Freud: sexualidad, religión y poder

Freud: sexualidad, religión y poder.

Bernardo Barranco

A los 83 años, Sigmund Freud, el llamado padre del psicoanálisis, falleció en la noche del 23 de septiembre de 1939.  Muy a pesar de discípulos críticos, a setenta años de su muerte su legado sigue vigente porque revoluciona el conocimiento sobre el comportamiento humano,  descubriendo inconcientes y zonas oscuras de la psiquis de las personas. Habiendo conocido y sobre todo escuchando a muchos políticos mexiquenses, el tema me resulta francamente ineludible. Freud nace en Viena,  históricamente en un espacio y en un momento de creación científica, de racionalismo materialista y cultural enorme. Sin duda, Freud es uno de los representantes de las grandes revoluciones de principios XIX, que cambian la visión del hombre y del mundo. El psicoanálisis no nació aislado. Sus mayores aportes, según expertos en la materia,  son la hipótesis del inconsciente, la teoría de la libido, la crítica severa a las religiones monoteístas y la valoración de la sexualidad infantil. Sus investigaciones permiten nuevas formulaciones sobre el funcionamiento de la mente. La primera vez que Freud utilizó el término psicoanálisis, que lo haría célebre, fue en un artículo publicado en 1896 en la revista especializada “Revue Neurologique”. Freud tenía el método, inspirado en la escuela neurológica del doctor Charcot de París y decidió aplicarlo en medio de controversias y descalificaciones de muchos colegas de su tiempo.  Sexo e infancia eran dos palabras que jamás se unían  en la moral victoriana. Freud descubre que la sexualidad no empieza en la pubertad sino en la infancia. Por ello, el llamado complejo de Edipo es un marcado afecto hacia la madre que se contrapone a los deseos de destruir al rival: el padre. Freud lo había comprobado en sí mismo, no solo es la rivalidad sexual  contra del padre sino frente al orden establecido que representa la figura y autoridad masculina del padre; varón todo poderoso en el siglo XIX.

En 1907, Freud ofreció su primera aportación sobre la cuestión religiosa, considerando el factor “culpa”, como el detonante en la conducta neurótica del individuo, así como la relación entre los ceremoniales obsesivos. Ambos – aseguraba Freud – se originan a su vez en deseos reprimidos en el inconsciente, de los que uno y otro (el neurótico, el político y  el hombre religioso) se defienden mediante el ceremonial. Los políticos, los ministros religiosos en nombre de la religión y del orden social establecido realizan aquellos actos que la religión y la política justamente los prohíben. Doble moral y la ambivalencia  presente en las prácticas religiosas, conducen a una célebre formulación freudiana: “La neurosis obsesiva debe ser considerada como una religión así como a la religión una neurosis colectiva”. La religión para Freud descansa en la culpa, el parricidio como fuente del pecado original, es un fenómeno psicológico que se le conoce con el nombre de “ilusión” como un conjunto de deseos reprimidos de una colectividad. Son varios escritos sobre el tema que desarrolla nuestro autor, destaca “Moisés y la religión monoteísta” donde se atreve a dudar sobre el origen hebreo de Moisés.

En el ampo de la política y del poder, no es tan fácil ubicar claros aportes que van más allá de constatar los elementos de irracionalidad extrema que opera en muchos sujetos y actores políticos del poder. El espacio de la política en  lo que se refiere al psicoanálisis tampoco es fácil de esquematizar. En las formas del ejercicio del poder como dominación y opresión. En las distintas modalidades del sometimiento de clases, razas, de sexos, el poder no puede estar solo refrendado en el orden jurídico pero el orden jurídico funciona preservando de hecho las desigualdades existentes.  La psicología como la ciencia política, aunque no sólo ellas, son todavía campos de batalla donde combaten ejércitos rivales de interpretaciones, ideologías, teorías y  academias. Freud introduce una especie de teoría política a partir de su texto “Psicología de las masas y análisis del yo”. En dicho texto Freud hace ver el poder ordenador y apaciguador del amor, el amor entendido como el “significante Amo” que permite unir y cohesionar  una colectividad. Las fuerzas armadas y la Iglesia son un buen ejemplo de ello. Pero a pesar de la cohesión amorosa de la humanidad por el poder, resta siempre un malestar. El malestar que persiste en la cultura, testimonia el fracaso del amor para resolver el empuje del hombre a satisfacerse con el mal. De aquí que preguntarse sobre adónde vaya el goce en el orden social sea también, para el psicoanálisis, una cuestión política. Sin duda a los setenta años de su muerte, Freud es un referente obligado en nuestra cultura contemporánea.

Anuncios

Etiquetas: , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: