Beatificación entre expedientes humeantes

Entrevista a Bernarnardo Barranco

Revista Siempre!

30 de abril de 2011

Antonio Cerda Ardura

Tras la beatificación de Juan Pablo II, este 1 de mayo, encabezados por el papa Benedicto XVI, los fieles que asistieron al Vaticano a rendir tributo al anterior pontífice, fallecido el 2 de abril de 2005, a los 85 años de edad, marcharon en procesión, desde la Plaza de San Pedro hasta el interior de la basílica, donde, ante el Altar de la Confesión, esperaba el féretro del hombre que guió a la Iglesia católica durante casi tres décadas.

La proclamación de Juan Pablo II como beato, es decir, como un virtuoso que puede ser venerado por creyentes, específicamente en este caso por los de Roma o Polonia, el país natal de Karol Wojtyla, logró reunir en el corazón de la Iglesia católica no sólo a miles de personas de todo el mundo, sino al agua y el aceite mexicanos: el presidente Felipe Calderón y el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, quienes sólo así hicieron un alto en su gran disputa, uno por conservar la silla presidencial para su sucesor designado, sea del PAN o independiente, y otro por reconquistarla para el PRI.

Pero está celebración no sólo ha tenido esos detalles, sino que, en opinión del sociólogo Bernardo Barranco, experto en religiones, la beatificación de Juan Pablo II ha sido hecha al vapor y, lo peor, sobre expedientes candentes y humeantes que en cualquier momento podrían estallar y costar caro a la curia vaticana.

Entre los casos más delicados en estos pendientes, dice Barranco, en entrevista con Siempre!, se encuentra el del cura pederasta Marcial Maciel, de quien se sabe públicamente que fue protegido del extinto vicario de Roma.

Beatificación al vapor

¿Qué significa para la Iglesia católica la beatificación de Juan Pablo II?
Tengo una postura muy crítica frente a esa beatificación, porque me parece que ha sido muy apresurada. El actual pontífice motu proprio se brincó reglas y protocolos que obligaban a que, a partir de los cinco años del deceso del fiel, se iniciara el proceso de beatificación. No obstante, a los dos meses de que murió Juan Pablo II, el papa Benedicto XVI inició este proceso, de manera que ahora hay riesgos muy grandes porque no hablamos solamente de un hombre de fe, un creyente o un místico, como la Madre Teresa de Calcuta, sino de un hombre de Estado que pudo haber tomado decisiones, probablemente polémicas, erróneas o agraviantes. En ese sentido, pueden surgir casos que podrían poner en entredicho el rigor de la beatificación del papa Juan Pablo II. Y le recuerdo un ejemplo, el caso de Pío XII. ¿Qué hubiera pasado si a Pío XII lo hubieran beatificado inmediatamente, como a Juan Pablo II, y después salen documentos que ponen en evidencia o entredicho su papel frente a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, o con esa polémica en torno a si colaboró o no con los nazis, o respecto a que si pudo haber tenido una actitud más propia en la defensa de los derechos humanos de los judíos? [Nota del autor: El libro El Papa de Hitler: la historia secreta de Pío XII, de John Cornwell, acusa a este papa, Eugenio Pacelli o Pío XII, de antisemitismo y de silencio ante el Holocausto]. Es decir: el jefe de Estado, Juan Pablo II, tiene muchos expedientes, en muchos aspectos, que van a ser evaluados.

El más famoso podría ser el caso de Marcial Maciel.

El más famoso es el caso Maciel, aunque no es el único: está el caso de su papel en la Guerra Fría y en la caída del Muro de Berlín. Marco Politi y Carl Berstein, en su muy famoso libro, Su Santidad, insinúan acciones encubiertas, alianzas con la CIA, con Ronald Reagan, etcétera. Están los aspectos de la represión que desata Juan Pablo II contra los derechos humanos y religiosos de muchos actores al interior de la Iglesia progresista, llámense Teología de la Liberación, en América Latina, o hasta teólogos que buscaban nuevas síntesis en términos de ética cristiana y sexualidad. En otras palabras, el papa anterior tiene algunos expedientes candentes, humeantes, como para poder, de un plumazo, hablar de una heroicidad de fe. Está también pendiente el tema de la mujer al interior de la Iglesia, en fin… Sin embargo, lo que hoy más ruido hace, sobre todo por los ecos y la crisis tan grande que tuvo la Iglesia, es, indudablemente, el caso de Marcial Maciel.

El mismo proyecto

¿Este expediente, que en el futuro podría estallar, nos indicaría que quien tuvo mucha prisa en esta beatificación fue Benedicto XVI? Suponemos, porque así se ha visto, que la figura de Juan Pablo II le ha pesado demasiado como para dejarlo ser.

Creo que el actual papa fue equipo con Juan Pablo II. El cardenal Ratzinger fue su intelectual de cabecera. Me parece que Benedicto XVI comparte un mismo proyecto de una Iglesia omnipresente, de una perspectiva ecleciocéntrica de la historia: la Iglesia en el centro de la humanidad. Tal vez la distancia que ha tomado Benedicto XVI es en las formas: no es viajero, ni carismático, ni mediático. Al contrario, es más bien tímido, conceptual, es un papa teólogo. Sin embargo, el proyecto es el mismo. Yo más bien pienso que la crisis tan grave que la Iglesia católica vivió a nivel mundial, en el 2010, fue tal, que su sacudimiento es sólo comparable con la crisis de la Reforma: las grandes escisiones cristianas del movimiento de Lutero, el gran desprestigio que tuvo la Iglesia católica, es muy semejante a lo que se ha vivido en 2010. A diferencia de que la crisis de Reforma fue europea, la de 2010 fue planetaria. Y los medios de comunicación dieron testimonio, día a día, de una debacle de la autoridad moral de la Iglesia católica. Frente a eso, entonces, Juan Pablo II es como el regreso a un cierto glamour, a una cierta actitud, a una Iglesia que se ha ido.

Imagino que el pecado más grave que pudo haber cometido Juan Pablo II, además de haber protegido sistemáticamente a pederastas como Maciel, ha sido el haber creado una ilusión de una Iglesia triunfalista. A través de su gran capacidad de convocatoria, el papa Juan Pablo II creó una burbuja ilusoria en donde se veía a una Iglesia de masas, potente, imperial, de espectáculo, y central, que podía transmitir verdades absolutas a un mundo incierto, y que sus verdades absolutas eran inamovibles. Esa burbuja, con Benedicto XI, se revienta. ¡La Iglesia queda, cara a cara, con el rostro de su propia miseria! Esa miseria es de una institución cuya normatividad, cuyo corpus está siendo rebasado por una diversidad complejísima de la sociedad contemporánea, por prácticas sociales a las cuales el planteamiento de la Iglesia tradicional no les dice nada. Entonces, la beatificación, y así lo han declarado algunos obispos, como el cardenal de Lima, Perú, Juan Luis Cipriani, es como el intento de una recuperación religiosa: el volver, con cierta nostalgia, a esas viejas épocas idas de glamour, a esas viejas épocas de triunfalismo.

Nostalgia

¿Esto significa que a Juan pablo II la Iglesia católica lo toma como una especie de liana, o una tabla de salvación?
Hay mucha nostalgia, como le he dicho, de aquel viejo glamour, de esa vieja grandeza que el Papa formó, probablemente de manera artificial, por su carisma, por su capacidad de convocatoria, por las innovaciones que él introdujo, como el ser viajero y tener la habilidad de comunicación con las diferentes culturas. La Iglesia se ve muy nostálgica de esa grandeza que se ha ido y la beatificación nos va a dar una probadita de esa misma grandeza que tuvo el papa Juan Pablo II, es decir, de la fastuosidad de los ritos, la simbología y los gestos en una ceremonia solemne. Y siento que el actual pontífice lo que busca es afianzarse, porque ahí, en las aguas internas, él lo ha dicho muy bien, están los enemigos más peligrosos. Así que identificarse con Juan Pablo II es afirmar su rol como papa, es afirmar su papel como conductor de la Iglesia, que ha sido muy sacudida por la crisis.

A nivel de la curia, en donde el caso Maciel ha puesto al descubierto corrupción, hay mucho nerviosismo. Lo que quiere la vieja curia que acompañó a Juan Pablo II es que se santifique no sólo al personaje, sino su pontificado. Ellos quieren blindarse.

Para lo que venga.

Escudarse y protegerse de futuros escándalos, que están en puerta, sobre el manejo de los dineros, sobre su comportamiento faccioso, pero, sobre todo sobre la corrupción que ha imperado en el Vaticano. Entonces, podemos decir que, además de un evento religioso de reconocimiento mundial a un personaje que, indudablemente, tuvo una fe muy profunda, lo que estamos viendo son entramados de intereses que giran en torno a la figura de un papa que murió hace seis años.

Revista Siempre!, 30 de abril de 2011

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