Los abusos sexuales de la casta sagrada

Los abusos sexuales de la casta sagrada

Posteando

Bernardo Barranco

2010-03-18•Acentos

    Los escándalos sexuales son inocultables para la jerarquía católica. Se percibe verguenza y impotencia en muchos miembros de la alta grey.

    Hay un desbordamiento y esta especie de epidemia de denuncias, que se multiplican desde diferentes puntos del planeta católico, colocan en una posición muy crítica a todo el andamieje de la catolicidad; desde el Papa hasta el más humilde feligrés, estamos ante una crisis que hasta ahora, jamás se había visto.

    Además de Estados Unidos, Holanda, Alemania, México, Austria y Suiza, se han sumado Chile y notoriamente Brasil.

    Según las investigaciones de la prestigiada revista brasileña, Istoé en colaboración con la Universidad Católica de San Pablo, unos mil 700 sacerdotes han sido denunciados en los últimos tres años por abusos sexuales, principalmente de menores.

    Ahí se reprocha el poco interés que ha mostrado el Vaticano por esclarecer y castigar a los culpables, así como evitar su repetición que afecte a un número mayor de infantes inocentes.

    El problema es no sólo el abominable delito de la violencia sexual a menores, sino el encubrimiento histórico y por tanto la complicidad de la estructura eclesiástica con la que se han venido manejado dichos casos.

    En que el Código de Derecho Canónico las sanciones son débiles, y hasta hace unos años el ocultamiento sistémico tendía no sólo a proteger a los sacerdotes depredadores sino a exponer a las víctimas traumatizando aun más su drama.

    En consecuencia, los cardenales, obispos y el propio gobierno vaticano practicaban con plena conciencia este aberrante delito. El caso Alemán es alarmante porque, al parecer, no sólo salpica al hermano del Papa sino al propio Papa pues como cabeza de la arquidiócesis de Munich, tuvo en su momento una gran dosis de responsabilidad.

    Lamentablemente, sectores de la curia romana, pretenden minimizar los hechos que se multiplican en diferentes partes del mundo.

    Otros como el propio Tracisio Bertone, secretario de Estado, ve intereses malignos que buscan desprestigiar a la Iglesia. Se retoma el viejo recurso justificatorio del “complot” o de intereses ajenos que buscan dañar la institución.

    Efectivamente, en Alemania, de los 210 mil casos de abusos sexuales denunciados, 94 implican a la Iglesia, es decir sólo 0,004%”; así lo publicó una web titulada ReligionenLibertad.com; sin embargo, constatando que la prensa se focaliza en los religiosos abusadores, ¿porqué?, porque estos monstruosos actos contradicen todo el discurso y la prédica moral que la Iglesia católica despliega desde hace decenios.

    Ante esta crisis severa que vive la Iglesia extraemos tres grandes conclusiones sobre el futuro inmediato que debe afrontar.

    A) En los países de mayoría católica debe darse ponerse fin al “fuero religioso”. Poner fin en términos de la justicia, al trato privilegiado, ventajoso y preferencial que han gozado miembros del clero.

    La casta sagrada no puede ser también una casta intocable, no sólo por las autoridades sino por los medios de comunicación. El caso Marcial Maciel se explica no sólo por la complicidad de su propia congregación sino por el apoyo y complicidad de los poderes fácticos: políticos, empresariales y mediáticos. Distinguir claramente el pecado y el delito.

    B) La Iglesia, especialmente la alta jerarquía, debe ser más humilde. Su discurso de condena y rechazo a los valores seculares de la sociedad moderna sobre el egoísmo, el hedonismo, la sexualidad, el individualismo y tantos otros defectos cuestionados por el Papa bajo el concepto del relativismo.

    Pareciera que la Iglesia está situada en un montículo sagrado desde donde juzga severamente las imperfecciones humanas. Queda claro que la Iglesia no es una cápsula de pureza, que los valores y antivalores de la modernidad atraviesan también la vida de la institución. Por tanto debe abandonar su soberbia, mirar a la sociedad con mayor misericordia, tratar de abrirse, dialogar con ella y encontrar en esta cultura secular valores espirituales.

    C) Mano dura y castigos ejemplares a los abusadores. No sólo tratar de implementar medidas cautelares sino mostrar al mundo el rechazo tajante frente a sus abusadores condenándolos no sólo según las leyes civiles, sino endurecer, en su caso, el tibio derecho canónico.

    Sin embargo, el enfoque central y prioritario debe centrarse en las víctimas. Aquí hay una deuda que no podrá ser sufragada solamente con millonarias indeminizaciones, que deben otorgarse, sino con un acompañamiento humano, pastoral en el sentido profundo, y religioso porque la mayoría de las víctimas son fieles, son creyentes que resultaron salvajemente defraudados.

    Las sociedades agraviadas esperan un gesto mayor de la Iglesia que puede iniciarse con una solicitud sincera de perdón y de arrepentimiento que vaya más allá de las palabras.

    Milenio Estado de México, jueves 18 de marzo de 2010

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