La tentación teocrática del Clero

La tentación teocrática del Clero

Bernardo Barranco V.

El debate en torno a los matrimonios gay se ha distinguido por su pobreza. Lamentablemente, el show mediático ha sido total. La caja de Pandora se abre y han abundado las descalificaciones, amenazas y polarización entre los protagonistas que muestran el bajísimo nivel republicano de los actores involucrados en la querella.

El cardenal Norberto Rivera Carrera, ha tomado la ruta de la confrontación rabiosa, atreviéndose, una vez más, a cuestionar el orden social subordinándolo a los mandatos divinos o a leyes de Dios.

Hugo Valdemar vocero del cardenal, leyó el texto cuyo nudo polémico, plantea lo siguiente: “Nosotros, pastores del pueblo de Dios, tampoco podemos obedecer primero a los hombres y sus leyes antes que a Dios; toda ley humana que se le contraponga será inmoral y perversa, pues al ir contra su voluntad termina por llevar a la sociedad a la degradación moral y a su ruina”.

El asunto es delicado pues en el fondo el cardenal rompe también con la noción del Estado laico que supone precisamente el diálogo desde respeto de la diferencia y de la pluralidad.

El Estado laico supone un pacto de sujetos, creyentes diversos y no creyentes, para poder convivir en libertad de conciencia e igualdad de derechos que garantice este marco de libertades; por ello el Estado laico, garantiza la igualdad de derechos y la incompatibilidad de la valoración que privilegie una religión sobre otra.

La laicidad del Estado mexicano es fruto histórico de un largo proceso de secularización unas veces traumático y otras violento, dicho proceso hoy se ha visto amenazado por los arrebatos ayatolezcos del cardenal Rivera y una ultraderecha que aspira posicionar un Estado confesional regido por añejas y rancias directrices del viejo catolicismo social decimonónico; es decir de un sueño revanchista de instaurar el reino de Dios desde las estructuras de poder.

Inexorablemente el cardenal ha ido consolidando una alianza con los sectores de la ultraderecha católica encabezada estructuralmente por el Yunque, con asociaciones religiosas evangélicas agrupadas en Cofraternice y con el arzobispo de la Iglesia Ortodoxa de México Antonio Chedraui.

Esta especie de “frente cristiano” contra la ley de los matrimonios gay puede convertirse en un grupo de presión que incida en las políticas públicas e incluso sea una plataforma política.

La estrategia de la ultraderecha es seguir posicionándose como alternativa orgánica de poder, incluso le favorece el debilitamiento del presidente y del calderonismo panista, y enfrentar una supuesta “asechanza” anticatólica gestada desde conjuras laicistas y anticlericales, que le permitiría cerrar filas con vastos sectores de la Iglesia en diferentes regiones del país.

Sin embargo, el cardenal Rivera no es toda la Iglesia ni toda la Iglesia aprueba los métodos frontales del cardenal a pesar de compartir la causa.
Prueba de ello es que la estructura de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) encabezada por Carlos Aguiar Retes, presidente de la misma y obispo de Tlalnepanta, ha decidido abrir el diálogo con el PRD, incluso con su ala más rijosa.

Es decir, la Iglesia con los mismos dogmas y doctrina, tiene maneras diferentes de relacionarse con la cultura secular imperante en la clase política. Por ello, es ahora más urgente reformar el artículo cuarenta de la constitución mexicana y establecer de una vez por todas, en nuestra carta magna, el carácter laico del Estado mexicano.

El laicismo, el anticlericalismo y el anticatolicismo son esferas diferentes que históricamente han interactuado. El punto de equilibrio se construye con simulación del viejo sistema político, donde la hipocresía política y la discrecionalidad de los regímenes posrevolucionarios dieron estabilidad y construyeron un sistema de contrapesos en que los actores, aun los religiosos, incidieran por sus intereses ante el supremo ordenador del poder que constituía la vieja presidencia imperial.

Ese laicismo se convierte en muchos casos en jacobinismo o una forma de anticlericalismo extremo. Ese laicismo que invoca la actual defensa católica ya no existe de manera imperante.
En cambio, se está formando una nueva laicidad que proviene de los grupos académicos y asociaciones que defienden los derechos de sectores excluidos y de minorías como grupos de mujeres, homosexuales, nuevas formas de parejas, etnias, etc., que perciben en la defensa del estado laico la libertad, no sólo religiosa sino también la libertad de conciencia y la posibilidad de defender la alteridad, la diversidad y la multiculturalidad.

En el actual debate, aún queda pendiente la postura del PRI que está pagando ya los costos políticos de haber abierto las puertas al clero politizado con la repenalización del aborto en 18 entidades del país.

Mientras Enrique Peña Nieto sigue con esta misma lógica, con su participación estelar en el agasajo al arzobispo Chedraui, Beatriz Paredes guarda silencio una vez más en este debate. La tentación religiosa por el poder está ahí apostada.

Milenio Estado de México, 21 de enero de 2010

Anuncios

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: