La mutación de los grupos conservadores

La mutación de los grupos conservadores

Bernardo Barranco V.

Las imágenes reinantes de la ultraderecha deben ser revisadas. Pensamos todavía en extremistas o fundamentalistas coléricos, en organizaciones semisecretas, herméticas y con extravagantes  rituales que generalmente añoran reinstaurar la tradición, los viejos valores católicos y marchan a contracorriente de las sociedades modernas. Los modelos serían el Yunque y Provida, en concreto el paradigmático Jorge Serrano representaría el típico actor de la ultraderecha mexicana. Son caricaturas falsas. Los grupos conservadores  en México y en América Latina, ha evolucionado ya no se trata de los viejos grupos anticomunistas, ultrareligiosos y los defensores de los clichés de la patria, el orden  y la propiedad. Por el contrario, nos encontramos con grupos incrustados en las estructuras de la democracia, utilizando lenguajes de los derechos humanos y los instrumentos más sofisticados del mercado y de la globalización. Un de las paradojas más provocadoras de los nuevos grupos conservadores es que hasta se sienten y pueden aparecer “progresistas” en torno a la reelaboración  discursiva sobre la defensa de la vida, la pobreza, la familia  y la política. Hay que aceptar que la derecha se ha modernizado nos plantea Roger Bartra, recuerda que si algo irrita a los políticos que viven bajo viejas coordenadas ideológicas, es que se esté constituyendo una derecha moderna y que haya impulsado la transición democrática en México. Sin embargo añade ataduras constitutivas de la identidad de la derecha en nuestro país: “Cuando hablo de los lastres en la derecha en México me refiero al nudo formado por tres cuerdas tradicionales: la tradición católica integrista, las tradiciones vinculadas a la exaltación de la identidad nacional y el sector tradicional de la economía” (Gobierno, derecha moderna y democracia en México. Herder 2009, p13).  Sin estas ataduras la derecha dejaría de existir, la modernidad misma se encargaría de disolver la noción de derecha.

El doctor Jaris Mujica, un joven académico peruano influenciado por el pensamiento de Foucault, sostiene que  existe una “deshermeneutización” en la derecha católica en el continente. Ya no son grupos cerrados ni recalcitrantes, ahora utilizan el discurso de la democracia moderna, escalan puestos y cargos en las políticas públicas, se posicionan en agrupaciones de la sociedad civil, Ongs, en asociaciones de asistencia social, de filantropía y en los medios. La secularización y la globalización en términos de la cultura han tocado las puertas de los nuevos grupos conservadores. El discurso social y político se ha reconstruido por ello, la distinción ahora es más sutil para diferenciar las derechas. Sin embargo,  la esencia se mantiene aunque las imposturas modernizantes son  nuevas apariencias para ganar espacios, legitimidad y hasta palusibilidad.

Es cierto que no todos los grupos de conservadores son católicos ni todos los católicos son conservadores. Sin embargo, la referencia de este binomio en México es inseparable. La tentación teocrática de los nuevos grupos conservadores subsiste bajo posturas y formulaciones distintas que reafirma la cercanía entre el Estado y la Iglesia, defienden la familia monogámica heterosexual con precepto reproductivo único, por tanto están contra los matrimonios de personas del mismo sexo, contra los diferentes métodos anticonceptivos, enfrentan la despenalización del aborto y rechazan la educación sexual en las escuelas al grado de distorsionar textos de la SEP o de plano quemas sus libros. Estos grupos tienen vínculos y enlaces internacionales de apoyo a través de las estructuras vaticanas como el pontificio Consejo para la Familia; las redes internacionales de Provida, Sodalitium y de la Oficina para América Latina del Population Research Institute (PRI) con sede en Lima, Perú. Son dos grandes áreas de confrontación y lucha que presentan estos grupos. El primer frente es espacio de incidencia en políticas públicas. Las luchas se dan en los ámbitos jurídico políticos y un buen ejemplo de ello, son las repenalizaciones a las mujeres que aborten, obtenidas durante 2009 cambiando contenidos en las constituciones locales de 19 entidades del país. Ahí esta en riesgo el carácter laico del Estado. El segundo frente de confrontación se da en la cultura, en los medios y en las escuelas se pone en juego el sentido común de una sociedad y es un cruzada que se consuma en los terrenos de nuestra secularización. Los escándalos sobre pederastia del clero que salpican al propio pontífice, sin duda es una crisis que afectará el discurso y la fundamentación del conservadurismo católico.

La mutación y crecimiento  de la ultraderecha se convierte no solo en un desafío político sino también en un reto para el análisis académico y periodístico. Me parece que debe reconceptualizarse, principalmente en la academia, el estudio de los grupos conservadores en México donde la relación entre religión y política vuelve a estar en el centro del análisis.

Jueves 15 de abril, Milenio Estado de México

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