2010 repensar el país

2010 repensar el país

Posteando

Bernardo Barranco

Cuando en una familia las cosas marchan mal, los responsables lógicos son los padres. Igualmente en una empresa, el peso de la responsabilidad recae en los directivos que son los que a fin de cuentas toman las decisiones.

¿Quiénes son los responsables cuando un país se estanca y se retrocede en los indicadores básicos de bienestar y seguridad? La respuesta es obvia: la clase dirigente empezando por el presidente de la república.

Desgraciadamente para nuestro país, llevamos décadas gobernados por una clase política sin miras ambiciosas ni solidez, capaces de forjar un gran proyecto de largo alcance. Es un lugar común, escuchar que los esquemas políticos, económicos y sociales que experimentó el país en el siglo XX están agotados, que son caducos. Ya no responden a las exigencias de los tiempos actuales.

Estructuras construidas bajo el sello del centralismo político autoritario que manipuló la democracia y corrompió voluntades; un sistema que fomentó las prácticas económicas monopólicas que simularon una economía de libre competencia muy vulnerable hacia el exterior e incapaz de generar bienestar social entre la sociedad.

¿Qué se va a festejar en este año del Bicentenario?; ¿los mismos vicios que provocaron los levantamientos armados? ¿Seguimos celebrando la violencia, la guerra contra el narcotráfico y el salvajismo de la barbarie? Muy a pesar de los pesimismos, 2010 abre la oportunidad a repensar a fondo al país y corregir las premisas obsoletas sobre las que se construyó el Estado mexicano.

Llevamos diez años de una insatisfactoria alternancia del poder, con la derrota del Partido Revolucionario Institucional tras 70 años de gobierno ininterrumpido, si bien hubo esperanza en lograr la “transición hacia la democracia”, el balance del decenio es desalentador.

Felizmente, disminuido el presidencialismo, las disputas por el poder llevaron a México a la polarización que puso en duda a las instituciones democráticas e incluso colocó a los mexicanos, en 2006 al borde de la crispación social.

La transición hacia la democracia da la impresión de estar atorada o como sentencia Porfirio Muñoz Ledo: México vive una “transición regresiva” y el PAN ha fracasado como gobierno nacional. Por ello, en un discurso reciente el propio presidente Felipe Calderón aseguró que es momento de reconocer que las reformas políticas de los últimos años “no han creado condiciones que garanticen gobiernos más eficientes, que produzcan mejores resultados o que generen acuerdos capaces de proyectar reformas profundas”.

El panorama desalentador que deja el 2009 es preámbulo de lo que depara este año que inicia. Probablemente el efecto más devastador de la crisis ha sido la pérdida de confianza y credibilidad de todo aquello que sostenía la supuesta solidez del sistema.

Existe una sensación entre los ciudadanos de que el Presidente está rebasado con una clase política incapaz de tomar decisiones de fondo que vayan más allá de sus intereses mezquinos de corto plazo.

Repensar el Estado mexicano más allá de lo electoral, ir mucho más allá de la revisión de los poderes y de sus facultades; reconstruir los tejidos del espacio público para que la diversidad de los mexicanos se expresen, incluyendo por supuesto a las minorías, de manera plural y entusiasta.

Existe el enorme desafío para recuperar la confianza social que sólo pasa por asumir y ejecutar medidas eficaces que mejoren y solucionen problemas tangibles en la vida cotidiana de las personas.

También es deseable asumir medidas que transparenten las acciones, intenciones y palabras de la clase política para alentar un “fair play” que favorezca el desempeño leal y veraz en un proyecto de Estado y no un proyecto de camarilla.

Las iniciativas de reforma política presentadas por Felipe Calderón son insuficientes y hasta chatas. Pero son un punto de partida, no sólo falta en su propuesta el plebiscito y la revocación del mandato sino repensar el sistema de partidos, el federalismo y el régimen parlamentario.

Delinear con mayor nitidez el ascenso de lo ciudadano a mayores y más eficaces formas de toma de decisión; ¿lo permitirán los partidos que se dicen ser los instrumentos de la expresión ciudadana?, ¿lo son?
Y especialmente resulta urgente repensar el papel social de los medios de comunicación, en particular los electrónicos, cada vez más convertidos en actores políticos capaces de inclinar la balanza del electorado de aquellos candidatos subordinados a sus intereses económicos y políticos. Estos son parte de los sueños de un México joven que apenas transita por su 200 aniversario.

Milenio Estado de México, jueves 8 de enero de 2010

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