas, políticas
y mediáticas, pues quien fungió como cemento de esa interacción fue precisamente Marcial Maciel. La crisis ha marcado el inicio del desprestigio de ese anudamiento, que no se circunscribe a México, pues el caso de Maciel y sus legionarios se ha vuelto paradigmático en la devastadora tempestad que ha estado azotando al Vaticano por los numerosos casos de pederastas clericales descubiertos en América del Norte y en Europa.

Después de haber no sólo encubierto a Maciel, sino de querer llevarlo a los altares, los legionarios tuvieron que aceptar por fin que su fundador llevaba una vida condenable. El Vaticano nombró a un equipo de visitadores para que examinaran lo que sucedía en esa congregación religiosa. A finales de marzo de 2010 el director general de los legionarios, su consejo, y los directores territoriales difundieron un comunicado, tibio si se tienen en cuenta los hechos, pero muy duro para los integrantes de ese instituto religioso dado el instalado culto que prodigaban a Maciel. Finalmente, reconocían públicamente los abusos sexuales de su fundador contra niños, adolescentes y jóvenes; que había tenido una relación prolongada y estable con una mujer con la que había procreado una hija, y que posiblemente tenía más hijos. Sin especificar cuáles, hablaron de otras “conductas graves” de Maciel. Se refirieron a la visita de la misión vaticana e insistieron en que Dios había elegido a Maciel para fundarlos. Pidieron un perdón general y ofrecieron oraciones, pero no justicia, a las víctimas de Maciel.

UN IMPERIO FINANCIERO

El presidente de la asociación latinoamericana para el estudio de la religión, Elio Masferrer, ha calculado que los legionarios han aportado anualmente cifras millonarias de dólares a las finanzas vaticanas. Sostiene que la iglesia sabía quién era Maciel, y que ha perdido respetabilidad por protegerlo. En abril de 2010 Masferrer no veía otra solución adecuada a las dimensiones de esta crisis que el desmantelamiento de los legionarios.

La red de sobrevivientes de abusos de sacerdotes pidió al Vaticano que disolviera a los legionarios, advirtiendo que la Legión no podría ser renovada por su misma cúpula dirigente, pues sería ingenuo pensar que ésta no había estado al corriente de las fechorías sexuales y financieras de Maciel. En ese mismo mes la prensa dio cuenta de la poderosa red de relaciones que Maciel había tejido en el Vaticano y con numerosos empresarios.

En un reportaje publicado por “National Catholic Reporter” se informó de cómo Maciel, con complicidades internas de su organización, compraba influencias y entregaba sobres con mucho dinero a personajes clave del Vaticano. La revista mexicana “Milenio” lo confirmó mostrando como esta corrupción le había abierto las puertas vaticanas a Maciel. El escritor Jason Berry ofreció muchos datos demostrando que Maciel comerciaba apoyo para su congregación y defensa para sí mismo. En la entrevista con Berry, publicada por Carmen Aristegui en su libro, Berry define a la Legión como un holding eclesiástico-empresarial, capaz de sobornar y capturar a muchos, incluyendo a personajes poderosos de la política vaticana. Argumenta que la cúpula de los legionarios sabía lo que hacía Maciel con el dinero, pues varios directivos entregaron en su nombre los sobornos. También Maciel repartía en la curia vaticana regalos y favores. Maciel y los legionarios construyeron un imperio financiero e indoctrinaban a quienes ingresaban en sus filas, tanto en la lectura de las cartas de Maciel, como en las vías para recaudar fondos. Se ha estimado que los haberes de los legionarios ascienden a 25 mil millones de euros.

UN BOTÍN EN DISPUTA
ENTRE EL VATICANO Y LA LEGIÓN

En el libro de Carmen Aristegui hay -como dice el escritor Vicente Leñero- un coro de voces que siguen reclamando una justicia pendiente. Leñero señala que, desde Juan Pablo II hasta Benedicto XVI, los altos mandos de la jerarquía eclesiástica fueron y han sido cómplices de un pecado social nunca asumido en su tiempo. Aclara que estos hechos no tocan a la iglesia del evangelio, que es la de tantos creyentes.

Otro escritor mexicano, muy respetado y premiado, Miguel Ángel Granados Chapa, dice en ese mismo libro que asistimos a la mayor crisis de la iglesia católica en el mundo contemporáneo. Recuerda que Maciel fue propuesto por Juan Pablo II como modelo a seguir por los jóvenes católicos, aun cuando era un dictador que imponía sus perversiones a quienes estaban obligados a callarlas y a los que hacía incurrir en pecados que el mismo pederasta absolvía. A pesar de esto, nunca fue castigado en vida con la severidad que reclamaban sus inmorales conductas. En este libro se devela a un delincuente codicioso, y queda también al descubierto, como dice Granados Chapa, “esa máquina de hacer dinero, cuyo patrimonio es una suerte de botín en disputa entre el Vaticano y los todavía no frustrados herederos” institucionales de Maciel.

FUE UN DEMONIO Y UN PADRE

El abogado Jeff R. Anderson ha argumentado que el Vaticano, las altas autoridades de los legionarios y el círculo que rodeaba a Maciel sabían que este personaje carecía de escrúpulos y estaban al tanto del peligro que representaba para los menores, prefirieron mantenerlo con autoridad institucional. Otro especialista en la investigación sobre la iglesia católica, Roberto Blancarte, opina que mantener a los legionarios después de Maciel es equiparable a no disolver el partido nazi después de la muerte de Hitler.

Carmen Aristegui entrevistó al ex-legionario Miguel Angel Díaz Rivera, quien firmó una carta que inculpaba a Maciel, pero que posteriormente retiró su firma a pedido del fundador de los legionarios. Desde entonces, Díaz Rivera se ha convertido en un defensor de los legionarios. Acepta que Maciel podía ser un demonio, pero afirma que para él había sido como un padre. Dijo guardar en su memoria a quien califica de hombre excepcional, una confesión que muestra lo que a muchos seguidores de Maciel les está pasando actualmente: tienen encima las acusaciones probadas, pero su vínculo con Maciel es inextricable.

LA RELIGIÓN DEL PODER

En entrevista con Aristegui una hija de una de las grandes benefactoras de Maciel, Flora Garza, externa su extrañeza por el hecho de que en la ciudad de Monterrey en 2010 siguiera habiendo personas que mantenían el culto a Maciel y le rezaban como a un santo sin hacer caso a la oficial desaprobación romana. De los empresarios que apoyaron a Maciel dice que unos fueron engañados, pero que otros fueron abiertamente cómplices.

La hija del empresario panadero Lorenzo Servitje, quien en los años 90 trató de impedir que se difundiera un programa en donde víctimas de Maciel contarían sus testimonios, también fue entrevistada por Aristegui. Lucía Servitje es teóloga
y denunció “la religión del poder” que representan los legionarios. Señala que Maciel era el emblema de una iglesia que busca la cercanía con el poder y el dinero, y eso es la perversión de la fe. Plantea que hay que buscar las causas de esto para entender por qué la mala cepa de Maciel se implantó con tal fuerza. Explica que los legionarios buscaban familias fundamentalmente insolidarias, donde el sistema patriarcal pesa muchísimo, y que la legión propicia un modelo de familias muy consumistas y con muy poca consideración hacia las mujeres. En lo educativo, los legionarios proponen una educación individualista, competitiva, donde el triunfo de unos es posible a costa del fracaso de otros. Servitje ve a Maciel como un hombre con poca cultura, que propiciaba una moral de las apariencias y de lo instrumental. Por eso, generó una red de cómplices que no se sentían culpables. Opina que los legionarios no deberían trabajar en la educación, pues habían demostrado incapacidad de impedir hechos tan graves como los que sucedieron. Maciel supo inculcar el silencio y personas que vivieron la mayor parte de su formación bajo esa convicción no pueden ser buenos educadores.

Para ella, es una moral retorcida la de los legionarios que afirman que Maciel fue un perverso, pero también un genio,
y aún bendicen a Dios por haberlos fundado. Esto expresa esa doble moral que justifica las malas acciones porque supuestamente generan un bien.

Un académico que ha escrito varios libros bien documentados sobre los legionarios, Fernando González, criticó
el invento, de la Legión y del Vaticano, de convertir a Maciel en un “pederasta solipsista”, pues existen datos duros que comprueban que actuó gracias a un grupo cómplice. González define a la Legión como una secta conformada por un tipo de caudillaje que brindó al elemento sacerdotal una dimensión empresarial. Otros entrevistados por Aristegui definieron a Maciel como impostor, narcisista, amoral, maligno y criminal, y a los legionarios como una institución marcada por la complicidad y la manipulación.

“DELITOS GRAVÍSIMOS
E INMORALES”

Un profesor universitario víctima de Maciel, José Barba, adelantó en abril de 2010 que no esperaba gran cosa de la resolución del Vaticano sobre los legionarios, y aseguró que quien se pusiera al frente de la investigación vaticana como comisario no iría a fondo, llamando la atención sobre lo difícil que era desestructurar la sicología de los seguidores de Maciel.

El primero de mayo de 2010 la Santa Sede dio a conocer un comunicado que era el resultado de la visita a los legionarios. Se comprobó que la conducta de Maciel había causado serias consecuencias en la vida y estructura de la congregación por él fundada. El comunicado papal califica los comportamientos de Maciel de “gravísimos y objetivamente inmorales”. Afirma que habían sido confirmados por “testimonios incontestables” y que representaban “auténticos delitos que revelaban una vida carente de escrúpulos y de verdadero sentimiento religioso”. A pesar de esto, y para salvar a los legionarios, el comunicado decía que la vida del fundador era desconocida por gran parte de los legionarios, siendo enfático, sin embargo, al señalar la existencia de un sistema de relaciones construidos por Maciel, que le permitió la vida que llevó.

LOS LEGIONARIOS SE RESISTEN

Los visitadores vieron la necesidad de redefinir el carisma de la congregación y de revisar el ejercicio de la autoridad entre los legionarios, planteando que a la congregación le esperaba un “camino de purificación”. Hubo un ofrecimiento de “diálogo” con quienes dentro y fuera de la Legión hubieran sido víctimas de abusos.

A mediados de mayo de 2010, el periódico “El Sol de México” rescató la hipótesis de un investigador sobre religiones: ante la amenaza de la cúpula legionaria de salirse de la iglesia católica, el Papa optaría por una postura intermedia que salvaría a la congregación de Maciel. El conductor de un programa televisivo católico, Roberto O’Farrill, informó sobre fuertes resistencias de los legionarios, apuntando que estuvieron muy cerca de desconocer la autoridad del Papa. El chantaje es un instrumento que sabe usar muy bien la cúpula de esa congregación.

RATZINGER: JUEZ Y PARTE

Fueron muchas las reacciones ante el comunicado del Vaticano. El cardenal mexicano Sandoval calificó a Maciel de “sicópata, criminal, mañoso y doble” y se preguntó por qué del pueblo mexicano había salido alguien así. Aceptó que los casos de pederastia en la iglesia la llevaban a una crisis singular y sin referentes cercanos, aunque trató de salvar a los legionarios. Un ex-legionario víctima de abuso denunció al cardenal como acomodaticio, recordando que nada había hecho cuando él le había expuesto su caso.

Sobre el “carisma” de los legionarios, Roberto Blancarte analizó que no era otro sino el de enriquecerse a costa de los ricos. El ex-sacerdote Alberto Athié, quien ha intentado inútilmente que se haga justicia con una de las víctimas de Maciel, negó que los legionarios tuvieran algo que pueda caracterizarse como “carisma” Athié se quejó de que el comunicado papal nada decía de investigar a los cómplices de Maciel y sugirió que se constituyera un órgano mundial que enjuiciara al Vaticano, porque en este caso el Papa era juez y parte.

¿SILENCIAR EL ESCÁNDALO
O RESOLVER EL PROBLEMA?

Félix Alarcón, quien salió de los legionarios para ser sacerdote en una diócesis, notó la falta de palabras de compasión hacia las víctimas. José Barba precisó que el caso Maciel iba más allá de la pederastia, pues el fundador de los legionarios había cometido actos criminales de diferente índole. Le pareció un paso adelante el que la Santa Sede hubiera reconocido la existencia de una red inescrupulosa creada por Maciel, pero criticó la falta de reacción ante esto por parte de los legionarios. Y aunque el comunicado alabó la perseverancia de las víctimas, el Vaticano no hacía autocrítica. Por esto, Barba propuso organizar jurisprudencia internacional que obligara al Vaticano a responder ante la sociedad, y realizar un estudio independiente para que se conociera todo y no sólo lo que los visitadores habían querido revelar.

El Observatorio Eclesial de México declaró que había sido un paso importante que el Papa hubiera asumido que en la Legión Maciel, y quienes lo solaparon, habían cometido delitos. Ahora debía aplicarse justicia contra los colaboradores de Maciel, encubridores de condenables conductas.

El periodista Ciro Gómez Leyva comentó que la evidencia de los crímenes sexuales de Maciel era aplastante, que había complicidad de legionarios, y que no había que olvidar que en la Legión se había inculcado la mentira como un hábito. Otro periodista, Antonio Navalón, opinó que en el Vaticano sólo preocupaba la responsabilidad del ya muerto Maciel, pero que se requerían acciones legales contra quienes lo acompañaron. Roberto Blancarte resaltó que la Santa Sede estaba más preocupada en cómo silenciar el escándalo que en resolver el problema de fondo.

Otro investigador de cuestiones religiosas, Bernardo Barranco, destacó que el caso Maciel no sólo ensombrecía a la Legión sino a la jerarquía católica mexicana. El encubrimiento sistemático, el mutismo institucional, la doble moral, la complicidad y la hipocresía minaban la credibilidad de la iglesia de México.

DEMANDA PENAL
CONTRA SUS CÓMPLICES

Rosario Robles, quien estuvo al frente del gobierno del Distrito Federal, escribió que no bastaba con que la alta jerarquía vaticana pidiera perdón. Había que reparar el daño. Hizo ver que los obispos mexicanos que habían protegido a Maciel -particularmente el arzobispo primado de México y el prelado de Ecatepec- permanecían callados, no mostraban arrepentimiento ni hacían una autocrítica.

La coordinadora del PAN en la Cámara de Diputados consideró a Maciel como un delincuente con una vida de corrupción posible sólo por la complicidad de muchos. Voceros de los creyentes evangélicos pidieron a la Secretaría de Gobernación que investigara a los legionarios para que los culpables fueran sancionados. Les resultaba inconcebible que, ante las revelaciones de los hechos, no intervinieran las autoridades federales mexicanas.

Una diputada federal perredista presentó una demanda ante la Procuraduría General de la República (PGR) para que los cómplices y encubridores de Maciel fueran castigados, insistiendo en que Maciel no había actuado solo, sino que había tenido una red de cómplices que le ayudaban a orquestar los abusos. Pidió que estos hechos se calificaran como “crimen organizado”, pues había un jefe y operadores. Advirtió que, de no ser procesados quienes guardaron silencio, habría complicidad. Demandó que esos crímenes no quedaran impunes. La demanda interpuesta en contra de los legionarios fue por los delitos de pederastia, violación, corrupción de menores, lavado de dinero, evasión fiscal y delincuencia organizada. Entre los demandados estaban el director de los legionarios, su secretario general, el vicario de la Legión, y el rector de la Universidad Anáhuac. También fue demandado el Arzobispo de México por su omisión.

Ex-integrantes de los legionarios declararon que la PGR debía investigar a esa congregación, argumentando que la arquidiócesis de México no quería reconocer las pruebas que había y que su titular había encubierto a Maciel.
El abogado de los ex-legionarios considera que Maciel creó escuela entre los legionarios y exigió toda la verdad.

TAMBIÉN DELITOS
DE ESCLAVITUD Y ESTAFA

En el mes de mayo un reportaje periodístico, cuyas fuentes eran mujeres ex-consagradas de la Legión, informó de la existencia de una estructura legionaria cercana a la esclavitud. El reportaje revelaba que Maciel había consagrado a 900 mujeres para explotarlas económicamente. El articulista, Jairo Calixto, reveló que Maciel había construido un ejército de mujeres consagradas, unidas por férreos estatutos, similares a los de una esclavitud, para allegarse las sumas millonarias de sus familias. Una ex-consagrada reconoció que la Legión era “un asco” y dijo que la cúpula legionaria tenía intereses utilitaristas y empleaba mentiras, manipulación y sobornos. Dos organizaciones civiles interpusieron otra denuncia ante la PGR contra los legionarios por delitos de esclavitud y estafa contra estas mujeres.

¿QUÉ DETENÍA AL VATICANO?

Aunque la opinión pública, en México y más allá, se convenció de que el comunicado papal indicaba que los legionarios se refundarían, los directivos legionarios negaron que fueran a ser refundados, autoexculpándose de cualquier responsabilidad. Para la periodista Carmen Aristegui el comunicado aceptaba la existencia de redes de poder y de influencia que habían impedido que las denuncias contra Maciel prosperaran. Y aseguraba que la condena a Maciel no se hubiera producido si no se hubiera presentado en el contexto de la crisis mundial por la pederastia clerical. Miguel Ángel Granados Chapa se preguntó por qué el Vaticano, pese a tener certeza de la culpabilidad de Maciel, no era consistente y disolvía a los legionarios, considerando no lícito cohonestar los frutos surgidos de las manos criminales del fundador.

Aunque un examen del comunicado dejaba en claro que una parte de la Legión estaba al tanto de la conducta de Maciel, el Vaticano no sacaba las consecuencias de esa complicidad y encubrimiento. Algo detenía al Vaticano para dar ese paso. Carlos Martínez García, lo explicó así: los legionarios eran maestros en el arte de la prestidigitación: aceptaban ahora lo que siempre habían negado, la pederastia de Maciel y que administró a su gusto los recursos humanos y financieros de su institución. No obstante, intentaban tratar de convencer de que todo se reducía a la persona de su fundador y evadían hacer luz sobre el problema institucional que por décadas había cobijado al depredador sexual. Este analista se admiraba de que el comunicado vaticano nada dijera sobre cómo fue posible que durante seis décadas el legionario mayor hubiera podido, al mismo tiempo, ser un abusador sexual de niños y ser presentado por sucesivas autoridades vaticanas como ejemplo de vida.

No había indicios de verdadera intención de que el Vaticano quisiera una renovación a fondo de los legionarios por los muchos recursos financieros que le habían dado.

Bernardo Barranco comentó que el perdón no sustituía a la justicia, recordó que el culto a Maciel lo había promovido la cúpula legionaria, y que en este caso la iglesia ponía en juego su legitimidad pastoral.

El director de la Asociación de Víctimas de los Legionarios consideró que podían ser hasta 200 las víctimas de Maciel y señaló que los sacerdotes de su círculo íntimo, que habían sido abusados por su fundador, abusaban de otros convirtiendo a la Legión en una cadena de abusos sexuales.

También en mayo los legionarios anunciaron la creación de un centro de estudios sobre la vida y obra de Juan Pablo II para impulsar la beatificación de un Papa que tanto los había protegido.

LO ACEPTAN TODO
Y NO CAMBIAN NADA

Un periódico de Cataluña filtró la grabación de una reunión presidida por el vicario general de los legionarios. Un legionario reclamaba que hubiera superiores que todavía tuvieran en sus despachos fotos del fundador y que muchos legionarios siguieran leyendo cartas y escritos de Maciel. Otros se quejaban de que no hubiera un espíritu de verdad y se les siguiera engañando.

El vicario aceptó que Maciel había tenido actos homosexuales, abusos sexuales con menores, relaciones maritales estables con una mujer, relaciones sexuales con otra mujer y varios hijos. Reconoció que la Legión no tenía un carisma definido y que tratar de lograrlo sería muy difícil. Recordó que lo que llamaban “espiritualidad de la congregación” eran las cartas de Maciel. Informó que hasta 2006 la congregación no tenía una contabilidad consolidada de sus recursos, que Maciel manejaba un fondo discrecional de 20 mil dólares mensuales y para algunos gastos solicitaba cheques de caja a nombre de algún superior de la congregación. Cobraba el cheque endosado con falsas firmas y había mandado a un alto mando de la institución a comprar una costosa casa a su amante. Les reveló también que en la dirigencia legionaria se había procurado ocultar, o informar al mínimo, la situación del fundador y que Maciel no se había arrepentido al morir. No obstante, el vicario fue firme al afirmar que los legionarios no podían aceptar que los ciudadanos los quisieran corregir.

COMPLACENCIA Y COMPLICIDAD
CON EL PEDERASTA

También fue difundida otra grabación de una reunión de legionarios con el director territorial de España. Por ella se supo que había legionarios de base a los que les parecía inaceptable el ocultamiento de los abusos sexuales de Maciel.

El director territorial español consideraba que la renovación tendría un camino muy complicado, reflexionó que Maciel vivía entre lujos que ni siquiera los muy ricos se podían dar, y que la Legión le había servido para allegarse dinero y vivir dispendiosamente. Al comentar las revelaciones del vicario general, Bernardo Barranco destacó que eran prueba de que Maciel no había actuado solo, sino con la complacencia y la complicidad sistemática de su estructura religiosa. También se puso en evidencia que la cúpula legionaria había mentido sistemáticamente. Ambas grabaciones dieron cuenta de que prominentes integrantes de la Legión sabían de los abusos sexuales y económicos de su fundador. Desenmascaraban el discurso que abonaba a la opacidad con la que se comportaba la cúpula legionaria. Quedaba claro que Maciel fue corrupto y corruptor.

El ex-legionario Alejandro Espinosa, quien sufrió el abuso sexual de Maciel, declaró en mayo que los legionarios vivían momentos de desgarramiento en una pugna interna. Recordó que Álvaro Corcuera no había sido elegido por votación en un capítulo general, sino por imposición de Maciel. El vaticanista Sandro Magister precisó que tanto Corcuera -quien sustituyó a Maciel en la dirección de la Legión, como el vicario general desde 1992- formaban parte de un bloque en torno a Maciel y que alrededor de ellos se formaban grupos de incondicionales siendo toda la cúpula legionaria fiel a Maciel.

UN LABERINTO FINANCIERO
QUE LOS PROTEGE

En julio de 2010 Monseñor Velasio de Paolis fue nombrado delegado papal para dirigir los legionarios, que deberían actuar en común con él. Ratificando en sus puestos a los integrantes de la cúpula macielista, una de las tareas fundamentales del delegado era la revisión de las leyes de la Legión. El delegado del Papa tendría cuatro consejeros que lo asistirían en su trabajo.

Los comentaristas señalaron que el delegado tendría como una de sus más importantes tareas conocer el origen, destino y aplicación de los recursos de la congregación, y que hacerlo resultaría muy arduo porque mucho dinero no se iba a poder encontrar en la contabilidad de la organización. Elio Masferrer indicó que gran parte del dinero de la Legión estaba en paraísos fiscales, en acciones, en asociaciones con grandes grupos empresariales. En el haber de los legionarios estaban también las herencias de muchos de sus integrantes. Una auditoría a las finanzas legionarias sería una tarea laberíntica.

Jenaro Villamil, especialista en medios de comunicación, llamó la atención sobre el hecho de que la Legión, a pesar del descrédito generalizado, seguía siendo una transnacional muy poderosa cuyas ganancias no se habían visto disminuidas. Las dimensiones empresariales de la Legión eran tan dispersas que resultaba sumamente difícil poderlas fiscalizar. Y como el Vaticano había tardado en nombrar al delegado, los legionarios habían tenido tiempo para hacer suficientes movimientos financieros para protegerse.

Bernardo Barranco declaró que los legionarios operaban al estilo consorcio y se preguntó si era evangélico
un modelo empresarial que ofrecía a los ricos y poderosos la salvación sin cuestionar la forma de acumulación de su riqueza ni los valores éticos con que ascendían al poder. Para él, los comunicados oficiales de la cúpula legionaria expresaban una “estudiada hipocresía”.

GOBIERNO MEXICANO:
TAMBIÉN CÓMPLICE

Barranco comentó también que el Presidente de México había sido insensible al nombrar en julio como Secretario de Economía a Bruno Ferrari, quien había sido el enlace operativo entre Maciel y los sectores empresariales mexicanos. Según reportes de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público los legionarios habían recibido en 2009 un volumen de 673 millones de pesos del erario. Además, habían estado obteniendo donaciones de terrenos de gobiernos locales, beneficiándose con dinero de los impuestos de los contribuyentes.

Es aberrante que en un país con tantas carencias, gobiernos poco transparentes malgasten los recursos públicos para dárselo a una organización privada multimillonaria. Quien fuera Ombudsman en el Distrito Federal se quejó de que el gobierno federal no tuviera voluntad de actuar contra los legionarios a pesar de las denuncias penales interpuestas. Eso sólo lo explicaba la complicidad de los legionarios con el gobierno mexicano.

SOLUCIÓN: DISOLVERLOS

En el mes de agosto se difundió la noticia de que Corcuera se había acercado a una de las víctimas para proponerle un arreglo económico. La periodista Sanjuana Martínez narró que incluso se le arrodilló y que el ex-legionario le dijo que abandonara la teatralidad y, agradeciéndole el perdón, le reclamó que esa no era la solución porque debían resarcir los daños y perjuicios a las víctimas que durante tanto tiempo habían sufrido indiferencia y desprecio. Corcuera le preguntó cuánto dinero quería y el ex-legionario le dijo que los daños morales no se reparan con dinero. Alberto Athié volvió a plantear que la mejor solución para la iglesia era la disolución de los legionarios.

SIGUE EL CULTO A MACIEL

A finales de septiembre, el mismo día que la prensa daba cuenta de que el banco vaticano era investigado por lavado de dinero, el Papa hizo un saludo especial en la plaza de San Pedro a un grupo de legionarios, a quienes llamó “amigos”. Y fuentes legionarias informaban que el delegado papal había mantenido sin cambios la promoción vocacional para captar a nuevos legionarios. Un alto dirigente legionario afirmó que no se podía impedir a los legionarios tener fotografías de Maciel.

El tiempo de inactividad del delegado del Papa generó desánimo en algunos legionarios, que denunciaron que todo seguía igual en la Legión. El legionario Peter Byrne envió una carta a Corcuera preguntándole por el mal mensaje que estaba dando a las víctimas manteniendo las fotos de Maciel. Le pidió que el cuerpo del fundador que estaba en el altar central del templo de los legionarios en su ciudad natal, fuera removido a una cripta lateral. Algunas prácticas impuestas por Maciel seguían vigentes: Byrne lamentó que permanecieran las listas “infames” de tutores de legionarios, que califican con rango social y propósitos económicos, a personas y familias. Quien fuera secretario particular de Maciel entre 1982 y 1987 pidió revisar a fondo el culto a Maciel. Recordó que la principal preocupación de la legión había sido y seguía siendo congraciarse con los que tenían más recursos económicos.

NINGUNA MEDIDA SERIA

Observando los hechos, se hacía evidente que, más allá de las palabras, el Vaticano no había tomado ninguna medida seria y la corrupción de los legionarios seguía atando a más cómplices. Corroboró esto la decisión del Vaticano de ofrecer a 93 obispos un entrenamiento para que examinaran lo que debían hacer contra la pederastia clerical precisamente en una universidad legionaria. No dejó de haber cinismo en la elección del lugar.

Mientras el Papa hablaba hasta con dureza contra la pederastia, existía pasividad ante hechos confirmados y en Roma nada se hacía para que pagaran los culpables. En México una encuesta realizada por Parametría reveló que la credibilidad de la iglesia católica a lo largo de la primera década del siglo 21 había decaído 13 puntos precisamente por los casos de abuso sexual. En el periódico mexicano “Crónica” apareció a principios de noviembre un reportaje que denunciaba que en la Legión seguían actuando muchos pederastas.

BENEDICTO XVI: “LA LEGIÓN CONSERVA VITALIDAD”

El último día de septiembre el Vaticano nombró a cuatro consejeros para que auxiliaran al delegado pontificio de los legionarios. Designó también a un visitador apostólico para el movimiento laico de los legionarios, presente en 30 países e integrado por 70 mil personas.

El 19 de octubre el delegado envió una carta a los legionarios y a su movimiento de laicos aclarándoles que la Legión no había sido puesta bajo un “comisario” sino que sería acompañada por él y que el Vaticano había reconocido, ratificado y confirmado a los superiores -los que venían de tiempos de Maciel- y los orientó a dirigirse a él. Les hizo saber que la tarea del delegado pontificio era acompañar a los legionarios en su camino de renovación para que en un próximo capítulo extraordinario -que se realizaría en dos o tres años, o incluso más- elaboraran un nuevo texto constitucional.

Les dijo que en esta nueva fase el Papa renovaba su confianza en los legionarios y les anunció que habría una comisión para los problemas de orden económico, otra para atender a las personas que elevaran reclamos contra el instituto religioso -entre ellas las víctimas sexuales de Maciel- y otra para ver lo de la nueva legislación.

En su carta, el delegado les informaba que algunos sacerdotes legionarios le habían expresado sugerencias, perplejidades, dudas y dificultades, sobre todo en relación con la reglamentación y la praxis interna, el ejercicio de la autoridad y el nombramiento de los superiores. Algunos habían pedido un tiempo de reflexión fuera de las casas legionarias o habían expresado su voluntad de abandonar la congregación. Algunos expresaban que no era creíble que los superiores desconocieran lo que hacía Maciel.

El delegado esperaba un positivo camino de renovación, reconociendo que el shock provocado por las acciones de Maciel había tenido un impacto “terrible”, capaz de destruir a la congregación, pero afirmaba que no sólo sobreviviría, sino que estaba intacta “su vitalidad”. Llamó a evitar divisiones y se alegró de que en la Legión persistiera un compromiso de disciplina y de fidelidad.

EL VATICANO
NO IRÁ A FONDO

Para entonces, era un hecho que varios legionarios habían abandonado la Legión, yendo a trabajar a diversas diócesis, que la promoción vocacional había disminuido y también los antes copiosos apoyos económicos.

La reacción de la opinión pública ante la carta del delegado papal fue airada. Era una carta blanca para la impunidad
y la organización quedaba intacta en su corrupción. Alberto Athié vio en el documento un intento de exculpar a Juan Pablo II y al mismo cardenal Ratzinger -hoy papa- de sus responsabilidades de encubrimiento de Maciel y una muestra más de que no había disposición de hacer justicia a las víctimas de abusos sexuales.

El Vaticano quería hacer aparecer a Maciel como un delincuente solitario y desconocía la responsabilidad institucional. Athié hizo ver que la comisión establecida para las víctimas estaba sólo diseñada para los que solicitaran alguna indemnización, una solución superficial pues sólo darían dinero, pero no harían justicia. A estas alturas ya era evidente que el Vaticano no quería ir a fondo y que el modelo construido por Maciel, sustentado en el poder y la acumulación económica, un modelo profundamente antievangélico, quedaba intocado por el Vaticano.

José Barba opinó que la carta del delegado no era la de alguien decidido a cambios profundos, sino que parecía hecha por un incondicional de los legionarios. No era imparcial. No había real voluntad de reestructurar profundamente a la congregación. Denotaba un afán de desligar los excesos del fundador de los dirigentes que lo rodearon, a pesar de que abundaban las pruebas de las complicidades, durante los 64 años que Maciel tuvo la dirección de la institución. Era imposible que su conducta no hubiera permeado a su organización. No era aceptable que no hubieran responsabilidades compartidas. Tratar de eximir de todas a la cúpula legionaria -como indicaba el delegado papal- era una maniobra sin sustento, una afrenta más.

PARA QUITARLE
RESPONSABILIDAD AL PAPA

La reactivación del proceso de canonización de Juan Pablo II indicó que el episodio Maciel parecía no haber existido para el Vaticano. El vaticanista Sandro Magister comparó el tono conciliador de la carta con el documento del Vaticano del primero de mayo, que había señalado la existencia de un sistema de relaciones en torno a Maciel, que ahora parecía exonerarse.

Otro vaticanista, Andrea Tornelli, informó de serias tensiones y, para sortearlas, el delegado papal relativizaba su propia autoridad, a pesar de que el decreto de julio le había otorgado plenos poderes. Era imposible que Maciel se hubiera movido sin la complicidad estructural de su primer círculo de poder y había pruebas de las patologías estructurales. El encubrimiento de Maciel llegaba a las más altas esferas de Roma, incluyendo al Papa Ratzinger.

Justo Mullor, quien fue Nuncio del Vaticano en México, declaró que Maciel había engañado a Juan Pablo II. Athié lo refutó y José Barba le dijo que, conociendo bien el caso Maciel, en su entrevista con la periodista Alazraki, había maquillado la situación intentando quitarle responsabilidad al Papa Juan Pablo II.

En un coloquio, Barba, Athié y Fernando González abundaron en los datos duros que probaban las complicidades de Juan Pablo II y de Ratzinger con Maciel. Hay cartas que muestran que Juan Pablo II sabía de los crímenes de Maciel y que el entonces cardenal Ratzinger, al tanto de estos delitos, no se atrevió a actuar por temor a la reacción de Juan Pablo II.

¿BEATIFICAR A JUAN PABLO II?

El investigador Bernardo Barranco planteó que con estas pruebas existían sólidos cuestionamientos a la beatificación de Juan Pablo II. El caso Maciel y el lodo que ha envuelto a los legionarios salpicaban al Papa.

La periodista Valentina Alazraki escribió un libro, “La luz eterna de Juan Pablo II” (Planeta 2010), tratando de convencer
a sus lectores de que, tanto Maciel como la estructura legionaria y sus colaboradores, engañaron al Papa. Sin embargo, la corrupción vaticana que Alazraki admitía, implicaba responsabilidad papal. Las numerosas entrevistas y documentos que se encuentran en el libro de Carmen Aristegui son contundentes en implicar de manera categórica a Juan Pablo II en la protección a Maciel y a sus legionarios por el dinero que aportaban al Vaticano y a sus causas políticas.

BENEDICTO XVI:
“LA LEGIÓN ES SANA”

En medio de esta tormenta, el Papa Benedicto XVI dio entrevistas al periodista Peter Seewald. Fueron publicadas en forma de libro (“Luz del mundo”, Editora Vaticana, 2010). El Papa afirma que los casos de pederastia no le habían causado una sorpresa, pero que la dimensión del escándalo sí le había representado un enorme shock. Calificó al fundador de los legionarios de “aventurero”, “derrochador”, “extraviado” y “falso profeta”. Reconoció que su caso fue afrontado con mucha lentitud y retraso, pero exculpó a la Legión como una comunidad “sana”. La agencia informativa ligada a los legionarios, Zenit, dio a conocer la salida del libro papal, pero nada dijo de los juicios de Benedicto XVI sobre Maciel.

Athié comentó que Benedicto XVI estaba obligado a revelar qué intereses había encubierto en la década de los 90 cuando no quiso iniciar un proceso contra Maciel por sus abusos sexuales. Bernardo Barranco dijo que, el Papa reconoció que Maciel estaba “muy bien encubierto”, no quiso especificar por quiénes, ni menos referirse a su propia responsabilidad. Resultaba también inverosímil que quisiera hacer creer que un personaje lleno de perversidad dejaba una obra religiosa sana. No había autocrítica en el libro papal.

EL GESTO DEL LEGIONARIO SANTIAGO ORIOL

La carta del delegado pontificio tuvo hondas repercusiones entre los legionarios. La cúpula legionaria exaltó de júbilo, pero otros se sintieron traicionados. Un importante personaje legionario español, Santiago Oriol, abandonó la congregación y anunció que otros seguirían sus pasos. En respuesta, el secretario general de la Legión recomendó cínicamente a los legionarios que escucharan y cantaran la canción de Julio Iglesias “La vida sigue igual”.

La salida de Oriol fue interpretada por el teólogo y sociólogo José Manuel Vidal como una forma de hacer corresponsable a la cúpula legionaria de los abusos de Maciel y de afirmar que no eran pocos los legionarios que no se creían “el cuento” de que los altos directivos no habían sido cómplices de las fechorías de su jefe.

Miguel Ángel Granados Chapa escribió que el acto de Oriol desautorizaba inequívocamente al Papa, que había pasado de una rotunda condena al conformismo, decepcionando a los que esperaban actos consecuentes de similar tamaño a los delitos. Quedaba claro que había muchos intereses dentro y en torno a la Legión y que la dirigencia legionaria no sólo no rendiría cuentas de su complicidad con Maciel, sino que seguiría siendo depositaria de la autoridad que le había permitido al fundador consolidar su imperio. Contra eso se había rebelado Oriol, reconocido como el principal legionario en España.

TODO SIGUE
COMO MACIEL LO DEJÓ

A principios de diciembre de 2010 el periódico “Milenio” informó que entre los legionarios circulaba una carta que denunciaba que la vieja guardia legionaria había utilizado las técnicas de Maciel para envolver al delegado papal. Y presentó un recuento: habían abandonado la Legión 60 sacerdotes, más de un centenar de consagrados y un número similar de seminaristas. El escrito aseguraba que, al ser ratificados los directivos, éstos habían instrumentado, a la vieja usanza, una vigilancia estrecha sobre todos los demás. Los inconformes acusaban a la dirección de emplear la mentira y de manejar el foro interno con impunidad. El vaticanista Sandro Magister celebraba que la crítica al círculo que había hecho bloque en torno a Maciel mostraba que el silencio y el miedo se habían roto al interior de la congregación.

El 8 de diciembre la cúpula legionaria anunció la integración de la comisión que se haría cargo de la revisión de su legislación. Elio Masferrer advirtió que, si no se cambiaba la cultura de la Legión inculcada por Maciel durante muchos años y que sobredeterminaba un conjunto de inercias, la revisión de las constituciones legionarias de poco serviría. Aunque el anuncio de la revisión legal era una forma de aparentar que estaban tomando medidas, lo medular de los legionarios se mantenía intacto: proseguían tanto el culto a Maciel como la cultura institucional autoritaria.

UN DOCUMENTO ESCANDALOSO

El 13 de diciembre el director general difundió un decreto que había firmado siete días antes, en el que ordenaba poner fin a todas las referencias públicas al fundador y retirar todas las fotografías de Maciel, en las que éste se encontrara solo o con Juan Pablo II. Sus escritos no estarían ya a la venta, pero se mantendría el mausoleo en donde estaban sus restos y los legionarios quedaban en libertad de conservar sus fotografías, de leer sus escritos y de escuchar sus conferencias, pudiendo ser usados públicamente los escritos de Maciel en predicaciones, homilías y reflexiones.

Athié reflexionó que el decreto expresaba que los legionarios tenían a Maciel esculpido en el alma. Se permitía el culto privado a Maciel y se evidenciaba de nuevo la gran debilidad del delegado pontificio. El decreto resultaba escandaloso, mostraba que los legionarios no tenían voluntad de deslindarse de su fundador. Carlos Martínez lo calificó como un acto de prestidigitación que sólo engañaba a sus artífices porque la mayoría veía el truco”. Un elemento muy revelador es la frase en la que el director general dice que espera que el decreto ayude a los legionarios y a su movimiento laico a centrarse más en la persona de Cristo. ¿Habían estado descentrados? Más allá de palabras y maquillajes, los hechos dejaban claro que Maciel seguía siendo su centro.

EXPRESIÓN EXTREMA
DE IMPUNIDAD Y ARROGANCIA

En la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (noviembre-diciembre 2010) se presentó un libro del fotomontajista Jabaz sobre Maciel y su Legión. El prólogo fue escrito por el investigador y sicoanalista Fernando González. Decía: “Si Maciel pudo ejercer su impostura con tanta gallardía por más de sesenta años no fue sólo por su astucia sino porque contó durante todo ese tiempo con la puntual colaboración de múltiples personas- a veces coordinadas-, que van desde los legionarios violentados, sacerdotes, empresarios, obispos, arzobispos, cardenales, papas -real politik eclesiástica mediante-, señoras ricas y viudas generosas, señoras con pretensión de matrimonio, crédulas de buena fe, bobos útiles e inútiles, medios de comunicación, etcétera”.

El prologuista trató de interpretar la credulidad de tanta gente y destacó la complicidad durante largo tiempo del Cardenal Ratzinger. Ya Papa, Ratzinger reconoció la responsabilidad de la Legión, pero sin atreverse a tocar a las instancias vaticanas. Después dio pasos atrás y el Vaticano optó por presentar a Maciel como criminal solitario.

El académico Sergio Aguayo sostuvo que Maciel era la expresión más grotesca y extrema de la iglesia de las impunidades y las arrogancias: “Ese exitoso pederasta bisexual que procreaba hijos a los que también violaba, adicto a las drogas construyó una red de complicidades en el Vaticano, y erigió un imperio religioso tan poderoso que en vida fue candidato a los altares”. Miguel Ángel Granados Chapa se refirió a importantes obispos mexicanos que extendieron sobre Maciel y su Legión un manto de complicidad, autoridades eclesiáticas que no han hecho autocrítica ni reparado los daños de los que son corresponsables.

MONSEÑOR RAÚL VERA:
UNA EXCEPCIÓN

Como en todo cuerpo colectivo, hay excepciones. Tal es el caso del obispo Raúl Vera, quien dijo que la iglesia había minimizado el problema de la pederastia dentro de sus filas y lo había enfrentado de una manera superficial. Aceptó que en el caso de Maciel hubo jerarcas que impidieron el avance de la indagatoria. Exhortó a los sacerdotes a abandonar las complicidades con el poder y a que no siguieran dando escándalos por sus alianzas con el poder actuando como sus cómplices. Llamó a lograr una iglesia que responda por las víctimas y defienda el derecho de los agraviados.

ROMA PERDIÓ LA OPORTUNIDAD

Bernardo Barranco calificó el año 2010 como funesto para la iglesia católica, pues experimentó la crisis más profunda de que se tenga memoria. Las imputaciones de pederastia minaron la autoridad eclesiástica, no sólo por el abuso a menores, sino por la sistemática protección a los criminales, por el ocultamiento y la simulación. El caso Maciel puso en evidencia una red de complicidades, favores, encubrimientos y corrupción en los más altos niveles del Vaticano y a los escándalos de pederastia hay que sumar los de corrupción financiera en la burocracia romana.

El mundo esperaba medidas firmes que erradiquen el cáncer pederasta en la iglesia, que había tenido la gran oportunidad de mostrar una firme voluntad en el caso de los legionarios, pero no fue así. El Papa retrocedió, pues aunque reconoció que Maciel estuvo encubierto no quiso señalar ni castigar a los encubridores. Y pese a que anunció que revisaría a la Legión, permitió que los seguidores de Maciel prosigan con un culto privado a su depravado fundador.

HABLA CARMEN ARISTEGUI

En la Feria Internacional del Libro 2010 en Guadalajara también fue presentado el libro de la periodista Carmen Aristegui. Ella demuestra la reiterada criminal conducta de Maciel, permitida durante todo el tiempo por la dirección de los legionarios, una conducta que amerita sanciones. Llama la atención que a un personaje como el arzobispo primado de México le hubieran dado recientemente como premio un alto cargo en el Vaticano siendo un eficaz factor en el encubrimiento y protección institucional de Maciel.

Aristegui declaró que, con el caso Maciel, parecía que la iglesia daría un giro copernicano, pero todo terminó en un fiasco. Al Papa no le había alcanzado la fuerza para llamar a cuentas a la estructura de poder y encubrimiento creada dentro y fuera de la Legión. “Fue protegido por un enorme manto de impunidad del cual nadie se hace cargo”. El delegado papal no sólo no reconvino a la cúpula macielista sino que la fortaleció.

El Vaticano decidió mantener la maquinaria desde la cual se abusó y victimizó a muchos niños, jóvenes y a muchas personas a lo largo de décadas. Aunque Benedicto XVI ha reconocido la pederastia en la iglesia y ha dicho que la “persecución” que sufre viene de dentro de sus filas, en el caso de Maciel ha cerrado la puerta para no hacer justicia. Antes y ahora, el caso de los legionarios lo compromete. ¿Nadie renunciaría a una estructura generadora de tantos recursos económicos? Así habló Aristegui.

APOSTANDO AL OLVIDO

El 3 de enero de 2011 los legionarios celebraron su septuagésimo aniversario sin Maciel por fuera, pero con un Maciel defendido y mantenido por dentro.

El columnista del diario “Milenio”, Carlos Marín, afirmó que algo muy grave debería estar sucediendo en el Vaticano para que el Papa permitiera que la Legión prosiguiera tan viva como cuando “la regentaba el monstruo que la fundó”. Recordó que para que la iglesia aceptara a una congregación religiosa debía reconocer en ella “una inspiración divina y la experiencia de Dios en su fundador”, pero la Legión se reveló tan criminal y vulgar como los crímenes de Maciel. “Por carecer de sustento ‘divino’, lo único procedente es su desaparición”.

En enero de 2011 el historiador mexicano Humberto Monteón planteó que, a medida que Maciel y sus hechos se van alejando en el tiempo, se perfila con más nitidez el monstruo y sus atrocidades. Sin embargo, existen poderes que, en un “fariseísmo feudal y sin capacidad autocrítica”, no tienen empacho en apostar a la desmemoria.

El Papa Benedicto XVI hizo un aceptable diagnóstico en mayo, pero enredado en las complicidades vaticanas no ha podido enfrentar ni el cáncer legionario ni sus metástasis. En una metáfora futbolera, inició el partido ganando uno a cero y ahora va perdiendo tres a uno con autogoles. El vaticanista Sandro Magister pronostica que para la semana santa de 2011 habrá relevo en la dirección legionaria.

Aunque esto llegara a pasar, en todo el tiempo en que el Vaticano ratificó a los cómplices de Maciel éstos han podido afianzar una sólida estructura de salvaguarda. El 14 de enero el Vaticano II anunció oficialmente la beatificación de Juan Pablo II para el Primero de Mayo.

EN CAMINO AL ABISMO

La narración cronológica que aquí he presentado, al ir juntando algunas de las piezas más importantes, permite apreciar con toda su crudeza la imagen de una institución muy dañada que, al seguir existiendo, propicia la propagación de la corrupción y la impunidad eclesial. Hubo un primer intento papal que parecía firme, pero que fue cediendo al chantaje de una organización que tensó todos los hilos de su tradicional red de complicidades criminales.

El peor peligro es que esta organización, centrada en el dinero, contamine y desprestigie aún más a la iglesia católica y la arrastre consigo hasta un abismo. Un paso más hacia ese abismo será la canonización de Juan Pablo II, quien, ante la proliferación de pederastas, terminaría siendo su santo patrono. Hasta ahora todo indica que se hacen cambios para que todo siga igual.

En la bifurcación de caminos que significó el estallido del caso Maciel, en lugar de echar a andar por la senda
de la verdad y de la justicia, la jerarquía eclesiástica optó por la del engaño, el encubrimiento, la complicidad y la impunidad, en donde se ensuciara aún más. Prefirió profundizar el escándalo enviando a sus fieles el mensaje de que una organización sin escrúpulos, con graves complicidades en horrendos crímenes y centrada en amasar una inmensa fortuna, no contradice el Evangelio.

La jerarquía eclesiástica tiene todavía la oportunidad de aprender a usar la parrhesía griega, esa práctica de decir toda la verdad sobre uno mismo sin ocultar nada. Foucault recuerda que esto tiene que ver con el examen de conciencia, con el “conócete a ti mismo”, con el coraje de decir la verdad sin disimulación ni reserva, ni cláusula de estilo, ni ornamento retórico que pueda cifrarla o enmascararla, corriendo todo el riesgo de la verdad. En este caso el riesgo de la verdad significa un ineludible compromiso con la justicia.

Jorge Alonso: INVESTIGADOR DE CIESAS OCCIDENTE. CORRESPONSAL DE ENVÍO EN MÉXICO

Fuente: Revista Envío Digital

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